dilluns, 7 de setembre del 2026

la crisi dels quaranta s'escriu en femení

 

ANNA PAZOS
La crisis de los cuarenta se escribe en femenino
Babelia | El País
14|6|2025


En el punto medio de su vida, una mujer se propone conducir sola de Los Ángeles a Nueva York. Acaba de cobrar veinte mil dólares por una frase sobre masturbarse “que sacada de contexto le cuadraba también al whisky”. La idea es celebrar los 45 a cuatro mil kilómetros de su familia —un marido afable y un hijo no binario—, derrochar en hoteles y teatros, pero el plan se tuerce y acaba pernoctando en un motel sórdido a media hora de casa. Ahí pasa las tres semanas del supuesto viaje, experimentando un despertar sexual salvaje y perturbador.

Luego, tras el regreso al hogar, llega la necesidad de replantear los términos de su matrimonio. Con esta premisa, la segunda novela de Miranda July, A cuatro patas se convirtió en tal fenómeno boca-oreja en Estados Unidos que The New York Times dedicó un reportaje a “las mujeres que están reconsiderando sus familias y matrimonios a causa de Miranda July”. Si había un hueco en el mercado, esta novela lo llenó con creces.

Un tema de los cuarenta

July, que hoy tiene 51 años pero comenzó a escribir la novela a los 45, está lejos de ser una artista hermética o inaccesible. Su apuesta era ambiciosa: encontrar un lenguaje para hablar de la mediana edad femenina, de asuntos que suelen discutirse a puerta cerrada como la perimenopausia y sus altibajos hormonales, los cambios en la libido o la fragilidad de la monogamia. Qué hacer con los matrimonios que sobreviven por inercia o con los arranques de deseo que sacuden sus fundamentos.

Su materia prima era la experiencia directa. Aunque se trata de una ficción, la narradora comparte con July rasgos reveladores: ambas son artistas eclécticas, “medio famosas”, blancas, acomodadas y propensas a subir a Instagram bailes espontáneos en ropa interior. Cuando la protagonista se plantea cruzar su Rubicón —reconocer que la vida que lleva no la satisface y que está en su mano transformarla—, sus elecciones se alinean con las de la autora. July reveló hace años que tanto ella como su entonces marido tenían novias (“por si alguien nos ve con ellas por ahí”) y que seguían viviendo juntos por el bienestar de Hopper, su hijo no binario.

Si la intención era cuestionar las convenciones de la familia nuclear y hacer pública una conversación íntima, la respuesta fue arrolladora. Apenas salió el libro, una avalancha de mensajes diarios empezó a desbordar su bandeja de entrada. Poco después, July abrió un substack donde comparte y responde cartas de lectoras, y donde desmenuza las motivaciones de la novela, cuyos derechos de traducción se han vendido a, al menos, veintiséis idiomas. El pasado febrero se anunció que la adaptación audiovisual, en forma de serie, está en camino.

El libro de July tocó una fibra sensible. Quizá porque propone un enfoque distinto —y un desenlace posible— a temas literarios clásicos como el desgaste de la vida conyugal o el matrimonio en crisis. Tal vez porque desafía la creencia cultural de que, pasada cierta edad, las mujeres se marchitan, se vuelven pasivas e irrelevantes. O quizá porque se lee de forma compulsiva e incluye sexo, mucho sexo, en todas sus posiciones y variables, casi nunca con el cónyuge.

Las esposas agraviadas

En otros libros recientes de escritoras que exploran, desde la autoficción o la no ficción, la deriva de sus matrimonios, la ruptura de la monogamia se aborda de forma más convencional. Es el caso de Liars (Mentirosos), la novela de Sarah Manguso que la editorial Alpha Decay publicará en España en 2026, aún sin título definitivo.

Manguso, nacida apenas tres días antes que July, narra la descomposición de un matrimonio casi cómicamente tóxico desde la perspectiva de Jane, la esposa agraviada. El argumento es tan antiguo como reconocible. Una mujer brillante y resolutiva se enamora de un hombre carismático, oscuramente atractivo pero mediocre, y proyecta en él una fantasía de dicha conyugal: “Me casé con un hombre, como suelen hacer las mujeres. Mi vida se convirtió en un arquetipo, la farsa de la familia nuclear”. El marido se llama John, un nombre tan genérico como el estereotipo de adúltero que encarna. La autora ha explicado que la historia se basa en la experiencia que desencadenó su propio divorcio durante la pandemia.

En el documental Lyubov, donde la periodista Svetlana Aleksiévich conversa con rusos sobre el amor, una veterana traductora reflexiona así sobre su largo y accidentado matrimonio: “A veces, el amor solo es superar el odio”. La narradora de Manguso no supera el odio. Lo asume, lo habita, hasta que este se convierte en el eje de su vínculo conyugal. El tono de Jane es seco y desapasionado; el relato avanza como una sucesión de hechos desnudos, sin interpretaciones ni énfasis. Es en la acumulación de agravios donde se percibe la magnitud del desencanto, la sospecha de haber sido estafada por el guion del amor romántico. En una página tomada al azar, la narradora anota: “John todavía me interrumpía, me decía que mis sentimientos eran estúpidos, me culpaba de nuestras peleas, salía del cuarto en medio de una conversación y decía que era una reacción razonable a mi locura. Se reía mientras recitaba palabras de disculpa”.

Es imposible enumerar las faltas de respeto de John. Una de las más graves: un coma etílico casi fatal mientras ella está embarazada de ocho meses, a punto de emprender un importante viaje laboral que se ve obligada a cancelar en el último momento. ¿Y por qué no lo deja? Esa es la incógnita que sostiene la ambigüedad del relato.

¿Para qué el matrimonio?

El título puede interpretarse como una clave: la mentira, que en él adopta su forma más elemental y explícita, en ella opera como negación, un impulso ciego de aferrarse a la ficción de la armonía doméstica. El matrimonio, en tanto que símbolo e institución, es aún una historia demasiado persuasiva. Por más que resienta su rol en ella, la familia nuclear le ofrece una narrativa clara y reconocible; fuera de ese marco solo queda la intemperie, ese territorio desolado y sin referencias que Rachel Cusk describió con lucidez en Despojos (Libros del Asteroide, 2020), el ensayo sobre su divorcio que recibió críticas tan virulentas en el Reino Unido que la animaron a abandonar para siempre la no ficción. También, quizá, porque a pesar de todo, el deseo sexual de Jane hacia el marido se mantiene intacto. Una de sus últimas reflexiones: “El romance no es más que una decoración barata para sanear el deseo de follar”.

Cusk publicó Despojos en 2012, en un momento en que las “memorias de divorcio” comenzaban a consolidarse como género en el mercado anglosajón. La novedad no está en convertir los conflictos conyugales en literatura —el tema es recurrente desde el siglo XIX—, sino que el foco sea la separación, sus causas y sus secuelas. Si los novelistas decimonónicos establecieron el arquetipo de la esposa insatisfecha atrapada en un matrimonio hipócrita, en nuestro siglo surge otro canon: Dorothea Brooke, Emma Bovary o Anna Karénina ahora dejan a sus maridos —o son dejadas por ellos— y hacen público el desencanto.

El goteo empezó hace décadas con títulos como Heartburn, la novela abiertamente autobiográfica en la que Nora Ephron disecciona con su humor característico las infidelidades de su exmarido. Publicada en 1983, fue reeditada recientemente en castellano como Se acabó el pastel (Anagrama, 2022) y en catalán como Coragre (L’Altra, 2024). En 2007 Come, reza, ama de Elizabeth Gilbert llevó la tendencia al gran público: vendió más de diez millones de ejemplares y fue llevada al cine con Julia Roberts como protagonista.

Luego están las autoras que, como Rachel Cusk, analizan su experiencia desde el ensayo o la crónica personal. En las memorias Podrías hacer de esto algo bonito (Libros del Asteroide, 2024), la poeta Maggie Smith explica la infidelidad y posterior abandono de su marido poco después que un poema de ella se hiciera viral.

En septiembre la editorial Anagrama publicó Astillas, donde la periodista y ensayista Leslie Jamison narra el auge y colapso de su breve matrimonio, así como la vida que siguió: la de una madre soltera con un bebé de once meses. Como en los ejemplos anteriores, la perspectiva de Jamison sobre la vida conyugal y familiar está atravesada por su condición de escritora, el sesgo inevitable de este canon literario. El encaje de la ambición y el proceso creativo en la vida familiar es un punto de fricción mayor, sobre todo cuando ambos cónyuges tienen aspiraciones artísticas y uno tiene más éxito que el otro.

Más allá de ocultar algunos aspectos de su vida familiar, Jamison no recurre a la ficción. Conoce a C en la cocina común del lugar donde ambos trabajan. Él es un escritor tan tatuado como atormentado, ella una periodista ambiciosa que ve en él una promesa de redención. El enamoramiento es inmediato y fulminante, “como arrancar trozos de un pan recién horneado y metérmelos en la boca”, y escala con rapidez: “cuando al fin se tatuó mi cara en su bíceps, tras un año de relación, ya nos habíamos casado”. Después de la boda en Las Vegas y la euforia inicial, la convivencia es inevitablemente disfuncional. El desengaño se convierte en “algo continuo, desesperanzado y cotidiano”.

Menos de un año después de dar a luz, Jamison deja a C y se muda con su hija a un pequeño apartamento de una habitación. A lo largo del libro, la autora vuelve una y otra vez sobre su decisión: “¿Honrar mis votos significaba encontrar una manera de convivir con la furia de C? ¿Qué le debía a su dolor? ¿Qué le debía a mi hija?”. Entre las preguntas asoma la que antecede a todo divorcio: “¿Cómo sabes cuándo ya no vale la pena salvar algo?”.

Cada libro, a su manera, trata de abordar esa pregunta. Por norma la respuesta es parcial y subjetiva. En la película Anatomía de una caída, Palma de Oro en Cannes en 2023, la directora francesa Justine Triet ilumina esa ambigüedad esencial inherente a todo relato de pareja: cualquier narrador es fiable hasta cierto punto. La película traslada la incertidumbre a un juzgado, donde se debe determinar si la caída mortal de un hombre fue un accidente, un suicidio o un asesinato cometido por su esposa. Poco antes, la pareja había peleado con acritud, culpándose mutuamente de su estancamiento emocional y de la frustración creativa de él. La ausencia de testigos externos impide esclarecer lo ocurrido. Finalmente es el hijo de ambos, ciego, quien tiene que apostar —a ciegas— por uno de los dos relatos.

En clave de poemas

Dentro de la literatura del divorcio existe también un género que abraza abiertamente la subjetividad e incluso estetiza la pérdida. En La belleza del marido (Lumen, 2003), la colección de poemas con la que Anne Carson ganó el premio T. S. Eliot, la narradora evoca su deseo persistente por un exmarido crónicamente infiel. “No me avergüenza decir que lo amé por su belleza./ Como volvería a amarlo/ si lo tuviera cerca. La belleza convence. Sabes que la belleza hace posible el sexo./ La belleza hace el sexo sexo”. El libro de Carson se ha vuelto canónico, un pilar de este subgénero particular.

En una clave similar, El salto del ciervo (Visor, 2024), de Sharon Olds, reúne cincuenta poemas que dan cuenta del duelo por la separación de su esposo —un médico que la dejó por una colega tras décadas de matrimonio—. Desde la revelación inicial hasta las primeras gestiones de la ruptura, momentos donde “todo es cortesía y horror”, Olds intenta comprender las razones de la huida: “Creo que él llegó, en privado, a/ sentir que estaba muriendo, conmigo, y que si/ tenía lo que hacía falta para arrancarlo todo con sus/ dientes y escapar, entonces podría nacer”.

En Meadowlands (Visor, 2022), Louise Glück entrelaza escenas inspiradas en su propio matrimonio en crisis con los desencuentros de una pareja mítica: Odiseo y Penélope. A diferencia de los ejemplos anteriores, esta obra incorpora el punto de vista del hijo, testigo silencioso de los vaivenes emocionales de sus padres. La mirada de Telémaco, ya adulto, destila un desapego irónico que funciona como una síntesis brutal de la vida conyugal. “Cuando de niño era testigo/ de la vida de mis padres, ¿sabes/ qué pensaba? Pensaba que era/ algo desgarrador. Ahora pienso/ que desgarrador, pero también/ demencial. También/ muy divertido”.

 

diumenge, 6 de setembre del 2026

els més esperats

 


dissabte, 5 de setembre del 2026

tants burros hi ha amb lletra com sense

 


divendres, 4 de setembre del 2026

les coses invisibles que passen a les biblioteques


LAURA SERRA
Les coses invisibles que passen a les biblioteques
Arallegim
25|7|2026

Em pregunto qui deu agafar un llibre en una biblioplatja o bibliopiscina (i quin llibre) i m'entrego a la causa de descobrir-ho visitant el servei que cada estiu, des del 1992, obre a la platja de Castelldefels. No em vull fer la misteriosa, espòiler d'entrada: ningú. No vaig veure cap préstec de llibres, aquest dijous a la tarda. Ara bé, aquí hi passen totes les altres coses que també passen a les biblioteques i que sovint són invisibles i tan d'agrair com aquesta brisa que bufa de mar: coneixement, comunitat i català. Les tres ces que ens importen.
El paisatge us l'heu d'imaginar així: un mòdul prefabricat amb aire condicionat on hi ha diaris, revistes i una selecció de llibres, més de la meitat infantils i juvenils (aquest any, amb un focus dedicat a l'eclipsi i l'univers), i un xiringuito ombrívol a peu de duna on hi ha taules i cadires i un bon repertori de jocs de taula. Ara hi ha tres o quatre famílies jugant, i una parella de jubilats. Tots vestits. L'oferta és més lúdica que en una biblioteca convencional però no és una ludoteca, no hi ve gent regalimant després de banyar-se, ni hi ha nens escapats de pares que fan l'orni.

"No tenim l'Ulisses"

Aquesta tarda li toca baixar a la Biblioplatja Carme Romaní a Marc Martí, un dels bibliotecaris de la Biblioteca Ramon Fernàndez Jurado. "Hi ha llibres, o no seria una biblioteca, però l'atractiu sobretot són els jocs, els diaris i les activitats culturals —confirma—. Dimarts, astronomia. Dimecres, contacontes i màgia. Dijous, medi ambient. La selecció de llibres és més informal, està encarada als nens, hi ha llibres il·lustrats de coneixements i cosetes llamineres. També novel·les per a adults, no diria lleugeres, però no tenim l'Ulisses de Joyce". Hi veig Anna Gavalda, Ken Follett, Jonas Jonasson, Casa en flames, Empar Moliner. Això sí, qui agafi un llibre aquí l'haurà de tornar al mateix lloc abans d'un mes, perquè no hi funciona el préstec interbibliotecari, cosa que condiciona els usuaris potencials, que són més gent del barri que estiuejants o espontanis que van a la sorra. Sorprèn que a sobre la taula hi tingui les obres completes del dramaturg Josep Maria Miró de l'editorial Arola. "Això és meu. A la tardor faré el club de lectura de Llegir el Teatre sobre l'obra El cadell [que es veurà al TNC] i m'estic llegint les altres obres", explica Martí. Això és diligència, penso. "Aquí tinc temps de fer de bibliotecari: puc llegir!", celebra.

A les set arriba pel passeig Marítim un dofí de metre i mig. Durant una bona estona el cel ens regala un rugit d'avió cada minut i mig, un soroll que apaga la veu de la veterinària del CRAM, la Fundació per la Conservació i Recuperació d'Animals Marins, que està fent un taller sobre fauna i conservació marina. Té tanta traça amb la canalla que fins i tot atreu passavolants, i arribem a ser una seixantena de persones. Hi ha quatre amigues de Castelldefels que han quedat aquí amb els nens. Uns estiuejants de Berga. Una família de Madrid que té pis a la platja i que demana —"A ver si te entienden en castellano", diu la mare al nen, com avís al bibliotecari— si es presten els jocs. Una mare que necessita recursos per acabar de passar la tarda amb el fill després del casal. Com canta La Ludwig Band, "l'estiu és llarg com una tarda d'estiu, així de llarg és l'estiu".


dijous, 3 de setembre del 2026

literatura de crisi


SALVADOR MACIP
Ressenya: De quatre grapes
bloGuejat
18|9|2025


Aquest estiu he llegit De quatre grapes, de la Miranda July. Me l'havia comprat quan havia sortit perquè m'havia atret per casualitat la història quan vaig agafar el llibre del taulell de la llibreria del poble (i, a més, em va fer gràcia que l'exemplar estigués signat), però me'l va robar la meva dona i se'l va llegir primer. A principis d'estiu en va sortir la traducció catalana, i em va enganxar llegint l'original. Des de llavors, s'ha colat a les llistes dels més venuts i se n'han publicat diverses crítiques, entre les quals una de la Leticia Asenjo a l'ARA que fa una connexió interessant amb el llibre i unes declaracions meves.

N'he decidit fer-ne finalment fer-ne jo també una ressenya perquè és una de les novel·les més interessants que m'ha caigut a les mans darrerament. Començo reconeixent, com també diu la Leticia, que no és ni molt menys una novel·la perfecta. Té un ritme lent i contemplatiu, alguns girs argumentals son estranys i està ficats tota l'estona al cap de la protagonista pot acabar carregant una mica. Però això darrer és també un mèrit, perquè transmet molt bé el que és una crisi personal, en aquest cas, la crisi perimenopàusica d'una dona artista (amb un perfil semblant a l'autora) i mare.

Seria un error considerar-lo un llibre "de dones" o "per dones" (etiquetes, d'altra banda, una mica absurdes), perquè la sensació de desconcert i d'estar perdut que comunica és universal. La barreja de drama, comèdia i patetisme està molt ben trobada i fa que t'identifiquis amb la protagonista, encara que no tinguis la mateixa edat (la meva crisi dels quaranta ja fa temps que ha quedat enrere) o sexe. Sí que m'ha semblat diferent a altres històries similars, perquè estic més acostumat a sentir-les explicar als homes (no sé si la literatura de crisi és tradicionalment més masculina o simplement que no havia buscat els llibres adequats), i és interessant veure que a l'altra banda es viu d'una manera igual, encara que diferent.

En resum, un llibre diferent, ben trabat, que requereix una mica de paciència però que recompensa al lector. No he trobat gaire novel·les així, darrerament. Llegeixo que en faran una adaptació televisiva. Els desitjo sort als showrunners...


dimecres, 2 de setembre del 2026

entre llegir una novel·la i veure un eclipsi


ÁLEX SÀLMON
Entre llegir una novel·la i veure un eclipsi
Abril
29|8|2026


Hi ha dues maneres d'afrontar la tornada de vacances: amb la desesperança del retorn a la rutina o amb el confort de retrobar-s'hi. És que som així. N'hi ha per a tothom i el més difícil és trobar el forat que s'hi adapti. La frustració que sempre apareix és descobrir, no sense recel, la quantitat de llibres que ens havíem proposat llegir i que s'han quedat a la maleta. Tinc col·legues que aprofiten per avançar-se al que ha d'arribar i, amb les habituals publicacions no venals de les editorials, es capbussen en el que arribarà a les llibreries. Són costums molt professionals que respecto, però que no practico. Em decanto pels clàssics, els assajos històrics i les novel·les que ja no estan de promoció.

Tornar amb la maleta plena de llibres que ni han obert pot ser un fracàs o una victòria. Probablement vol dir que el seu estiu ha estat ple de gent interessant amb qui perdre's o, simplement, veure un eclipsi, que de simple en té tant com jo de pop, encara que sigui un ésser intel·ligent, com va demostrar Craig Foster en el seu meravellós documental. 

És difícil comparar el plaer de llegir una bona novel·la amb el de contemplar un eclipsi al Matarranya, però els puc assegurar que quedarà a la meva memòria com hi queden les obres que els marquen de per vida. No és exagerat. Qui em va explicar les sensacions que es poden experimentar es va quedar curt. Sobretot al tornar a descobrir, quan se'n va la lluna, que al darrere hi havia el sol. Aquesta nova llum és demolidora. Com la d'un bon final d'una lectura que no volen que s'acabi. Entre vivències lectores i experiències personals, no crec que ningú vulgui viure en una ficció eterna. En tot cas, la tornada al col·le ens torna a situar un cop més al punt de sortida i això significa que tot continua. Bones notícies, doncs.


dimarts, 1 de setembre del 2026

el turisme perfecte


MIQUEL MOLINA
El turisme perfecte
La Vanguardia
15|8|2026


Qui ha viatjat alguna vegada per conèixer els escenaris on transcorre una determinada novel·la sap de sobres que no hi ha turisme més gratificant que el literari. La secció de Cultura constata avui l'auge d'aquest tipus de visites inspirades per la bona literatura. Planificar unes vacances en funció d'una lectura, o una lectura en funció d'unes vacances, genera una doble satisfacció, sobretot quan les destinacions elegides han resistit el pas del temps sense patir grans atemptats urbanístics. La Venècia de Mann o Brodsky; la Gènova de Byron o Mary Shelley; el Dublín de Joyce; l'Edimburg de Stevenson, el Rouen de Flaubert o el Cabourg de Proust són exemples de llocs on encara es poden evocar les pàgines que van inspirar sense haver de fer un extraordinari exercici d'imaginació.

Les ciutats amb un ric patrimoni literari solen treure partit d'aquesta circumstància. És a dir, atreuen un tipus de turisme cultural que, per definició, és més respectuós amb la destinació que visita que el que només busca sol i baixos preus. Entre altres avantatges, el turisme literari descentralitza el flux de visitants molt més que el monumental. Els barris del Raval, el Carmel, el Guinardó, Gràcia o Sarrià, on transcorren passatges molt rellevants de la literatura, tenen molt més interès per al turisme llibresc que la mateixa Sagrada Família. Per a algú que hagi gaudit de La plaça del diamant en alguna de les més de 40 llengües a què ha estat traduïda no hi pot haver millor regal literari que rellegir un capítol a la mateixa plaça que va inspirar Mercè Rodoreda. Llàstima que Barcelona no tingui encara un museu que exhibeixi el relat d'aquesta prodigiosa literatura que han creat autors propis, assimilats i passavolants. Aquest és un dèficit que es podria resoldre —s'hauria de resoldre— quan es construeixi la gran biblioteca pública al costat de l'estació de França.

El turisme literari no necessita, a més, grans infraestructures. A tot estirar, es pot col·locar alguna placa per orientar els més despistats. Però tot el que sigui dignificar el paisatge ajuda a millorar l'experiència. Els lectors que segueixen els passos de Sagarra, Vázquez Montalbán o Ruiz Zafón pels carrers de Ciutat Vella han de concentrar-se molt per no perdre el fil enmig de la sobredosi d'antres de souvenirs o la plaga bíblica de caganers gegants.

dilluns, 31 d’agost del 2026

tanco parèntesi


 





divendres, 24 de juliol del 2026

obro parèntesi



dijous, 23 de juliol del 2026

tancat per vacances

 

MI IRRESISTIBLE TENDENCIA a leer en Internet a gente que me disgusta y con la que no suelo estar de acuerdo. Este dice que cierra su blog durante un mes por vacaciones. Qué alivio.


Iñaki Uriarte. Diarios: 2008 - 2010. Pepitas de calabaza, 2015. P.59.

 

 

dimecres, 22 de juliol del 2026

l'oxímoron de llegir a la platja


DAVID GUZMÁN
L'oxímoron de llegir a la platja
Quadern | El País
5|7|2026


Torna l’estiu i amb l’estiu torna també una de les desventures recurrents de la canícula: la temptativa de lectura a la platja. Si no supera la categoria de “temptativa”, és perquè vuit de cada deu vegades acaben sent intents ben­intencionats que ensopeguen amb la incomoditat ambiental. Diu el mantra de Beckett: “Has fracassat mai? No hi fa res. Torna-ho a intentar, fracassa una altra vegada, fracassa millor”, síntesi perfecta del meu esforç estèril per llegir amb normalitat en un context platgívol. I tanmateix, he conegut gent que se’n surt, individus supradotats que són capaços de vèncer l’adversitat sorrenca i cavalcar heroicament les dunes d’un llibre. En l’enèsima croada per estu­diar-ne els rudiments, m’he lliurat al treball de camp i aquestes són algunes de les coses que he vist, arran de mar, en matèria llibresca.

He vist una nena de quatre anys buidant un cubell d’aigua sobre una novel·la abandonada. He vist dos avis castigant-se les cervicals a la tovallola. He vist poemaris amarats de crema invisible 50 plus. He vist un llibre de Pérez Reverte que ha acabat dins l’aigua i m’ha semblat poètic. He vist un camí de formigues desfilant per una antologia de Salvat-Papasseit. He vist lectors contorsionats amb la mateixa pàgina perdent el temps entre postures. He vist un para-sol amb cites zen de Paulo Coe­lho. He quantificat dotze llibres tancats i seixanta telèfons oberts. He vist una noia amb ulleres de sol que es torçava de riure amb Terry Pratchett. He vist un novel·la sobre castells i un castell fet de novel·les. He vist un adolescent cantant Bad Bunny amb la perícia dels aedes. He vist un senyor que amagava el seu llibre amb paper de diari. He vist lectors en guerra contra l’altaveu de la tovallola veïna. He vist dos americans nostàlgics devorant les seleccions del Reader’s Digest. He vist tres quaderns d’activitats, dos reculls de sudokus i un mòbil que treia fum amb el Paraulògic. He vist l’aterratge precís d’una pilota de volei sobre el rostre impertèrrit d’un lector voraç. He vist un nen emocionat amb els encerts del Duolingo. He vist dos adolescents hiperventilant amb les pàgines més tòrrides d’Alice Kellen. He vist un corsari amb un llibre pirata. He vist una dona ancorada al primer capítol de Moby Dick. He vist un nen que es deia Nicolau perseguint un peix homònim. He vist un poeta que llegia només un llibre antic, sense dubte, ni enveja, ni enemic. He vist un llop de mar amb actitud de Jack London. He vist un pescador buscant l’aurora i un vell mariner escrivint una balada. He vist una escriptora que ens deixa, amor, la mar com a penyora. He vist un príncep que jutjava més noble alçar-se en armes contra un mar d’adversitats i eliminar-les combatent. He vist un vell que pescava tot sol i ja feia vuitanta-quatre dies que no agafava cap peix. He vist un nàufrag que semblava Odisseu però en realitat no era ningú. He vist un replicant replicant el monòleg final de Blade Runner. I he vist també, ça va sans dire, un escriptor que ballava breument la conga.


dimarts, 21 de juliol del 2026

a la pissarra