diumenge, 3 de juliol de 2022

tancat per trasllat

 

Peggy Olson (Elisabeth Moss) a l'episodi final de la sèrie Mad Men ('Lost Horizon').

dissabte, 2 de juliol de 2022

divendres, 1 de juliol de 2022

l'home sense qualitats


1986
9 de abril

Apabullante Musil. Emprendo la lectura de El hombre sin atributos por tercera vez en mi vida. La primera fue durante la mili: empecé a leerla en el campamento, y la acabé en la centralita de teléfonos donde hacía guardias en el Cuartel de Ingenieros de la calle Zapadores de Valencia. Leí mucho por aquellos meses, ya que eran frecuentes las guardias que yo apenas cumplía: a la centralita llamaban muchas mujeres solitarias que se excitaban con los soldados, los enredaban en conversaciones eróticas, y los incitaban a que se masturbaran mientras charlaban con ellas, retransmitiéndose mutuamente jadeos y palabras soeces, así que siempre había algún muchacho de la compañía dispuesto a hacerse cargo de la central durante mis guardias. Mientras él charlaba con sus interlocutoras, susurraba obscenidades, gemía y se masturbaba, yo podía leer en el cuartito de al lado tranquilamente tumbado en una colchoneta que utilizábamos durante las guardias nocturnas.

Una vez más, Musil consigue anonadarme. Cómo cala en los mecanismos esenciales: los personajes se llenan de contradictorios zigzags y la sociedad es un chiste con el que uno puede mearse de risa; o echarse a llorar: el chiste forma parte del sistema de reacciones ante la falta de sentido. Sus imágenes asocian elementos absolutamente dispares, y con ese método, que a veces roza el absurdo, consigue una correspondencia entre lo superficial y lo más hondo. Rompe tu lógica y descubre lo que aparece cuando uno se decide a utilizar otro sistema para ver las cosas.


Rafael Chirbes. Diarios. A ratos perdidos 1 y 2. Anagrama, 2021.


dijous, 30 de juny de 2022

llegir en públic


IGNACIO ECHEVARRÍA
Lector en público (I)
El Cultural
24|6|2022

A quienes somos aficionados a leer, nos ocurre a menudo que lo hagamos en un lugar más o menos concurrido, ya se trate de una casa familiar o llena de conocidos, ya de un lugar público, como pueden serlo la mesa de un café, la playa durante el verano, más probablemente, un vagón de tren. No siempre lee uno en soledad, ciertamente, por mucho que la actividad misma de leer sea una actividad solitaria y presuponga cierta voluntad de aislamiento. Aun rodeados de gente —en una sala de espera, pongamos por caso—, se diría que el hecho mismo de leer, la determinación de abrir un libro, sugiere que no se halla uno disponible para la conversación. Mi experiencia, sin embargo, me dicta que no es así como lo entiende la mayoría. Me refiero a la mayoría integrada por los no lectores.

En cualquiera de esos lugares a los que he hecho mención, pasa a menudo que, por cualquier razón, alguien que se halla cerca te dirija la palabra. Tú estás tranquilamente leyendo y esa persona, sin temor ni apuro por interrumpirte, te dirige la palabra. Por lo general se trata de una pregunta o de un comentario circunstancial, al que uno responde educadamente, según el humor puede que incluso cordialmente, aunque sin cerrar el libro ni dar a entender en modo alguno que te propones interrumpir la lectura. De manera que, hecho el correspondiente intercambio de comentarios y cortesías (en el caso frecuente de que se trate de un desconocido), uno retoma su libro y se sumerge de nuevo en él, tan campante.

La cosa, sin embargo, raramente termina allí. Lo más común es que el vecino o la vecina en cuestión, pasado un rato, vuelva a interpelarte.

Descartemos de entrada —¡por favor!— todo marco hipotético de ligue o de seducción; pensemos en una situación que obvia, dados sus componentes, cualquier intención en este sentido.

El caso es que el vecino o la vecina en cuestión vuelve a dirigirte la palabra, de nuevo con una pregunta o un comentario circunstancial, que tiene por efecto interrumpir tu lectura.
Otra vez respondes con cortesía e incluso amabilidad, enredándote eventualmente en una corta conversación de contenido irrelevante, simple cháchara en el mejor de los casos.
Eso sí: a la primera de cambio, uno, que en ningún momento ha cerrado el libro ni ha hecho ademán de dejarlo de lado, fija la mirada en él (sin deshacer la sonrisa, para no resultar antipático) y reemprende la lectura. Pero no lleva leídas dos páginas cuando se produce una nueva pregunta, un nuevo comentario.
¿Pero es que no se da cuenta de que estoy leyendo?, se pregunta uno, casi siempre resistiendo la tentación de gritárselo a quien parece pasarlo por alto.
Ha llegado el momento decisivo. O te resignas a abandonar la lectura y te entregas a la conversación, o, con más o menos simpatía o severidad, das a entender, ya de manera explícita, lo que parece obvio, es decir, que estás leyendo y que lo haces por propia elección, cualesquiera sean tus motivaciones. En cuanto a esa pregunta (¿pero es que no se da cuenta de que estoy leyendo?), seamos razonables. Claro que nuestro vecino se da cuenta, pobre de él. Lo que pasa, simplemente, es que quienes no tienen afición por la lectura suelen pensar que leer viene a ser poco menos que la última opción, algo que uno hace cuando no le cabe hacer otra cosa, por ejemplo conversar.
Considérese la dimensión del malentendido: uno, por educación y cortesía, se abstiene de mandar al cuerno a quien, por educación y cortesía, se propone piadosamente sacarte de él.
¿Cómo evitar, siendo así, que la situación se repita?

dimecres, 29 de juny de 2022

l'última trobada

 


dimarts, 28 de juny de 2022

quinze anys de lectures


En memòria de Pilar Amblàs, Josep Lloansí, Fina Rodríguez i Espe Andreu.
Al Pasqual Bernat, que ho va començar tot.

 

El ball de les boges · La drecera · Sola · El ferrocarril subterrani · Una vil·la a Florència · Crim i càstig · La visita del médico de cámara · L'oncle Vània · Canadà · Guillem · Idaho · Allegro ma non troppo · Una noche con Sabrina Love · El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes · El monstre de la memòria · Ignot · Canto jo i la muntanya balla · Claus i Lucas · Sis nits d'agost · Middlemarch · Desgràcia · Teoria general de l'oblit · El cas d'en Barney Panofsky · La gent de Hemsö · Aprendre a parlar amb les plantes · Canteu, esperits, canteu · Aquest deu ser el lloc · Un país petit · El Gattopardo · Color de llet · La ciutat i la casa · El mar, el mar · Fut · Sempre hem viscut al castell · Un abril prodigiós · El bar de las grandes esperanzas · Nosaltres en la nit · L'hereu · Manual per a dones de fer feines · Sortir a robar cavalls · El regne · El silenci del far · Una confabulació d'imbècils · La dona d'en Martin Guerre · Els nois · Reparar els vius · La mort i la primavera · Laura a la ciutat dels sants · Fouché · Lila · Personatges · El sentit d'un final · La llarga vida de la Marianna Ucrìa · El gat · Oso · Solitud · La playa de los ahogados · El cervell de l'Andrew · El pont sobre el Drina · El fill de l'acordionista · L'origen · L'informe de Brodeck · La promesa · Dies de frontera · Madame Bovary · Estas ruinas que ves · L'home que va confondre la seva dona amb un barret · Una princesa a Berlín · L'última trobada · Fun Home · Perduda · El talent · El difunt Mattia Pascal · La regenta · Stoner · T'estimo, Marta · Vida privada · La gatera · Dins d'una campana de vidre · Quatre germanes · Arrugues · Patrimonio · Anna Karènina · Los anillos de Saturno · El cinquè en joc · Camí de sirga · Últimas tardes con Teresa · La casa de la alegría · Primavera, estiu, etcètera · El moliner udolaire · Las inquietudes de Shanti Andía · Viatge al fons de la nit · Escolta, Volòdia! · El verano de los juguetes muertos · Biografia de la fam · El brogit i la fúria · Incerta glòria · Frankie Addams · Un món feliç · La campana de vidre · El cas misteriós del Dr. Jekyll i Mr. Hyde · Suite francesa · Jakob von Gunten · Les històries naturals · El curiós incident del gos a mitjanit · Grans esperances · 1280 ànimes · Res de nou a l'oest · Martin Eden · M'enterro en els fonaments · Una màquina d'espavilar ocells de nit · El jugador · Les aventures d'Arthur Gordon Pym · Barri llunyà · Les amnèsies de Déu · La carretera · La perla · Assaig sobre la ceguesa · El mariner que va perdre la gràcia del mar · El violí d'Auschwitz · El falcó maltès · El silenci dels arbres · Mirall trencat · Pedro Páramo · Memòries d'Adrià · La nit de l'oracle · El món segons Garp · La felicitat · Seny i sentiment · El vigilant en el camp de sègol · Intrigues de palau · Si menges una llimona sense fer ganyotes · Tristana · Terres de lloguer · Tòquio blues · Nada · Lleó, l'africà ·

 


dilluns, 27 de juny de 2022

la increïble biblioteca minvant

Gentilesa involuntària de Lluís Agustí
MONTSE BARDERI
La increïble biblioteca minvant
El PuntAvui
24|6|2022

Fa temps, quan la Núria Espert ja era gran, en una d’aquelles revistes tan heteronormatives i dictatorials pel que fa a un sol i únic cànon de bellesa, li van fer un reportatge on la van fotografiar al costat d’una minsa llibreria. L’Espert explicava que amb el temps s’havia anat desprenent de milers i milers de llibres de la seva antiga biblioteca. Em va semblar un despreniment intolerable. Jo, que sortia sovint del pis on havia viscut Maria-Mercè Marçal i observava bocabadada com no podia saber de quin color era la paret del mur de tants llibres com n’hi havia; jo, que observava els malabarismes enginyosos per superar obstacles arquitectònics i la importància del petit pany de paret sobre les portes per acumular més i més volums de llibres. Recordo sempre que evoco aquella llibreria immensa com Pere Gimferrer volia visitar-la, i ho entenia: eren, parafrasejant un títol seu, les cartografies del desig, de la passió, dels interessos, dels autors tastats, dels autors repetits. Més ben dit, encara, de les autores, ja que la Marçal tenia dividida aquella biblioteca en dos: autores i autors. Aquest era el meu cànon, la meva mesura també hauria de ser la desmesura, i comprava i acumulava, i vestia totes les parets, i afegia nous estants, i el meu delit per alimentar de més i més llibres casa meva era absolutament insaciable.

I jutjava les altres cases i els seus habitants pel nombre de llibres que tenien, i només hi havia una cosa pitjor que no tenir llibres, dir-me que en tenien però que no els hi cabien i els havien posat dins un armari. Els unicorns no viuen dins la foscor. M’hauria fet sense cap dubte de la secta dels bibliòfils sexualment actius i practicar la regla fundacional de John Waters: “We need make books cool again. If you go home with somebody and they don’t have books, don’t fuck them.” No vaig necessitar practicar-la perquè només m’enamorava de dones lectores, perquè crec que som el que mengem però sobretot som el que llegim.

Però els anys passaven i els meus primers llibres acumulaven dècades, i la Yourcenar, i Shakespeare, i Colette i Pizarnik envellien malament com de tants altres. Àcars, pols, edicions que ja no m’interessaven, traduccions que no em feien el pes, lletres massa petites i fulls massa prims per assegurar-me una bona lectura. L’objecte llibre tot i que estigués tan ple de llum no era indemne als estralls del temps.

Així que amb els anys m’he anat desfent d’alguns dels meus llibres, la majoria ben nous: llibres que no he pogut acabar, llibres que un cop acabats sé ja no tornaré a llegir mai més, edicions que no m’interessen, llibres que ja no em diuen res, el problema és que molts estan dedicats i no sé com desfer-me’n sense mutilar-los. Sento que ja no necessito més estanteries i que he de treure’n alguns per fer-ne lloc a d’altres.

Ara ja no sé si acabaré com l’Espert, penso que dividim els llibres per gèneres i interessos però també podríem dividir els llibres per les edats de la vida, llibres que hom ha de llegir abans dels 20, abans dels 30, llibres que hom no pot entendre abans de fer-ne 40. I també m’adono que en una primera meitat de la vida tendim a acumular, mentre que en una segona recordem les màximes estoiques que massa de tot ens distreu, i que tenim coses però elles també ens tenen i ens refugiem en l’essencial, a voler arribar nusos o amb en poc feix, a la mort.

Maria-Mercè Marçal va morir als 46, no sabrem mai quina llibreria tindria avui amb 70 anys, però sé que grans amigues seves com la Mercè Otero-Vidal n’ha fet donació al centre de documentació de Ca la Dona.

Sovint quan estic passant el tou del dits pels volums de la meva biblioteca, em ve una ràfega d’imatges inventades però del tot plausibles: els meus llibres quan ja no hi sigui: posats en caixes, llençats a contenidors, l’esperança remota que algun fill d’algun nebot vulgui recuperar alguns volums, els meus llibres en llibreries de vell, si encara existeixen, amb dedicatòries d’amor i fulles seques i paràgrafs subratllats. Potser la síntesi de l’edat madura també és això, dir-li a la teva biblioteca: “et vaig desmembrant a poc a poc abans que m’hagis de sobreviure patint sobre el teu llom la indecència d’un futur sense la meva devota custòdia (tot i que, no ens hem d’enganyar, no pas amb tots i cadascú de vosaltres)”.

 

diumenge, 26 de juny de 2022

de tassa en tassa


«Les experiències i la sensibilitat es reforcen l'una a l'altra en un cicle interminable. No puc experimentar res si no tinc sensibilitat, i no puc desenvolupar la sensibilitat si no visc una varietat d'experiències. La sensibilitat no és una aptitud abstracta que es pugui desenvolupar llegint llibres o escoltant conferències. És una habilitat pràctica que pot millorar i madurar només posant-la en pràctica.
Posem per cas el te. Començo bevent un te qualsevol molt ensucrat mentre llegeixo el diari al matí. El te és poca cosa més que una excusa per prendre una dosi de sucre. Un dia m'adono que entre el sucre i el diari, amb prou feines assaboreixo el te. Així que redueixo la quantitat de sucre, deixo estar el diari, tanco els ulls i em centro en el te. Començo a notar la seva aroma i el seu gust únics. Aviat començo a experimentar amb tes diferents, negre i verd, comparant els sabors característics i els buquets delicats. Al cap d'uns mesos, m'oblido de les etiquetes de supermercat i compro el te a Harrods. M'aficiono especialment al te panda dung de les muntanyes de Ya'an de la província de Sichuan, fet amb fulles d'arbre de te fertilitzat amb fems d'óssos panda. Així és com, de tassa en tassa, poleixo la meva sensibilitat per al te i em converteixo en un connaisseur del te. Si en la meva primera època de bevedor de te m'haguessin servit panda dung en un gobelet de porcellana de la dinastia Ming, no l'hauria sabut apreciar més que un te barat en vas de paper. No pots experimentar una cosa si no tens la sensibilitat necessària, i no pots desenvolupar la sensibilitat si no vius una llarga tirallonga d'experiències.»

Yuval Noah Harari. Homo Deus. Una breu història del demà. Traducció d'Esther Roig. Edicions 62, 2016. P. 316-317.

dissabte, 25 de juny de 2022

l'idiota



1985
30 de octubre

Conozco pocas novelas tan soberbiamente construidas —y concluidas— como El idiota de Dostoievski. Consigue que acabe siendo parte de la narración cualquier cosa que le eche a la olla el autor. Lo cocina todo. Me la termino en el tren, durante un trayecto Bayona-París. El último capítulo es tan hermoso y conmovedor que lo soporto a duras penas. Me duele. En medio del aburrimiento y el miedo —¡qué inseguro todo!— este libro se ofrece como un faro poderoso: la llamada de algo mejor, una llamada desde lo incomprensible a quien nada comprende. Lo mejor del alma humana parece coagularse en este libro hermético que se resiste a ser descodificado, y en cada asalto te regala unas briznas de cuanto contiene. Uno sabe que el tesoro está ahí dentro aunque no sea capaz de alcanzarlo. Lo consuela la vibración que emite su reactor. Escribo estas líneas inquieto, emocionado, con los poros abiertos. En torno al tren que avanza velozmente, se extiende la noche. El malvado Rogozhin y el buen idiota Myshkin velan en una habitación el cadáver de la mujer que más han amado y que empieza a descomponerse. Ellos dos —dos niños con un juguete secreto— bisbisean para que nadie los escuche, y se han acostado en la misma cama. Rogozhin lo había previsto todo. Cuánta belleza en esa habitación a oscuras. El príncipe acaricia las mejillas de Rogozhin, que tras haber asesinado a la mujer, delira. Dostoievski, insaciable, le exige al alma un esfuerzo aún mayor en su ascenso al monte Calvario, un escaloncito más, y ya llegamos. Ánimo, compañero. Ya falta menos.


Rafael Chirbes. Diarios. A ratos perdidos 1 y 2. Anagrama, 2021.


divendres, 24 de juny de 2022

qui té por de la literatura?


NARCÍS COMADIRA
Les paraules alades. Papers sobre el sentit de la lletra
Empúries, 2011. P. 249-251


Un cop acceptat que la literatura makes nothing happen (no fa que passi res), per dir-ho amb la coneguda expressió d'Auden, podem començar a acostar-nos a la seva necessitat inútil.

No fa que passi res a nivell d'utilitat, del que entenem com a utilitat: benestar social, economia i finances, agricultura, ramaderia i pesca, etc. La literatura actua en altres àmbits, lluny dels despatxos ministerials i les conselleries. El territori de la literatura no és el de la història, el del relat nacional ni global; el territori de la literatura no és el de la comunicació, el de la difusió ideològica, el de la publicitat, el del proselitisme; el territori de la literatura no és el de la relació interpersonal, no és el de la recerca, no és el de la confecció d'ideologies. El territori de la literatura és el territori de la Forma. La literatura és la formalització màxima del llenguatge.

D'aquí prové una certa confusió. Perquè, essent el llenguatge ja una organització formal de signes, aquest fet pot induir a pensar que tot ús del llenguatge ja és literatura. I no. Cal una decidida voluntat de formalització afegida perquè el llenguatge esdevingui literatura, és a dir, art. Bans, decrets i lleis sí que fan que passin coses. Fins i tot això que amb un punt de sarcasme en diuen «literatura» dels prospectes farmacèutics pot fer que passin coses: facilitar la salut si se segueixen correctament, o alterar-la a vegades perillosament en cas contrari. La literatura de debò no fa que passi res. I això és segurament el que la distingeix del llenguatge dels usos quotidians. La pedra de toc: la seva inoperància en l'àmbit pràctic. La seva magnífica i inútil gratuïtat.

La literatura, com tota Forma, opera en regions íntimes. S'infiltra entre els replecs de la intel·ligència i les articulacions de l'ànima. Commou, altera, seda, excita, obre escretlles en el granit més dur de les conviccions, escampa mantells densíssims de nit negra sobre els mars dels sentiments, inunda amb torrentades de llum. La literatura porta en el seu si llavors de perdició i de salvació. De perdició per al món pràctic, és clar; de salvació per al món de l'esgarrifança del Sentit.

Aquell logos que existia en el principi, que ens ha configurat a imatge seva i que, per tant, ha fet que siguem llenguatge, ha de ser, la seva perfecció original i originària, el sentit últim de la literatura. La literatura ha d'aspirar a acostar-se a la forma més pura d'allò que som, d'allò que ens constitueix.

La literatura, tota forma artística del llenguatge i tota forma artística en general, sacseja —ha de fer-ho— la nostra essència més profunda. Hi crema la fullaraca acumulada, hi aixeca vendavals de desig, hi fa saltar guspires d'un foc nou, hi deixa un rierol de llum que hi canta. La veritable literatura és subversiva, ens converteix en ciutadans d'un país desconegut.

Qui té por de la literatura? Tot aquell que té por del desconegut. Tot aquell que té por d'aquest sacseig interior que ens transporta al moll més íntim de la nostra pròpia essència, amb tot el que això vol dir de negació de les rodes de molí amb què polítics i sacerdots ens volen fer combregar. Per això sempre hi ha hagut llibres prohibits. Llibres cremats per degenerats o per herètics. Per les idees? Alguns sí, és clar. Però molts perquè eren literatura, pel sacseig que provocaven, pels dubtes en profunditat que desvetllaven, pel plaer seriós que conferien. I és que aquesta trobada amb el més pur de la pròpia essència provoca un llampec de plaer, mental i sensible alhora. Per això podem parlar d'esgarrifança estètica, traducció física del llampec mental i sensible i sentimental.

La literatura no fa que passi res. Però fa que passi tot, que pugui passar tot. La literatura configura en el nostre interior territoris de llibertat inexplorats, jungles de pensaments, deserts de solitud, cims de voluntat, llacs de joia profunda, paradisos de follia. De follia segons els paràmetres de la utilitat, és clar, de follia segons el món del guany i el tant per cent, de la rendibilitat, del creixement per càpita. La literatura construeix un món a part. Per això el món que es creu real li té por. I si abans hi lluitava directament, ara ha descobert maneres més subtils de lluita. La indiferència, arma eficaç. I l'estaborniment de les consciències amb la creació d'aquesta societat de l'espectacle en què ens volen fer viure, societat que es nodreix d'ella mateixa. Autocomplaent i autoreferent. Societat sense alegria.


dijous, 23 de juny de 2022

el desordre dels llibres (II i final)


Dividid vuestras librerías por áreas culturales. Divididlas por nacionalidades: literatura italiana, francesa, alemana, hispano-americana. Separad los clásicos griegos y latinos de la poesía, la gráfica de la crítica, organizad el saber por materia escolástica (historia, filosofía, ciencia, arte, teatro, cine...¡qué aburrimiento!). Podéis quedaros con el orden alfabético, por autor, cronológico, cromático (qué horribles los anaqueles de Adelphi en tonos pastel, colocados los libros en degradado desde el verde inglés hasta el marfil...¡Y esas filas de azul Sellerio! O las cadavéricas de los Supercoralli de Einaudi...). Reagrupad vuestros libros según el formato o la editorial, que queda tan de revista de decoración, o por áreas semánticas, que queda muy de profesora democrática. O por altura (!), lo que os convertirá en enanos del sagrado arte del desorden libresco.

Pero a mí dejadme el perfecto desorden. Dejadme alternar cuidadosamente libros altos con otros más bajos, filas de libros en vertical con otras en horizontal; dejadme acumular mis libros sobre libros, junto a libros, bajo libros, nietzscheanamente, Más allá de los libros del bien y del mal, Barion Editor, 1924, ejemplar amarillento, un poco manchado...Dejadme mi único método que es no tener método, procediendo absolutamente al azar, apilando los libros unos sobre otros, según se adquieren (o se roban, cosa que ocurre a menudo), amontonándolos por estratos bibliogeológicos, rellenando huecos, nichos, intersticios y dobles fondos...(el verdadero bibliómano sufre, por naturaleza, de horror vacui) y entregándose, cuando se tiene que buscar un título, únicamente a la memoria, dote de la que andamos sobrados, a diferencia de la cultura. Sí, creemos en el desorden como la forma más alta de conocimiento alternativo.

El vacío, en la naturaleza, siempre acaba rellenándose. De volúmenes. Y las bibliotecas no se hacen: se aumentan. Los libros son plantas trepadoras de papel, que crecen a toda velocidad, agreden los muros, los tabiques, las columnas, las escaleras, los pasillos...Llenan todas las habitaciones y rincones disponibles, infestan todos los ambientes y germinan por desorden espontáneo, infringiendo toda frontera geopolítica, todo sentido cromático, toda exigencia de formato; mezclándose, confundiéndose y —sobre todo— perdiéndose. Al ser la biblioteca doméstica un sistema de entropía máxima, lo mínimo es no conseguir nunca encontrar un libro. Para eso están las librerías, donde va uno a comprarlos, y las bibliotecas públicas, donde va a sacarlo en préstamo. Pero para nosotros no sirve.

Nosotros, si acaso, tenemos tres reglas de oro: una, no prestar nunca un libro; dos, no leerlo, porque se destroza el canto y se estropean las páginas; y tres, no ordenar los libros jamás.

Por lo demás, las mentes más creativas tienen las bibliotecas más desordenadas. Que es otra manera de decir que tener una biblioteca en desorden también es un arte para el que se requiere mucho sentido estético, pocos principios éticos y —ça va sans dire— bastante espacio. Que es lo único que importa cuando se habla de libros.


Luigi Mascheroni. Pròleg a: Massimo Gatta. El desorden de los libros. Traducció d'Amelia Pérez de Villar. Fórcola, 2021.


dimecres, 22 de juny de 2022

el desordre dels llibres (I)


Tratar de ordenar la propia biblioteca cuando el número de volúmenes supera una cifra que pueda considerarse significativa —digamos 10.000 libros, porque por debajo de ese número no tiene sentido hablar de ello: es mejor dedicarse a la filatelia, que ocupa menos espacio— es como proponerse domesticar la vida: regular la alimentación, reducir los vicios, reajustar los gastos, seleccionar las amistades, jerarquizar los compromisos, emplear mejor el tiempo libre, organizar el garaje y el sótano...cosas así. Se puede intentar con una o dos estanterías durante un mes; durante un año como máximo una pared. Después, inevitablemente, todo vuelve a sumirse en el caos. Y está bien así. 

Si existe un Dios de los libros (yo me lo inagino como el Bibliotecario que pintó Arcimboldo: un volumen enorme en folio en lugar de espalda y brazos, marcapáginas que hacen las veces de dedos, el rostro formado por libros pequeños, un lomo de libro por nariz y dos opúsculos en lugar de labios...y un abanico de páginas blancas, las páginas de un libro abierto, formando una tupida cabellera) pretenderá  de sus adeptos furor, pasión y Babilonia, que rara vez coinciden con orden, disciplina y compostura. Poseer millares de libros no es una virtud, sino un pecado irresistible que supera incluso a la destrucción de un patrimonio y, a veces, a la de un matrimonio. No es casualidad que la parte más bella del Paraíso de los bibliófilos sea El infierno.

Cuando se vive  con y para los libros el desorden es perfección. El orden absoluto siempre es casualidad. La sobrecarga, ligereza. Y el mejor criterio para poner en orden los libros es no tener ningún criterio. Es más: lo mejor de todo, desde determinado punto de vista, sería no tener ni siquiera un libro, porque así se elimina el problema antes de vernos obligados a afrontarlo. Sería muy bello únicamente soñarlos...

[...] Por lo demás, eso que llamamos desorden no es más que una forma compleja de orden, que está clarísimo en la mente del sujeto desordenante y se manifiesta según esquemas que no son previsibles desde el punto de vista matemático ni programables desde el lógico. A su manera, es algo perfecto. La vida misma, con sus tortuosas estratificaciones, es la más potente de las confusiones. Si nosotros nos permitimos el desorden, ¿por qué no lo aceptamos en nuestros libros?...

 

Luigi Mascheroni. Pròleg a: Massimo Gatta. El desorden de los libros. Traducció d'Amelia Pérez de Villar. Fórcola, 2021.


dimarts, 21 de juny de 2022

el lòbul frontal

 

Font: Robert Jové Raubert @rjraubert

Joe Dispenza. Desarrolla tu cerebro : la ciencia de cambiar tu mente. Palmyra, 2016.


dilluns, 20 de juny de 2022

les boges ballen per a vós



XAVI AYÉN
Les boges ballen per a vós
La Vanguardia
14|3|2021

Victoria Mas debuta en la novel·la traslladant-nos al ball anual d'un manicomi de dones que, a finals del segle XIX, congregava l'alta burgesia parisenca
Al costat de dones amb malalties mentals de diversa naturalesa, moltes internes del manicomi parisenc de la Salpêtrière "no patien cap patologia, simplement molestaven la família, no les comprenien, subvertien l'ordre o mantenien una actitud rebel. Internar-les era tan fàcil com que l'home de la casa en fes una petició".
Aquest és l'estremidor context real de El ball de les boges, el prometedor debut en la novel·la de la filòloga francesa Victoria Mas (Le Chesnay, 1987), filla de la cantant Jeanne Mas que fins ara només havia treballat al món del cinema (de fet, la versió cinematogràfica del llibre es troba en ple rodatge).
El ball anual que organitzava la institució, amb les seves estrafolàries disfresses, els seus valsos i les seves polkes, barrejant-hi les internes i els burgesos que hi anaven a fer gresca, sona com una barreja de Fellini i Stephen King tan increïble com certa. "N'hi ha prou amb consultar la premsa de l'època —respon Mas, en conversa telefònica, des de París—. Els burgesos hi anaven a divertir-se, morbosament, amb l'esperança d'observar-hi crisis nervioses o de conclusions. Elles somiaven que un príncep se les emportés de la institució i esperaven tot l'any aquella nit". Les aleshores anomenades histèriques "generaven fascinació, el famós doctor Charcot les fotografiava, les sotmetia a hipnosi en públic, de la mateixa manera que tancaven indigents en gàbies perquè els miressin. Hi havia clarament un interès sexual, eren cosificades, convertides en objectes sexuals. Provocaven alhora repulsió i concupiscència".
Si la gala sembla la paròdia d'un ball versallesc, les sessions de fotos amb les internes són una versió inquietant del glamur. "Aquell hospital ho posava tot en escena: les sessions d'hipnosi es feien sobre una tarima amb públic a la grada.
Al seu torn, les fotos intentaven capturar el principi d'una crisi d'histèria, demostrar que la dona era boja, a través d'un gest de la boca o d'un detall de l'ull. El ball de disfresses era, per a les dones, un moment de retorn a la normalitat. Però a l'altra banda, la mirada del públic assistent era malsana, vivien un divertiment pervers".
Una de les protagonistes, l'Eugénie, procedeix d'un medi benestant. "No era el cas de la majoria, que venien de famílies obreres. A ella la tanquen perquè practica l'espiritisme, identificat amb el satanisme". La seva bíblia és El llibre dels esperits d'Allan Kardec, "un text bastant feminista, proclamava que les dones eren iguals als homes i que tenien dret a avortar".
Una altra interna, la Therèse, s'hi troba bé. "No vaig voler ser maniquea —aclareix l'autora—. L'hospital va portar seguretat i de vegades cures a certes dones que havien patit una gran violència en les seves vides. Jane Avril, famosa cantant de cabaret i ballarina de cancan del Moulin Rouge, va passar dos anys a la Salpêtrière, on justament va descobrir la dansa i va sortir de la seva depressió". El cert és que "experimentaven amb els seus cossos, les sotmetien a instruments com el compressor d'ovaris per calmar-ne les crisis, els introduïen un ferro calent a la vagina, les dormien amb psicotròpics...". Al capdavant de tot, el sinistre doctor Charcot, fundador de la neurologia, "ambiciós, poderós, popular i autoritari".
Un altre personatge clau és l'infermera Geneviève, "vincle entre exterior i interior; travessa una commoció moral que canvia la seva mirada de les internes i del seu propi ofici".
"L'hospital —conclou Mas— formava part d'un sistema de repressió de la dona, fruit de l'estructura de l'època. Ens hauríem de demanar: què n'ha quedat de tot plegat al món d'avui?"