diumenge, 15 de març del 2026

avui són els idus de març



Segons el calendari romà, no el d'ara, el de quan els romans duien togues i aquelles sandàlies que es van tornar a posar de moda fa uns anys (no es pot llençar res, que tot torna), avui són els idus de març (idibus martiis). Un dia com avui, però de l'any 44 aC, va tenir lloc un dels més cèlebres magnicidis de la història: l'assassinat de Juli Cèsar a mans d'uns quants senadors, entre ells, Brutus, el seu fill adoptiu. 
Qui m'havia de dir (a mi, que només coneixia Juli Cèsar a través de les seves aparicions als Astèrix) que, anys més tard, traduiria al castellà la seva obra més coneguda, De bello gallico, sí home, sí, aquella que comença Gallia est omnis divisa in partes tres. El text més versionat de la història de la traducció amateur.
Tornant al magnicidi, resulta que ens ha deixat la manera més descansada de rebutjar un argument, o de respondre a una crítica, que s'hagi inventat mai. Només cal dir Tu quoque, Brute, fili mi (o, tu també, Brutus, fill meu, si sou més de llatí vulgar), que representa són les paraules que Juli Cèsar va adreçar al seu fill adoptiu quan ja estava més foradat que un colador. I dic representa, perquè em sembla que el tu quoque li devem al guionista de la pel·licula rodada per Joseph Leo Mankiewicz, l'any 1953: William Shakespeare. L'única referència als darrers mots que he set capaç de localitzar la signa Suetoni a De Vita Caesarum, Liber I Divus Iulius, LXXXII, on afirma que el dictador va morir parlant en grec. Καὶ σὺ τέκνον (Kai su teknon, Tu també, fill meu). El cas em porta, inevitablement, a l'Elementary, my dear Watson que Conan Doyle no va fer dir mai a Sherlock Holmes. En fi. 
I després d'haver voltat per uns jardins que no tenia previst visitar, ara hauré de córrer a explicar el meu autèntic propòsit inicial, que no era altre que recordar una novel·la de Thornton Wilder, llegida, fa molts anys, per culpa d'una mestra segura d'encertar amb la recomanació, perquè el llibre en qüestió reuneix dos elements als quals jo no sé dir no: romans i cartes.
Així, doncs, és una novel·la epistolar, on partint de fets i personatges reals, però bastint una ficció que va més enllà de la reconstrucció històrica, Wilder ens fa passejar pels dos anys anteriors a l'assassinat de Juli Cèsar, que és com dir de la fi de la República romana a l'adveniment de l'Imperi. Una de romans.


L'entranyable kit de traductora amateur.

dissabte, 14 de març del 2026

agraïments



divendres, 13 de març del 2026

una de les millors novel·les històriques mai escrites


MANUEL HIDALGO
Los idus de marzo, Thornton Wilder y el asesinato de Julio César
El español
13|3|2021

En la mañana del 15 de marzo del año 44 a.C., Julio César, Dictador vitalicio y Pontífice Máximo de la República, fue asesinado por un grupo de sesenta conjurados cuando acudió a una reunión del Senado. A los pies de la estatua de Pompeyo, su enemigo en la reciente guerra civil, recibió veintitrés puñaladas, una sola de ellas mortal de necesidad, la segunda, en el pecho, según su médico, Antístenes.

Ese día se celebraban los idus de marzo. En el calendario juliano, que el propio César había instaurado, los idus tenían lugar los días 13 de cada mes, con excepción de los meses de marzo —luna llena—, precisamente, mayo, julio y octubre. Eran días de buenos pronósticos, ceremoniales religiosos y fiestas populares.

Los asesinos, considerados por sí mismos como libertadores, querían acabar con el creciente abuso de poder de César y con su presunta pretensión de convertirse en rey y finiquitar el régimen republicano. El magnicidio trajo otra guerra civil, supuso el ocaso de la República y propició la llegada del autocrático Imperio.

En la escena del crimen

Aquella mañana, Julio César (55 años) no se encontraba bien y había decidido no acudir al Senado. Tras una noche de tormenta y pesadillas, Calpurnia, su tercera esposa, había logrado persuadirlo. Los augures no habían encontrado el corazón en los animales sacrificados para evaluar el futuro. Pero los conjurados enviaron a la casa de César a un emisario, Décimo Bruto, que lo convenció de la importancia del cónclave senatorial y del pésimo efecto que causaría su ausencia. Se puso en camino.

Un fiel partidario, el maestro Artemidoro, le hizo llegar un pergamino que contenía los nombres de los juramentados, pero César no llegó a leerlo. "Cuídate de los idus de marzo", le había advertido un adivino. A punto de llegar a la Curia de Pompeyo, César se topó con ese hombre y, ufano, le dijo: "Han llegado los idus de marzo y no ha pasado nada". El adivino le respondió: "Han llegado, sí, pero no han terminado".

Al entrar en la Curia, los conjurados se las ingeniaron, por si acaso, para distraer a su amigo Marco Antonio y mantenerlo alejado de César, que tomó asiento. Rápidamente, fue rodeado por un numeroso grupo que parecía recibirlo con pleitesía y querer formularle peticiones. Tilio Cimbro tiró entonces de su toga por los hombros, lo que sorprendió a César por la falta de respeto que ese gesto entrañaba. Era la señal.

Casca lo apuñaló en el cuello. "Malvado Casca, ¿qué haces?", le espetó César conteniendo su segunda cuchillada. Pero ya las espadas de todos cuantos le rodeaban —Casio Longino, Quinto Ligario y tantos otros— se abatieron sobre su cuerpo. Así lo contó Plutarco (Vidas paralelas), quien precisó que Marco Bruto le asestó un tajo en la ingle.

Julio César, superado por la lluvia de espadazos y sin escapatoria, se resistió al principio, pero luego nada pudo hacer. Se entregó. Según Plutarco, se cubrió la cabeza con su toga al ver cómo Marco Bruto se sumaba a los golpes. Suetonio contó (Vidas de los Césares) que César no pronunció palabra alguna, salvo en el primer instante, mientras recibía las veintitrés puñaladas, pero el historiador anotó que, "ciertos autores han sostenido que, cuando Marco Bruto se le arrojó encima, exclamó en griego: '¡Tú también, hijo mío!'".

Después, César cayó tendido en el suelo. Muerto. Unos esclavos trasladaron el cadáver a su casa en una litera. Por uno de los lados, colgaba un brazo.

"¡La ambición ha pagado su deuda!", hace gritar William Shakespeare a Bruto, tras el asesinato, en Julio César (1599). Fue Shakespeare quien, al recrear en su tragedia (¡Et tu, Brute!) la frase recogida por Suetonio, dio pábulo durante mucho tiempo al persistente rumor de que Marco Bruto era hijo natural de César, habido de sus amores adulterinos —bien ciertos, durante casi veinte años— con Servilia, su madre. Pero tal cosa es falsa, pues Marco Bruto tenía ya unos trece años cuando Servilia y Julio César iniciaron sus duraderos amoríos.

La mejor novela histórica

Las fechas le importaron muy poco al escritor norteamericano Thornton Wilder (1897-1975), autor de Los idus de marzo (1948), que podemos leer en Edhasa, la mejor novela sobre el asesinato de Julio César y, a mi juicio, una de las mejores novelas históricas jamás escritas.

Con gran desparpajo y libertad, Wilder avisa en su introducción que ha mezclado fechas a su antojo, que varios personajes de su novela ya estaban muertos —Clodio, Catulo, Catón el Joven…— en el año 44 a.C., que muchos de los documentos que utiliza son inventados, aunque, eso sí, inspirados en hechos o textos reales de la época o, atención, del presente. Dice que las cartas de los conspiradores se inspiran en las que circularon por Italia contra Benito Mussolini.

Así las cosas, Los idus de marzo, es, sin embargo, una formidable puesta en escena de la época postrera de la República romana y de la figura de Julio César y, con ello, una apasionante novela de intriga y, sobre todo, de ideas, ya que el amor, la religión, el destino, la política, la poesía o la relación entre lo privado y lo público son algunas de las muchas cuestiones de enjundia tratadas en el texto.

Los idus de marzo se compone de cuatro libros. Cada uno empieza antes y termina después del anterior. El primero arranca en septiembre del año 45 a.C. y el cuarto termina el día del asesinato de Julio César, contado literalmente según lo narró Suetonio. Con los poemas de Catulo, ese texto es el único documento real de una narración que agrupa cartas, diarios, informes y misivas o mensajes privados. Todo ello conforma un extraordinario puzle que se sigue sin chistar, con interés creciente y con un gran placer ante la belleza, la precisión, la economía y la potencia intelectual de la prosa de Wilder.

Junto a César, Calpurnia, Servilia, Marco Bruto y los mencionados Catulo y Clodia -¡qué amores, los suyos!-, Cicerón, Cleopatra —que estaba en Roma el día del asesinato— o Marco Antonio son algunos de los rutilantes personajes reales que, junto a otros inventados, conforman el deslumbrante elenco de la trama. Y qué trama, una joya de la relojería, cuajada de perlas en forma de situaciones, pasiones e ideas.

No se pierdan Los idus de marzo, una novela magistral como pocas.

Borges, para terminar

Y sin salirnos de la literatura, esta vez, habrá que recordar también algunas novelas de gusto muy actual que, con ambición de best-seller de calidad apto para todos los públicos, han recogido recientemente la compleja figura de Julio César y las circunstancias de su asesinato.

Me resulta fastidioso, a qué negarlo, que el italiano Valerio Massimo Manfredi tomara prestado el título a Wilder para Los idus de marzo (2008, Grijalbo), su muy pormenorizada novela sobre los ocho días anteriores al asesinato. La desaparecida escritora australiana Colleen McCullough (El pájaro espino), que gozó de mejor suerte entre la crítica, publicó entre 1990 y 2007, Señores de Roma, una serie de siete novelas entre las que al menos tres (Las mujeres de César, César y El caballo de César) se centran en el Dictador. Recordemos que el de Dictador era, en la antigua Roma, un cargo, una magistratura para la que se nombraba, con el consentimiento del Senado, a una persona por un tiempo limitado y con una misión muy concreta.

Si en películas como Julio César (Joseph L. Mankiewicz, 1953) hemos podido ver la escena del asesinato, los pintores también se han ocupado reiteradamente del histórico momento. Me gusta especialmente el gran óleo La muerte de César (1867), en el que el academicista francés Jean-León Gerôme plasmó los instantes posteriores al apuñalamiento. César yace muerto casi en penumbra y en primer término, a la izquierda, junto a su silla caída, y el grupo de los conspiradores, enardecido, espadas en alto, recibe toda la luz y se dirige de espaldas hacia el fondo, hacia la puerta de la calle. ¿Es Marco Bruto, con barba, quien se vuelve y parece "mirar a cámara"?. Y es que la imagen, con movimiento y profundidad de campo, es muy cinematográfica.

¿Y si escuchamos un tango de Astor Piazzolla —celebramos su centenario— y terminamos con su amigo/enemigo Jorge Luis Borges? En su poliédrico libro El hacedor (1960), el escritor argentino incluye una pequeña historia que tituló La trama.

En ella recuerda, dicho sea de paso, que Francisco de Quevedo escribió —no lo dice así— una biografía de Marco Bruto y evoca el asesinato de Julio César —"impacientes puñales"— y su postrera exclamación: "¡Tú también, hijo mío!". Y luego cuenta (la cita es textual) lo siguiente:

"Al destino le agradan las repeticiones, las variantes, las simetrías; diecinueve siglos después, en el sur de la provincia de Buenos Aires, un gaucho es agredido por otros gauchos y, al caer, reconoce a un ahijado suyo y le dice con mansa reconvención y lenta sorpresa (estas palabras hay que oírlas, no leerlas): ¡Pero, che!".

Y finaliza Borges: "Lo matan y no sabe que muere para que se repita una escena".

 

dijous, 12 de març del 2026

la mare que el va parir (amb perdó)


Arallegim. 7|3|2026.

dimecres, 11 de març del 2026

per damunt la neu, lleuger dalt d'un trineu

 

Ara. 18|1|2026

dimarts, 10 de març del 2026

planiana


ENRIC IBORRA
Planiana
Al blog: La serp blanca
26|2|2026


«La literatura. Els escriptors. Hi ha persones que quan tenen una ploma a la mà es tornen diferents del que són habitualment. Volen escriure preciós, ideal i naturalment modèlic. Pobra gent!

Hi ha escriptors que en parlar d’un cavall en diuen un impetuós corser. No és una equivocació. És una bestiesa. El cèlebre Duhamel, les novel·les del qual foren tan llegides i ara —ja fa anys— han desaparegut de la circulació, igual que les de Gide, presenta en una de les seves obres un personatge que en societat fa pets. Duhamel diu que feia «sorolls inexpressius». Error total. En literatura, s’ha de dir la veritat sempre. S’ha de ser, si és possible, una mica Rabelais. Tot fa suposar que Rabelais ha durat i durarà més que Duhamel, predicador humanitarista i fals —dissimulat d’èxit immens. Duhamel fou, naturalment, de totes les Acadèmies possibles i de l’Acadèmia Francesa. Pobre Duhamel! En el moment que Stendhal publicava les seves novel·les, un crític de la seva època, Jacquemont, escriví que les novel·les no valien res perquè el seu autor escrivia com un porter —com un concierge. És el millor elogi que es pot fer d’un escriptor. En la literatura en prosa, s’ha d’escriure i fer intel·ligible la conversa humana, com, diríem, qui escriu a la família! Aquesta és la literatura que persisteix, que està per sobre de les modes, que duren un moment.

Quan s’ha observat i pensat llargament un objecte, una història, escriviu ràpidament: totes les coses supèrflues i inútils queden eliminades totalment. Que la ploma no pugui seguir el vostre pensament. Aquest és el problema. És difícil. Però aquest, és, potser, l’únic camí. Fora d’això, tot és secundari.»

 

Josep Pla. Notes del capvesprol (OC, 35)


dilluns, 9 de març del 2026

llibre d'honor

 


A la biblioteca tenim un d'aquests llibres d'honor on, quan hi pensem, fem signar a les personalitats de reconeguda trajectòria que ens visiten. Hi ha de tot: escriptors, músics, dibuixants, polítics, vigatans il·lustres en general, etc. El 1997, la M. Àngels Anglada va voler deixar testimoni del seu pas per la biblioteca.


_______________

P.S.: El 9 de març de l'any 1930 va néixer, a la Casa Fontcuberta, al carrer de la Riera núm. 25, l'escriptora vigatana Maria Àngels Anglada i d'Abadal. Per això.


diumenge, 8 de març del 2026

itinerari lector


La biblioteca principal de la casa de Lanús tenía un piano negro y muñecas antiguas sobre sillas de cuero, muñecas de piel verdosa y ojos que nunca se cerraban. Podía investigar esos estantes sin interferencias ni censura previa: a mis padres les daba igual o no me prestaban atención.

Estaba formada principalmente por dos colecciones de libros: la Biblioteca Básica Salvat y Club Bruguera. Los de Salvat tenían color por género (narrativa era anaranjada, dramaturgia azul), y los de Club Bruguera tenían cada uno un color distinto. Y estaban numerados. El 1 era A sangre fría de Truman Capote, y era rojo. Las colecciones estaban completas. Mi padre tenía pasión por lo coleccionable: también compraba fascículos para encuadernar y por eso había unas cuantas enciclopedias y diccionarios en la casa, desde Lo sé todo hasta el Larousse.

Con esas dos colecciones me armé un canon de favoritos. En mi formación lectora nunca hubo, y no hay, bibliotecas públicas, librerías o libreros con quienes haya establecido una relación especial o memorable. Mis lecturas empezaron en la biblioteca de casa, siguieron con las lecturas institucionales en la escuela y la universidad y continuaron con una red de recomendaciones por fuera de los lugares tradicionales del libro, entre amigos, revistas no literarias como Caín y Cerdos & Peces, o entrevistas de mis músicos favoritos, que mencionaban qué leían o llevaban remeras con, por ejemplo, la cara de Poe


Mariana Enríquez. «Los transbordadores». A: Archipiélago. Una formación lectora en veintinueve islas. Ampersand, 2025. P. 9.

 

dissabte, 7 de març del 2026

un dels magnicidis més famosos de la història

 

 

En guàrdia!
Els idus de març
04/09/2021
Capítol 860. El 15 de març de l'any 44 abans de Crist, el dia dels idus segons el calendari romà, el Senat va ser testimoni d'un dels magnicidis més famosos de la història. Juli Cèsar, víctima d'una conspiració, va ser encerclat per un grup de 60 senadors i va caure mort després de rebre 23 punyalades. Per als conjurats era un tirà que calia eliminar davant del risc que volgués proclamar-se rei; per altres representants del poble era el líder que necessitava la República, i va ser eliminat per la classe aristocràtica per evitar que dugués a terme el seu un programa de profundes reformes polítiques. En parlem amb Josep M. Solé i Sabaté i Joaquín Ruiz de Arbulo, catedràtic d'Arqueologia de Grècia i Roma de la Universitat Rovira i Virgili i investigador de l'ICAC, Institut Català d'Arqueologia Clàssica.

 

divendres, 6 de març del 2026

el geni de la llengua


SÍLVIA SOLER
El geni de la llengua
Ara
24|2|2026

 

Cada vegada hi ha més editorials que, afortunadament, no es limiten a publicar una obra literària, sinó que també ens ofereixen, en el mateix volum, un regal en forma de pròleg o epíleg o nota del traductor o de l'editor. Són textos extres que ens ajuden a conèixer l'autor o ens el posen en context o s'esplaien en algun aspecte concret de l'edició o de la traducció per fer-nos-la encara més interessant. És un plus, un detall per als lectors, que s'agraeix molt.

És el cas del llibre que ha publicat Edicions del Periscopi i que està cridat a ser un dels títols més destacats d'aquesta primavera literària. Es tracta de la novel·la Punt d'aranya, òpera prima de l'escriptora gallega Nerea Pallares, escrita originalment en gallec.
En aquesta història hi trobem la vida dels mariners, puntes de coixí, narcotràfic, vídeos de TIkTok i llegendes ancestrals, tot teixit i entrellaçat amb l'habilitat de les puntaires. Punt d'aranya ens convida a conèixer el poble de Camariñas, a la Costa da Morte gallega. Quan hi arriba una forastera, l'Ari, per treballar al museu de puntes i fer de guia turística, els vilatans estan trasbalsats per una tragèdia: la mort d'una adolescent al mar.

Aquest és el punt de partida d'una narració que barreja tradició i modernitat, i que ens endinsa en el món sempre misteriós de la Costa da Morte. En aquest cas, el centre de la trama és la rebel·lió de les puntaires, que, empeses pel dolor i la ràbia, arriben a l'extrem de convocar "les aranyes", unes divinitats que, segons la llegenda, estan dotades d'una gran saviesa i d'un poder ancestral.

Quan acabem de llegir Punt d'aranya, Periscopi ens sorprèn amb un regal inesperat: el text "El lloc i la llengua de Punt d'aranya", escrit pel traductor de la novel·la, Eduard Velasco, que ha fet una obra d'orfebreria i ens l'explica. I és així com la novel·la que acabem de llegir redobla el seu interès. "La tradició oral no tindria valor sense la llengua que l'ha creada i que ens l'ha portat fins aquí. La forma i el fons en la literatura són tan indestriables com Galícia, la cultura i la literatura gallegues ho són de la llengua del país", assegura Velasco.

El traductor ens explica que la vitalitat de la llengua a la Costa da Morte es fonamenta en la continuïtat d'hàbits lingüístics que, més enllà de la fonètica, afecten el lèxic i la fraseologia. En definitiva, diu, el geni de la llengua. A l'hora de traduir aquest text al català, Eduard Velasco ha fet un esforç per fer dialogar els personatges en una parla col·loquial però no excessivament dialectalitzada.

No cal dir que tot plegat —la novel·la i l'epíleg del traductor— ens fa establir un paral·lelisme amb el català i amb la cada vegada més precària vitalitat de la llengua genuïna que s'hauria de transmetre de forma natural de generació en generació. ¿Però quants dels nostres joves han heretat i fet seves paraules i expressions dels seus avis?

No sé si en aquesta Catalunya turística i massificada hi queda algun racó com la Costa da Morte.

I, en cas que fos així, si tots plegats —escriptors, parlants i, per descomptat, Govern— estem fent prou per preservar-lo.


dijous, 5 de març del 2026

instruccions per ordenar la biblioteca


CARLOS MAYORAL
Instrucciones para ordenar su biblioteca
JotDown

Es un hecho que el libro físico, ese ser mitológico al que algunos rinden culto, no puede hacer uso de su descanso de cualquier forma. Adquiere otra dimensión al ser mezclado con otros, al verse apoyado en otros, al compartir lomo con otros. Un libro deja de ser simplemente eso cuando recurre al plural. Los bibliófilos de nuevo o de viejo cuño lo saben, y se afanan en recopilar diversos títulos en pos de una biblioteca que satisfaga sus egocentrismos. Es cierto que, con la llegada de los soportes electrónicos, el consumismo de masas amenazó ligeramente a la industria librera. Pero no es menos cierto que, aunque un meteorito capitalista cayese sobre la Tierra, arrasando con su llegada toda edición en papel, aún reptaría por cualquier rincón perdido un coleccionista con su primera edición de Los pazos de Ulloa bien amarrada bajo el brazo. Insisto, estos pequeños seres, inasequibles a la muerte del soporte papel, no tendrían razón de ser si no fuese por la cara colectiva del libro.
Si usted es uno de estos seres, de los que gustan de almacenar libros de tal o cual pelaje, de los que amontonan ejemplares sin leer sobre la mesilla, de los que menean las páginas aspirando el olor que desprenden, de los que valoran una cubierta, una faja o el grosor del papel: bienvenido, este es su texto. Ahora bien, hechas las engorrosas presentaciones, una pregunta se desliza por el párrafo: ¿Cómo ordenar semejante cantidad de libros sin perecer en el intento? Obviamente, para gustos hay ordenaciones, pero estos párrafos se encargan de enumerar algunas opciones que suelen ser las preferidas entre los bibliófilos que pueblan el mundo. Seguramente haya más. Tantas como combinaciones de ejemplares existan. Así que cojan los renglones con pinzas: solo utilizan ordenaciones estándar, perfectas para ser desechadas. Avisados todos, comenzamos.

Clasificación por orden de lectura
Este método es el más romántico de todos, amén del único intransferible. Uno va rellenando su estantería con mimo, ejemplar a ejemplar, día a día, y al volver a un libro está, de algún modo, reconstruyendo lo más oscuro de su pasado. Plegarse al tiempo es plegarse al recuerdo, con la ternura que esto conlleva. Digamos que la búsqueda dentro de esa biblioteca se va convirtiendo en una mirada interior: ¿Qué hice? ¿Adónde me dirijo? Este recorrido pierde el sentido en el momento en que un título pierde peso en tu memoria. ¿Cuándo leí El código Da Vinci? ¿Fue en esta vida o en otra? Y a ver quién lo encuentra entre el polvo que abarrota la memoria, claro.
Ordenación alrededor de Galdós
He seleccionado el nombre de Galdós por tratarse, en mi caso, del autor con más títulos dentro de mi librería, pero cada uno puede seleccionar al autor de cabecera que sea menester. Esta ordenación esconde una oscura obsesión: hay un autor al que siempre vuelves más que al resto, eso es evidente. Ese resto se desperdiga a su alrededor, coincidiendo unos con Misericordia y otros con Miau; unos acarician el lomo de Juan Martín, el Empecinado y otros hacen lo propio con algún guion de teatro del Garbancero. De hecho, a menudo fantaseo con juntar a don Benito y a Valle-Inclán, que se odiaban mutuamente, en la misma balda, y dejar que se aticen sin clemencia. Lo único bueno de este método es que no tiene nada bueno, pero te permite escribir un párrafo hablando de él.
Ordenación alfabética
Un clásico, sobre todo entre grandes almacenes y librerías al por mayor. ¿Por qué? Simple practicidad. Utilizando este método, la aparición de tal o cual ejemplar es rápida y fácil. En este tipo de ordenaciones, esta rapidez suele primar sobre, por ejemplo, la estética. En ella se mezclan colores, tamaños, géneros, temáticas… Todo un batiburrillo que ofrece poca elegancia pero mucha rapidez. En un mundo donde se premia lo efímero, el trago corto, puede parecer una ventaja. El problema llega cuando esta practicidad roza el sacrilegio, y el último libro de Ken Follett se ve obligado a tocarse con el poemario de José María Fonollosa. Creo yo que ser poeta maldito debería de acarrear otro premio más honroso, pero los designios del alfabeto son inescrutables.
Ordenación por colores
Este tipo de ordenación suele ser elegida por aquellos que priman el primer golpe de vista por encima del bien mental. Es cierto que suele estar relacionada con la ordenación por editorial que veremos más adelante, pero esta tiene algo de ruleta rusa, de perder el tiempo inevitablemente buscando aquel ejemplar crítico de la Celestina que ahora necesitas para no sé qué, y de cuyas formas, después de tantas noches, no consigues acordarte. Eso sí, vivimos en un mundo que premia la estética, donde la imagen lo es casi todo. En ese plano, este tipo de golpe cromático tiene una belleza especial. Y además deja en el subconsciente una bonita sensación de mundo artificialmente feliz alrededor del estante.
Ordenación por editoriales
Debo reconocer que esta es una de mis ordenaciones favoritas. Combina los dos criterios hasta ahora expuestos: un cierto orden a la hora de acceder a los títulos y una cierta dignidad estética para las colecciones. Ahora bien, no todo el monte es orégano y hay algún que otro hándicap que no debemos pasar por alto. El primero: ¿Qué hay de ese tesoro que publica una editorial independiente, de esas que solo sacan a la luz dos o tres títulos anuales, y que gracias a tu librero compraste en plena crisis de los cuarenta? ¿Debe perderse entre la monotonía de las grandes colecciones que todo el mundo conoce? El segundo: Este tipo de ordenación exige un determinado conocimiento editorial que no siempre se tiene o se quiere tener. Todo puesto en una coctelera lo hace atractivo, pero no apto para todos los públicos.
Ordenación por género literario
Un clásico entre los clásicos. La novela con la novela, la poesía con la poesía, el teatro con el teatro. Es probablemente el orden natural, el que los dioses eligieron para ordenar sus estantes. Es tan perfecto que me niego a elegirlo. Además, nos encontramos a menudo con esas obras que nadie pudo nunca catalogar: ¿Es la Ilíada simple poesía? ¿La Celestina es novela o teatro? En ese tipo de ambigüedades uno pierde el control. Por otro lado, este suele ser más una especie de primer criterio al que le sigue un segundo, puesto que es tan genérico que prácticamente no ordena. Por si fuera poco, no te permite ocultar los géneros que te avergüenzan. No es lo mismo salpicar tu librería de libros de autoayuda, por ejemplo, que dedicar una balda completa a su exhibición.
Ordenación idiomática
Hay espacio en este texto para políglotas. En un mundo cada día más globalizado, esta opción parece imprescindible. Aunque quizás, con el inglés avanzando sin dejar que crezca la hierba a su paso y con los rasgos culturales norteamericanos poseyendo a nuestros jóvenes cada día con más fuerza, puede acabar engullida por su propio monstruo.
Ordenación por nacionalidad del autor
Similar a la ordenación idiomática, pero con un tufillo nacionalista muy rancio.
Clasificación decimal universal
La CDU es un estándar de ordenación universal que nació a fines del xix ideado por quién sabe quién. Esta clasificación se basa en una tabla donde supuestamente tienen cabida todas las áreas de conocimiento posibles, y en función de ella se van colocando los distintos títulos en las librerías de medio mundo. Este es el principal problema: la despersonalización. Saber que, de contar ambos con los mismos gustos, tu librería hubiera estado colocada exactamente en el mismo orden que la de tu vecino nos convierte en meros autómatas, incapaces de amar, de sentir. Si quieren una opinión personal: yo digo no a la CDU.
A merced de un documento
Hay quien, en un arrebato terrible de mecanicismo, escribe un inventario de los libros que guarda para acceder a ellos con más orden. Como una máquina sin capacidad para sentir, saca su inventario cada vez que te presta un libro sin sentir aquello que siempre marca a un buen amante de los libros: el miedo a que no te lo devuelvan. Alguien debería hacer algo con estos seres, cuadriculados y grises como un lunes de febrero.
El más absoluto caos
Este método de ordenación cuenta con el encanto del desaliño. Además, demuestra pasión por la lectura. Cuando uno se encuentra con una casa en la que los libros se amontonan unos sobre otros, con filas desperdigadas por toda la profundidad de la estantería, no puede evitar pensar: si fuera postureo, no permitiría este desorden. Hay pasión en el caos, eso por supuesto. Y, por si fuera poco, guarda otro encanto. Dada la dificultad que impone a la hora de buscar, este método implica que durante esa búsqueda uno se encuentre con joyas olvidadas, como una especie de segunda oportunidad con el amor que perdiste cuando no estabas preparado. La mayoría de caminos bibliófilos desembocan en este hábito organizativo.
Que decida el instinto
Es un poco como el caos, pero con un matiz: el lector cree recordar dónde se almacena cada ejemplar. Digamos que se da cita con este método una especie de instinto que guía al coleccionista y lo conduce a través de las distintas ediciones sin que haya una explicación racional para ello. Este tipo de ordenación suele acabar en ejemplares perdidos, desconfianza en nuestro impulso y, más allá, el desastre total.

dimecres, 4 de març del 2026

l'anna guitart recomana els idus de març


Per poder-lo veure heu de tenir Ecs! (antic Truiter) i clicar aquí

dimarts, 3 de març del 2026

la literatura impacient


SARAY ENCINOSO
La literatura impacient
Abril
21|2|2026

Tots tenim algun llibre que se'ns va entravessar. Un clàssic que havíem de llegir i les pàgines del qual se'ns van resistir durant dies. Si jo hagués de triar una novel·la que complís aquestes característiques, retrocediria fins al neu tercer any de carrera i em veuria llegint Moby Dick al meu pis de Sevilla. Entre tanta descripció de barcos, tipus de balena i estris per caçar-la, em costava avançar en la història de l'Ismael. Em sentia atrapada en un bosc espès, d'aquests on trobar la llum que es filtra entre les branques exigeix tanta paciència que venen ganes de desistir i entregar-s'hi. O, el que és el mateix, de tancar el llibre.
He tornat a aquell instant escoltant la conversa que van mantenir Inés Martín Rodrigo i Álex Sàlmon amb l'escriptora mallorquina Carme Riera a Llibres i Coses, el videopòdcast del suplement Abril. Ella explica com, en les seves últimes classes a la universitat, ja va notar un canvi profund en la manera de llegir dels seus alumnes. Si ella els proposava com a lectura La desheredada, de Benito Pérez Galdós, ells es queixaven de l'excés de descripcions i li demanaven una alternativa. «A les novel·les d'ara —deia—, sobretot en les d'escriptors joves, el que trobes és diàleg, diàleg, diàleg; tant diàleg que apareix algú, diu bona tarda i l'altre li contesta bona tarda».
Solem atribuir aquesta transformació al domini de la imatge, i una mica de raó hi ha en això. Les imatges han modificat la nostra manera d'escriure i llegir, fins i tot han alterat la nostra imaginació. Però de vegades em pregunto també fins a quin punt ha sigut decisiu el ritme de vida que portem. Les novel·les del segle XVIII i XIX no tornaran. Les històries de Herman Melville, en les quals l'acció es veu interrompuda per llargs fragments més propis d'un manual o d'un llibre d'història natural, semblen no tenir lloc en el nostre present. ¿Quins recursos estilístics substitueixen avui les descripcions? ¿Què perdem i què guanyem amb tant diàleg?
Deia Carme Riera en la mateixa conversa que ella no està d'acord que una imatge valgui més que mil paraules. Al cap i a la fi, una imatge és només aquesta imatge; les paraules, en canvi, volen. Ens porten a llocs diferents a cada lector, a cada escriptor. De vegades em costa connectar amb els personatges que em presenten alguns autors joves i sospito que aquesta distància té a veure amb l'escassa importància que donem a descriure llocs i persones. Les seves històries són potents, àgils, embolcallants, però trobo a faltar un retrat més detallat d'ells i dels llocs que habiten. Trobo a faltar aquesta tasca de topografia literària i aquest convenciment que l'espai també és un personatge.
No vaig llegir Moby Dick perquè cregués que l'havia de llegir. Ho vaig fer perquè algú ho va decidir per mi: la professora que llavors impartia l'assignatura de Crítica Literària. Em va costar. Alguns capítols els vaig llegir en diagonal. Però vaig acabar entregant la meva ressenya. Ho agraeixo per raons òbvies, també per estirar la meva paciència. Això no ha impedit que avui sigui lectora dels nous miniformats que moltes editorials s'han afanyat a publicar i que em permeten aproximar-me a temes sobre els quals tinc curiositat, tot i que encara no passió. Són, probablement, una altra resposta a com, quan i fins i tot per què llegim. Tant de bo no siguin l'única manera de fer-ho. No vull viure molt de pressa, ni llegir molt de pressa, com si estigués immersa en una gimcana lectora que no sé on condueix. Ja sé que la vida de vegades s'assembla a això, a córrer per un bosc fosc, sense temps ni calma per buscar la llum. Però la llum sempre apareix, moltes vegades en forma d'espurnejos, i per veure'ls cal aturar-se.