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No tengo ninguna lectura culposa y odio la noción, que pregunten sobre eso, que ni siquiera se considere. Siempre leí cualquier cosa y no creo en el mal gusto, porque no creo que una persona sea mejor o más elegante por leer. Creo que se pierde algo maravilloso, pero, por ejemplo, yo no sé nadar y nunca aprendí y me pierdo algo maravilloso. Como me pierdo el amor de un hije porque no soy madre, como me pierdo la libertad de una ruta porque no sé manejar o la adrenalina de los videojuegos ya que no puedo prestarles atención porque soy vieja. ¿No es lo mismo? ¿Y por qué no?
Mariana Enríquez. «Los acantilados». A: Archipiélago. Una formación lectora en veintinueve islas. Ampersand, 2025. P. 200.
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