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dijous, 5 de desembre del 2024

la pila del greix

A la Marie Kondo.

«No he comptat mai els llibres que posseeixo, però les meves golfes estan atapeïdes de narrativa de finals del segle XIX i principis del XX —requerida per a un gran projecte—, i el soterrani és ple a vessar de novel·les recents i llibres de no-ficció, alguns en prestatgeries industrials, però la majoria en caixes apilades sense ordre ni concert. És francament espantós. També tinc llogat un magatzem, que m'ha xuclat una fortuna, probablement més del que valen els objectes que hi guardo. Si m'obliguessin a fer una estimació, tanmateix, diria que posseeixo entre 15.000 i 20.000 llibres, potser més. Des de molts punts de vista, tots ells ben raonables, tinc «massa llibres», però el meu cap s'entossudeix a creure que només necessito més prestatgeries. O una casa més gran.
Però, de fet, soc un col·leccionista? En algun lloc vaig llegir que si no podies posar les mans sobre qualsevol llibre que posseïssis en cinc minuts, no eres més que un acumulador, un acaparador. Jo no podria posar les mans sobre alguns dels meus llibres ni que tingués cinc dies per cercar-los.»

Michael Dirda. «Dia de neu». Traducció de Rubén Luzón. A: Tafanejar: llibreries del món.  Edició de Henry Hitchings. Més llibres, 2017.

divendres, 9 de febrer del 2024

la medalla de joyce

 

ALEJANDRO GAMERO
Cuando James Joyce ganó una medalla de bronce en un concurso de canto
La piedra de Sísifo
18|1|2024

El 16 de mayo de 1904 tuvo lugar en Dublín un concurso de canto llamado Feis Ceoil, en el que participaron 22 cantantes, entre los que se encontraba el escritor James Joyce. Joyce, que había recibido clases de Benedetto Palmieri, profesor de canto en la Academia de Música de Dublín, interpretó dos piezas: No Chastening (del oratorio de Arthur Sullivan The Prodigal Son) y A Long Farewell, una melodía irlandesa arreglada por el compositor escocés Alfred Edward Moffat. Sin embargo, cuando le pidieron que cantara una tercera pieza, abandonó el escenario disgustado porque no podía leer la letra. Parece ser que el juez, el profesor Luigi Denza de la Academia de Música de Londres, tenía la intención de darle medalla de oro, pero después de que Joyce se negara a cantar la pieza le otorgó el bronce.

Cuenta la leyenda que después Joyce lanzó la medalla al río Liffey en un ataque de ira. Pero lo que ocurrió de verdad según su biógrafo Richard Ellman, como no podía empeñarlo, se lo llevó a su casa y lo arrojó a los pies de su tía Murray, diciendo: «puedes quedártelo, tía Josephine, no me sirve de nada».

La medalla, que fue realizada por el joyero dublinés Edmond Johnson y en cuyo reverso tiene grabada la leyenda «Tenor Solo James A. Joyce 1904», formaba parte de una colección de recuerdos propiedad de su hermano Stanislaus y apareció en Sotheby´s en 2004, el año del centenario del Bloomsday. De ahí pasó a manos del bailarín Michael Flatley, que lo compró por casi 17.000 euros. Flatley es además un conocido coleccionista de arte y de antigüedades y también posee una valiosa copia de la primera edición del Ulises de Joyce.



dilluns, 29 de juny del 2020

a mà



Una colección de puño y letra
Eva Millet
La Vanguardia | Magazine
8|9|2019
De Isabel la Católica a la reina Victoria. De Napoleón a Kennedy, de Newton a Freud. Durante casi medio siglo, el editor brasileño Pedro Corrêa do Lago ha reunido miles de cartas, manuscritos, fotografías firmadas y dibujos que conforman la colección privada de documentos autografiados más completa del mundo. La editorial Taschen los recopila en un libro.

Medio en broma, Pedro Corrêa do Lago se define más como “un loco” que como un coleccionista de manuscritos y autógrafos de personas notables. Una pasión que ha definido su vida desde la adolescencia y que ha hecho que, sin ser millonario, haya conseguido tener la colección privada de estos documentos más completa del mundo. “Mi locura”,  explica en un perfecto español, uno de los mucho idiomas que esta brasileño habla con fluidez, “fue la idea de hacer una colección universal, generalista e enciclopédica, lo que es un decisión totalmente absurda que no recomiendo a nadie”. Él, sin embargo,  lo ha hecho. Y a qué escala. “Nunca pensé que tendría medios para ir comprando lo que he comprado, no vengo de una familia acaudalada. Pero estos últimos quince años he estado trabajando en el mercado del arte, me ha ido bien y… todo lo que gano lo pongo en esto”.
Esto son miles de documentos escritos o firmados por muchos de los y las protagonistas de la historia de Occidente. Políticos, escritores, científicos, reyes, zares, exploradores, compositores, filósofos, artistas y conquistadores, entre otros. Desde un pergamino de 1153 con la rúbrica de cuatro papas hasta la firma del científico Stephen Hawking en el 2006, compuesta por una impresión de la huella de su pulgar. La colección de Corrêa de Lago abarca casi 900 años de historia y se conserva en una serie de archivos de media tonelada de peso, a prueba de fuego, que reposan en un salón de la planta baja de su domicilio de São Paulo.
“Cuando entro en esta sala, de unos treinta metros cuadrados, estoy rodeado de la historia del mundo y la cultura de Occidente. ¡Es una cosa fantástica!”, exclama: “Poder zambullirme en el mundo de Proust o en la edad media. En un cónclave papal o en la historia de España —con Felipe II, ¡que era un burócrata increíble!—. Es un forma de tener una participación en eventos que me interesan. Como cuando leyendo una biografía de Maquiavelo y tengo una carta suya en mis manos, es casi un milagro”.
Corrêa do Lago empezó su colección cuando era un adolescente, con un autógrafo, de François Truffaut. “Había visto su película El niño salvaje, que es fabulosa. Por carta, le pedí un autógrafo y él tuvo la gentileza de enviármelo”. Lamenta no haber tenido nunca la oportunidad de agradecerle al cineasta francés aquel gesto: “Que, en cierta manera, cambió mi vida. Si no me hubiera contestado… Quién sabe, quizás no me hubiera insuflado la chispa”. Pero aquella respuesta le condujo “a esta locura –repite– de tener las firmas de las aproximadamente cinco mil personas que, a mi juicio, tuvieron el papel más importante en el arte y en la ciencia y en la música, la música, la literatura el entretenimiento y la historia de Occidente”.
Sin embargo, a Corrêa do Lago no le gusta que lo describan como un cazador de autógrafos. “Nada más lejano. Yo creo que en mi vida habré pedido, quizás, diez autógrafos… Lo que hago es comprar documentos escritos de mano de su mismo autor o firmados por una persona notable: esa son las dos definiciones de autógrafo. Lo que ocurre es que la primera ya está en desuso. Por ello, la gente piensa que sólo me interesan las firmas, cuando no es realmente así”. 
Hace un tiempo, Corrêa do Lago consiguió algo que ni había soñado: exponer parte de su colección en la Biblioteca y Museo Morgan de Nueva York, que alberga la colección de libros y manuscritos del banquero John Pierpont Morgan. De esta muestra surgió el libro La magia del manuscrito (Taschen), cuyas imágenes ilustran este reportaje y que recopila 140 documentos de su colección. La selección (que no ha sido nada fácil), incluye cartas de Lucrecia Borgia, Vincent van Gogh y Emily Dickinson. Bocetos con anotaciones de Miguel Ángel, Jean Cocteau y Charlie Chaplin y manuscritos de Giacomo Puccini, Jorge Luis Borges y Marcel Proust.
De todos ellos, su propietario extrae una historia. “Cuando compro una carta de alguien, tengo la impresión de que me acerco a esa persona. Tengo más interés, leo más sobre ella y descubro cosas”, cuenta. Hasta el punto que cuando toca el mismo papel que esa persona tocó: “Se establece un vínculo. Me siento un poco como si formara parte de mi círculo de amigos”. Un círculo bastante amplio, compuesto por algunas de las figuras de la historia y la cultura mundial como Einstein, Freud, Toulouse-Lautrec, Simón Bolívar, Mata Hari,  Isadora Duncan, Proust, Napoleón o Isabel la Católica. De la reina española conserva una carta donde se hace referencia a la compra de unos azulejos sevillanos para la Alhambra. De Proust y Napoleón tiene decenas de piezas. “De Napoleón, por ejemplo, desde que era un joven que se llamaba Bonaparte hasta que fue desterrado a Santa Elena. No, realmente, no me aburro nunca”
Hijo de un diplomático brasileño, Corrêa do Lago vivió de niño en diferentes países, lo que le convirtió en políglota y avivó una curiosidad que continúa. “Mi padre no tenía una fortuna personal, aunque he tenido una educación muy privilegiada gracias a él. Ello me ha permitido poder trabajar en lo que me gusta, en el mundo del arte y también en el editorial. Esta es, en definitiva, una colección amasada por un tipo que se gana bien la vida, es un poco loco y puede comprar”, sintetiza.
¿Cómo lo hace?
Adquiere, sobre todo en remates: en librerías de viejo y bibliotecas de pisos que se vacían, donde pueden encontrarse verdaderos tesoros. “Una vez, uno de los traperos que vaciaba un piso me llamó a mi móvil diciéndome que tenía ‘un manuscrito español’”. Resultó ser Las hazañas de segundo David, de Lope de Vega. Cuarenta páginas manuscritas, de 1619 que habían pertenecido a la familia imperial de Brasil, emparentadas con la casa real española. “Un auténtico milagro, que hubiera un manuscrito de Lope de Vega en mi propio país”, comenta aún emocionado. Si hubiera otro milagro, ¿qué le gustaría encontrar?: “Hace poco compré una de las cosas que más quería adquirir, una carta de Descartes, pero me falta algo de Martín Lutero”. Los manuscritos del impulsor de la Reforma Protestante son, dice: “Carísimos, como todo lo relacionado con Galileo… Pero no me puedo quejar. He conseguido cosas increíbles”.
A los 61 años, a Pedro Corrêa do Lago todavía no le preocupa el futuro de su colección, pero le gustaría que algún día una institución se hiciera cargo de ellla. Entre tanto, la sigue disfrutando. Sigue comprando y visita los manuscritos guardados en su casa, donde vive con su esposa, mujer tan inteligente como paciente.
La colección se conserva en contenedores a prueba de fuego, pero si un día fallaran… ¿Qué pieza salvaría?: “Si tuviera la posibilidad de salvar una, imagino que intentaría salvar muchas más y… acabaría quemado”, responde riéndose.



divendres, 5 de juny del 2020

exposicions temporals: carl spitzweg


Carl Spitzweg. Der Bücherwurm (El ratolí de biblioteca), 1850.

[Font: El blog del senyor i.]
N

Desempaqueto la biblioteca. Això vol dir que encara no es troba als prestatges, encara no l'envolta el lleu avorriment de l'ordre. Tampoc no en puc recórrer les fileres, per passar-hi revista en companyia d'oïdors amicals. No li cal témer res d'això. He de pregar-li que se situï amb mi en el desordre de les caixes obertes, en l'ambient carregat de polsim de fusta, en el terra cobert de papers estripats, entre els caramulls de volums que acaben de sortir a la llum del dia després de dos anys de foscor, per tal que de bell antuvi comparteixi una mica l'estat d'ànim no pas elegíac sinó més aviat il·lusionat que tals coses susciten en un col·leccionista autèntic. Perquè és un d'ells qui li parla, i en termes generals només parlarà d'ell mateix. 
[...] Ja és a la matinada i sóc davant l'última caixa, mig buida. M'ocupen idees diferents d'aquelles de les quals he parlat. No pas idees; imatges, records. Records de les ciutats en les quals he trobat tantes coses: Riga, Nàpols, Danzig, Moscou, Florència, Basilea, París; records de les magnífiques sales de Rosenthal a Munic, del Stockturm de Danzig on habitava el difunt Hans Rhaue, del soterrani enrarit i ple de llibres de Süssengut, a Berlín Nord; records de les habitacions on havien estat aquests llibres: la meva cambra d'estudiant a Munic, la meva habitació de Berna, la solitud d'Iseltwald vora el llac de Brienz, i finalment la meva cambra de noiet, de la qual ja només provenen quatre o cinc dels diversos milers de volums que comencen a acumular-se al meu voltant. Felicitat del col·leccionista, felicitat del particular! De ningú no s'han ocupat tan poc com d'aquell que ha pogut mantenir la seva existència mal reputada sota la màscara de Spitzweg, i ningú no s'ha trobat més a gust que ell: perquè en el seu interior s'han instal·lat esperits, ni que siguin petits, que són la causa que per al col·leccionista —em refereixo al de veritat, el col·leccionista com cal—, la possessió sigui la relació més profunda que es pugui tenir amb les coses d'una manera absoluta: no és pas que estiguin vives en ell, sinó que és ell mateix qui hi habita. Així he bastit davant de vostès un dels seus habitatges, edificat a còpia de llibres, i ara ell desapareix dins seu, com li pertoca.

Walter Benjamin. «Desempaqueto la biblioteca. Un discurs sobre el col·leccionisme». A: Assaigs de literatura contemporània. Selecció i pròleg d'Ignacio Echevarría. Traducció de Pilar Estelrich. Columna, 2001. P. 1-11.


 Walter Benjamin a la Bibliothèque Nationale, Paris, 1937. Fotografia de Gisèle Freund.

diumenge, 15 de març del 2020

el llibreter embriac (d'errates)



Una litografia de Daumier titulada «Un librero embriagado» (Le Charivari, 5 de noviembre de 1844) ilustra perfectamente la fascinación bibliófila por las rarezas. Representa a un hombre que hojea un pequeño volumen y le dice a otro amateur: «No podría estar más feliz...acabo de encontrar por cincuenta escudos un Horacio impreso en Ámsterdam en 1780...la edición es valiosísima, ¡tiene cientos de errores en cada página!...»

Jacques Bonnet. Bibliotecas llenas de fantasmas. Traducció de David Stacey. Anagrama, 2010. P. 28.

diumenge, 23 de febrer del 2020

vendre's la biblioteca


«Pot passar, també, que el bibliòman decideixi vendre la seva biblioteca. Galantaris cita el cas de dos col·leccionistes que no pogueren estar-se de tornar a comprar (caríssims) els seus propis llibres a la venda en la subhasta que havien organitzat ells mateixos: el comte de la Bédoyère i el baró Jérôme Pichon. Aquest dedicà els disset anys que li quedaven de vida a comprar, altre cop, els llibres que, malgrat tot, es dispersaren aquell dia ("Aquell que vulgui conèixer globalment totes les misèries d'aquí baix, que vengui el seus llibres", diu Jules Janin).»

Jacques Bonnet. Biblioteques plenes de fantasmes. Traducció de Lidia Anoll. Laie, 2010. P. 27-28.

dimecres, 22 de febrer del 2017

sortir a robar llibres


«Robar llibres té el seu què. Pesen. Costa arreplegar-ne grans quantitats. És preferible el degoteig de desaparicions, com les de la biblioteca napolitana de Girolamini, on diversos càrrecs electes municipals (avui empresonats), amb la complicitat d’un director elegit per a l’ocasió, es van apropiar a poc a poc de més de dos mil volums de valor incalculable.
Més novetat és el que ha passat fa poc a Letham, població de la perifèria londinenca, pròxima a l’aeroport de Heathrow. Els lladres es van enfilar a la teulada d’un gran magatzem, van tallar netament els vidres d’una claraboia, van baixar 12 metres, van burlar un sistema de vigilància d’alta seguretat i van robar 160 llibres antics que anaven camí de la fira de Chicago. N’hi havia molts, però només van agafar els 160 de més valor. Entre ells, un exemplar de 1566 del De revolutionibus Orbium Caelestium, de Copèrnic, valorat en 250.000 euros.
La premsa anglesa compara la gesta amb la pel·lícula Missió impossible, protagonitzada per Tom Cruise. Doncs sí: els lladres van pujar els llibres a la teulada i després els van baixar fins a una furgoneta en què van fugir. No se’n sap res d’ells i el més probable és que no se’n torni a saber res. 
Els 160 volums són, a més de feixucs, únics. És a dir, invendibles. Qualsevol especialista poc expert els reconeixeria de seguida. És, doncs, un robatori per encàrrec. Darrere hi deu haver un col·leccionista ben informat, milionari, capritxós i, sens dubte, poc escrupolós. L’imagino com el personatge d’una pel·lícula de James Bond. Deu ser molt feliç amb els seus tresors nous, que podrà ensenyar només als seus íntims, i sempre amb el temor de ser denunciat. Encara que potser no té interès per mostrar-los-hi a ningú. Els autèntics col·leccionistes són egoistes i recelosos.
Els llibres ja apareixen a stolen-book.org, una web dedicada a difondre llistes de llibres robats a tot el món des del 2015 amb l’objectiu d’advertir els compradors professionals. L'únic que cal ara desitjar és que el comprador sigui un arrogant, que es perdi, que cometi un error. Que els ensenyi a a la persona equivocada».

Care Santos. Llibres robats. El Periódico. 19|2|2017.


dijous, 31 de desembre del 2015

iniciatives solidàries



«Fa dècades, quan per afaitar-me encara feia servir brotxa, em vaig dedicar a col·leccionar-ne. Són un objecte senzill, sense pretensions, i m’agradava notar a la cara el tacte variat de les diferents cerres amb què estan fetes: de teixó, de senglar, de niló... Col·locades en una lleixa, una al costat de l’altra, cada matí triava amb quina m’afaitaria aquell dia. M’agradava observar els diferents tons dels pèls, de les vi­rolles i dels mànecs –de fusta, de porcellana, de metall– i les formes diverses: corbades, cilíndriques, pa-ral·lelepipèdiques...Fins que un dia, un aniversari, una senyora em va regalar una brotxa enorme, d'aquestes que es fan servir no pas per afaitar-se sinó per fer bonic. La vaig amagar en un calaix i vaig donar per acabada la col·lecció.
Després em va agafar per dedicar-me a les banderes de municipis. Les que més m'agraden: les de Bilbao, Sant Sebastià, Amsterdam, Torrent del Baix Empordà...Les tenia penjades al garatge fins que un dia, de retorn d'unes vacances, algú em va dur dues suposades banderes de ciutats irlandeses. Eren com les oficials però amb el nom de la ciutat, ben gros, posat al bell mig del rectangle, la qual cosa feia precisament que de fet no fossin les banderes d'aquelles ciutats. També les vaig amagar al fons d'un calaix i també vaig decidir deixar de col·leccionar-ne cap més.
Després vaig saber que, en la parla col·loquial, d'aquests regals indesitjats i estúpids en diuen pongos. Higròmetres en forma de peix, càntirs amb la cara de Bob Esponja pintada, abominables marcs per a fotos, una gran bruixa fent de caganera...Una vegada, a Figueres, fa uns anys, en un sopar amb empresaris em van obsequiar amb una ceràmica adotzenada en forma de rellotge tou dalinià, com les que venen al guiram a les botigues de souvenirs que hi ha als voltants del Teatre Museu Dalí. Només arribar a Barcelona la vaig llençar al primer contenidor que vaig trobar.
Ara, a Alemanya, una editorial ha decidit crear màquines perquè, de seguida que s'acabin aquestes festes, la gent pugui reciclar els pongos que els han regalat durant aquests dies. És una iniciativa de l'editorial Bastei Lübbe, en col·laboració amb la cadena de llibreries Hugendubel. Són vermelles, tipus vending, enormes i decorades amb dibuixos de llacets i boles de Nadal. Hi introdueixes el teu pongo per un forat i, a canvi, la màquina et dóna un llibre per un altre. Els pongos recaptats aniran a parar a organitzacions beneficència. Tot molt bonic i molt solidari, però s'ha de ser molt fill de puta per donar a la gent necessitada aquests objectes inútils i horrorosos que tu no vols a casa. Estic convençut que l'indigent al qual li toqui la bruixa caganera n'estarà ben content i cada matinada, al caixer automàtic on passa les nits, es dedicarà a imaginar qui se la podria fotre per l'orifici del final del tracte digestiu».

Quim Monzó. «Noves iniciatives solidàries». La Vanguardia. 30|12|2015.



dijous, 1 d’octubre del 2015

tot és i no / serà / si jo no hi sóc


Biblioteca de Ràfols-Casamada escampada als Encants | Foto Joan Pinyol.

«Ahir vam saber per les xarxes socials que en una parada de la Fira del Llibre Antic i d’Ocasió, que se celebra aquests dies al Passeig de Gràcia, es venia la biblioteca de Francesc Garriga Barata. [...]
Garriga Barata tenia una bona col·lecció de llibres de poesia i ara els seus hereus han literalment baratat els seus llibres, molts d’ells dedicats per altres poetes col·legues. Fa unes setmanes des de Núvol Joan Pinyol va denunciar un cas més greu, la dispersió dels papers de Ràfols Casamada i Maria Girona en una parada dels Encants. En aquella ocasió el conseller Mascarell va arribar a demanar a Eugènia Serra, directora de la Biblioteca de Catalunya, que anés a rescatar els lots que s’havien posat a la venda, però hi va arribar un minut després que un col·leccionista particular es quedés amb el botí. Passada la primera histèria, que va tenir entretinguts els periodistes culturals el primer cap de setmana d’agost, la Conselleria va dictaminar que el valor d’aquells documents era residual i que per tant no se n’havia de pagar un preu excessiu.
El cas de Garriga Barata és diferent. Els seus llibres potser també s’han venut a pes o a preu de saldo, això no ho sabem, però com a mínim han entrat en el circuit dels bibliòfils i ara qui vulgui en pot comprar un a la Llibreria Casals, a la parada núm. 18 de la fira. Potser sí que s’hauria pogut demanar a la família el gest de donar aquest fons a una biblioteca pública, encara que fos en un poblet retirat, on ara podríem tenir els seus llibres junts, en una lleixa amb la seva signatura ben esculpida. Potser s’hauria convertit en un punt de pelegrinatge d’estudiosos i admiradors, o qui sap, potser l’ajuntament de torn s’hauria aprofitat del seu bon nom per batejar un premi literari local. Però com deia aquell poeta que va embogir: “Per què volem poetes en aquests temps de misèria?”...»

Bernat Puigtobella. Qui són els hereus de Francesc Garriga?. Núvol. 28|9|2015.



dissabte, 5 de setembre del 2015

la setmana del llibre en català


«Cada any La Setmana edita i fa difusió d’una obra gràfica a partir d’una sèrie de quatre punts de llibre col·leccionables. Aquest any estan vinculats a una popular campanya de principis dels anys setanta del segle passat que duia el lema: “Llegiu llibres en català”.
Aquella campanya, resultat d’un concurs que va organitzar “Cultura en Ruta” sota l’auspici d’ Òmnium Cultural, va donar com a fruit diferents cartells, un dels quals, creació del polifacètic autor olotí d’adopció Xavier Bulbena, servirà per vestir els nostres punts de llibre i homenatjar les iniciatives de promoció de la lectura en català pioneres al nostre país».

La Setmana del Llibre en Català. 33a edició. Del 4 al 13 de setembre de 2015.


diumenge, 2 de novembre del 2014

diumenge, 1 de juny del 2014

la llei del talió


Umberto Eco: Es conocida la bonita historia de Gerberto de Aurillac, el papa del año 1000, Silvestre II. Un día se enteró de que había una persona dispuesta a separarse de una copia de la Farsalia de Lucano. Le prometió a cambio una esfera armilar (un astrolabio esférico) de cuero. Recibió el manuscrito y descubrió que faltaban los dos últimos cantos. No sabía que Lucano se había suicidado antes de escribirlos. Entonces, para vengarse, envió solo la mitad de la esfera.
Este Gerberto era un sabio y un erudito pero también un coleccionista.


Nadie acabará con los libros : Jean-Claude Carrière y Umberto Eco. Entrevistas realizadas por Jean-Philippe de Tonnac. Traducció d'Helena Lozano Miralles. Lumen, 2010. P. 107.



divendres, 7 de febrer del 2014

casa de nines




The Library. The Dolls House Emporium 


_________________________
P.S.: L'any 2012, amb motiu de la celebració del 200 aniversari del naixement de Dickens, els de The Dolls House Emporium van reproduir en miniatura la famosa escena del quadre de Robert Williams Buss, titulat Dickens' Dream. Aquí. 




dilluns, 19 de novembre del 2012

el col·leccionista accidental


Aquesta pàgina és d' Austerlitz, consti.

-¿Y qué nos explica todo esto? Porque cuando hojeamos sus libros, vemos fotografías, recortes, billetes de “ferry”, vemos un montón de cosas asociadas con una cotidianidad normal y corriente. Y, a pesar de ello, por debajo hay un texto muy sutil que intenta dotar de sentido todos esos detalles. 
Sí, pero no estoy demasiado seguro de ser capaz de dotar de sentido cuanto encuentro, en absoluto. En todo caso, sólo está el intento de dejar constancia. A pesar de ello, será ante todo un sentido estético. Y me doy cuenta de que construir un formato decente, en prosa, con todo aquello con que me encuentro de forma casual es una preocupación que, en cierto modo, no tiene más ambición que el recuperar durante un breve instante algo de la riada de la historia que cae  a toda velocidad. Por eso, entre otras razones, incluyo fotografías en el texto. Porque la fotografía representa una especie de paradigma de todo esto. La fotografía está destinada a perderse en el fondo de una caja o en el desván. 
Es un objeto nómada con pocas probabilidades de sobrevivir, y me parece que todos hemos experimentado esa sensación al encontrar accidentalmente un documento fotográfico de algún familiar fallecido o de algún desconocido. Sentimos entonces una especie de atracción por el hecho de haberla encontrado al cabo de unas cuantas décadas. De pronto vuelve, cruza el umbral y dice: “Eh, un momento, yo también existí, por favor, ocupaos de mí durante un rato”. Hace un par de meses rescaté de una caja de estampas una tarjeta que tenía un trozo de liquen seco y debajo una inscripción con muy buena letra: “Recogido en la tumba del mariscal Ney. París, 7 de julio de 1833”. Son las cosas así, sin valor en sí mismas, las que  no  sé  cómo me impulsan  a trabajar. 
[...]
-Hemos comentado hasta qué punto era fortuita su existencia. Todo parece ocurrir por casualidad. Encuentra recortes de periódico que encajan perfectamente en la historia. ¿Es el escritor que organiza de forma inteligente todo ese material o sólo una persona afortunada que siempre encuentra el periódico adecuado? 
Bueno, de vez en cuando pasan cosas muy extrañas. 
-Pero parece tener usted un don coleccionando recortes de prensa. 
Sí, sí, me parece que sí. Me los encuentro en las manos. 
-Un don innato. 
Debe de ser eso. Y más que desconcertarme, me reconforta, porque creo que Adorno, a quien todavía aprecio muchísimo, dijo en una ocasión: “Si vas por buen camino, la citas aparecen solas y se te ofrecen, no hace falta que salgas a buscarlas”. 

Michaël Zeeman. «Sebald, género literario». Entrevista publicada a La Vanguardia, Cultura|s, 16 de juliol de 2003.


diumenge, 8 de juliol del 2012

peixos grossos


Pietari Posti.  (Via Librosfera)


dijous, 5 de juliol del 2012

la veritable diversió



DICEN, quizás de manera apócrifa, que Henry E. Huntington, después de construir un imperio ferroviario y atesorar una enorme cantidad de dinero, dijo: "Ahora ha llegado el momento de divertirse". Y parece que así lo hizo, adquiriendo centenares de colecciones y decenas de miles de libros que conforman hoy la dotación de la Huntington Library, en Pasadena, California, en cuya villa modernista se esconde la última de las extravagancias del primer loco por los libros de esta galería de chiflados que me propongo construir.

[...] Huntington, magnate ferroviario y propietario de cadenas de hoteles, comenzó a hacerse famoso por dos razones: por sus cuantiosos dispendios, que alcanzaron los cincuenta mil dólares de la época, según nota The New York Times, por la adquisición de una Biblia de Gütenberg o los cincuenta y cinco mil dólares que desembolsó por una primera edición de Titus Andronicus, de Shakespeare; y fue también temido y conocido porque adquiría, al completo, las colecciones de otros coleccionistas tan selectos y bizarros como él mismo, hasta tal punto de que hoy se considera a la Biblioteca Huntington como una colección de colecciones, como el fruto de una ansiedad depredadora incomparable, hecha de gusto y dinero, de pasión y recursos, por los libros raros y antiguos.

La pasión inextinguible y creciente de Huntington, que le llevó a prescindir prácticamente de cualquier ayudante o intermediario para la búsqueda y la adquisición de las obras que nutrirían su biblioteca, cristalizó en la insólita idea de enterrarse con sus libros. En los últimos años de su vida, preguntado por las razones que le habían llevado a acometer aquella tarea desmedida, reconoció que la condición del ser humano era transitoria, pero que la perduración de los libros era eterna, justificación que le movió a construir un mausoleo donde está enterrado hoy, coronando el campus donde se inscribe la biblioteca. Vivir para y con los libros y ser enterrado junto a ellos. Divina posteridad...

Joaquín Rodríguez. Bibliofrenia o la pasión irrefrenable por los libros. Melusina, 2010. P.25-28.

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dijous, 18 de novembre del 2010

alta costura

El crític d'art sabadellenc Josep Casamartina i la seva amiga llibretera Anna Maria Casanovas van tenir l'original idea, ara fa sis anys, d'encetar una col·lecció de teixits i indumentària que van batejar amb el nom d'un personatge de Perucho, Antoni de Montpalau, i que ara ja comptabilitza 1.700 peces. Una xifra que sembla increïble però que demostra com la iniciativa ha quallat dins la societat, ja que una part del que hi ha s'ha aconseguit amb donacions desinteressades via boca-orella. (Avui, Diumenge, 21 de febrer del 2010).

dimarts, 20 de juliol del 2010

5, carrer Arquebisbe Alemany

A en Josep que no té bloc,
l'apunt més (descaradament) personal que jo hagi escrit mai.



















Madrid 14 de agosto 2000
Muy Sres. míos,
soy coleccionista de puntos de libro y estoy muy interesada en los que Vds. editan, por lo que les quedaría sumamente agradecida si tuvieran la amabilidad de proporcionármelos. A tal fin les adjunto una etiqueta con mis datos y sellos de correos para colaborar en los gastos de envío.
Con gracias anticipadas por su gentileza, reciban un cordial saludo.
C. del V.

De vegades passa que arriba una carta innocent (i quasi cervantina) com aquesta. Una carta, pots comptar, i d'una col·leccionista de punts de llibre, que és com una garantia de frikisme, tret que un mateix també ho sigui, de col·leccionista, vull dir. Llavors la cosa canvia, clar. De l'extravagància, no en queda ni l'ombra, i la carta se salva del seu destí fatal (i més que previsible): anar a parar de pet a la paperera.
Sí, de vegades passa que el Muy sres. míos de torn, el fins ara no ningú que obre la carta, mou fitxa. Agafa paper i llapis, esmola el seu castellà, entumit per la manca d'ús, i redacta (tan cervantinament com pot), una resposta breu i cordial. Estimada sra. del V., escriu, per exemple, poc conscient de la magnitud d'aquest gest presumptament nimi. Perquè, de vegades, no se sap com, passa que, a la quarta carta, s'abandona el tractament de vostè; l'excusa de l'intercanvi de punts de llibre entre col·leccionistes fa honor al seu significat i es col·loca, tota soleta, en segon terme, i entre Madrid i Vic (i viceversa) comencen a circular pàgines i més pàgines. I llibres, i regals, però cap fotografia. Cap trobada a Saragossa, posem per cas, per allò de triar un lloc a mig camí entre.
Sí, sí, ja ho sé que us sona aquesta història. Una escriptora i un llibreter, Londres, segona guerra mundial; però res no en sabia jo, llavors, de l'Helene Hanff, que primer va ser la vida i després la lletra impresa.

La resta, us la resumiré en una línia. Vaig rebre trenta-dues cartes en cinc anys. Les millors pàgines en llengua castellana que jo hagi llegit en molt de temps. Un privilegi. De sobte, silenci.

De vegades, ja ho veieu, cal més d'una línia per a arribar a la incertesa on sóc ara.