dissabte, 30 de juny del 2012

mecànica quàntica o algo


Siendo de barrio, no querré yo ser de barrio, donde tan difícil es leer, sino ser del espacio exterior, pertenecer a otra nada más lejana y más oscura y también más infinita. Sin entender del todo lo que pone en los libros de divulgación que voy leyendo, atravesaré las veintiséis dimensiones de la teoría de las supercuerdas. En los mundos paralelos entraré por las puertas de la difusión científica y de la ciencia ficción. Querré copiar, prisionero de Philip K. Dick en mi genética literaria, su libertad de cautivo, su gesto de hombre encerrado en el castillo que hace lo que le da la gana.
Philip K. Dick es un Proust que no escribe en proustiano, que no escribe dejando en las sábanas migas de magdalena sino empastillado; pero el artista que hay detrás de ambos es el mismo. [...] La sinuosidad verbal de Proust es la sinuosidad de la acción en Dick. Si en Proust hay un barroco burgués forjado con frases subordinadas, en Dick lo que se subordina hasta desvanecerse es el punto de vista.

[...] De su literatura, de su ciencia ficción, querré aprender a no tenerles miedo al tiempo y al espacio narrativos. Veré con él que el tiempo literario contiene aún más relatividad que el de la física. Que el tiempo no importa porque se ha desarticulado; porque todo, presente, pasado y futuro, está ocurriendo o siendo a la vez, y de esa manera hay que escribirlo.
Todo, todo, todo, al mismo tiempo.
Javier Pérez Andújar. Paseos con mi madre. 2a ed. Tusquets, 2012. P. 79-80.

divendres, 29 de juny del 2012

grapa

Apunt gentilesa involuntària d'en Robert.
Garra. Entusiasmo. Cuán raramente se oyen estas palabras. Qué poca gente vemos que viva o, para el caso, crea guiándose por ellas. Sin embargo, si me pidiesen que nombrara los elementos más importantes del carácter de un autor, aquello que da forma a su material y lo impele hacia donde quiere ir, sólo podría advertirle que pusiera atención a su garra, que se fijara en su entusiasmo. Ustedes tienen su lista de autores favoritos. Yo tengo la mía. Dickens, Twain, Wolfe, Peacock, Shaw, Moliere, Jonson, Wycherly, Sam Johnson. Poetas: Gerard Manley Hopkins, Dylan Thomas, Pope. Pintores: El Greco, Tintoretto. Músicos: Mozart, Haydn, Ravel, Johann Strauss (!). Pensar en estos nombres es pensar en garras, apetitos, entusiasmos grandes o pequeños pero siempre importantes. Pensar en Shakespeare y Melville es pensar en truenos, relámpagos, viento. Todos conocían el gozo de crear enformas amplias o reducidas, en telas ilimitadas o estrechas. Son los hijos de los dioses. Sabían divertirse trabajando. No importaba si de vez en cuando crear era difícil, qué tragedias o enfermedades les afectaban la vida más íntima. Las cosas importantes son las que nos llegaron de sus manos y sus mentes, y están llenas a reventar de vigor animal y vitalidad intelectual. Nos transmitieron sus odios y desesperaciones con una especie de amor.

[...]  ¿Qué tiene que ver todo esto con escribir el cuento de nuestra época? Sólo lo siguiente: si uno escribe sin garra, sin entusiasmo, sin amor, sin divertirse, únicamente es escritor a medias. Significa que tiene un ojo tan ocupado en el mercado comercial, o una oreja tan puesta en los círculos de vanguardia, que no está siendo uno mismo. Ni siquiera se conoce. Pues el primer deber de un escritor es la efusión: ser una criatura de fiebres y arrebatos. Sin ese vigor, lo mismo daría que cosechase melocotones o cavara zanjas; Dios sabe que viviría más sano.
Ray Bradbury. "La dicha de escribir"A: Zen en el arte de escibir. Minotauro, 2002.

dijous, 28 de juny del 2012

fotogènia


Truman Capote
Colette
Vladimir Nabokov
Marcel Proust
Susan Sontag
Mark Twain
 
Eudora Welty
Tom Wolfe i Kurt Vonnegut

Font: Flavorwire. Extremely silly photos of extremely serious writers. (Via El Pandemonium).

dimecres, 27 de juny del 2012

la resistència eròtica del llibre


Preguntarse por el futuro del libro es también, y sobre todo, preguntarse qué pasará con el ecosistema del libro. Con las librerías y las bibliotecas. En especial con las redes de bibliotecas públicas. Sin librerías y bibliotecas, no existe la ciudad. En psicogeografía, hay el lugar y el no lugar. El lugar es una unidad de emoción y memoria. Podríamos ser más precisos y hablar del tercer lugar. El lugar donde a la memoria y la emoción se suma el encuentro. Hoy es difícil señalar un lugar donde se dé mayor diversidad, mayor mezcla entre gente de diferentes generaciones, clases sociales, géneros, orígenes, ideologías, creencias o estéticas que en una biblioteca pública. Se habla mucho de los bajos índices de lectura en España, pero se habla poco de la gran revolución vivida en muchas ciudades, grandes y pequeñas, al crear, y con bajo coste, redes de bibliotecas públicas. No hay ninguna entidad, ni siquiera deportiva, que en proporción tenga tantos asociados como las bibliotecas públicas.
Algunas instituciones, por desgracia, ya han recortado los gastos en el suministro de libros a las bibliotecas. Esto sí que es fundir los plomos de la “civilización”.
Cuando el urbanismo humanista, avanzado, imaginó la ciudad como una ciudad-jardín, tenía la forma de círculos concéntricos, en los que cada círculo era un anillo verde. En el centro estaban los servicios públicos. Y desde luego, como una célula madre, la biblioteca. En la ciudad pluricéntrica, la biblioteca (concebida ya como un taller plural de artes) debería ocupar los lugares de referencia, la primera marca en las coordenadas humanas de la ciudad. El lugar sentipensante, de resistencia y re-existencia.
 En ese sentido ecológico, el lugar de lo necesario coincide con el deseo. Un espacio donde una ley no establecida dice: no dominar. El lugar erótico, donde puedan encontrarse Anna Karenina y uno que dice ser Ulises, mientras Falstaff murmura: “Nadie sabe lo que puede pasar si viene junio un poco caliente”.
 Manuel Rivas. "La resistencia erótica del libro". El País, 10 juny 2012. (Aquí, l'article sencer)


dimarts, 26 de juny del 2012

l'última


Libros de Ana (clic)

Avui, a les vuit del vespre, trobada per a comentar Últimas tardes con Teresa de Juan Marsé.


dilluns, 25 de juny del 2012

entrevista a juan marsé

Querido Lluís Bosch:
Saludos cordiales. Ahí van mis respuestas, espero que satisfagan a los amigos y amigas del Blog de la biblioteca de Vic. Utilizo el castellano porque en él me expreso mejor que en catalán.
Quiero daros las gracias a todos por el interés hacia mi Teresa.
Un fuerte abrazo
Juan Marsé.
****

- Fa uns quants anys, no gaires, no era gens normal això de batejar equipaments públics amb noms de personatges que encara no haguessin traspassat. No n'hi havia tradició, la veritat.
El primer cas que vaig conèixer va ser, justament, la biblioteca on treballo, la Joan Triadú. Ara ja n'hi ha d'altres, la Juan Marsé del Carmel, la Pilarín Bayés de Sta. Coloma de Cervelló, per exemple. Al gra: com va anar, tot plegat? I, sobretot, com ho va entomar? Manté relació amb la biblioteca del Carmel?
El poeta David Castillo, muy vinculado al barrio del Carmel, me sorprendió un día al anunciarme que los responsables culturales del distrito habían decidido, de acuerdo con el ayuntamiento, bautizar con mi nombre la nueva biblioteca pública que se estaba construyendo en la calle Murtra. Me quedé patidifuso. Nunca se me había pasado por la cabeza semejante honor, y creo que hasta me mostré receloso, como que no acababa de creérmelo. David estuvo persuasivo.  Te debemos ese retrato del barrio en los años más duros, tan respetuoso y fidedigno, vino a decirme. Desde entonces he tenido hasta hace pocos años una relación constante con la biblioteca, regalando libros que recibo de muchas editoriales y asistiendo a algunas de sus actos culturales. Ultimamente, la edad ha empezado a retirarme de no pocas actividades.
Francisco Casavella té un article sobre Marsé recollit a Ronda Marsé. Ara que hi penso, Casavella és l'hereu més directe que se m'acut de Marsé, però què n'opina Juan Marsé?
Conocí a Francisco Casavella en Londres, unos dos años antes de su muerte, y congeniamos en el acto. Había leído su trilogía El día del Watusi y habíamos charlado largo y tendido sobre ese territorio de ficción, que compartíamos, llamado Barcelona y sus extrarradios marginales. Él había publicado ese artículo sobre Últimas tardes… al que usted se refiere en el diario El Mundo, si no recuerdo mal, pero a mí se me había escapado (no soy lector de ese diario). Se trata de un artículo muy cariñoso y entrañable. Y en su obra he detectado, en efecto, una atmósfera y una sensibilidad muy próximas a las de mis primeras novelas. Guardo a Francisco Casavella en el recuerdo y con el mayor respeto.
En una entrevista, l'autor explica que Últimas tardes... es va escriure partint de les imatges que se li suggerien. N'hi ha de molt clares, com la primera plana, en què una motocicleta creua Barcelona durant la revetlla de sant Joan. És possible llegir tota la novel·la en aquesta clau? Com es combina una estructura creada a partir d'imatges amb un relat que pregressa, amb un fil narratiu?
El impulso inicial que me lleva a desarrollar una historia se debe siempre a una imagen, o a varias imágenes, nunca a una idea y menos a una ideología. Últimas tardes con Teresa no fue concebida como una crítica a la burguesía catalana y a los señoritos universitarios de los años cincuenta –ya que tal disparate llegó a decirse-, sino como el deseo de dar forma visual y tangible a un sueño juvenil. El tema central de la novela surge de un equívoco propiciado por la mala conciencia de clase y la ideología progresista de una joven universitaria, así como su tendencia a confundir la realidad con el deseo –por ejemplo, confunde su íntimo deseo de perder la virginidad con  su ansia de liberarse de su clase-, pero son las imágenes que yo tenía de un joven del sur, habitante del Monte Carmelo, marginal y sin medios de fortuna, fantasioso y atractivo, las que dieron alas y garras a la novela. El personaje es un heredero del joven de provincias de la novelística del siglo XIX, una especie (salvando todas las distancias) de hijo natural de Rastignac o de Julien Sorel, incluso concebí la novela como un homenaje particular a la gran novela del XIX, cuya lectura me había fascinado tanto desde la adolescencia.  Con todo, no me atrevo a decir en qué clave debe ser leída Últimas tardes… Fue escrita hace más de cincuenta años, y la literatura es una cuestión de gustos, es decir, de limitaciones -como dice mi amigo Vila-Matas robándome descaradamente la frase, claro.
L'any 1966 Juan Marsé va escollir un murciano i una estudiant de la burgesia catalana per a recórrer els carrers i les relacions entre els grups humans (classes socials) de la ciutat. Si es plantegés retornar a la qüestió el 2012, quins personatges creu que serien els escollits?
Él podría ser hoy un inmigrante del Magreb o de la Europa del Este, ajeno a la lengua y a la cultura catalana, un nuevo aspirante (nunca faltarán, me temo) a alcanzar el prestigio que otorga el dinero y el escalón alto en la sociedad. Pero el camino que hoy conduce a ello, con la corrupción económica y moral que nos rodea y nos ahoga, no creo que necesite pasar necesariamente por la ideología progresista que vive  la bella y generosa Teresa y la hace confundir a un vulgar delincuente con un militante obrero adscrito al partido comunista. Para empezar, el partido ya no goza del prestigio político ni moral que gozaba en los años de clandestinidad. Y el tipo de escalador social que puede triunfar, devenido luego gran chorizo de las finanzas, lo da hoy mejor un Rato, por ejemplo, y ya lo anticipó un Mario Conde. El Pijoaparte, en el fondo, era un ingenuo, un pobre muchacho que creía de veras que mediante el esfuerzo personal y el respeto a la sociedad  (incluso respeta la virginidad de Teresa, si será ingenuo), uno podía  alcanzar un lugar al sol.
La oscura historia de la prima Montse podria ser una continuació de Últimas tardes? Hi ha personatges coincidents i el tema insisteix en la difícil relació entre classes socials en una Barcelona retratada des del Guinardó. Es va plantejar com hauria pogut seguir la vida de Teresa Serrat?
Aunque en La oscura historia… aparece Manolo Reyes cumpliendo pena en la cárcel, y después fuera de la cárcel, aceptando la ayuda apostólica de Montse en su condición de Hija de María, no la considero una continuación de Últimas tardes…En la historia de Montse Claramunt hay lugar para Teresa ni su mundo (aunque aparece fugazmente citada en el capítulo del Baile de Debutantas, una más en el florido ramillete de las agraciadas hijas de la burguesía)  y el asunto nuclear en la novela es otro. La oscura historia…quiere ser un alegato contra cierta educación católica tradicionalmente hipócrita y moralmente deleznable, con bastantes recuerdos personales de mi experiencia infantil parroquial.
Mai no m'ha semblat vàlida la frase "basat en fets reals", perquè parteixo de la idea que, fins i tot els que escriuen literatura fantàstica, es basen en algun fet real, o ens volen explicar una realitat a partir de fets que coneixen, analitzen i imaginen. Els personatges de Últimas tardes són complexos, fins i tot alguns dels seus secundaris. Com es construeixen els personatges? Millor dit quina part hi ha de l'escriptor en cadascun d'ells, per afinitat o oposició?
También a mí me parece que el aviso es un camelo; es más, siempre que lo veo en un libro o en una película, mi curiosidad y mi interés se desvanecen. En cuanto a qué hay del propio escritor en sus personajes, podría decir que mucho o nada, depende, o que siempre hay algo aunque el autor no sea consciente de ello. Las vivencias y la imaginación suelen convivir estrechamente, en porcentajes que varían. Por ejemplo, en Ringo hay  muchas vivencias personales, y también el David de Rabos de lagartija o en el Daniel de El embrujo de Shanghai, y también en mucho personajes femeninos, en la Pelirroja sobre todo, en la abuela Tecla o en la prostituta Balbina. Y hasta en personajes muy secundarios. Pero no lo considero relevante ni revelador. En mucho de ellos, en el Pijoaparte sobre todo, hay mucha más imaginación e inventiva que otra cosa, y tal vez deseos de ser él o de parecerme a él. A veces he pensado que, en efecto, me habría gustado ser como él (sólo a ratos), pero no tenía su ambición social ni su coraje y mucho menos un atractivo físico que me ayudara a enamorar a una universitaria rica que conduce un Floride descapotable… Imposible.   
Últimas tardes con Teresa hi ha un munt de coses no dites. Sobreentesos. Fins i tot en flaixos curts. Històries potents que suggereixen, més que no expliciten. Personatges amb moltes ombres, com el Cardenal, la família francesa, la Jeringa... Tenint en compte el moment en què es va escriure i publicar la novel·la, aquestes històries no dites estaven pensades per traspassar la censura?
Nunca sabré hasta qué punto la Censura franquista operaba en mi inconsciente durante el proceso de escritura de la novela. No recuerdo que me reprimiera, sobre todo en las escenas con más o menos contenido erótico, pero quién sabe, la autocensura trabajaba soterradamente, es una de tantas miserias  que imponen las dictaduras bajo palio. En todo caso mis temores se debían al capítulo que abre la tercera parte de la novela, el de los estudiantes conspirando contra el Régimen con sus algaradas en la Universidad de Barcelona en 1957. Y como la Censura prohibió la publicación de la novela, se confirmaron los temores. El editor Carlos Barral me aconsejó pedir audiencia al jefe de los censores, el señor Carlos Robles Piquer, y viajé a Madrid para entrevistarme con él, y después de una charla bastante cómica, descubrí, para mi sorpresa y alivio, que los reparos que ponía Censura no se referían a los hechos con alguna significación política (las revueltas y las manifestaciones callejeras y las cargas represivas de los grises irrumpiendo en la Universidad) sino solamente a ciertas palabras que los señores censores consideraban malsonantes: muslos, pechos, orgasmo, etc. Se me pidió suprimir unas cuantas. Increíble, pero cierto.
Per què creu que la literatura catalana -escrita tant en castellà com en català- ha parlat tan poc de les relacions entre classes socials? Per què deu ser que un altre autor català d'expressió castellana com Eduardo mendoza hagi decidit abordar el tema de forma quasi tan desinhibida com Juan Marsé?
No estoy muy seguro de que las relaciones conflictivas entre clases sociales se reflejen poco en nuestra literatura, sea catalana o castellana. Confieso no haber prestado especial atención al tema, posiblemente porque en la literatura de ficción he buscado siempre otros asuntos, otros alicientes. Ocurre que la desigualdad social, en mi opinión, se halla instalada permanentemente en la sociedad, está arraigada en la vida humana, es la vida misma. Ello hace que la desigualdad sea algo así como un subtema que siempre está ahí, que late siempre en el trasfondo de cualquier ficción que pretenda reflejar la realidad y las cuitas de los hombres y las mujeres en cualquier sociedad. Naturalmente, puede constituir el asunto central de una novela, porque la novela puede con todo, pero ese material, en sí mismo, siempre me ha parecido más adecuado para la sociología que para la literatura. En las buenas novelas se halla más o menos implícito, nunca explícito.
 - Una de les qüestions que sempre m'encurioseix dels escriptors i escriptores és quina és la seva metodologia de treball. Si dediquen unes hores determinades al dia a escriure, si creuen en els moments d'inspiració, si són ordenats i estructurats a l'hora d'escriure. M'agradaria traslladar aquestes qüestions al Sr. Juan Marsé. En el seu cas, utilitza escaletes per construir les novel·les o escriu a raig? Els personatges segueixen disciplinadament el model que ell els ha creat o es desenvolupen amb total llibertat? Quan està immers en una història, es dedica a escriure'n d'altres per esbargir-se o es concentra únicament en aquesta? Bé, se m'acuden moltes d'altres qüestions però en algun lloc hem de tallar. Gràcies per avançat.
Escribo preferentemente por la mañana, de diez a dos de la tarde. Primeros borradores a mano con pluma o bolígrafo, que luego paso al ordenador. Tomo muchas notas, antes y durante la escritura de la novela. Antes de empezar el primer borrador me sirvo de un breve guión en el que va un orden provisional y numerado de los hechos que han de constituir los nervios secretos de la historia, aquellos que han de vertebrar toda la estructura, pero naturalmente ese orden y esa estructura puede muy bien alterarse, no ser respetados en absoluto conforme avanza el relato, porque a partir de cierto momento la novela impone sus propias reglas y exige escenas o personajes secundarios que uno no había previsto. Es cuando la novela ha empezado a adquirir vida propia y notas que tira de ti, tanto o más que tú de ella.
 - El que més m'atreu de les seves novel·les és el lloc d'on neix el relat. Ell ha subratllat sempre el gresol que han representat les aventis en el seu paper de narrador. Les aventis són, de fet, la narració contínua de l'experiència vital, la seva i la dels seus personatges. Una experiència modificada i ampliada que serveix per construir allò que a les classes altes i a l'aristocràcia els ha vingut donat per la supremacia de classe. La literatura és una necessitat existencial on ens hi acabem trobant, uns caient des de dalt, els altres pujant des de baix. Si li hagués de fer una pregunta al Marsé, seria que ens expliqués quines emocions sent relatant, posant sobre el paper allò que d'existencial hi ha en l'escriptura. No m'interessa allò tan típic de què hi ha de personal perquè tota literatura, tota recreació és ficció. Vull saber què sent donant-li vida a Ringo (Caligrafía de los sueños), i per extensió, què sent construint personatges amb qui comparteix l'ànima. I, fins a quin punt, l'emoció que els lectors vivim és compartida amb la seva com a escriptor.
Quizá lo único que me preocupa de las emociones y sentimientos que una obra de ficción transmite al lector, es que éste las perciba desprendidas del texto, ajenas a los avatares del relato, es decir, emociones y sentimientos que parecen desprenderse más de la personalidad del autor que de la trama estrictamente novelesca. Es el riesgo, tantas veces denunciado por los puristas, de caer en el sentimentalismo. Ciertamente, es aconsejable guardar las distancias con la materia fabuladora, sobre todo cuando esta materia se nutre de las propias vivencias del autor. En mi caso podría citar varias novelas, desde la primera que publiqué, Encerrados con un solo juguete, pasando por Un día volveréRabos de lagartijaEl embrujo de ShanghaiLa oscura historia…, hasta Caligrafía de los sueños, en las que posiblemente lo más cercano a mis vivencias sea lo inventado, lo fabulado. Quiero recordarle que en Caligrafía…, cuando la señora Mir esta tirada sobre las vías muertas del tranvía bajo cuyas ruedas, en su fantasía o delirio, ella desea morir, y Ringo la observa incrédulo, se dice: “Acaso sea esta la primera vez que el chico intuye, siquiera de una forma imprecisa y fugaz, que lo inventado puede tener más sentido y solvencia que lo real, más vida propia y más sentido, y en consecuencia más posibilidades de pervivencia frente al olvido”
Acabo de llegir per segona vegada Si te dicen que caí al club de lectura d'Alumni, l'havia llegida de molt jove i no m'havia arribat la desesperança, la derrota i el pessimisme que transmet, sí voldria dir-li que he trobat a faltar alguna petita mostra d'optimisme que ajudi a sortir als personatges de la dissortada vida de postguerra. Suposo que Juan Marsé volia fer arribar al lector, precisament, aquest horror col·lectiu on no hi havia res de bo. Gràcies per fer-li arribar aquest comentari.
Comprendo su deseo y hasta lo comparto, pero estos personajes no pueden (ellos bien quisieran, seguro) escapar de aquellos desdichados años de la postguerra, y por mi parte yo no puedo ni deseo maquillar o embellecer esos tiempos de  ignominia. Si te dicen que caí es una despedida de la infancia y las aventis un canto a la imaginación y a la libertad, un correctivo a la miseria política y moral que impuso la dictadura. Lo siento, pero no cambiaría ni una coma. Y gracias por recordármelo.
I per acabar, li agraïriem que ens respongués aquest qüestionari breu amb poques paraules:
· El llibre que estic llegint en aquests moments és: 
  Con Stendhal, de Simon Leys (Acantilado)
· La darrera pel·lícula que he vist al cinema és:  
  Los 4 jinetes del Apocalipsis, de Vincente Minnelli
· La música que he escoltat més cops els darrers dies és:
  Amy Winehouse, cuya espléndida voz me recuerda a Billy Holliday
· El meu heroi preferit de ficció és:
  El Quijote
· I el meu heroi preferit de la realitat (en cas que això existeixi) és:
  Sócrates

Un fuerte abrazo y gracias por la atención.
Juan Marsé



P.S.: Entrevista realitzada pels lectors i lectores del blog, amb preguntes recollides (aquí) entre els dies 1 i 16 de juny.

diumenge, 24 de juny del 2012

anecdotari


A finales de los años 50, Marsé, que apenas comenzaba su “vida literaria”, visitó al poeta Salvador Espriu en compañía de Paulina Crusat. El poeta de Cementeri a Sinera le recibió muy cordialmente, pero su consejo al joven escritor no dejó de ser desconcertante: “Mire joven, todo esto de escribir está muy bien, pero usted lo que debe hacer es casarse”. Estimulado por la alternativa, Marsé decidió regresar al oráculo una segunda vez y en esta ocasión fue agasajado con una lectura. “Tomó en su mano un paquete de tarjetitas y me dijo: Joven, le voy a leer esto a ver qué le parece.” Hacía mucho calor en aquella casa y Espriu leía sin reposo el manuscrito de La Pell de Brau. “Yo -confiesa Marsé- no entendí nada.”
 *
A su regreso de París, a comienzos de los sesenta, Marsé intentó ganarse la vida haciendo traducciones de francés para Seix Barral. El negocio no era muy boyante pues se pagaba a sesenta pesetas el folio y el traductor era de una lentitud terrible. De todas formas, la primera edición de El pabellón de oro, de Yukio Mishima, se debe a su trabajo.
 
[Extret de la web oficial de Juan Marsé]

divendres, 22 de juny del 2012

parelles improbables


Todas las estrellas, grandes o pequeñas, las más refulgentes y universalmente conocidas y las de luminosidad más limitada y estrictamente nacional, todas las que habitan la infinita y fantasmal galaxia del celuloide, vivas o muertas, mitificadas u olvidadas, suelen arrojarse luz mutuamente y están unidas por lazos profesionales, a veces muy estrechos y fogosos -amándose o matándose en pelis donde comparten cartel, por ejemplo-, otras veces distantes y fríos, rozándose ocasionalmente o enviando luz a través de terceros -una estrella besa a un astro que, a su vez, besará a otra estrella en otra peli, y ésta a un nuevo astro en otra, y así sucesivamente por toda la galaxia-. Una complicidad artística tan vasta y compleja, una tan amplísima red de amores y odios, de besos y galas, implica una correspondencia a menudo curiosa entre las estrellas y hace que de pronto la distinguida y gélida boca -es un decir- de Grace Kelly, por ejemplo, pueda estar, mediante un tercer o un cuarto agente, muy cerca, pongamos por caso, de la bocaza enfurruñada e inteligente de Fernando Fernán-Gómez. (El camino no es tan largo, vean: Grace Kelly-Gary Cooper -Solo ante el peligro-, Gary Cooper-Sara Montiel -Veracruz-, Sara Montiel-Fernando Fernán-Gómez -La mies es mucha.)

Se trata de un juego muy sencillo para cinéfilos, un reto a la memoria funámbula del aficionado, y se entenderá mejor si explico cómo se me ocurrió y en qué circunstancias.

Hará unos veinte años en Valencia, Jorge Semprún me presentó a su amigo Yves Montand. Nos dimos la mano en la puerta de un hotel frente al mar, recuerdo muy bien algunos pormenores, era un día luminosos de octubre y en aquel momento recuperé a Montand con el pañuelo sucio anudado al cuello y el pitillo en las comisuras de los labios, como surgido de la película El salario del miedo, y evoqué al inolvidable intérprete de Les feuilles mortes; fui sensible a su encanto ya casi desvaído, a su pelo canoso y a su elegancia y pulcritud, a su hermosa voz grave y a su sonrisa un tanto amarga. Y en medio de todo eso, en el preciso instante de estrechar su mano, me asaltó aviesamente otro pensamiento -un sentimiento, me atrevería a decir- que se me antoja poco ejemplar, pero que no reprimí: esta mano que está chocando efusivamente la tuya, chaval, me dije, es la misma mano afortunada que acarició el cuerpo luminoso de Marilyn Monroe.

Fue solamente un brevísimo instante, el rebrinco espontáneo y sensual de una memoria saturada de cautivadores fantasmas. Realmente, yo nunca habría imaginado que entre mi insignificante mano y las míticas curvas de la estrella, tan remota e inaccesible allá en el firmamento hollywoodiense ya petrificado, podía haber repentinamente una distancia tan corta, palpitante y asequible: la mano larga y huesuda de Yves Montand era el eslabón vivo y amistoso que ahora nos unía. Nunca en la vida, capullo, me dije, volverás a estar tan cerca de Marilyn Monroe.

Bien, pues este sentimiento de proximidad física tan epidérmico y tan personal, ese morbo irrelevante, ese roce inesperado con el mito, fue lo que me sugirió un paseo por las estrellas. Se trata de escoger dos nombres improbables como pareja cinematográfica (una estrella de Cifesa y una estrella de la Metro-Goldwyn-Mayer, pongamos por caso: Joselito y Shirley Temple, una excitante sugerencia) y buscar el camino más corto entre uno y otra saltando de estrella a estrella y utilizando como puente o engarce a compañeros de rodaje, películas, directores, maridos y hasta amantes, si se tercia. En cada paseo, el que suscribe invitará al lector a un trayecto determinado, un camino más o menos convencional, reservándose un atajo que no debería escapar a la memoria y perspicacia del aficionado y que será desvelado en un apéndice de este libro, titulado Los atajos.

Encomendamos el primer paseo al genial Pepe Isbert, guiándole hasta Marilyn mediante un pequeño rodeo, convencidos de que a él le habría gustado.

Juan Marsé. Introducció a Un paseo por las estrellas. RBA, 2001.




dijous, 21 de juny del 2012

de cameo


Teresa le miraba con simpatía pero seguía indecisa, y fue entonces cuando notó en las nalgas un pellizco de maestro, muy lento, pulcro y aprovechado. No dijo nada, pero se volvió disimulando, roja como un tomate, y tuvo tiempo de ver una silueta encorvada, los hombros escépticos y encogidos de un tipo que se escabullía riendo entre las parejas. Al mismo tiempo, oyó a su lado la voz de una muchacha que le decía a su amiga: "Le conozco, se llama Marsé, es uno bajito, moreno, de pelo rizado, y siempre anda metiendo mano. El domingo pasado me pellizcó a mí y luego me dio su número de teléfono por si quería algo de él, qué te parece el caradura."

Juan Marsé. Últimas tardes con Teresa. Seix Barral, 2008. P. 382.

dimecres, 20 de juny del 2012

el bocaccio de juan marsé



No es diu Manolo, sinó Roberto Amores.  Enlloc de robar motos, com el Pijoaparte, aprofita l'oportunitat que li ofereix l'atzar de ser confós per una promesa, un escriptoràs en potència. I Roberto ho intenta, no pot deixar perdre l'oportunitat d'escalar a la societat. Aprofitar l'avinentesa, la casualitat.  
Com explicar en què va consistir la gauche divine? Juan Marsé té la seva pròpia recepta: agafa els seus protagonistes, converteix-los en personatges -mig reals, mig inventats-, posa'ls en la situació de descoberta d'un nou valor cultural i fes-los dansar en el teu relat. Això fa Marsé. Mig còmplice, mig protagonista, mig crític.
Un retrat satíric, en un llibret de mida apta per la butxaca del pantaló, per on Marsé fa desfilar tots els Castellet, els Moix, els Porcels, les Colites, les Gimperes, els Segarres, els Perichs, els Montalbáns, els Bohigues, les Marujas, els Marsés, les Maria Aurèlies, les Balcells... tots els qui van tenir algun paper en el moviment cultural que va aplegar els fills de la burgesia enrotllada i esquerrosa. El moviment on cal ser-hi, si vius a Barcelona, i ets als anys seixanta.
Marsé ens fa el seu peculiar repàs de tots i totes, fotografiats als llocs dels fets, amb les seves banalitats, febleses, innocències, i fins i tot els seus encants.


dimarts, 19 de juny del 2012

emili teixidor



LA BIBLIOTECA IDEAL seria la que té els llibres ben classificats segons les normes de la professió, i a més indiqués la dificultat de lectura que suposa o el nivell de lector que exigeix. Aquest paper de conseller pot fer-lo molt bé el bibliotecari o la bibliotecària si té clar qué és un bon llibre i què és un mal llibre, i dintre dels bons quins graus de dificultat conté cada un, i quins nivells ha de superar el lector per arribar a ser un lector madur. 
De moment, la majoria de lectors que tenim són juvenils -dels disset als noranta anys més o menys- perquè només busquen la distracció i la informació en les lectures i demanen que l'autor faci l'esforç de ser clar, que no posi dificultats ni greus problemes morals en les seves obres, o sigui, s'han aturat en el text transparent, aquell que no es nota. Tots els best-sellers són així: cap dificultat de comprensió i un argument ple d'informacions extraordinàries que a vegades tenen la barra d'arribar a explicar-nos històries inventades com si fossin veritats històriques. 
Aquesta feina d'aconsellar, de suggerir, de convèncer..., en definitiva aquesta tasca pedagògica poc o molt l'haurien de fer els encarregats o les encarregades de les biblioteques. Les biblioteques són institucions educatives i culturals, no pas assistencials, depenen de Cultura, no de Benestar Social, i de la mateixa manera que els pacients d'un hospital públic han d'acceptar les normes de l'hospital, els lectors de les biblioteques han d'acceptar les normes de la biblioteca.
No hi poden trobar qualsevol cosa, de la mateixa manera que els escolars no poden exigir que els ensenyin el que volen. Potser s'ha d'afermar aquest punt educatiu, cultural, exigent de les biblioteques, perquè així com les autoritats amb bona fe prediquen que el públic llegeixi (qualsevol cosa, però que llegeixi), sense cap tipus d'exigència, per mer interès econòmic perquè avui dia el progrés passa per la lectura, les biblioteques amb l'excusa que han d'atraure lectors els faciliten tota mena de productes, fins i tot a vegades els que poden trobar a la perruqueria i a la sala d'espera del dentista. A poc a poc, l'exigència s'ha d'imposar.

Emili Teixidor. La lectura i la vida. Columna, 2007. P. 128.


pel carmel-(o) marsellès



Tot i saber com n'està de demodé -per no dir que fins i tot fa lleig-, i com que no sé sànscrit, jo encara m'ho passo bomba llegint bigarrats textos estructuralistes: tal vegada focs d'artifici conceptual, però, com els castells des de la platja, plens de diversió per l'esclat de tanta guspira multicolor.

Guarnim-nos dels 60's i, situats en una aula de la Sorbona, parem atenció al ponent:"Tot relat, tota narració, es fonamenta en una topologia i en una energètica. La topologia proposa singularitats i l'energètica catàstrofes."

Un cop restablert el silenci després de l'esclat d'un petard tan potent -i com a gràcia major del joc-, el saberut que l'ha llençat s'ha d'afanyar a explicar-lo. I aquí és quan en diu una d'imposant per poètica (poètica només en el preceptiu francès estructuralista): "Ça va de Discours et Parcours..."

Pot semblar que avui tot això era impertinent, "que no tocava", que només era l'hora de dir d'en Marsé; i, tanmateix, no crec haver fugit d'estudi. Deixant apart l'energètic "discours" sobre les catàstrofes que afectaren al Manolo, la Maruja i la Teresa (una Teresa que sempre he oït amb una fonètica tergiversada), em centraré en la seva topologia mítica, en el recorregut (parcours) per la singularitat del Carmel.

M'he descomptat de les vegades que he cimejat el visionari Carmel. El territori temible de la meva infantesa -cau dels bandolers que, armats amb navalles, davallaven del turó per assaltar als ciutadans inermes-, més tard va esdevenir objectiu muntanyenc de les meves campanes del batxillerat superior de lletres.
I així segueixo..., enfilant-me al Carmel, a qualsevol hora i potser un cop al mes, per mor d'una identitària dèria d'altituds, amb la certesa de què una pau encomanadissa s'ha fortificat allà dalt.

A partir del conseqüent domini a la menuda del lloc, vaig voler imaginar quina visió ens n'oferiria avui en dia un Marsé rejovenit i atent al nou paisatge del Carmel...
Potser els Pijoaparte d'avui provenen de les hip-hoperes colles de writers que no han deixat un pam del barri sense grafiar, inclosos els roquissars del cim... Qui sap si del cim del Carmel, passant per la biblioteca Marsé, la penya ha baixat fins l'Espai Boca Nord on avui punxa un col·lega que acaba de fer-hi un curset; un curset com el de dansa del ventre que fan tot de dones guarnides amb xandalls de mercadillo. Apart d'una colla que ve a assajar una evolució del flamenc, per la Boca Nord avui també hi correm nosaltres. Som aquí perquè hi ha concert dels Cabezas de Cera, uns mexicans tan indígenes com experimentals. Quan sortim a fora a fumar algú comenta que més d'un d'aquells iaios que veiem jugar a la petanca, de jove, devia haver conegut al Manolo Reyes... És una possibilitat que tots donem per certa.

dilluns, 18 de juny del 2012

a màquina


Via To Be Shelved

John Cheever
Bob Dylan
William Faulkner
Ernest Hemingway
Patricia Highsmith
Carson McCullers
Jesús Moncada
Dorothy Parker
Philip Roth
Tennessee Williams

Més: Key workers: writers at their typewriters. The Guardian. (11 maig 2011)

diumenge, 17 de juny del 2012

el cànon marsé


LLIBRES
 
1. L'Illa del tresor, R.L. Stevenson.
[Amo esta novela porque, desde que la leí a los doce años, soñé con ser escritor de ficciones]

2. Des de la última vuelta del camino i Memorias de un hombre de acción, Pío Baroja.
[Baroja es mi novelista español favorito. Todavía hoy su lectura me es necesaria para entender lo que ha sido y es este país]

3. Guerra i pau, de Lev Tolstoi.
[Es una de las cumbres novelísticas del siglo XIX y la obra que más rendida admiración me ha causado jamás. Fue un regalo de mi querida Paulina Crusat desde Sevilla, hace casi sesenta años]

4. El roig i el negre, Stendhal.
[Es una novela que en su día me deslumbró. Me gusta porque, entre otras razones, el protagonista de esta fascinante historia, Julien Sorel, es el padre espiritual del Pijoaparte]

5. Les palmeres salvatges, William Faulkner.
[El poderoso y seductor estilo de Faulkner en estado puro. En mi opinión se trata de su mejor novela, junto con Absalón, Absalón]

PEL·LÍCULES

1. Citizen Kane, Orson Welles.
[ Por su asombrosa sabiduría narrativa y visual sobre la condición humana y su fascinación ante el poder y el éxito. Forma el trío de ases de Welles junto con Sed de mal y Campanadas a medianoche]

2. The Searchers, John Ford.
[El más personal y emotivo western del maestro Ford, el más poderoso y enigmático, con el mejor Wayne y el mejor Monumet Valley]

3. To be or not to be, Ernest Lubitsch.
[Nunca el tema de la apariencia y la realidad había sido tratado con semejante magistral ironía, elegancia y talento. Una comedia inolvidable, obra maestra absoluta]

4. City Ligths, Charles Chaplin.
[Además de contarnos una delicada y patética historia de amor (triste y divertida a partes iguales) Chaplin realiza una poética y desencantada reflexión sobre la naturaleza del arte cinematográfico: mirar es una cosa, y saber ver, otra]

5. A place in the Sun, George Stevens.
[ Se trata de una conmovedora historia romántica y a la vez una ejemplar tragedia americana, marcada por la fatalidad y las convenciones sociales. Nunca Elizabeth Taylor y Montgomery Clift irradiaron tanto magnetismo y tanta belleza]

6. The Thief of Bagdad, Ludwig Berger, Tim Whelan, Michael Powell y Alexander Korda.
[En ninguna película creo haber hallado de forma tan entretenida, tan elegante y depurada, la expresión de ese viejo anhelo del hombre, de alcanzar la felicidad viviendo sueños de amor y de aventuras. La música de Miklos Rozsa se me ha quedado grabada para siempre]

MÚSICA

1. La flauta màgica, W.A. Mozart.
[ Porque Mozart siempre me habla de la alegría de vivir. Porque todas y cada una de las letras que forman su nombre son pura música. ]

2. Cole Porter.
[Casi toda su música la escribió en estado de gracia. "I get a kick out of you", la favorita, es una canción llena de burbujas de champán. ]

3. Suites per a violoncel (interpretades per Pau Casals), J.S. Bach.
[Hay que escuchar a Bach, porque sin Bach no se entiende nada, ni siquiera las infinitas variaciones del silencio]

4. Frank Sinatra ("My funny Valentine", por ejemplo).
[La voz de Sinatra es la más convincente y hermosa de un siglo de música popular norteamericana. Con un whisky en una mano y el cigarrillo en la otra, contando cualquier cosa, era único]

5. Concert núm. 2 per a piano, S. V. Rachmaninov. (Tocado por Sviatoslav Richter).
[Porque entiendo esta pieza como una delicada, romántica y conmovedora despedida de este mundo]

dissabte, 16 de juny del 2012

fúlcner, que no és poc


Para irse del barrio y al mismo tiempo quedarse en él para inventarlo, lo primero que hizo Marsé fue cruzar una calle e ir más allá de la casa de Tina (la protagonista de su primera novela, Encerrados con un solo juguete, María en la vida real), su primer escarceo sentimental. La memoria de Tina está ligada a los días en que el joven Marsé, aprendiz de joyero, iba a la plaza Rovira y, en una librería que no existe desde hace medio siglo, alquilaba novelas que leía con toda voracidad y que le servían, junto a sesiones continuas de cine, para escapar de la mediocridad de la siniestra época en que le había tocado vivir: "Era un tiempo muy curioso: Si no te jodían unos, te jodían los otros".

Le contaba Juan Marsé a Marcos Ordóñez en un brillante reportaje de hace años: "En esos días leía muchísimo, todo lo que pillaba. Balzac y El Coyote, Stendhal y Salgari, Stevenson y Edgar Wallace. Y las novelas de la Biblioteca de Oro y la literatura seria que publicaba José Janés y cuyos máximos exponentes eran Somerset Maugham y Lajos Zihaly... Y los descubrimientos: Santuario de Faulkner, en la edición de Austral".

Al aprendiz de joyero el libro de Faulkner le entusiasmó, le gustó tanto que en el servicio militar, como un idiota, se lo pasó a un capitán que le pidió algo para leer y de poco no le arresta. "¡Le he pedido una novela! ¿No sabe usted lo que es una novela? ¡Una del oeste, coño!"

Ya en la misma primera página de la edición de Austral de Santuario encontramos un diálogo que debió impresionar al joven Marsé, al futuro joyero de la literatura, entonces aprendiz. Dos personas se encuentran y parecen llevar ambas una pistola en el bolsillo. Sin embargo, lo que lleva una es un libro, la otra un pañuelo para este valle de lágrimas faulkneriano, donde si no te joden unos, te joden los otros. La del pañuelo se llama Popeye.
"¿Lee usted libros? —preguntó Popeye".

 Muchos años después, en 1982, encontramos la fantasmal pistola en la primera línea de Un día volveré: "Néstor tenía 16 años y aún llevaba la armónica sujeta al cinturón como si fuese una pistola". Y también en la última línea de ese libro, cuando el padre le dice al hijo que acaba de mear al fondo de un metafórico solar lleno de escombros: "Bien, esconde tu pistolita y vámonos".

Enrique Vila-Matas. "Un pirata de Caribe". Letras libres. Novembre, 2000.

divendres, 15 de juny del 2012

la barcelona de marsé


Hay una escena en Ultimas tardes con Teresa clave para la novela y para la distinta concepción que tuve y tengo de lo que se ha dado en llamar la Barcelona de Marsé. Manolo, el Pijoaparte, y Teresa Serrat, al cabo de una serie de enredos de traviesa tragicomedia, se han enamorado de sus respectivas auras, y esas auras son falsas. A Teresa, una estudiante contestataria de familia rica en la Barcelona de los 50, Manolo le ha llegado a parecer un misterioso activista obrero, cuando no es más que un macarrón. Para Manolo, Teresa es, aunque él no acabe de darse cuenta, poco menos que la Laura de Petrarca, vuelta, por azar, humana, accesible, comestible y con posibles. La muchacha no esconde otra verdad que su inquieta juventud: ser una niña (bien) follada (mal).

El narrador, con una flexibilidad en el punto de vista sobre sus personajes y avatares que oscila sin manías de lo impío a lo amoroso, urde la trama con una socarronería muy stendhaliana hasta un punto límite: Manolo, confundido en su impostura, se tiende una encerrona a sí mismo. En uno de sus chanchullos, tiene que llevar unos objetos robados a Pueblo Seco, un barrio marginal como el suyo, pero en el otro extremo de la ciudad. Por el camino, le ha ido inculcando a Teresa una vaga idea sobre una no menos vaga misión clandestina. Los de Pueblo Seco acaban dándole una paliza a Manolo por lo que no es más que un ajuste de cuentas hampón y Teresa percibe el engaño que ella misma forjó. A partir de ese momento, la leyenda del guapo luchador clandestino se disolverá en llevadera ilusión (en maravillosa frase: «El lento deterioro del mito trajo sus delicias: Teresa veía, tocaba y luego creía»). Enseguida, y como colofón, aparece la monda realidad.
Y bien. ¿Qué pensé yo la primera vez que leí esta escena? «Esto es lo que le pasa al Manolo ese por meterse con los de mi barrio».

Porque yo era de Pueblo Seco y casi un niño. Para mí entonces los jovencísimos Manolo y Teresa eran muy mayores. «Los mayores». Que eso disculpe mi bobo pensamiento y nos disculpe también a la mayoría por urbanizar a la ligera espacios míticos: las barcelonas de Marsé, de Vázquez Montalbán, el Madrid de García Hortelano, Yoknapatawpha, comalas, macondos, santaisabeles... Al cabo del tiempo, y con un gran esfuerzo de la asistencia social, mi criterio ha cambiado: los espacios míticos son y, sobre todo, sirven para algo más que para señalarlos en mapamundis imaginarios.

Ahora creo que la utilidad de la novela, del contar historias (porque la novela puede ser "útil" en casi todos los sentidos menos en el que se le suele dar) es, sobre todo, la de reavivar palabras cansadas: memoria, justicia, corrupción, ilusión, derrota. Cuando uno cuenta una historia y sabe hacerlo, necesita volver a delimitar fronteras, levantar planos y volver a nombrar, sobre todo, nombrar para que una ficción nueva, más vigorosa, compita con esa otra ficción laxa y llena de espinas que desde siempre el poder y la desidia hacen pasar por verdad, la novela contra la estafa. Esa sea quizá la causa de que muchos (permítanme la expresión) contadores de historias inventen lugares que el lector o el oyente pueda identificar con el lugar (permítanme ahora las comillas) «verdadero», la zona de la estafa. Y por la misma razón, otros contadores de historias ni se molestan en hacerlo, porque tampoco desean que mueran de asco las palabras que nombran los territorios de su señorío narrativo.

La Barcelona de Marsé, los Guinardós y Carmelos de Marsé, son volver a nombrar las ilusiones perdidas y la soledad, el absurdo y la muerte, la esperanza y la desesperación, la mentira y la supervivencia, la dignidad y el orgullo, la resignación y el no resignarse nunca, la paradoja. Ahora que se batanea tanto la palabra «premio» me gustaría recordar lo que dijo otro contador de historias y señor de territorios cuando recibió uno de esos galardones: «El hombre es inmortal, no porque entre todas las criaturas sea el único que tiene una voz inagotable, sino porque posee alma y un espíritu capaces de compasión y sacrificio y aguante. El deber del poeta y del escritor es el de escribir acerca de estas cosas. Goza del privilegio de ayudar al hombre, levantándole su corazón, recordándole que el valor y el honor, la esperanza y el orgullo, la compasión y la piedad y el sacrificio han sido la gloria de su pasado».

Y lo hace inventando un mundo. No un mundo ideal, sino el mundo que es. Juan Marsé ha realizado esta práctica en toda una vida de contador de historias casi siempre soberbias. Pero hay algo más.

Hace años, donceles que iban para grandes artistas y se han quedado, como mucho, en palanganeros del poder (en la mayoría de ocasiones de un poder que da risa: el cultural) acusaban a Juan Marsé de escribir mal. A lo mejor querían decir que la prosa de Marsé era como las rodillas despellejadas de la chica de Ronda del Guinardó, más cargada de futuro que mil bibelots de temporada. Ahora, esos mismos palanganas se empeñan en llamar a no sé muy bien qué folclorismo La Barcelona de Marsé como si hablaran de El Paralelo de Escamillo, fosilizando, museizando y comisionariando, que es lo suyo. Como Juan Marsé se ha declarado antiintelectual, porque sabe que las ideas son veneno para la gran narrativa, nuestros funcionarillos, vestidos de cura Toni Miró, aunque ahora ya no se atreven a mucho (en el pringue de los escalafones se aprende rápido que la veteranía es un grado) quizá han llegado a la conclusión de que Marsé no piensa y que eso no hace daño a nadie. Bueno.

Hace casi 40 años, que no es mucho tiempo para la literatura, pero es algo de tiempo para casi todo lo demás, Marsé escribió el célebre arranque de la tercera parte de Ultimas tardes con Teresa. Ahí se describe el ambiente político en la universidad de la Barcelona de mediados de los 50. El fragmento empieza con «La naturaleza del poder que ejercen es ambigua como la naturaleza misma de nuestra situación...» y tras un espléndido tour de force acaba con el inmortal párrafo: «Con el tiempo, unos quedarían como farsantes y otros como víctimas, la mayoría como imbéciles o como niños, alguno como sensato, ninguno como inteligente, todos como lo que eran: unos señoritos de mierda». Que es, ni más ni menos, lo que siguen siendo ahora que urden las ficciones del poder.

A cuatro décadas vista, a mí el párrafo me parece de mucha claridad intelectual, excepcionalmente escrito, está incluido en la trama con mano maestra y, sobre todo, es un ejemplo de lo que yo entiendo como La Barcelona de Marsé.

Francisco Casavella. La Barcelona de Marsé. elmundolibro. com. 23 febrer 2001.


dijous, 14 de juny del 2012

paternitat responsable


Lenguas de doble filo, aunque escasamente afiladas, suelen insinuar, en los mentideros literarios de Barcelona, que Jaime Gil de Biedma es poco menos que el autor de Últimas tardes con Teresa, la novela que le valió a Juan Marsé el premio Biblioteca Breve, en 1965, y que recientemente ha sido llevada al cine por Gonzalo Herralde. Aunque sin poner en duda la generosidad de Jaime Gil, ni su demostrado interés por hacer suya, al menos literariamente, la afirmación de Rimbaud, heredada de Nerval, "Car je est autre", parece poco probable que la objetiva calidad de la novela, en primer lugar, y el éxito alcanzado en sucesivas ediciones, en segundo, no le llevaran a reconocer lusianamente esa hija del ingenio, dando testimonios de paternidad responsable.

Como el lector podrá suponer, Juan Marsé, padre putativo, y Jaime Gil de Biedma, verdadero engendrador de la criatura, siempre según los mentideros, han sido consultados sobre el particular. Ambos nos han asegurado que nuestra suposición estaba en lo cierto. Jaime Gil remarcó que no es "tan tonto como para no firmar, en caso de haberla escrito, una obra del interés y la calidad de Últimas tardes" y Juan Marsé aseguró: "Siempre que oigo decir esto me entra una gran depresión agricola".

Carme Riera. "El río común de Juan Marsé y Jaime Gil de Biedma". Quimera, núm. 41 (1984). P. 56.

***
Dicen que Gil de Biedma, atento a cuanto está escribiendo su amigo, le corrige el manuscrito de Últimas tardes con Teresa, que le regala las citas librescas con las que se abren los capítulos, algo entonces de moda, y que Marsé, en justa correspondencia, deja caer aquí y allá versos de Jaime. Teresa, en la barra de un bar, lleva la indumentaria de la niña Isabel del poema “A una dama muy joven, separada”. Manolo sabe de las habilidades del afilador, que saca de otro poema: Como un operario que pule una pieza, / como un afilador / fornicar poco a poco mordiéndose los labios ( “Nostalgie de la boue”).

Los juegos intertextuales sobre la poesía de Jaime Gil son en Últimas tardes con Teresa muchísimos. Se trata de juegos privados que remiten a una época ya ida, a las conversaciones y a las copas en noches que se desearon infinitas, compartidas muy a menudo también con Barral, García Hortelano o Ángel González, de paso por Barcelona. Y por eso todos ellos, de palabra y obra, denostaron siempre el alba bobalicona, impertinente y hostil que interrumpía sus conversaciones y les recordaba que el día se imponía, implacable, con sus obligaciones y horarios, que el paraíso nocturno no era más que un simulacro, ante las transacciones con la cotidianeidad mezquina. Recordando esas horas felices, algunas también diurnas, escribirá Gil de Biedma uno de sus mejores poemas, en el que, tras considerarse “salvado” después de su propia muerte literaria, al modo de Manuel Machado, recordará los nombres de los amigos que le han acompañado en el “ último verano de su juventud,” pasado en la finca familiar de Nava de la Asunción. Entre ellos, destacará a un tal Juan, (“Fue un verano feliz… / El último verano / de nuestra juventud, dijiste a Juan / en Barcelona / al regresar / nostálgicos,) que no es otro que Marsé, sin duda el amigo que por entonces parece sentir más cercano en su mundo de afectos, complicidades y guiños: ¿ o acaso no hay algo de alusión a la sacra última cena en esa referencia al último verano, antes de la muerte del poeta… por mucho que Jaime no sea Cristo y Juan no sea San Juan?

Carme Riera. "Marsé y el grupo catalán de los 50". Revista Mercurio.

Juan i Jaime a La Nava de Asunción (Segovia), l'estiu de 1964.

dimecres, 13 de juny del 2012

un gran tipus


El jueves primero de junio, el diario Libération dedicaba sus páginas principales del suplemento de libros a Juan Marsé. Bajo el incomprensible título de La Planete Marsé, un largo artículo de Philippe Lançon contaba al público francés, con mucho respeto y simpatía hacia el protagonista, la increíble historia de cómo fue adoptado en un trayecto de taxi. Es su mejor novela.

La primera vez que oí esa historia, la contaba el propio Marsé con el inevitable whisky haciendo clinc clinc en su mano y ese estilo despacioso, tranquilo, sosegado, más americano que europeo, con el que suele contar sus historias.

Su padre biológico, un taxista, había comentado con la pareja que viajaba en su coche las dificultades que tenía para criar al recién nacido, toda vez que la madre había muerto de posparto. La pareja, que no podía tener descendencia, acordó de inmediato la adopción. Así de rápido, así de simple, carambola, una belleza.

Marsé volvió a ver a su padre biológico en varias ocasiones. Siempre habla de él con cariño. La última escena, con el viejo taxista mostrando recortes de prensa a la gente del pueblo y exclamando con patético orgullo: “¡Es mi hijo!”, resulta tan melodramática que necesariamente ha de ser cierta.

Explicar Marsé a los franceses no es fácil. El autor del artículo, por ejemplo, tiene una visión surrealista del escritor. Dice: Marsé a l’air d’un vieux paysan pauvre dont les rêves demeurent violents et rafinés. ¿Marsé un labriego pobre? ¡Cielo santo! ¡Pero si Marsé es el doble casi exacto de Derrida! ¡Si tiene aspecto de profesor de filosofía de la Sorbona! Este hombre no ha visto en su vida “un paysan pauvre”. No los hay por París.

Y luego insiste mucho en que si las putas de Barcelona, que si el Barrio Chino, que si el antifranquismo, y otros tópicos del siglo pasado, como si Marsé fuera Claude Simon, errando absolutamente la diana. Marsé es un escritor delicado, lírico, en absoluto realista, en todo caso impresionista. Sus personajes nunca están vistos desde el exterior mecánico, social y naturalista del realismo, sino desde la intimidad poética.

El tiernísimo inmigrante de Últimas tardes con Teresa, el Pijoaparte, es mucho más espiritual que los chicos de clase alta a los que quiere parecerse. Y Marsé lo sabe. En su mundo siempre hay madres acogedoras, y si son putas son igualmente maternales y acogedoras. Y si son criadas o sirvientas, son aún más maternales y acogedoras. Las mujeres acogen y consuelan a unos pobres tipos incapaces de matar a una mosca e inútiles para alcanzar las metas que se han propuesto.

Aparte de que hay matices imposibles de transmitir a los franceses. Marsé es el único escritor catalán que ha dicho lo que había que decir sobre las novelas de Mari Pau Janer y sobre los premios Planeta y sobre un intocable del régimen como Baltasar Porcel.
Juan Marsé no es un campesino pobre, sino un caballero, y un caballero absoluta y radicalmente libre.


El Boomeran(g). Bloc de Félix de Azúa. [Apunt publicat el 06/6/2006 a les 09:43]

dimarts, 12 de juny del 2012

un poema de bukowski

Pa mi Su, que li dec.


Aquestes imatges tan llustroses donen fe de la visita de la Care Santos, el passat 31 de maig. Encara que l'auditori sembli fruit d'un càsting molt estricte (pel que fa a l'edat i el sexe, si més no), la veritat és que era una jornada de portes obertes, tot i que la participació estava assegurada per mitjà dels integrants d'alguns clubs de lectura de les biblioteques de la comarca que havien llegit Habitacions tancades i tenien l'oportunitat d'intercanviar impressions amb l'autora.
No us en puc donar detalls del desenvolupament de la sessió perquè només vaig estar al cas just els primers deu minuts, quan la Care va trencar el gel fent un elogi general de les biblioteques, amb menció especial a la de la seva infantesa, la de La Caixa Laietana de Mataró. A continuació, i com qui fa el ronso abans d'entrar en matèria, que no era altra que parlar de la seva novel·la, l'escriptora -tal i com m'havia advertit l'amic Espai de llibres- es va dedicar a parlar dels llibres del altres, i ens va recomanar, ferventment, el poema que Bukowski va dedicar a la biblioteca pública de Los Angeles, amb motiu de l'incendi que va patir el 29 d'abril de 1986. 
Acabat l'encomi, tot va ser Habitacions tancades. I com que jo no l'havia llegit i, a sobre, havia de tornar al taulell de préstec, doncs re, desconnexió total. I ja podeu suposar com vaig matar el temps. No havia sentit a parlar mai d'aquest poema de Bukowski. Aquí el teniu.


THE BURNING OF THE DREAM
the old L.A. Public Library burned
down
that library downtown
and with it went
a large part of my
youth.
I sat on one of those stone
benches there with my friend
Baldy when he
asked
"you goona join the
Abraham Lincoln
Brigade?"
"sure," I told
him.
but realizing that I wasn’t
an intellectual or a political
idealist
I backed off on that
one
later.
I was a reader
then
going from room to
room: literature, philosophy,
religion, even medicine
and geology
early on
I decided to be a writer,
I thought it might be the easy
way
out
and the big boy novelists didn’t look
too tough to
me.
I had more trouble with
Hegel and Kant.
the thing that bothered
me
about everybody
is that they tok so long
to finally say
something lively and/
or
interesting.
I thought I had it
over everybody
then.
I was to discover two
things:
(a) most publishers thought that
anything
boring ad something to do with things
profound
b) that it would take decades of
living and writing
before I would be able to
put down
a sentence that was
anywhere near
what I wanted it to
be.
meanwhile
while other young men chased the
ladies
I chased the old
books.
i was a bibliophile, albeit a
disenchanted
one
and this
and the world
shaped me.
I lived in a plywood hut
behind a roominghouse
for $3.50 a
week
feeling like a
Chatterton
stuffed inside of some
Thomas
Wolfe.
my greatest problem was
stamps, envelopes, paper
and
wine,
with the world on the edge
of World War II.
I hadn’t yet been
confused by the
female, I was a virgin
and I wrote from 3 to
5 short stories a week
and they all came
back
from The New Yorker, Harper’s
The Atlantic Monthly.
I had read where
Ford Madox Ford used to paper
his bathroom with his
rejection slips
but I didn’t have a
bathroom so I stuck them
into a drawer
and when it got so stuffed with them
I could barely
open it
I took all the rejects out
and threw them
away along with the
stories.
still
the old L.A. Public Library remained
my home
and the home of many other
bums.
we discreetly used the
restrooms
and the only ones of
us
to be evicted were those
who fell asleep at the
library
tables–nobody snores like a
bum
unless it’s somebody you’re married
to.
well, I wasn’t quite a
bum. I had a library card
and I checked books in and
out
large
stacks of them
always taking the
limit
allowed:
Aldous Huxley, D. H. Lawrence
e.e. cummings, Conrad Aiken, Fyodor
Dos, Dos Passos, Turgenev, Gorky,
H.D., Freddie Nietzsche,
Schopenhauer,
Steinbeck,
and so
forth…
I always expected the librarian
to say, "you have good taste, young
man. . ."
but the old fried and wasted
bitch didn’t even know who she
was
let alone
e.
but those shelves held
tremendous grace: they allowed
me to discover
the early Chinese poets
like Tu Fu and Li
Po
who could say more in one
line than most could say in
thirty or
a hundred
Sherwood Anderson must have
read
these
too.
I also carried the Cantos
in and out
and Ezra helped me
strengthen my arms if not
my brain.
that wondrous place
the L.A. Public Library
it was a home for a person who had had
a
home of
hell
BROOKS TOO BROAD FOR LEAPING
FAR FROM THE MADDING CROWD
POINT COUNTER POINT
THE HEART IS A LONELY HUNTER
James Thurber
John Fante
Rabelias
de Maupassant
some didn’t work for
me: Shakespeare, G. B. Shaw,
Tolstoy, Robert Frost, F. Scott
Fitzgerald
Upton Sinclair worked better for
me
than Sinclair Lewis
and I considered Gogol and
Dreiser complete
fools
but such judgments come more
from a man’s
forced manner of living than from
his reason.
the old L.A. Public
most probably kept me from
becoming a
suicide
a bank
robber
a
wife-
beater
a butcher or a
motorcycle policeman
and even though some of these
might be fine
it is
thanks
to my luck
and my way
that this library was
there when I was
young and looking to
hold on to
something
when there seemed very
little
about.
and when I opened the
newspaper
and read of the fire
which
destroyed the
library and most of
its contents
I said to my
wife: "I used to spend my
time
there. . ."
THE PRUSSIAN OFFICER
THE DARING YOUNG MAN ON THE LYING TRAPEZE
TO HAVE AND HAVE NOT
YOU CAN’T GO HOME AGAIN.

A El documentalista enredado trobareu informació sobre l'incendi i una versió en castellà del poema.


dilluns, 11 de juny del 2012

entrevistem juan marsé?


Aquesta és la nostra proposta. Dit així podria sonar pretensiós, o massa difícil. Però és així: us estem convidant a entrevistar en Juan Marsé.
Fa tot just dos mesos vam gosar estrenar aquesta possibilitat de diàleg amb l'autor, tal com es pot veure. Aquest és l'argument que ens vam donar a nosaltres mateixos i al mateix Juan Marsé.
El club llegeix Últimas tardes con Teresa per tancar el curs 2011-2012, i ho fa amb aquesta revisitació d'una novel·la que es va editar per primer cop el 1966. Ens omplien els dubtes: els lectors del blog i del club respondran a la invitació de fer-li preguntes a Juan Marsé? Darrera d'aquesta pregunta se n'amaguen moltes. El nom de l'autor genera 408.000 resultats a google, si és que una dada quantitativa (a la xarxa) vol dir res. Però és evident que vol dir coses.
També cal dir que ens sobrevolava una altra pregunta, potser elemental: Juan Marsé és un autor assequible que es prestarà a ser entrevistat per persones potser anònimes, participadors del blog d'una biblioteca pública? Per fortuna, la resposta no es va fer esperar gaire: l'autor ens diu que sí. I ho fa sense escletxes ni reserves. No puc amagar l'alegria que vaig sentir, perquè crec que una biblioteca pública hi ha de tenir dret, i confirmar-ho és molt agradable. El nom de Juan Marsé, al capdavall, també és el de la Biblioteca Pública del barri del Carmel.
Però finalment -més enllà de consideracions sociològiques o estètiques- estem parlant de literatura. De persones que escriuen i de persones que llegeixen allò que les altres pesones escriuen -o han escrit: calen els dos factors per a poder parlar del fenomen. Hem decidit que no ens impressionarà tot l'aparell crític i mediàtic que rodeja Ultimas tardes con Teresa, Juan Marsé, la possiblement estèril polèmica sobre els autors que escriuen en una llengua o una altra.
Quan es va publicar Últimas tardes con Teresa jo tenia dos anys, i en feia més de vint que corria per les llibreries quan la vaig llegir. No podria recordar quines emocions em va despertar. Tret que recordo justament això: que em va despertar emocions. La mirada sobre Barcelona i les relacions entre les classes socials em va commoure: perquè (em vaig demanar) mai no havia llegit res que abordés de forma tan desinhibida aquesta qüestió?
Crec que si li hagués de fer una primera pregunta al seu autor, seria aquesta. Intueixo que Juan Marsé em diria que no ho sap, i seria la resposta més natural. Ell no deu saber -no cal que sàpiga- perquè aquesta qüestió no havia estat formulada mai fins llavors en literatura.
Us convidem a seguir fent preguntes. El nostre joc és obert i té poques normes: cadascú deixa la pregunta que vol fer, i de la mateixa manera l'autor respon aquelles preguntes que troba que ha de respondre, que pot respondre, que li ve de gust respondre.
Podria dir que preferim les preguntes referides a la novel·la per damunt de les preguntes que aborden altres qüestions (la vida de l'autor, els seus amics i enemics, etc). Però això ja seria una primera interferència, una contradicció amb el nostre propòsit. De manera que goso deixar una segona pregunta:
    -L'any 1966 Juan Marsé va escollir un murciano i una estudiant de la burgesia catalana per a recórrer els carrers i les relacions entre els grups humans (classes socials) de la ciutat. Si es plantegés retornar a la qüestió el 2012, quins personatges creu que serien els escollits?
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A partir d'ara podeu deixar aquí les vostres qüestions. Les anirem recollint i les trametrem a l'autor. La nostra única intervenció serà ordenar-les per temes -si és possible-, per tal de facilitar les respostes i donar coherència al possible resultat final.