dissabte, 21 de març del 2026

la lectura múltiple


Durante mucho tiempo me resultaba estresante no terminar un libro, aunque no me gustara. Era incapaz de abandonarlos. Podía dejar el señalador —colecciono señaladores sin mucho entusiasmo, pero lo hago— durante meses en la mitad, y ese pedacito de cartón era un reclamo de atención. Incluso era incapaz de leer en diagonal, o de leer dos libros al mismo tiempo. El tiempo cambió estas taras por completo. Ahora dejo un libro en seguida si me aburre o no me gusta, salvo que deba leerlo por un compromiso con el autor. También puedo leer varios al mismo tiempo, de hecho, estoy en lectura constante de hasta cuatro libros, pero, curiosamente, no del mismo género: puedo leer cuentos, novela, no ficción y poesía, pero no dos novelas, por ejemplo. Tampoco puedo leer un libro de cuentos fantásticos y una novela fantástica. Ahí reina la confusión. Si mantengo la diversidad, la lectura múltiple es mi regla.


Mariana Enríquez. «Los mástiles». A: Archipiélago. Una formación lectora en veintinueve islas. Ampersand, 2025. P. 45.


divendres, 20 de març del 2026

els misteris del poder


GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
Los idus de marzo
El País
30|9|1981

 

He vuelto a leer esta semana Los idus de marzo, la hermosa novela de Thornton Wilder que leí por primera vez hace unos veinticinco años en una traducción apresurada, y que he releído muchas veces desde entonces con el primer placer. Cuando estaba escribiendo El otoño del patriarca, como era natural, la tuve siempre a mano como una fuente deslumbrante de la grandeza y las miserias del poder. La he comprado muchas veces en distintos idiomas para compartir mi estremecimiento con amigos del mundo entero, y no recuerdo a ninguno que no hubiera sucumbido ante aquel manantial de belleza. Ahora la he vuelto a leer cuando menos lo pensaba, en un vuelo apacible de cuatro horas y en un ejemplar ajeno, y sólo ahora he descubierto cuánto ha tenido que ver con mi vida esa novela magistral.

Mi preocupación por los misterios del poder tuvo origen en un episodio que presencié en Caracas por la época en que leí por primera vez Los idus de marzo, y ahora no sé a ciencia cierta cuál de las dos cosas ocurrió primero. fue a principios de 1958. El general Marcos Pérez Jiménez, que había sido dictador de Venezuela durante diez años, se había fugado para Santo Domingo al amanecer. Sus ayudantes habían tenido que izarlo hasta el avión con una cuerda, pues nadie tuvo tiempo de colocar una escalera, y en las prisas de la huida olvidó su maletín de mano, en el cual llevaba su dinero de bolsillo: trece millones de dólares en efectivo. Pocas horas después, todos los periodistas extranjeros acreditados en Caracas esperábamos la constitución del nuevo Gobierno en uno de los salones suntuosos del palacio de Miraflores. De pronto, un oficial del Ejército en uniforme de campaña, cubriéndose la retirada con una ametralladora lista para disparar, abandonó la oficina de los conciliábulos y atravesó el salón suntuoso caminando hacia atrás. En la puerta del palacio encañonó un taxi, que le llevó al aeropuerto, y se fugó del país. Lo único que quedó de él fueron las huellas de barro fresco de sus botas en las alfombras perfectas del salón principal. Yo padecí una especie de deslumbramiento: de un modo confuso, como si una cápsula prohibida se hubiera reventado dentro de mi alma, comprendí que en aquel episodio estaba toda la esencia del poder. Unos quince años después, a partir de ese episodio y sin dejar de evocarlo, o sin dejar de evocarlo de un modo constante, escribí El otoño del patriarca. Mi primer texto para aprender a descifrar el misterio fue Los idus de marzo. Como lo saben quienes la han leído, la novela es la reconstrucción literaria de los últimos años de la República Romana y de la propia vida de su dictador, Julio César. El pretexto del relato, en torno del cual se construye, es una fiesta ruidosa que Clodia Pulcher y su hermano ofrecían en honor de dos varones ilustres: Julio César y el poeta Cayo Valerio Cátulo. Es una licencia literaria, porque el año de la fiesta, que era el 45 antes de Cristo, Cátulo debía tener unos ocho años de muerto. Pero un escritor grande como Thornton Wilder no podía detenerse en esas menudencias racionalistas. Fue mucho más lejos. En la novela, el dictador, ataviado con sus mejores galas, abandonó la recepción descomunal que la reina Cleopatra le ofrecía aquella noche, y fue a velar a Cátulo en su lecho de moribundo. "Toda la noche estuvimos oyendo las orquestas y viendo el cielo iluminado por los fuegos artificiales", dijo un testigo supuesto. El autor atribuyó el relato de aquella velación a una carta que la mujer de Cornelio Nipote le escribió a su hermana Postumia, y concluyó que César, para consolar al moribundo, no hizo más que hablarle de Sófocles. "Cayo murió con un coro de Edipo en Colona", decía el relato. Antes de Los idus de marzo, lo único que yo había leído sobre Julio César eran los libros de texto del bachillerato, escritos por los hermanos cristianos, y el drama de Shakespeare, que, al parecer, le debe más a la imaginación que a la realidad histórica. Pero a partir de entonces me sumergí en las fuentes fundamentales: el inevitable Plutarco, el chismoso incorregible de Suetonio, el árido Carcopino y los comentarios y memorias de guerra del propio Julio César. Todos ellos se refieren, por supuesto, a la diligencia frenética con que los augures oficiales descuartizaban animales y escudriñaban la naturaleza para averiguar el porvenir. El primero de septiembre del 45 antes de Cristo —según cuenta Thornton Wilder—, el dictador recibió de sus adivinos más de quince informes, entre ellos el de un ganso que tenía manchas en el corazón y en el hígado, y un pichón siniestro que tenía un riñón fuera de lugar, el hígado hinchado y de color amarillo y una piedrecita de cuarzo en el buche. "Yo, que gobierno tantos hombres, soy gobernado por pájaros y truenos", dijo César, aturdido por tantos y tan confusos presagios. No sé dónde leí que había terminado por clausurar el colegio de augures, y escribió contra ellos un libro de protesta cuyo solo título era un poema: Auguralia. Lo busqué durante muchos años, hasta que el crítico Ernesto Volkenin, que es la persona que más sabe de eso en este mundo, me dijo de un modo severo y para siempre: "Ese libro no existió nunca". 

A fin de cuentas, Los idus de marzo es sólo una hipótesis sobre la personalidad de César. Pero es una hipótesis que tal vez supere la realidad. "Todos comprendemos muy bien al cocinero de César que se quitó la vida cuando se le incendió el fogón", cuenta un Cornelio Nepote inventado por Thornton Wilder. Dice que había invitados importantes cuando ocurrió el percance y el mayordomo, asustado, obligó al cocinero a que se lo contara a César. Pero éste no se inmutó cuando lo supo, sino que le pidió de muy buen modo al cocinero que le llevara dátiles y ensalada para sustituir la cena perdida. Entonces el cocinero salió al jardín y se degolló con el cuchillo de las verduras.

Veinte siglos después de ese suicidio, circuló en España una historia que ilustraba tan bien como aquella sobre la fatalidad del poder. Según esa historia, una nieta del generalísimo Francisco Franco, de unos siete años, dio muestras de disgusto en casa de un ministro cuando vio una atractiva anunciadora en la televisión. "Es una pesada", dijo la niña. Entonces le preguntaron por qué lo decía, y ella dijo: "Porque mi abuelito dice que es una pesada". Aquella fue la última vez en que se vio a la atractiva anunciadora en la televisión.

El 15 de marzo del año 44 antes de Cristo, todo el mundo en Roma sabía que a César le iban a matar. Todo el mundo menos él mismo. Plutarco cuenta que el griego Artemidoro, profesor de elocuencia helénica, se abrió paso a través de la muchedumbre que aclamaba al dictador cuando iba para el Senado, y le entregó un papel escrito de su puño y letra, con la advertencia de que lo leyera de inmediato. César solía entregar a sus secretarios los muchos papeles que le daban en la calle, pero aquel lo retuvo en la mano izquierda para leerlo en la primera oportunidad.

Allí estaban contados los pormenores de la conspiración y la forma en que César sería asesinado. Pero él no lo leyó nunca, pues un instante después entró en el senado y fue muerto de veintitrés puñaladas. Suetonio termina su relato de este modo: "Antisio, el médico, dijo que de todas aquellas heridas sólo la segunda en el pecho debió haber sido mortal". Cualquier parecido con cualquier otra historia, viva o muerta, será pura coincidencia.


dijous, 19 de març del 2026

llegir, però amb modos


Quan vaig començar a llegir (i a escriure) més o menys seriosament, als catorze, quinze, setze anys, a casa, al carrer del Pont, divuit, no tenia ni despatx ni res. Quan plegava de treballar, a les sis de la tarda, per esperar el sopar, que solia ser a les set, i havent sopat, me n’anava a la cambra de la meva padrina, que era al mig de la casa i era la menys freda, i llegia o escrivia en una mena de tauleta falsament modernista, petitíssima i força incòmoda. Les cambres, a casa, eren al primer pis, i això em proporcionava un aïllament total de la resta de la família, que feia la seva a la planta baixa, on teníem la cuina, el menjador, un rebost i una entrada. A més, com que parlo dels anys quaranta, època de vaques magres, del carrer no en solia arribar gaire soroll, sobretot a l’hivern, i el silenci que m’acompanyava era quasi total. Això potser és el que ha fet que m’acostumés a llegir enmig d’un silenci absolut. Per a mi, si hi ha soroll, fotuda. Almenys soroll «que m’afecti», vull dir que vagi per mi. Al soroll dels automòbils, per exemple, m’hi dec haver anat avesant, perquè ara, per la carretera del costat de casa, hi ha un trànsit considerable, i bé llegeixo. El més fotut d’aquelles lectures, a l’hivern, era el fred que passava. A casa no hi havia calefacció; una estufa al menjador i passa que t’he vist. Jo, de vegades, m’abrigava una manta a les cames i me’n posava una altra a les espatlles, i així llegia. Devia semblar un pell-roja. Altres vegades la mare es compadia de mi i em portava un braser, però, segons la padrina, els brasers en una habitació tan tancada, emborratxaven. A més a més, a casa gairebé tots em consideraven un pèl guillat. Què se m’hi havia perdut, en els llibres! Ja estava bé, llegir, però amb «modos».


Martí i Pol, Miquel (1988). Obertura catalana. Barcelona: Empúries, p. 26-27.


_____________________

P.S.: Miquel Martí i Pol neix el 19 de març de 1929 a la casa del carrer de la Verge del Sòl del Pont, 18, de Roda de Ter.


dimecres, 18 de març del 2026

jaume coll mariné

 


JORDI VILARRODÀ
Jaume Coll Mariné guanya el premi Carles Riba
El Nou9.cat
14|3|2026


L’escriptor i músic Jaume Coll Mariné és el guanyador del 67è Premi Carles Riba de Poesia amb l’obra Com les fulles. El guardó el va rebre dissabte en la nova Nit de les Lletres Catalanes, que per primera vegada prenia el relleu de la tradicional Nit de Santa Llúcia. La gala organitzada per Òmnium Cultural i l’Institut d’Estudis Catalans va tenir lloc al Museu Nacional d’Art de Catalunya.

Després de rebre el premi, Jaume Coll va parlar de la relació entre els seus poemes i la natura: “És el context en que es desenvolupen elsmeus poemes, un trosset de Muntanyola, el meu poble, tot el que vull dir passa per aquest context”. Aquesta és una constant present en les seves altres obres poètiques: Quanta aigua clara als ulls de la veïna (Edicions de 1984, 2014), La gata groga (Els Papers Díscols, 2015) i Un arbre molt alt (Edicions 62, 2018, premi Ausiàs March de Gandia).En aquesta faceta de recerca, l’any 2022 va guanyar també el Premi Verdaguer de Recerca pel projecte d’edició i estudi de Los jardins de Salomó. Càntic dels càntics, que formarà part de l’Obra Completa del poeta de Folgueroles. L’altra seva faceta més coneguda és la musical, com a baixista d’Obeses. Fins ara aquest premi l’havien guanyat només dos poetes osonencs: Miquel Martí i Pol l’any 1953, quan es deia encara Premi Óssa Menor, i Pep Rosanes-Creus l’any 1999.


dimarts, 17 de març del 2026

cardar en català


LAURA SERRA
25 paraules per 'manxar' i no 'follar'
Ara
8|3|2026

 

Els anglicismes estan regnant en les converses sobre sexualitat i relacions amoroses, perquè en anglès han posat nom a situacions que abans no s'havien batejat, com el breadcrumbing (donar molles de pa) o el yearning (l’anhel). I també a identitats i pràctiques sexuals que no s’havien visibilitzat, de l’spanking (la natjada) al bondage (el lligament) passant per l’squirting (la brollada). Tradicionalment, però, han estat els castellanismes els que han colonitzat el parlar brut català. Tanmateix, el català té milers de porcades per a tots els registres, també els més informals i humits. A Cardem en català (Rosa dels Vents) els lingüistes Laura Boj, Xènia Hernández i Roger Miras proposen centenars de paraules genuïnes i d’alternatives als estrangerismes més habituals per practicar sexe (oral). "Volem defugir dels tòpics que utilitzar mots genuïnament catalans quan follem no sona brut o no és sensual. Voleu dir que el nom fa la cosa? No us escalfa que us mengin la cloïssa, que us l'endinyin fins al mànec, que us graponegin, que us llustrin la perleta o us xuclin la fava fins a escórrer-vos de delit?", plantegen retòricament al llibre.

Tant l'Optimot com el Termcat han treballat també aquest argot específic. D'entre tot el vocabulari possible hem triat una dotzena de paraules corrents que sovint es fan servir en castellà però que en realitat són fàcils de memoritzar i d'adoptar, i que són tant picants com normatives en català. Pots deixar de follar i pots començar a barrinar, catxar o sonar.

El Termcat també ha fet un diccionari específic de la sexualitat i l’erotisme, que intenta posar al dia el català més calent, més digital i inclusiu. Triem deu conceptes clau que ens han arribat de l'anglès i, si n'hi ha, la seva adaptació catalana:

 





dilluns, 16 de març del 2026

els idus de la noemí travé


NOEMÍ TRAVÉ
Els idus de març
Al blog Telèmac
10|5|2025

Els idus de març és una novel·la històrica de l'autor estatunidenc Thornton Wilder (1897-1975) que es va publicar el 1948. Wilder ens hi demostra, un cop més, la seva magnífica habilitat per recrear èpoques passades i portar-les al present dels lectors amb una sensibilitat acuradíssima per al detall i per a l'anècdota, i amb una immediatesa realment corprenedora a l'hora de llegir. La novel·la recrea els últims mesos de la vida del Dictador de la República romana, Juli Cèsar, abans del seu assassinat. Tanmateix, com l'autor mateix ens adverteix al prefaci, ens trobem davant d'una recreació fantasiosa i fictícia, en què juga amb la historicitat dels fets i se n'inventa detalls lliurement. El plantejament consisteix a transportar al tombant entre els anys 45 i 44 aC uns fets que havien tingut lloc uns dotze anys abans: els de la profanació dels rituals de la Bona Deessa, que van comportar la caiguda en desgràcia de Clòdia Pulcre i el seu germà Publi, i van conduir al divorci de Cèsar i la segona esposa, Pompeia. Propis d'aquesta època són també el suposat afer amorós entre Clòdia i el poeta Catul, immortalitzat a través dels seus poemes, i la invectiva de Ciceró contra els Pulcre, que va augmentar la seva fama com a orador. A tots aquests esdeveniments que ja havien transcorregut anys abans de l'assassinat de Cèsar, s'hi afegeixen elements que sí respecten la cronologia real dels fets: la visita de Cleopatra a Roma, el tercer matrimoni de Cèsar amb Calpúrnia, i el desenvolupament de la conspiració per assassinar-lo, que culminaria amb l'atemptat mortal el dia de les idus de març. 
Una de les parts més curioses de la novel·la és la forma com està construïda i estructurada: el relat ens ofereix una trama polifònica en què diversos personatges expliquen tots aquests esdeveniments en primera persona a través de les seves cartes, apunts i diaris. El resultat final és un recull heterogeni de diversos textos que es van interpel·lant els uns als altres des de diversos punts de la narració, de vegades fins i tot a través de crides d'uns documents a uns altres de posteriors, que segueixen una numeració determinada. Els textos a més, s'agrupen temàticament, més que no pas amb un criteri narratiu, en quatre blocs: el llibre primer se centra en la política i ens presenta gran part dels personatges; el llibre segon gira al voltant de l'amor; el tercer segueix el fil conductor de la religió; i el quart ens ofereix un fascinant diàleg carregat de dobles sentits i dobles intencions entre Cèsar i Brutus, i anirà apujant la tensió a mesura que ens apropem al desenllaç final. Per si no n'hi hagués prou, les quatre parts cobreixen principalment els mateixos fets, però cada bloc comença en un moment anterior i acaba en un moment posterior que el bloc immediatament anterior. Tot i així, la llargada dels blocs va decreixent, de forma que l'efecte que produeix a l'hora de llegir és que el temps es dilata cap al principi de la novel·la i es contreu a un ritme vertiginós així que ens apropem al final. 
És una aposta molt agosarada i, d'altra banda, molt efectiva per part de l'autor: si un relat històric d'aquestes característiques no ens oferiria a priori cap mena de suspens, ja que és ben conegut, Wilder aconsegueix narrar-lo imprimint-li un sentit de tensió i urgència creixents, i ens desplega una sèrie de conflictes creuats entre tots els personatges implicats que cal seguir amb molta atenció per no perdre'n detalls pel camí. En especial destaquen les caracteritzacions psicològiques dels personatges, que ens arriben en primera persona, però també a través dels punts de vista dels altres, de forma que retrats que en resulten queden rics i plens de matisos, però a la vegada romanen tremendament subjectius. En especial destaquen el protagonista, Juli Cèsar, polític pragmàtic i estrateg, però inclinat a la malenconia i els vagareigs filosòfics; el poeta Catul, que ofereix una imatge tràgica d'apassionament i desesperació; i la reina Cleopatra que, tot i ser un personatge secundari, esdevé una presència fascinant i lleugerament ominosa al llarg del relat. 

Sinopsi: Durant els darrers mesos de l'any 45 aC i el principi del 44, se succeeixen una sèrie d'esdeveniments de caire polític, religiós i amorós que tindran una rellevància crucial per al curs de la història: mentre es preparen nombroses conspiracions contra la vida de Cèsar, el dictador vitalici de Roma, el poeta Catul es mor d'amor per la seva estimada Clòdia, les patrícies romanes preparen les cerimònies de la Bona Deessa amb gran solemnitat, i la reina Cleopatra d'Egipte es presenta de visita a Roma per fer valdre les seves pretensions polítiques. 
M'agrada: M'han agradat especialment els moments més filosòfics del text, sobre la naturalesa de les relacions polítiques i el lideratge, i l'ambigüitat intencionada amb què Wilder revesteix la figura del dictador: a una llum més favorable o més desfavorable en funció de qui en faci el retrat, inclòs ell mateix. El recurs al remitent misteriós de Cèsar, que en rep les cartes però no pot contestar-les, m'ha semblat força ben trobat. 
No m'agrada: Tot i l'originalitat de la novel·la i la seva aposta formal, m'ha semblat que desaprofita una mica la darrera de les trames, la de la conspiració i l'assassinat, i la resol de forma força precipitada i abrupta. 

diumenge, 15 de març del 2026

avui són els idus de març



Segons el calendari romà, no el d'ara, el de quan els romans duien togues i aquelles sandàlies que es van tornar a posar de moda fa uns anys (no es pot llençar res, que tot torna), avui són els idus de març (idibus martiis). Un dia com avui, però de l'any 44 aC, va tenir lloc un dels més cèlebres magnicidis de la història: l'assassinat de Juli Cèsar a mans d'uns quants senadors, entre ells, Brutus, el seu fill adoptiu. 
Qui m'havia de dir (a mi, que només coneixia Juli Cèsar a través de les seves aparicions als Astèrix) que, anys més tard, traduiria al castellà la seva obra més coneguda, De bello gallico, sí home, sí, aquella que comença Gallia est omnis divisa in partes tres. El text més versionat de la història de la traducció amateur.
Tornant al magnicidi, resulta que ens ha deixat la manera més descansada de rebutjar un argument, o de respondre a una crítica, que s'hagi inventat mai. Només cal dir Tu quoque, Brute, fili mi (o, tu també, Brutus, fill meu, si sou més de llatí vulgar), que representa són les paraules que Juli Cèsar va adreçar al seu fill adoptiu quan ja estava més foradat que un colador. I dic representa, perquè em sembla que el tu quoque li devem al guionista de la pel·licula rodada per Joseph Leo Mankiewicz, l'any 1953: William Shakespeare. L'única referència als darrers mots que he set capaç de localitzar la signa Suetoni a De Vita Caesarum, Liber I Divus Iulius, LXXXII, on afirma que el dictador va morir parlant en grec. Καὶ σὺ τέκνον (Kai su teknon, Tu també, fill meu). El cas em porta, inevitablement, a l'Elementary, my dear Watson que Conan Doyle no va fer dir mai a Sherlock Holmes. En fi. 
I després d'haver voltat per uns jardins que no tenia previst visitar, ara hauré de córrer a explicar el meu autèntic propòsit inicial, que no era altre que recordar una novel·la de Thornton Wilder, llegida, fa molts anys, per culpa d'una mestra segura d'encertar amb la recomanació, perquè el llibre en qüestió reuneix dos elements als quals jo no sé dir no: romans i cartes.
Així, doncs, és una novel·la epistolar, on partint de fets i personatges reals, però bastint una ficció que va més enllà de la reconstrucció històrica, Wilder ens fa passejar pels dos anys anteriors a l'assassinat de Juli Cèsar, que és com dir de la fi de la República romana a l'adveniment de l'Imperi. Una de romans.


L'entranyable kit de traductora amateur.

dissabte, 14 de març del 2026

agraïments



divendres, 13 de març del 2026

una de les millors novel·les històriques mai escrites


MANUEL HIDALGO
Los idus de marzo, Thornton Wilder y el asesinato de Julio César
El español
13|3|2021

En la mañana del 15 de marzo del año 44 a.C., Julio César, Dictador vitalicio y Pontífice Máximo de la República, fue asesinado por un grupo de sesenta conjurados cuando acudió a una reunión del Senado. A los pies de la estatua de Pompeyo, su enemigo en la reciente guerra civil, recibió veintitrés puñaladas, una sola de ellas mortal de necesidad, la segunda, en el pecho, según su médico, Antístenes.

Ese día se celebraban los idus de marzo. En el calendario juliano, que el propio César había instaurado, los idus tenían lugar los días 13 de cada mes, con excepción de los meses de marzo —luna llena—, precisamente, mayo, julio y octubre. Eran días de buenos pronósticos, ceremoniales religiosos y fiestas populares.

Los asesinos, considerados por sí mismos como libertadores, querían acabar con el creciente abuso de poder de César y con su presunta pretensión de convertirse en rey y finiquitar el régimen republicano. El magnicidio trajo otra guerra civil, supuso el ocaso de la República y propició la llegada del autocrático Imperio.

En la escena del crimen

Aquella mañana, Julio César (55 años) no se encontraba bien y había decidido no acudir al Senado. Tras una noche de tormenta y pesadillas, Calpurnia, su tercera esposa, había logrado persuadirlo. Los augures no habían encontrado el corazón en los animales sacrificados para evaluar el futuro. Pero los conjurados enviaron a la casa de César a un emisario, Décimo Bruto, que lo convenció de la importancia del cónclave senatorial y del pésimo efecto que causaría su ausencia. Se puso en camino.

Un fiel partidario, el maestro Artemidoro, le hizo llegar un pergamino que contenía los nombres de los juramentados, pero César no llegó a leerlo. "Cuídate de los idus de marzo", le había advertido un adivino. A punto de llegar a la Curia de Pompeyo, César se topó con ese hombre y, ufano, le dijo: "Han llegado los idus de marzo y no ha pasado nada". El adivino le respondió: "Han llegado, sí, pero no han terminado".

Al entrar en la Curia, los conjurados se las ingeniaron, por si acaso, para distraer a su amigo Marco Antonio y mantenerlo alejado de César, que tomó asiento. Rápidamente, fue rodeado por un numeroso grupo que parecía recibirlo con pleitesía y querer formularle peticiones. Tilio Cimbro tiró entonces de su toga por los hombros, lo que sorprendió a César por la falta de respeto que ese gesto entrañaba. Era la señal.

Casca lo apuñaló en el cuello. "Malvado Casca, ¿qué haces?", le espetó César conteniendo su segunda cuchillada. Pero ya las espadas de todos cuantos le rodeaban —Casio Longino, Quinto Ligario y tantos otros— se abatieron sobre su cuerpo. Así lo contó Plutarco (Vidas paralelas), quien precisó que Marco Bruto le asestó un tajo en la ingle.

Julio César, superado por la lluvia de espadazos y sin escapatoria, se resistió al principio, pero luego nada pudo hacer. Se entregó. Según Plutarco, se cubrió la cabeza con su toga al ver cómo Marco Bruto se sumaba a los golpes. Suetonio contó (Vidas de los Césares) que César no pronunció palabra alguna, salvo en el primer instante, mientras recibía las veintitrés puñaladas, pero el historiador anotó que, "ciertos autores han sostenido que, cuando Marco Bruto se le arrojó encima, exclamó en griego: '¡Tú también, hijo mío!'".

Después, César cayó tendido en el suelo. Muerto. Unos esclavos trasladaron el cadáver a su casa en una litera. Por uno de los lados, colgaba un brazo.

"¡La ambición ha pagado su deuda!", hace gritar William Shakespeare a Bruto, tras el asesinato, en Julio César (1599). Fue Shakespeare quien, al recrear en su tragedia (¡Et tu, Brute!) la frase recogida por Suetonio, dio pábulo durante mucho tiempo al persistente rumor de que Marco Bruto era hijo natural de César, habido de sus amores adulterinos —bien ciertos, durante casi veinte años— con Servilia, su madre. Pero tal cosa es falsa, pues Marco Bruto tenía ya unos trece años cuando Servilia y Julio César iniciaron sus duraderos amoríos.

La mejor novela histórica

Las fechas le importaron muy poco al escritor norteamericano Thornton Wilder (1897-1975), autor de Los idus de marzo (1948), que podemos leer en Edhasa, la mejor novela sobre el asesinato de Julio César y, a mi juicio, una de las mejores novelas históricas jamás escritas.

Con gran desparpajo y libertad, Wilder avisa en su introducción que ha mezclado fechas a su antojo, que varios personajes de su novela ya estaban muertos —Clodio, Catulo, Catón el Joven…— en el año 44 a.C., que muchos de los documentos que utiliza son inventados, aunque, eso sí, inspirados en hechos o textos reales de la época o, atención, del presente. Dice que las cartas de los conspiradores se inspiran en las que circularon por Italia contra Benito Mussolini.

Así las cosas, Los idus de marzo, es, sin embargo, una formidable puesta en escena de la época postrera de la República romana y de la figura de Julio César y, con ello, una apasionante novela de intriga y, sobre todo, de ideas, ya que el amor, la religión, el destino, la política, la poesía o la relación entre lo privado y lo público son algunas de las muchas cuestiones de enjundia tratadas en el texto.

Los idus de marzo se compone de cuatro libros. Cada uno empieza antes y termina después del anterior. El primero arranca en septiembre del año 45 a.C. y el cuarto termina el día del asesinato de Julio César, contado literalmente según lo narró Suetonio. Con los poemas de Catulo, ese texto es el único documento real de una narración que agrupa cartas, diarios, informes y misivas o mensajes privados. Todo ello conforma un extraordinario puzle que se sigue sin chistar, con interés creciente y con un gran placer ante la belleza, la precisión, la economía y la potencia intelectual de la prosa de Wilder.

Junto a César, Calpurnia, Servilia, Marco Bruto y los mencionados Catulo y Clodia -¡qué amores, los suyos!-, Cicerón, Cleopatra —que estaba en Roma el día del asesinato— o Marco Antonio son algunos de los rutilantes personajes reales que, junto a otros inventados, conforman el deslumbrante elenco de la trama. Y qué trama, una joya de la relojería, cuajada de perlas en forma de situaciones, pasiones e ideas.

No se pierdan Los idus de marzo, una novela magistral como pocas.

Borges, para terminar

Y sin salirnos de la literatura, esta vez, habrá que recordar también algunas novelas de gusto muy actual que, con ambición de best-seller de calidad apto para todos los públicos, han recogido recientemente la compleja figura de Julio César y las circunstancias de su asesinato.

Me resulta fastidioso, a qué negarlo, que el italiano Valerio Massimo Manfredi tomara prestado el título a Wilder para Los idus de marzo (2008, Grijalbo), su muy pormenorizada novela sobre los ocho días anteriores al asesinato. La desaparecida escritora australiana Colleen McCullough (El pájaro espino), que gozó de mejor suerte entre la crítica, publicó entre 1990 y 2007, Señores de Roma, una serie de siete novelas entre las que al menos tres (Las mujeres de César, César y El caballo de César) se centran en el Dictador. Recordemos que el de Dictador era, en la antigua Roma, un cargo, una magistratura para la que se nombraba, con el consentimiento del Senado, a una persona por un tiempo limitado y con una misión muy concreta.

Si en películas como Julio César (Joseph L. Mankiewicz, 1953) hemos podido ver la escena del asesinato, los pintores también se han ocupado reiteradamente del histórico momento. Me gusta especialmente el gran óleo La muerte de César (1867), en el que el academicista francés Jean-León Gerôme plasmó los instantes posteriores al apuñalamiento. César yace muerto casi en penumbra y en primer término, a la izquierda, junto a su silla caída, y el grupo de los conspiradores, enardecido, espadas en alto, recibe toda la luz y se dirige de espaldas hacia el fondo, hacia la puerta de la calle. ¿Es Marco Bruto, con barba, quien se vuelve y parece "mirar a cámara"?. Y es que la imagen, con movimiento y profundidad de campo, es muy cinematográfica.

¿Y si escuchamos un tango de Astor Piazzolla —celebramos su centenario— y terminamos con su amigo/enemigo Jorge Luis Borges? En su poliédrico libro El hacedor (1960), el escritor argentino incluye una pequeña historia que tituló La trama.

En ella recuerda, dicho sea de paso, que Francisco de Quevedo escribió —no lo dice así— una biografía de Marco Bruto y evoca el asesinato de Julio César —"impacientes puñales"— y su postrera exclamación: "¡Tú también, hijo mío!". Y luego cuenta (la cita es textual) lo siguiente:

"Al destino le agradan las repeticiones, las variantes, las simetrías; diecinueve siglos después, en el sur de la provincia de Buenos Aires, un gaucho es agredido por otros gauchos y, al caer, reconoce a un ahijado suyo y le dice con mansa reconvención y lenta sorpresa (estas palabras hay que oírlas, no leerlas): ¡Pero, che!".

Y finaliza Borges: "Lo matan y no sabe que muere para que se repita una escena".

 

dijous, 12 de març del 2026

la mare que el va parir (amb perdó)


Arallegim. 7|3|2026.

dimecres, 11 de març del 2026

per damunt la neu, lleuger dalt d'un trineu

 

Ara. 18|1|2026

dimarts, 10 de març del 2026

planiana


ENRIC IBORRA
Planiana
Al blog: La serp blanca
26|2|2026


«La literatura. Els escriptors. Hi ha persones que quan tenen una ploma a la mà es tornen diferents del que són habitualment. Volen escriure preciós, ideal i naturalment modèlic. Pobra gent!

Hi ha escriptors que en parlar d’un cavall en diuen un impetuós corser. No és una equivocació. És una bestiesa. El cèlebre Duhamel, les novel·les del qual foren tan llegides i ara —ja fa anys— han desaparegut de la circulació, igual que les de Gide, presenta en una de les seves obres un personatge que en societat fa pets. Duhamel diu que feia «sorolls inexpressius». Error total. En literatura, s’ha de dir la veritat sempre. S’ha de ser, si és possible, una mica Rabelais. Tot fa suposar que Rabelais ha durat i durarà més que Duhamel, predicador humanitarista i fals —dissimulat d’èxit immens. Duhamel fou, naturalment, de totes les Acadèmies possibles i de l’Acadèmia Francesa. Pobre Duhamel! En el moment que Stendhal publicava les seves novel·les, un crític de la seva època, Jacquemont, escriví que les novel·les no valien res perquè el seu autor escrivia com un porter —com un concierge. És el millor elogi que es pot fer d’un escriptor. En la literatura en prosa, s’ha d’escriure i fer intel·ligible la conversa humana, com, diríem, qui escriu a la família! Aquesta és la literatura que persisteix, que està per sobre de les modes, que duren un moment.

Quan s’ha observat i pensat llargament un objecte, una història, escriviu ràpidament: totes les coses supèrflues i inútils queden eliminades totalment. Que la ploma no pugui seguir el vostre pensament. Aquest és el problema. És difícil. Però aquest, és, potser, l’únic camí. Fora d’això, tot és secundari.»

 

Josep Pla. Notes del capvesprol (OC, 35)


dilluns, 9 de març del 2026

llibre d'honor

 


A la biblioteca tenim un d'aquests llibres d'honor on, quan hi pensem, fem signar a les personalitats de reconeguda trajectòria que ens visiten. Hi ha de tot: escriptors, músics, dibuixants, polítics, vigatans il·lustres en general, etc. El 1997, la M. Àngels Anglada va voler deixar testimoni del seu pas per la biblioteca.


_______________

P.S.: El 9 de març de l'any 1930 va néixer, a la Casa Fontcuberta, al carrer de la Riera núm. 25, l'escriptora vigatana Maria Àngels Anglada i d'Abadal. Per això.