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dimecres, 8 d’abril del 2026

llegir a soles en una habitació


ANTONIO MUÑOZ MOLINA
Leer a solas en una habitación
El País
14|3|2026


En el mundo privilegiado, ir a la escuela puede ser un hábito aburrido y banal, y la educación un bien nada brillante, mucho menos valioso que el dinero y el éxito. Fuera de aquí, la educación es a veces un don por el que vale la pena arriesgar la vida, y caminar hacia la escuela y pasar el día en ella puede ser un sueño que no se cumpla nunca, o una trampa mortal. En Gaza, el ejército israelí se ha especializado heroicamente estos últimos años en bombardear las escuelas con la misma saña que los hospitales. En sus tiendas de refugiados en su propio país, niños y niñas rescatan libros y cuadernos escolares de los escombros y aprenden caligrafía donde pueden, en papeles rotos, en los márgenes de periódicos y libros medio quemados.

El poeta Czeslaw Milosz contaba que durante la ocupación alemana la resistencia polaca mantenía escuelas, bibliotecas y hasta universidades clandestinas, y, aparte de luchar contra el invasor con las armas en la mano, organizaba conciertos y funciones teatrales para mantener vivo el amor del conocimiento y la belleza. Lo mismo hacían los judios confinados en los guetos, y hasta en los campos de exterminio. Uno de los pasajes más conmovedores de Si esto es un hombre es aquel en el que Primo Levi, a punto de rendirse al embrutecimiento de la miseria y el miedo, consigue recordar y recitar de memoria un pasaje de la Divina Comedia. El que ha pasado hambre mantendrá siempre un respeto litúrgico hacia los alimentos. Para los condenados al analfabetismo, el saber es el alimento necesario del espíritu y su imposibilidad o su escasez, una privación de la que nunca se consuelan.

He visto desde niño que el ansia de aprender con mucha frecuencia estaba más acentuada en las mujeres, sin duda porque para ellas era más grave la condena a la ignorancia. Las madres de la clase y la generación de la mía se han pasado la vida sintiendo amargura de lo que no pudieron aprender, y la nostalgia de una escuela a la que solo asistieron de manera esporádica, y en circunstancias precarias. Mi abuelo materno, casi del todo autodidacta, escribía con muy buena letra, aunque a veces juntara las palabras y cometiera faltas. Mi abuela solo sabía firmar su nombre, con mucha torpeza. mi madre recordaba como un breve paraíso los días que pasó en la escuela antes de la guerra, y aunque su memoria ya va disgregándose, aún conserva un rastro del resentimiento que alimentó siempre contra las normas de un mundo en el que todo se conjuraba para impedirle aprender.

La frustración personal la compensaban esas mujeres empeñándose, a veces contra la indiferencia o la oposición de los hombres, en que sus hijas y sus hijos estudiaran. Entre los escasos regalos de Reyes que recibíamos mi hermana y yo siempre había algún libro. Para elegirlos, nuestra madre se dejaba aconsejar por el dueño de la papelería en la que comprábamos también los materiales escolares.

Lo que no tuvieron en la infancia, cuando la pobreza y la obligación del trabajo se lo vedaron, pudieron disfrutarlo con mucho retraso, pero no menos felicidad, cuando en los años ochenta se matricularon, ellas sobre todo, aunque también muchos de ellos, en las ecuelas para adultos, en las que unos maestros jóvenes se les aparecían como héroes providenciales. Ahora escribían con corrección y claridad, aunque siempre despcio, porque a esas edades era más difícil que se volvieran ágiles con el bolígrafo aquellas manos endurecidas por el trabajo. Y además se descubrían leyendo con una fluidez y una comprensión que no mucho antes les habrían parecido imposibles. Leían sin silabear, y pasaban con mucho cuidado las páginas, humedeciendo el pulgar con un gesto preservado o revivido de la infancia.

Durante muchos años, y hasta hace muy poco, mi madre ha sido una lectora asidua de literatura. Se sentaba con las gafas de coser y abría el libro alisándolo sobre la mesa, y luego sobre un atril, y decía que se olvidaba de poner la televisión, y el tiempo se le pasaba sin sentir. Leía Don Quijote de la Mancha y le daban ataques de risa. Leía Fortunata y Jacinta y se indignaba con las crueldades de señorito explotador de Juanito Santa Cruz, y el destino de infortunio al que se veía arrastrada Fortunata, en un mundo en el que no había posibilidad de albedrío para una mujer sola. Cuando se le empezaron a debilitar la vista y las manos, mi hermana introdujo en el uso del Kindle. Pesa menos, y se puede agrandar la letra tanto como haga falta. Hay señoras nonagenarias que dan órdenes impacientes a Alexa, como a una sirvienta algo alelada, para que les cambie de canal, y tecnólogos futuristas que nunca imaginaron que los abuelos fueran a ser el mejor público del libro electrónico.

La habitación propia de Virginia Woolf es una conquista tan decisiva para una lectora como para una escritora. Mi madre leyendo tranquilamente a solas en su habitación estaba gozando de una de las reivindicaciones fundamentales de su vida. En los museos holandeses hay muchos cuadros del siglo XVII que retratan mujeres solas que leen en uno de esos interiores confortables y limpios que no se ven nunca en la pintura española de la época, igual que no se ven mujeres lectoras, a no ser la Virgen María, que ve su soledad importunada por un ángel. Ha estado brevemente en España la gran activista pakistaní Malala Yousafzai y le ha dicho a Patricia R. Blanco en una entrevista: "Leer un libro sola en su habitación es un acto de resistencia para una niña afgana". Malala sabe de lo que está hablando. Creció en una región de Pakistán donde los talibanes, para asegurarse de que las niñas se quedaban sin educación, bombardeaban escuelas. Hija de un padre con vocación de educador y activista social, a los 12 años Malala dominaba perfectamente el inglés, además del urdu, su lengua nativa, y escribía con seudónimo un blog para la BBC, en el que daba cuenta de los abusos de los talibanes contra niñas y mujeres en su provincia. Descubierto su verdadero nombre, los mulás integristas la condenaron a muerte por la herejía femenina de adquirir una educación.

En los países privilegiados, chicos y chicas salen de un examen y se lanzan ávidamente a la libertad de la calle. A los 15 años, volviendo en autobús de un examen junto a unas amigas, Malala vio que un hombre barbudo gritaba Allahu Akbar delante de ella y le ponía una pistola en la cara, y ya no vio más. La bala le atravesó el cerebro pasando muy cerca de un ojo, y quedó alojada en su espalda. Estuvo durante meses entre la vida y la muerte. Volvió del coma con una determinación invariable de seguir aprendiendo, pero ahora no quería ser doctora, sino activista por la educación de las niñas.

En nuestro mundo de desganado cinismo, el aprendizaje es una cosa más bien superflua, y las escuelas y las universidades de los ricos, lo mismo en Madrid que en Harvard, no ofrecen ya una educación; tan solo venden credenciales y contactos. Pero algo muy serio, profundo, hasta peligroso, tiene que haber en el deseo de aprender de una niña de 15 años para que se considere necesario asesinarla. Malala salió de Pakistán no por ver mundo, sino para que no la mataran, y se doctoró en Oxford, además de ganar a los 17 años ese Premio Nobel de la Paz que al octogenario Donald Trump le da tanta rabia no haber conseguido. Malala, ahora una mujer de 28, consagra su prestigio universal a la causa de la educación de las niñas, y no parece que pierda ni la serenidad ni el entusiasmo. Hay en el mundo, nos dice, 120 millones de niñas que no pueden ir a la escuela. Quién puede imaginar lo que pasaría si esa formidable multitud pudiera escapar al cautiverio de la ignorancia.


divendres, 14 de març del 2025

instruccions per ser dona i feminista


Si echamos un vistazo a las mesas de novedades, nos vamos a encontrar con una buena porción de libros escritos por mujeres que, de un modo u otro, se ajustan al molde de los géneros autobiográficos: cartas, memorias, textos periodísticos que explotan la experiencia personal, autobiografías literales —si es que eso existe realmente— y novelas basadas en un anecdotario de vida más o menos reconocible.

[...] Tal vez esta eclosión de voces de mujeres en primera persona —una eclosión que viene de lejos— se vincule con el interés por dar y por oír una versión complementaria o decididamente opuesta a la historia oficial. El relato hegemónico se matiza con la irrupción de otras miradas y la construcción literaria de la identidad se transforma en una reflexión de mujeres diferentes en torno al tema del género, el cuerpo y el lenguaje, desde los libros que escribimos, con los libros que escribimos, por los libros que escribimos, es una manera de pensarnos a nosotras mismas.

[...] CÓMO SER MUJER

Caitlin Moran pertenece a una familia donde las mujeres son propensas a la cistitis y escribe un libro que renuncia ABSOLUTAMENTE a la sutileza, pero DE NINGUNA MANERA a la agudeza. Escribe un libro con letras mayúsculas y entre exclamaciones donde nos invita a todas y a todos a ser feministas EXALTADOS. No feministas modosos. La exaltación se justifica por el signo de unos tiempos en los que el machismo es una de esas facetas de la ideología invisible —el concepto es del filósofo esloveno Žižek— que asumimos sin creer que estamos asumiendo nada. El feminismo de Moran, imprescindible en la sociedad actual, no es pacato ni cristaliza en el uso de un lenguaje políticamente correcto. Moran, obsesionada con nombrar el cuerpo de las mujeres —tetas, pechos, culo, coño, chochito, vagina...— y muy fan de Lady Gaga, utiliza un lenguaje que, como uno de los modelos de la cantante, es un montón de filetes crudos. También Žižek se confiesa fan de Stefani Joanne Angelina Germanotta.

A través de un hilo supuestamente autobiográfico donde se van ensartando excentricidades y lugares comunes en la vida de la mujer, esta columnista y crítica de televisión en The Times mete el dedo en el ojo a los lectores. Al mismo tiempo provoca carcajadas al contradecir algunos de los lugares comunes del feminismo sin dejar de ser feminista. NI MUCHÍSIMO MENOS. Frente al tópico de la mujer valiosa pero invisibilizada por una cultura patriarcal y falócrata, escribe Mrs. Moran «[...] las mujeres lo han hecho de puta pena durante los últimos cien mil años». Sin gota de autocompasión ni lametones de las heridas supurantes.

La escritora también arremete contra la idea de que no se puede ser feminista y tener, al mismo tiempo, señora de la limpieza. Caitlin Moran concibe el feminismo desde una perspectiva autocrítica que yo comparto. A través de un filtro que no es irónico, sino profundamente cómico, la autora habla de temas tan intrascendentes y serios, tan frívolos y fundamentales como: la depilación brasileña, los pubis arcangélicos y lo que ella denomina el IVA del coño: el papel de las revistas femeninas en la vida de mujeres torturadas que nunca están a la altura; la necesidad de un bolso de inversión y de un buen fondo de armario sin el cual una mujer no puede preciarse de serlo; los tópicos sobre la maternidad y sobre todo lo que se aprende de ella —Moran sugiere que es más instructivo cursar estudios superiores—; la espuria diferenciación entre abortos buenos y abortos malos: las mujeres que deciden practicarse un aborto malo son unas auténticas brujas a ojos de una sociedad que enarbola cínicamente la bandera de que «la vida es sagrada» —Moran se pregunta si es VERDADERAMENTE «sagrada»—; el coqueteo y la sexualización «involuntaria» de las chicas; la vocación de musa y el enamoramiento como un empeño obcecado en enamorarse...

Anagrama ha publicado Cómo ser mujer. Si no leen este libro, es muy posible que se arrepientan de haber renunciado a vivir una experiencia iconoclasta mucho más enriquecedora e hilarante que escuchar diez veces seguidas Bad Romance, Alejandro y Telephone. En el orden que ustedes prefieran y a distintas revoluciones. 

 

Marta Sanz. «Instrucciones para ser mujer y feminista». A: Enciclopedia secreta. Lecturas en el espejo feminista. Contraseña, 2022. P. 165-170.


dimarts, 11 de març del 2025

la punyetera costella d'adam


CARLOTA GURT
La punyetera costella d’Adam
Quadern | El País
26|2|2025

Els personatges de ficció són necessàriament incomplets. Si ni centenars d’hores de psicoanàlisi poden arribar a il·luminar totes les ombres d’una psicologia concreta, no podem pretendre encabir en quatre-centes pàgines d’un llibre o dues hores de metratge totes les facetes i matisos d’una personalitat. Els personatges sempre són inevitablement persones esquematitzades, simplificacions més o menys reeixides. Perquè siguin versemblants els exigim una coherència que només és pròpia de la ficció, perquè les persones reals no sempre som coherents ni actuem en tot moment conforme a una lògica de causa-efecte. Els personatges funcionen més com a representacions d’idees i maneres de veure el món que no com a persones concretes, tot i que haurien de ser universals en la seva individualitat particularíssima. Els escriptors i guionistes, doncs, creen els personatges perquè desenvolupin una funció en l’argument. Si un personatge no té una funció, no apareixerà en una ficció.

Quan els situem dins d’una trama, cada personatge té el seu propi nucli narratiu. Entenc per nucli narratiu allò que el defineix i que justifica que formi part de la història. Així, per exemple, en una ficció penitenciària, la presonera protagonista té el seu nucli en el fet d’estar empresonada ja sigui justament o injusta. Fa temps que rumio en tot això en relació amb els personatges femenins. Ara que força ficcions mainstream continuen incomprensiblement sense passar el test de Bechdel (us recordo que per passar-lo només cal que hi hagi dos personatges femenins amb nom propi, que dialoguin entre si i que el tema de la conversa no sigui un home), hi ha una altra cosa que a mi m’irrita: massa personatges femenins continuen tenint el nucli narratiu al cony; és a dir, l’autor els ha introduït a la trama perquè són follables (seduïbles, enamorables), violables o fecundables (les embarassades són omnipresents fins al ridícul: en les quatre últimes ficcions que he vist, en surt com a mínim una amb paper protagonista). Podríem pensar que també molts personatges masculins tenen el seu nucli a la punta de la fava, però no; en ells, el fet de follar, violar o fecundar sol ser secundari, el nucli principal és un altre. A banda dels que tenen el nucli al cony, hi ha uns altres personatges femenins que també existeixen només en funció dels masculins i es defineixen en relació a aquests: les seves mares i filles. Però, ai las, molts personatges mare tenen el seu únic sentit en el fet de ser la mare del personatge, és a dir, en el fet d’haver estat fecundades i haver parit, i molts personatges filla el tenen en el fet de ser les filles, és a dir, el fruit de la fecundació masculina. Ja hi tornem a ser.

El problema dels personatges femenins és que el seu nucli narratiu massa vegades està subordinat al protagonista masculí i a les seves necessitats. En definitiva, que continuem perpetrant la primera ficció fundacional: que la dona va ser creada a partir d’una costella d’Adam.

 

dijous, 7 de desembre del 2023

dones escriptores


«SOVINT, DURANT L'ÚLTIMA DÈCADA si fa no fa, he volgut escriure alguna cosa sobre dones escriptores, sigui el que sigui el que vol dir aquest terme (i sigui el que sigui el que vol dir sobre), però els mots dones escriptores ja semblaven contenir un deix pejoratiu en si mateixos (una mica com la paraula ronin), i els trobava una mica repulsius, d'una manera que em recordava un exemplar elegant i innocent de Donetes que m'havien regalat quan era petita: no suportava ni mirar-lo ni llençar-lo. Què escriuria? Que aquesta o aquella escriptora no era Virginia Woolf, però era dona igual que ella? Que una de les meves novel·les contemporànies preferides, també escrita casualment per una dona, era L'últim samurai de Helen DeWitt, i que una de les coses que m'agradava del llibre era que n'havies de llegir moltes pàgines més abans d'adonar-te que la narradora d'aquesta part és una mare, una mare soltera, de fet, que intenta desenvolupar la seva carrera acadèmica i resoldre el problema de presentar una figura masculina al seu fill fent que miri la pel·lícula Els set samurais d'Akira Kurosawa una vegada i una altra, un pla ridícul però comprensibles, i que després la part principal del llibre ens mostra el fill intentant resoldre el misteri de la identitat del seu pare investigant un pare potencial rere l'altre? També em semblava important que aquell llibre esplèndidament prolix i estrany s'hagués venut molt només perquè, per atzar —i d'això n'estava força segura, si bé només era una intuïció—, hi havia una pel·lícula en què sortia Tom Cruise que es deia igual que el llibre i que havia sortit al mateix temps...»


Rivka Galchen. «Dones escriptores». A: Petits parts. Traducció d'Alba Dedeu. Amsterdam, 2023. P. 127-128.


dimarts, 8 de març del 2022

dissabte, 2 d’octubre del 2021

humanitats en femení

 



Ajuntament de Barcelona
Sant Martí
Intervenció mural a Ciutadella | Vila Olímpica per apropar la cultura en femení
13/07/2021

Els usuaris i usuàries de metro que atravessen el passadís de l’estació Ciutadella|Vila Olímpica (L4) poden gaudir d’una nova intervenció mural dedicada a la cultura en femení, en la qual es recullen diferents cites pronunciades per 22 dones cèlebres personatges històrics de la cultura universal.

Hi ha representades grans figures com Mercè Rodoreda, Artemisa Gentileschi, Madame de Staël, Virginia Woolf, Marina Tsvetàieva, María Zambrano, Agnes Varda, Angela Davis, Indira Gandhi o Frida Kahlo, entre moltes altres.

Dins l’acolorit mural, cada una de les 22 dones protagonistes hi té una imatge de gran format i una cita memorable que l’ha fet famosa. Les cites s’han reproduït en l’idioma natiu del personatge històric i s’han traduït en català i castellà.



dissabte, 25 de setembre del 2021

afganistan

 

 

Fa uns dies corria per la xarxa aquesta imatge, l'autoria de la qual s'atribuïa a la Shamsia Hassani, grafitera i professora de la Universitat de Kabul. «Si compartimos, le estaremos dando voz a todas las mujeres afganas que están viviendo en el puto infierno», deia el missatge que acompanyava la foto. I es va fer viral, és clar. Els humans som molt solidaris, representa. L'única pega és que la grafitera afganesa no hi té res a veure. «This is NOT my artwork», va haver d'aclarir la Shamsia al seu compte d'Instagram. 
Al final va i resulta que la imatge original, la que teniu a continuació, forma part d'una campanya publicitària de la revista txeca Reporter Magazine, i que l'autor és el fotògraf Pavel Hejný. La bona voluntat no hauria de fer perdre el rigor.

 


dilluns, 8 de març del 2021

bandera lila


Font: Visat.


dimarts, 20 de març del 2018

lo-li-ta


TEREIXA CONSTENLA
Manual de instrucciones para leer ‘Lolita’
El País
11|3|2018

La novela de Vladimir Nabokov, clásico del siglo XX, vuelve al centro de la polémica en tiempos del #MeToo
Que hable Vladimir Nabokov: “Lolita no es una niña perversa. Es una pobre niña que corrompen (...) Y es muy interesante plantearse, como hacen ustedes los periodistas, el problema de la tonta degradación que el personaje de la nínfula que yo inventé en 1955 ha sufrido entre el gran público. No solo la perversidad de la pobre criatura fue grotescamente exagerada sino el aspecto físico, la edad, todo fue modificado por ilustraciones en publicaciones extranjeras (...). Representan a una joven de contornos opulentos, como se decía antes, con melena rubia, imaginada por idiotas que jamás leyeron el libro”. En 1975, durante una entrevista con Bernard Pivot en el programa Apostrophes al que acudió con las respuestas escritas y una tetera con whisky, Nabokov apostató de la Lolita encumbrada desde hacía más de una década por el cine y las revistas. La versión de Stanley Kubrick estrenada en 1962, con Sue Lyon de protagonista, se implantó en el imaginario universal como prototipo de la adolescente perversa capaz de enloquecer a un adulto, lejos del original de Nabokov, que insistía en aquella entrevista: “Fuera de la mirada maniaca de Mr. Humbert no hay nínfula. Ese es un aspecto esencial de un libro singular que ha sido falseado por una popularidad artificiosa”.
Más de seis décadas después de su publicación, Lolita sigue dando que hablar. Aunque las razones son otras. La escritora Laura Freixas, en un artículo en este periódico el pasado 21 de febrero, atacaba la novela: “Está escrita de tal modo que consigue hacernos olvidar que está mal violar niñas”. En un debate celebrado días después en EL PAÍS, añadía: “Ha sido interpretada muy ampliamente de una forma tal que justifica la violencia diciendo que es una historia de amor”. Freixas insistía en que su defensa de la libertad creativa no exime al autor de cierta responsabilidad ética.
“El arte tiene una extraterritorialidad en el terreno de la moral, que se la gana a pulso con la calidad”, sostiene José-Carlos Mainer, catedrático de Literatura de la Universidad de Zaragoza, contrario a que lo políticamente correcto impregne las lecturas sobre la creación. “Me temo que va a ser muy difícil que la historia de la literatura, del arte, resista el asalto combinado de la moral. Ya pasó con Savonarola, que en un momento determinado estuvo a punto de cargarse el Renacimiento en Florencia, pero es terrible que vuelva a suceder cuando tenemos una experiencia histórica de lo ocurrido”, reflexiona.
Lolita fue mítica desde el principio de los tiempos. Su primera versión se publicó en una editorial pornográfica francesa, Obelisk Press. Los cuatro editores estadounidenses a los que Nabokov envió copias rechazaron el texto. Según el novelista, tocaba uno de los tres temas tabúes para un editor de EE UU. Los otros: los matrimonios interraciales entre blancos y negros y las vidas felices de ateos longevos. Un asesor editorial vio en ella al “Viejo Mundo que pervierte al Nuevo” y otro a “la joven América pervirtiendo a la vieja Europa”. Hasta que llegó a manos de Georges Weindenfeld que, alentado por Graham Greene, compró los derechos en Gran Bretaña.
En el libro Un oficio de locos (Ivorypress), el editor le confía al periodista Juan Cruz que trazó una estrategia para fabricar un clima favorable a la publicación. Casi hubo una minicrisis en el gabinete británico: un subcomité tenía que decidir si perseguían o encarcelaban al editor o si autorizaban la circulación de Lolita. “Imprimimos el libro y enviamos tres copias”, rememoraba Weindenfeld. Les adjuntó una carta: “Si ustedes realmente piensan que es pornografía contra el parecer de estos expertos que dicen que es literatura de calidad, estoy dispuesto a parar la publicación”. Finalmente, por tres votos a favor y dos en contra, el texto vio la luz.
Entonces el dilema residía en la transgresión de una moral sexual aún estrecha, la de finales de los cincuenta, en una sociedad puritana. Hoy el debate se ha desplazado hacia la vocación de la obra: historia de amor o historia de pederastia y abuso sexual. “Ningún autor es responsable de la interpretación que se hace de sus obras. Los mitos se construyen por circunstancias ajenas al autor”, defendía el escritor Sergio del Molino en el debate con Laura Freixas. Y en un artículo escribió: “Lolita habla sobre la depravación, la perversión, la decadencia, la maldad, la soledad y América, entre otras muchas cosas”. “No es una apología de la violación”, insistía, “pero si lo fuera no habría que quemarlo en la hoguera”.
Tampoco la psicoanalista y escritora Lola López Mondéjar respalda las cortapisas artísticas, aunque “el creador debe saberse sometido a la crítica de sus contemporáneos”. En 2016 publicó Cada noche, cada noche (Siruela), donde ficciona la vida de Dolores Schiller, hija de Lolita. En su opinión, la obra de Nabokov es “la narración brillante y autojustificativa que un pederasta realiza sobre su incapacidad para resistir la atracción que experimenta por las niñas”. Ella distigue entre el libro y sus lecturas: “La recepción de Lolita obvió el abuso, olvidó el falso prólogo que abre la novela y que hubiera debido orientar su lectura y se regocijó con el deseo de Humbert, elaborando un mito que responde al erotismo oculto de muchos hombres”.
Nadie aventura lo que hoy diría Vladimir Nabokov. Pudiera ser una pista lo que escribió en 1956 al final del libro: “No soy lector ni autor de novelas didácticas y, a pesar de lo que diga John Ray [falso prologuista], Lolita carece de pretensiones moralizantes. Para mí, una obra de ficción sólo existe en la medida en que me proporciona lo que llamaré, lisa y llanamente, placer estético”.

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P.S.: Per a la meva sèrie 'Qüestió de principis':
«Lolita, llum de la meva vida, foc de les meves entranyes. Pecat meu, ànima meva. Lo-li-ta: la punta de la llengua fa tres passets per anar a petar, al tercer, contra les dents. Lo.Li.Ta.»
Vladimir Nabokov. Lolita. Traducció de Josep Daurella. Proa, 1995.

dimecres, 7 de juny del 2017

el corcó feminista


«La diferència entre la generació de Siri Hustvedt i la meva és que jo no he pogut passar un semestre a la universitat sense haver d’empassar-me Judith Butler, Simone Weil o Julia Kristeva; en canvi Hustvedt descobria el feminisme als 14 anys llegint amb actitud rebel Simone de Beauvoir o Kate Millett.
Aquell discurs trencador avui s’ha fet mainstream. Per això em sorprèn veure com cert feminisme encara gira entorn del victimisme i l’exclusió. Ho escric a partir d’una anècdota entre escriptors que explica moltes coses sobre aquest debat.
Karl Ove Knausgård s’ha fet famós per escriure una autobiografia en sis volums. L’escriptor noruec intenta traslladar, sense filtres, la realitat que ha viscut al text. Quan va sortir el primer volum de la sèrie, un de cada deu noruecs tenia el llibre a casa; i ràpidament es va convertir en un fenomen editorial a nivell mundial. Siri Hustvedt, escriptora i assagista americana, és un dels estendards del feminisme novaiorquès. D’ascendència noruega, es va fascinar pel fenomen Knausgård i va ser una de les primeres a entrevistar-lo. Hustvedt li va preguntar com és que, entre totes les referències a escriptors que hi havia a la novel·la, només hi havia una dona. Knausgård, amb el seu posat esquerp i absent, va contestar: “no són competència” (en anglès original, encara més sec: no competition).
Aquesta resposta, que ella no va repreguntar, va afectar Hustvedt intensament. Perquè d’aquestes dues paraules n’ha fet un assaget de vint pàgines, que es recull al llibre “La dona que mira els homes que miren a les dones – assajos sobre feminisme, art i ciència” (publicat a Edicions 62 i traduït per Ferran Ràfols).
A partir d’aquesta anècdota costa molt trobar una entrevista extensa a Knausgård en la qual no hi aparegui aquest comentari i les seves conseqüències: “Una vegada, quan feia una classe d’escriptura, era com si estigués en un judici. Tot tractava sobre la moral. Em sentia com si fos en una secta, com si la manera com llegien ells els meus llibres fos l’única manera en què es podien llegir, i per mi la literatura és justament el contrari: és obrir les coses (...) He estat en entrevistes on tot anava sobre el que estava malament als llibres. Em deien que, sense jo ser-ne conscient, expressaven valors patriarcals opressius per a les dones (...) El que jo havia fet, el que jo havia escrit, de sobte es transformava en el que jo no havia escrit i hauria d’haver escrit. O sigui que la conversa ja no era sobre el llibre sinó sobre els valors de les dones que havien llegit el llibre i m’estaven entrevistant”.  
Les respostes de Knausgård van directament al nucli del problema d’un cert feminisme que, malgrat tenir tribuna a les universitats i haver fet omnipresents els estudis culturals, no accepta cap intel·lectual que no tingui en compte el seu discurs. Això deixa molt de camp per córrer a una actitud afectada i victimista, que és el to general de l’assaig de l’americana. “L’autocensura no és bona idea si vols fer literatura”, deia Hustvedt. En canvi, al noruec el critiquen perquè s’ha exposat sense mentir ni voler encaixar enlloc.
L’obsessió de l’autora, que tan aviat critica com perdona la vida a l’escriptor, és saber per què el noruec no comparteix les seves opinions. I per tant, l’assaig sencer és una especulació sobre el que Knausgård li hauria d’haver respost en aquella entrevista.
Així, Hustvedt es lamenta perquè la semiòloga estructuralista Julia Kristeva és l’única dona que apareix al volum. La tesi de l’autora és que Kristeva estava de moda quan Knausgård estudiava a Bergen, i que si hagués estat una altra època hi hagués posat Virginia Woolf o Simone Weil com a quota de dona literària o intel·lectual. No sé si Hustvedt hagués preferit que Knausgård hagués escrit amb la calculadora a les mans per veure quants escriptores i escriptores li sortien per pàgina per quadrar amb la paritat de gènere.
El problema de l’assaig de Hustvedt és que exalta els mateixos clixés que critica – perquè sense aquests clixés es quedaria sense discurs. Quan diu que Knausgård és femení perquè parla de tasques domèstiques li està atribuint uns prejudicis que un lector contemporani no hauria de tenir; i quan diu que té “una part aclaparadorament femenina, el nucli tou, ferit i ple de sentiments” tracta a les dones com a éssers tous, ferits i sentimentals.
La gràcia de Knausgård és que fa una literatura que no accepta, per molta pena que faci als estudis culturals, lectures de gènere fàcils i còmodes. I per això mateix és bo. El noruec no està preocupat ni interessat pels mateixos temes que Hustvedt, i per això ella i la seva prosa repel·lent no el saben llegir bé. La conclusió de l’assaig, “sembla que els milers de pàgines no han servit per il·luminar-lo sobre la dona que té a dins” demostra, a banda d’una actitud paternalista, que no ha entès el gest que el noruec pretén amb els seus llibres.  
Per això hi ha un cert feminisme que no ens prendrem seriosament fins que deixi de ser una forma més de victimisme. Entenc que Hustvedt, que presumeix de moure’s amb dificultat en un món d’homes, el que voldria és sotmetre Knausgård a la seva visió del món. “Quan la meva Lluita es va publicar”, diu Hustvedt, “va ser com si un home adult s’hagués despullat, hagués sortit a la plaça del poble i hi hagués construït un banc per poder somicar i fer el ploricó”. A Hustvedt li encanta poder dir això, se li veu el plaer de veure un home rebaixat i plorant al mig d’una plaça. Perquè rere un discurs erudit i delicat sobre feminisme, el que es veu al seu assaig són unes ganes enormes d’encular algun mascle alfa.»

Marina Porras. El corcó feminista. La llança. 30|5|2017.


diumenge, 8 de març del 2015

women of library history, el projecte



«La American Library Association (ALA) ha retomado ese año una iniciativa que nos encanta: “Las mujeres en la historia de las bibliotecas”, una convocatoria pública para recuperar la historia de mujeres que han hecho una contribución importante y duradera a la biblioteconomía o a la biblioteca del barrio o de la ciudad, sean o no sean bibliotecarias. Las historias enviadas son publicadas -una cada día- durante el mes de marzo en la página de Women of Library History y si reciben suficientes como para alargar la iniciativa, como ya les ocurrió en 2013, la extenderán el resto del año. Para el Grupo de Trabajo Feminista de la ALA se trata de “subrayar legados que hoy podemos seguir disfrutando y compartir con los usuarios una parte de la historia de las bibliotecas”. Es la contribución de estas mujeres a sus comunidades a través de las bibliotecas.»

Carmen Rodríguez García. «Memoria de grandes mujeres bibliotecarias». Infobibliotecas. 2|març|2015.


divendres, 22 de febrer del 2013

bandera lila


Mi vida como hombre, un libro suyo que admiro mucho, es prácticamente desconocido en Francia. ¿Cómo lo ha recibido en Norteamérica, por ejemplo, el movimiento de liberación femenina?
Sólo puedo decirle que pocos años después de la aparición de Mi vida como hombre, el influyente semanario de Manhattan The Village Voice publicó en primera página el artículo de una activista con este vehemente titular: ¿POR QUÉ ESTOS HOMBRES ODIAN A LAS MUJERES? Debajo había fotografías de Saul Bellow, Norman Mailer, Henry Miller y yo. Mi vida como hombre era la prueba más perjudicial aportada por la acusación contra mí.
¿Por qué? Porque en 1974 el mundo acababa de descubrir que las mujeres eran buenas y solo buenas, que estaban perseguidas y solo perseguidas, explotadas y solo explotadas, y yo había retratado a una mujer que no era buena, que perseguía y explotaba a los demás...y eso lo estropeaba todo. Una mujer sin conciencia, una mujer que utilizaba mal cada poder, una mujer vengativa con una astucia ilimitada, con un odio y una cólera insensatos y descentrados, y retratar a una mujer así era contrario a la nueva ética y a la revolución que la propugnaba. Era antirrevolucionario. Estaba en el lado equivocado de la causa. Era tabú.

Philip Roth entrevistat per Alain Finkielkraut per a Le Nouvel Observateur [1981]. A:  Philip Roth. Lecturas de mí mismo. Traducció de Jordi Fibla. Debolsillo, 2010. P. 112.

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¿Qué siente sobre el feminismo, en especial el ataque feminista de que fue objeto?
¿En qué aspecto?

La fuerza del ataque se debía, en parte, a que en el tratamiento de los personajes femeninos la simpatía brilla por su ausencia, por ejemplo que presenta de una manera hostil a la Lucy Nelson de Cuando ella era buena.
No eleve eso llamándolo un ataque «feminista». No es más que una lectura estúpida. Lucy Nelson es una adolescente enfurecida que quiere una vida decente. La presento como mejor que su mundo y consciente de que es mejor. Se encuentra con el enfrentamiento y la oposición de unos hombres a los que muchas mujeres tipifican como irritantes. Ella es la protectora de una madre pasiva e indefensa cuya vulnerabilidad la vuelve loca. Le encolerizan unos aspectos de la vida norteamericana de clase media que el nuevo feminismo militante identificaría como el enemigo pocos años después de la aparición de Lucy en letra impresa...el suyo podría considerarse incluso un caso de cólera feminista prematura. Cuando ella era buena trata de la lucha de Lucy por librarse de la terrible decepción que engendra en su hija un padre irresponsable. Trata del odio al padre que él era y el anhelo del padre que no podía ser. Sería pura idiotez, sobre todo si eso fuera un ataque feminista, sostener que unos sentimientos tan intensos de pérdida, desprecio y vergüenza no existen en las hijas de borrachos, cobardes y delincuentes. [...] Apostaría a que hay incluso mujeres encolerizadas y dolidas que son feministas.

Philip Roth entrevistat per Hermione Lee (1984) per a The Paris Review. A: Philip Roth. Lecturas de mí mismo. Traducció de Jordi Fibla. Debolsillo, 2010. P. 141.