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dijous, 15 de gener del 2026

allunyeu els llibres dels bibliotecaris


Una mujer ha estado diez minutos curioseando por la librería y luego me ha contado que es una bibliotecaria jubilada. Sospecho que se ha pensado que esto creaba un vínculo entre nosotros. No es el caso. Por lo general, a los libreros no nos gustan los bibliotecarios. De cara a tasar un libro, este debe estar en óptimas condiciones y no hay nada con lo que disfrute más un bibliotecario que con coger un libro impecable y cubrirlo con sellos y pegatinas, y esto antes de plastificar la cubierta con el objetivo de protegerlo del público (sin ánimo de sonar irónico). El sacrilegio final que sufre un libro que ha estado bajo el cuidado poco fiable de una biblioteca pública es ver cómo le arrancan la página en blanco de la parte delantera y le estampan un sello de DESCARTADO en la página donde pone el título, antes de permitir que el público tenga la oportunidad de adquirirlo en forma de saldo. El valor de un libro que ha pasado por el sistema bibliotecario suele ser cuatro veces menor del que no lo ha hecho.

Shaun Bythell. Diario de un librero. Traducció de Antonio Lozano. Malpaso, 2018. P. 278.


dijous, 8 de maig del 2025

el públic


Al concierto de piano de la señorita López faltó tanta gente que si llega a faltar uno más no cabe.
Macedonio Fernández


Cadires buides

Un autor sense públic està totalment indefens, un polític sense públic esdevé absurd

 18 JUN 2014 - 16:55 CET

Quanta gent hi havia, a l’acte? Dinou, vint-i-tres, trenta-vuit ànimes, contestem. La cosa està tan negra que ja comptem els individus. I és que el públic, el públic de veres —no la família, no els amics, no els alumnes, que hi van perquè una pistola els apunta la templa—, el públic de veres, dic, és escàs, esquiu, imprevisible. El públic se’n fot, dels nostres actes. Tant fa que siguen gratis. No és aquest, el problema. Al públic li agrada allò que és gratis: no para de veure pel·lícules i de llegir llibres pirates, però al públic se li’n fot les nostres presentacions de llibres, els nostres concerts, les nostres conferències o mítings. Passa, de nosaltres. I nosaltres, que sovint el menyspreem tot i formar-ne part, el desitgem amb ànsia. Un acte públic sense públic és un fracàs, una catàstrofe. Els músics clàssics o els contemporanis, els poetes o els assagistes, els qui fan cinema o teatre d’autor, miren les cues que es fan per veure un sainet, una sessió de playback, un partit de futbol, i, amb ràbia, es pregunten: I el meu públic? On és? No me’n meresc jo un, també?...
Hi veig dues opcions. La primera és crear un ofici nou: l’ofici de públic. Ara que, per desgràcia, tanta gent s’ha quedat sense feina, podríem muntar empreses que, a un preu mòdic, proporcionen públic als esdeveniments. “Quantes unitats vol?”, caldria preguntar a l’organitzador de l’acte. Vint, per exemple, si és un recital poètic. Cinquanta, si és un concert. Etcètera. Per a ser públic no cal massa formació, n’hi ha prou de no badallar ni adormir-se mentre dura l’acte i de saber aplaudir quan toca. Un germen del que dic ja ho són els públics que omplin platós de televisió o que fan de fons mentre actua un polític. No invente res, ho sé; només intente sumar. Vet ací la primera opció. I la segona? La segona és imitar el públic, copiar la seua actitud: si ell ens ignora, ignorem-lo. No és el nombre d’assistents, allò que fa bo un acte. Cap multitud no em convencerà de l’excel·lència d’alguns bunyols suposadament artístics, ni de la superioritat de l’esport sobre les creacions intel·lectuals.
Vivim l’època Decathlon. A la gent li ha pegat per córrer, i per fer-ho amb una indumentària altament qualificada. Els qui encara fem esport amb samarretes de cotó velles i sense pulsòmetre ni auriculars som uns fòssils. Mana el públic. És qui marca tendència. Un autor sense públic està totalment indefens, fins i tot davant del seu editor, que, el pobre, també ha de fer quadrar números. Un polític sense públic esdevé absurd. Ara fa set anys, vaig viure una experiència reveladora. Vaig viatjar a Barcelona per presentar un llibre meu. Euromed, hotel, etcètera. Com que no sóc un geni parlant en públic, vaig haver de preparar-me el discurs a consciència. Doncs bé: no hi assistí ningú, a l’acte. Ningú. Ni qui havia de presentar-me, ni tampoc la responsable de l’organització. Ningú. Només jo i —pobre, quin paperet— un xicot a qui li havien carregat el mort d’atendre’m. Un centenar de cadires buides davant meu m’acusaven, amb el seu despietat silenci, de ser un fracassat. Una experiència important. Des d’aleshores, tots els actes en què he participat m’han semblat multitudinaris. Tan roí era el meu llibre? No ho sé. Sóc incapaç de valorar les coses que faig. De tan a prop que les tinc, les veig borroses. En tot cas, en portem vuit, d’edicions, i uns quants premis. Al capdavall s’ha fet, ves per on, un públic. Un públic nombrós. Molt més del que podria cabre en cent sales com aquella.



El País. Quadern. 18 JUN 2014

dimarts, 15 d’octubre del 2024

de biblioteques i bibliotecaris

 

[...] La biblioteca puede alterar su función con el paso del tiempo al igual que puede cambiar lo que los demás le exigimos. Las bibliotecas son unas instituciones tan antiguas que han visto nacer y sucumbir civilizaciones, han sobrevivido a profundos cambios sociales y culturales, por lo que no tiene nada de extraño que de vez en cuando sufran una cierta crisis de identidad. Han sido de todo, tal vez demasiadas cosas en un espacio de tiempo relativamente pequeño: templos, museos, almacenes, gabinetes de curiosidades, lugares de estudio, colecciones, instrumentos de construcción nacional y ahora parecen simples nodos de una red ilimitada...

[...] La biblioteca del futuro será, ya lo es, en buena medida digital, multimedial, nudos de accesibilidad a bases de datos, servidores de conexión universal, pero no parece que vaya a disolverse en la pura virtualidad; seguirá habiendo libros y lugares para leerlos. Con esto no expreso ni un deseo ni una nostalgia. Hay en ello también una razón de «economía» de la búsqueda. Nuestras clásicas bibliotecas materiales no se disolverán en la biblioteca virtual universal por una razón de economía, pero no de dinero, sino de atención y tiempo. La inmaterialidad y fluidez de la información digital no exige espacio físico, pero reclama tiempo. Las bibliotecas y los lectores se han enfrentado siempre a las limitaciones del espacio, a la dificultad de hacer un lugar para todo lo que parece digno de ser conservado; en el universo digital el límite más obstinado tiene que ver con el tiempo, concretamente con el que podemos emplear para leer lo que merece ser leído, un tiempo limitado que nos sigue obligando a seleccionar y a que haya mecanismos, instituciones y profesionales que nos faciliten esa selección. Esta será la tarea fundamental de las bibliotecas y sus profesionales del futuro.

[...]  ¿De qué modo influye todo esto en el oficio bibliotecario? ¿Qué podemos esperar de quines se dedican a ello?

En una época de austeridad, preguntarse para qué sirve un bibliotecario tiene inevitablemente aires de amenaza. El mero hecho de plantear esa pregunta parece el preámbulo de algún recorte. Recuerdo haber leído que en Reino Unido se procedió hace años a examinar la organización de su ejército y sus posibles disfuncionalidades. Quien hacía el estudio descubrió que junto a sus baterías de costa había siempre dos soldados que no hacían nada, pero que estaban previstos desde siempre para sujetar a los caballos cuando se asustaran por el ruido del disparo, y allí continuaban aunque hacía mucho tiempo que habían desaparecido los caballos de esas instalaciones militares. Los cambios, las máquinas y los nuevos procedimientos siempre han suscitado el temor de la propia inutilidad. [...] Pienso, por el contrario, que la mejor defensa que puede hacerse del propio oficio, cuando la aceleración de las cosas amenaza con volverle a uno completamente intútil, consiste en descubrir qué puede hacerlo necesario en las nuevas circunstancias.

Por lo demás, tratándose de un oficio tan antiguo, no tiene nada de extraño que quienes trabajan como bibliotecarios y bibliotecarias se vean asediados por una perplejidad paralela a las transformaciones que han ido experimentando las propias bibliotecas: han sido sacerdotes, soldados, funcionarios, almacenistas, virtuosos de las nuevas tecnologías...Los bibliotecarios han tenido que ir reinventando su oficio en múltiples ocasiones: cuando se secularizaron muchas instituciones, con la llegada de la Ilustración, al surgir la moderna división del trabajo, cuando se especificó su profesión y dejaron de ser al mismo tiempo escritores y académicos, cuando los pusieron al servicio del Estado como funcionarios...

[...] Hay una contradicción en el oficio bibliotecario, un equilibrio inestable que siempre me ha parecido digno de admiración: conseguir que los libros sean asequibles y protegerlos del daño que pueden causarles sus lectores. Pero hay otra aparente contradicción que todavía resulta más extraña, seducidos como estamos por la posibilidad de que el mundo se organice sin mediaciones: están al servicio de la accesibilidad, pero para hacerla real tienen que reducir su alcance. Cuando un bibliotecario o una bibliotecaria alejan o esconden ciertos libros para que otros nos resulten más accesibles, cuando seleccionan, destacan o recomiendan, formalmente están haciendo algo muy parecido a lo que pretendieron los enemigos de los libros, pero así consiguen lo contrario que aquellos fanáticos: protegen el libro de los saqueadores y nos protegen a nosotros de su excesiva cantidad.


Daniel Innerarity. La sociedad del desconocimiento. Galaxia Gutenberg, 2024. P. 122-128.


diumenge, 2 de juny del 2024

escriptors


La gran diferencia entre un escritor y un trabajador de la escritura (o un escritor profesional) es que el escritor profesional controla su obra. Se pone al servicio de la demanda. Que la novela no sea muy breve, pero tampoco muy larga, que se adecúe a un género, que no haya demasiados diálogos, que sea latinoamericana, pero no del todo. Ese escritor inspecciona su escritura subido a una torre de control y con el agente literario al teléfono. En cambio, el escritor no profesional no puede controlar su corazón, tiene que hacer el libro que tiene que hacer, hasta las últimas consecuencias. Tiene que escribir lo que tiene que escribir. Aunque no sea el libro que le conviene, aunque destruya su figura de autor, aunque no sea lo que se espera de él, aunque le adviertan que así no tendrá muchas traducciones ni premios. Y, sobre todo, aunque lo puedan cancelar. La misión de la literatura no es separar al verdugo de su víctima o juzgar quién debe ser condenado a muerte, sino transgredir. Un poco como los que trabajan con material explosivo: nunca saben cuándo finalmente va a fallar y a explotarles la granada despedazándoles una mano.


Ariana Harwicz. El ruido de una época. Gatopardo, 2023. P. 35.

 

dimecres, 8 de febrer del 2023

grans dames de la biblioteconomia


 👉 Play

LOS GREMIOS
Los mitos de las bibliotecarias
La directora de la Biblioteca Gabriel García Márquez, Neus Castellano, y directora de la Biblioteca Sant Pau y Santa Creu, Virginia Cierco, desmienten en 'Julia en la onda' los mitos de las bibliotecarias, a las que se asocia con señoras mayores con moño tirante, gafas y que mandan callar constantemente.

ondacero.es
31.01.2023 18:50

dimarts, 15 de setembre del 2020

caro diario


Cuando veo, al empezar el curso, todos esos libros necios que invaden las librerías y que al cabo de unos meses solo sirven para venderse al peso...De todos esos libros que te asaltan a centenares, el noventa por ciento solo sirve para envolver sardinas. Para las bibliotecas son una calamidad. Los peores son los libros exprés, los libros de actualidad: se encargan, se escriben, se imprimen, se televisan, se compran, se retiran, se destruyen. Los editores deberían poner la fecha de caducidad al lado del precio, ya que solo son productos de consumo. No, en serio, la vuelta de las vacaciones en la sección de literatura no es lo mío. [...] Los lectores nos agobian todos los días para conseguir el último libro del que han oído hablar la víspera en la radio. Exigen que estén disponibles en la sección inmediatamente. Hay que resistir, moderar. De las obras que salen en otoño hay que seleccionar un puñado que resulten dignas de figurar en nuestras estanterías. Es un trabajo de titanes. Un trabajo agotador. Que, de hecho, ya nunca se hace. Porque yo soy de las que, por mucho que esta mentalidad se haya perdido en aras de la democratización cultural, yo soy de las que piensan que la entrada de un libro en la biblioteca debe ser todo un reconocimiento. Una distinción. Una grandeza. Que la bibliotecaria debe aportar un suplemento de cultura a los lectores, eligiendo a conciencia entre la marea de la industria del libro. Hay que protegerse...

Sophie Divry. Signatura 400. Traducció de María Enguix Tercero. Blackie Books, 2011. P. 62-64.

dimarts, 5 de maig del 2020

l'epiloguista


«UN PROLOGUISTA és com un venedor de pisos: ha de lloar la claror de les habitacions, encara que no n'hi hagi; ha de dir que l'espai està molt ben aprofitat, encara que tot siguin corredors i raconeres; i ha d'assegurar que el barri és tranquil i sense soroll, encara que l'apartamentet, mal anomenat loft, doni a la plaça del Sol de Gràcia. Després, un cop el lector ha viscut a l'espai del llibre i hi ha sigut feliç o desgraciat, ja és massa tard per queixar-se al venedor o per donar-li una propina: ja no hi és.
Un epiloguista, en canvi, és com un metge, però no a l'hora de guarir, sinó en el moment de fer un diagnòstic: a partir de dos o tres símptomes ha de raonar davant de quina malaltia ens trobem, i que sovint no és la que esperàvem, sinó una de tropical o de venèria.
Són dues maneres molt diferents d'encarar la vida: el prologuista ha de tenir, en molts casos, fusta de mentider; a l'epiloguista li exigim sobretot rigor i imaginació. Rigor, perquè no ens pot enganyar, ja que sabem exactament  quins són els símptomes. Imaginació perquè, si acabem de llegir el llibre, ¿què més hi pot afegir aquest torracollons que, canviant ara bruscament de metàfora —tal com ens van ensenyar les avantguardes—, s'ha posat a la porta de l'últim vagó i no ens deixa baixar a l'andana?
Ja veieu que la meva feina no és fàcil. He de fer veure que encara puc afegir alguna cosa quan tot ja ha estat dit. Vejam, doncs.»

Epíleg de Xavier Lloveras a: Albert Roig. I pelava la taronja amb les dents: Ars amandi. Edicions 62, 2004. P. 123.

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P.S: Xavier Lloveras és aquest senyor. I aquesta, la seva llibreria.

dijous, 23 d’abril del 2020

no et facis mai llibreter


Una fotografia del grup de Bloomsbury.
D'esquerra a dreta: un desconegut, David Garnett, Vanessa Bell,
Oliver Strachey, Dora Carrington, Duncan Grant i Barbara Bagenal.

«El librero es, en nuestros días, el hombre de corazón más generoso y alguien con más paciencia que un santo. Trabaja a destajo por unos exiguos beneficios, se pasa la mitad del tiempo dando consejos gratis a toda la gente de su ciudad: viene a ser el burro de carga en el sector del libro. No ceja en su empeño de vender los libros que escribo. Cuando pienso en lo que esto significa, le agradezco a mi estrella el que ahora sólo tenga que escribirlos. 
Oigo ahora a mis hijos en el jardín, llamándose el uno al otro. Cuando llegue el momento, ¿les daré el mismo consejo que me dio mi padre?
«Nunca intentes escribir. No te dediques nunca a la edición o al comercio del libro.»
Y yo añadiré: «Sobre todo, nunca te hagas librero. Esto es lo peor de todo: el trabajo más duro y el peor pagado.» Con todo, algunas veces desearía volver a estar en la tienda. Era muy divertido. Uno no paraba de conocer gente interesante y siempre había con quien conversar agradablemente. Claro que yo tenía de socio a Birrell.»

David Garnett. Nunca te hagas librero. Ariel, 2007. Edició no venal.

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P.S.: Sembla ser que la llibreria de Birrell (nét del poeta Alfred Tennyson) i Garnett estava situada al 19 de Taviton Street. Després es van traslladar al 30 de Gerrad Street. No he set capaç de trobar-ne cap imatge. Ni d'esbrinar si l'establiment continua dempeus.

dimarts, 14 d’abril del 2020

l'ofici dibuixa les persones


L’ofici com a desllorigador de la persona. El bibliotecari de Sant Feliu ha enviat un correu als participants del meu grup de lectura dient-los que el reprendrem. Al mail també dona el seu telèfon personal per si algú necessita res. Va a comprar per una usuària gran de la biblioteca que té por de sortir.
A l’altre extrem, hi ha bibliotecaris que tot són problemes. Diuen que no poden fer servir el correu electrònic per contactar amb els usuaris perquè ho tenen prohibit. No podran continuar el grup de lectura. Com un vestit, l’ofici dibuixa les persones, especialment per com són de submises amb el poder i, doncs, com són d’autoritàries. La submissió al poder generalment és l’excusa: a dalt de tot de tot no hi ha ningú, el rei s’escuda en Déu. El poder és una cadena de vassallatge a la irracionalitat. L’ofici és una participació en el poder...

Toni Sala. L'emergència (5). 24|3|2020. Aquí, totes les emergències.

dimecres, 6 de novembre del 2019

l'ordenador de biblioteques


ARTURO CHARRIA
Ordenador de biblioteques
El espectador
31|10|2019

Mi primer trabajo fue como ordenador de bibliotecas. Federico, que trabaja como librero algunas tardes y los fines de semana, fue quien me dio la idea. Me dijo que se había dado cuenta de una particularidad de ciertos clientes: “Hay personas que compran libros que creen tener en su biblioteca, pero no los encuentran cuando los buscan. Podemos montar un negocio ordenando sus bibliotecas. Yo consigo los clientes y usted las ordena los fines de semana”.
Pasaron varias semanas hasta que un día, en medio de una clase de Poesía Francesa, me susurró que tenía noticias de “nuestra empresa”. En el pasillo me habló de Jorge: “Es un empresario o algo así. Va mucho a la librería, a veces hasta dos veces por semana. En ocasiones solo camina entre los estantes repasando con curiosidad títulos o portadas que le llaman la atención. De repente toma un libro y nos pregunta si lo hemos leído o conocemos al autor. Cuando se encuentra con uno querido lo saca, se queda un rato mirándolo, comienza a leer las primeras páginas y dice que lo leyó hace muchos años, pero no lo encuentra en su biblioteca”. Me dijo entonces que debía ir el sábado a casa de Jorge y me dio su dirección: un edificio a pocas calles de la librería en donde trabajaba Federico, al norte de la ciudad.
Nos despedimos y, con la excusa de buscar un libro, entré a la Biblioteca Central. Caminé por los pasillos del piso de literatura viendo el orden en que se encontraban. Aunque descifraba cierta ley en la forma en que estaban expuestos, me parecía complejo aprender esa tipología de códigos. Pensé en mi propia clasificación y me di cuenta que no había un orden preciso. Recordé otras formas, como la de Diego, que creaba una paleta de colores con ellos: naranjas, negros, verdes.
Llegué al apartamento de Jorge. Pensé que iba a encontrarme con montones de libros apilados caóticamente uno sobre otro o inestables torres de volúmenes que se vendrían al piso con una ráfaga de viento. Pero no fue así. Todo estaba limpio, iluminado y ordenado. Olía a café recién hecho y sonaba música a bajo volumen: parecía blues.
“Mucho gusto, me llamo Jorge Aristizábal”. Comenzamos a hablar de literatura. Vi que estaba leyendo un libro de Enrique Vila Matas y eso me dio oportunidad para hablar de otro que había leído del escritor catalán: París no se acaba nunca. Se paró y lo sacó de su biblioteca. “Es una suerte saber dónde está este”, dijo riéndose. Observé que tenía bibliotecas hechas a la medida del apartamento distribuidas por toda la casa. Lo abrí y por la fecha me di cuenta de que lo había comprado hace poco. Me corrigió: “No. Yo no les pongo la fecha en que los compro, sino cuando los termino”.
–Ese es el orden, –dije inconscientemente.
Le expliqué que ordenaríamos su biblioteca según las fechas en que había terminado sus libros, como una pequeña autobiografía lectora. La tarea duró seis tardes de sábado, desmontando estantes enteros para hacer montañas con décadas de lectura.
Hubiera podido terminar el trabajo en dos días, pero siempre había libros en los que Jorge se detenía. Mientras subíamos y bajábamos volúmenes, él recordaba viejos amores, viajes y tristezas que descifraba entre los subrayados. De repente, buscando la fecha de lectura, caían viejos pasajes de avión o fotografías que usaba como separador. En una oportunidad cayó una foto de él junto a una mujer. “Es Diana”, me dijo. Esa tarde no acomodamos más libros; fue a la cocina y regresó con dos vasos y una botella de whisky.
Al terminar de a me dijo que había un montón de libros que no quería, tomé varios y me llevé, sin que se diera cuenta, uno de esos que tenía repetidos. No pensé que fuera un robo, sino una forma de recordarlo. Se trataba de una edición rústica de Sostiene Pereira de Antonio Tabucchi.
Años después, en mi apartamento, le mostré una pequeña sección de libros que he extraído de bibliotecas de mis amigos y le mostré el de Tabucchi.
– Espero que lo haya leído. –me dijo.
Le mostré la primera página y ahí estaba la evidencia: Bogotá, 26 de septiembre de 2006, pocos días después de haber terminado mi primer trabajo como ordenador de bibliotecas.

dijous, 30 de maig del 2019

més biblioteques que macdonald's


Susan Orlean: «En Estados Unidos hay más bibliotecas que McDonald’s»
Publicado por Jelena Arsić
Jot Down

Redactora de The New Yorker, sus artículos destacan por analizar aspectos de lo cotidiano en los que nadie ha reparado. Susan Orlean (Cleveland, 1955), autora de El ladrón de orquídeas, un reportaje llevado al cine y protagonizado por Meryl Streep, The Bullfighter Checks Her Makeup y Saturday Night, entre otros, ha presentado en Kosmopolis 2019 su último trabajo, La biblioteca en llamas (Temas de hoy, 2019). Un gran reportaje en el que investiga el incendio de la biblioteca municipal de Los Ángeles en 1987. Una crónica que sirve no solo para abordar las causas del incendio, sino también para mostrar la vida cotidiana en la biblioteca tanto de hoy como del pasado. Un pequeño universo apasionante.   

[...] Citas el caso del mánager de la biblioteca de LA, que aparte de gestionar el catálogo del centro, al final también está al frente del único lugar donde los sin techo pueden encontrar acceso libre a internet y un refugio.
Sí, no creo que cuando estudies la carrera de Bilbioteconomía, cuando aprendes cómo organizar una biblioteca, estés pensando en que tendrás que ver qué hacer cuando un homeless se esté duchado en el baño de la biblioteca. Hay un enfoque sobre lo que significa llevar una biblioteca como espacio público. Lidiar con esos problemas ocupa gran parte del trabajo diario de quien está a cargo, sobre todo en ciudades tan grandes. Te enfrentas al comportamiento de la gente, a la seguridad, al temor de los usuarios que no se sienten cómodos al lado de alguien que parece que está sucio. Otro tema son los chiches, es algo a lo que no les gusta dar publicidad, pero están fumigando la biblioteca constantemente porque la gente que entra trae chinches de los refugios. Lo llevan con toda la sutileza que pueden, porque no quieren que nadie deje de ir por esto, pero buena parte del presupuesto a lo que se va es a desinfectar chinches. También tienen que preparar a los empleados para tratar con personas que tienen enfermedades mentales. Las bibliotecas no deberían convertirse en refugios para indigentes, entiendo yo, pero se merecen nuestra gratitud, respeto y apoyo porque lo son en cierta parte. Y eso debería traducirse en aumentar sus presupuestos y sus empleados.

Aquí, l'entrevista completa.
Llegiu també ----> el dia que los angeles va perdre un milió de llibres.

divendres, 19 d’abril del 2019

un artista citador


Había llegado a ser un artista citador gracias precisamente a que de muy joven no lograba avanzar como lector más allá de la primera línea de los libros que me disponía a leer. La causa de tanto tropiezo estaba en que las primeras frases de las novelas o ensayos que trataba de abordar se abrían para mí a demasiadas interpretaciones distintas, lo que me impedía, dada la exuberante abundancia de sentidos, seguir leyendo. Aquellos atascos, que por suerte empecé a perder de vista hacia los dieciocho años, fueron seguramente la base de mi posterior afición a acumular citas, cuantas más mejor, una necesidad absoluta de absorber, de reunir todas las frases del mundo, un ansia incontenible de devorar cuanto se pusiera a mi alcance, de apoderarme de todo lo que, en momentos de bonanza lectora, viera yo que podía ser mío.
En esa ansia por absorber, o por enviar a mi archivo todo tipo de frases aisladas de su contexto, seguí el dictado de los que dicen que un artista lo absorbe todo y que no hay uno solo de ellos que no esté influenciado por algún otro, que no tome de algún otro lo que pueda si le hace falta. Absorber y absorber, y ante todo huir de las malas horas y de los malos tragos: ése fue mi lema cuando empecé a lograr liberarme del problema de los atascos en las primeras frases de los libros.

Enrique Vila-Matas. Esta bruma insensata. Seix Barral, 2019.


dimarts, 9 d’abril del 2019

de gripaus i escriptors


CARLES CASAJUANA
De gripaus i escriptors
La Vanguardia
8|4|2019

Un amic em recrimina que, en alguna ocasió, he escrit que en aquest país viuen –o malviuen, més sovint– del negoci editorial els editors, els crítics, els correctors, els traductors, els llibreters, els agents, però no els escriptors, que ens veiem obligats majoritàriament a exercir altres professions.
–¿De què et queixes? –em pregunta–. Com a diplomàtic, has pogut escriure sense preocupacions econòmiques i, a sobre, has voltat per tot el món i has pogut viure situacions que molts pocs escriptors tenen a l’abast. No em diguis que hauries preferit dedicar-te només a escriure.
Té tota la raó: no tinc cap dret a queixar-me. He estat de sort i, si pogués, tornaria a triar la vida que he fet, sens dubte. Però jo no ho he escrit mai com a queixa. M’he limitat a assenyalar una característica de l’ofici de les lletres en aquest país, d’altra banda ben coneguda. És a dir, una obvietat. I ho he fet sempre sense amargor.
Personalment, no he lamentat mai no poder escriure a temps complet. En aquest punt sóc més aviat de l’escola del gran poeta anglès Philip Larkin, del qual parlava en aquesta mateixa pàgina no fa gaire, que va dedicar dos poemes memorables a explicar per què no es va voler professionalitzar mai i va preferir dirigir la biblioteca d’una universitat de províncies.
Tots dos ofereixen una visió molt poc romàntica de la qüestió. En el primer, Toads, escrit l’any 1954, als trenta-dos anys, Larkin planteja l’assumpte en uns termes encara defensius. La vida és una merda –life stinks, diu– perquè, per anar fent, ha de treballar sis dies a la setmana. Compara la feina de bibliotecari amb un gripau (en anglès, toad) que li empastifa l’existència amb les seves exigències. “¿No hi ha gent que viu sense pencar i no passa gana? ¿Per què no ho puc fer jo?”, es pregunta. Ell es resigna a treballar –conclou– perquè, fet i fet, hi ha en ell mateix una certa qualitat de gripau que li impedeix abandonar-se al somni de donar un cop de porta i dir aquí us quedeu, fiqueu-vos la pensió on us càpiga. És a dir, per una barreja de comoditat i de covardia.
En el segon, Toads revisited, escrit l’any 1962, Larkin adopta un to més positiu sobre la seva feina de bibliotecari. Anar-se’n a fer un tomb pel parc hauria de resultar més agradable que treballar tancat en una biblioteca, diu. Però no fa per a ell. ¿Sentir tocar les hores, veure com porten el pa, com els núvols tapen el sol i com els nens juguen i se’n van a casa, sense amics ni companys de feina? No: prefereix els documents que li porten a la taula de treball, els col·laboradors, les trucades. I conclou: Dóna’m el braç, amic gripau! Ajuda’m a anar fent pel camí del cementiri!
Per a Larkin, la biblioteca era un matrimoni: regular, rutinari, fiable. Potser una mica gris però, a llarg termini, satisfactori. La poesia era una amant: representava la passió, l’aventura, el somni. Per a mi, salvant totes les distàncies, que són insalvables, la vida diplomàtica ha estat un matrimoni menys gris que la vida de bibliotecari ho va ser per a Philip Larkin. M’ha portat a països tan diferents com Bolívia, Malàisia, els Estats Units i Gran Bretanya i m’ha permès conèixer tota mena de gent. He vist molt i he après una mica. No m’he avorrit mai. Però, a més, ha estat una esposa comprensiva que m’ha permès totes les aventures literàries que m’han vingut de gust. ¿Què més puc demanar? Gairebé sempre que ho he desitjat he trobat temps per escriure.
És una professió, a més, amb una llarga tradició literària. La llista d’escriptors que van ser diplomàtics imposa respecte. En citaré uns quants: Juan Valera, Saint-John Perse, Josep Carner, Pablo Neruda, Lawrence Durrell, Octavio Paz, Carlos Fuentes. Personalment, és una ocupació a la qual només li puc retreure una cosa: que és tan vistosa que eclipsa la d’escriptor.
Al principi, això m’irritava una mica. Pensava: en aquest país en què gairebé ningú pot viure del que escriu i en què tots els escriptors s’han de guanyar la vida fent una altra cosa, ¿com és que mai no diuen que tal és professor i tal altre periodista i en canvi sempre que parlen dels meus llibres diuen que sóc diplomàtic? Però un bon dia vaig donar la batalla per perduda: aquí es llegeix poc i hi ha més escriptors que diplomàtics, de manera que és molt difícil d’evitar que em singularitzin per ser-ne un. Els lletraferits ja em coneixen com a escriptor, oi? Doncs els altres ja està bé que em vegin com a
diplomàtic. Ningú és perfecte. Fins i tot algun cop he estat temptat de fer com Juan Benet, que negava ser escriptor i deia que era enginyer (que és la professió de la qual vivia).
Al capdavall, entre els escriptors la pràctica d’un altre ofici no ha estat mai inusual. La professió de les lletres no és fàcil enlloc. A tot arreu hi ha escriptors que l’han hagut de combinar, almenys circumstancialment, amb l’ensenyament, amb el periodisme, amb l’edició de llibres o amb altres ocupacions, de vegades molt allunyades del món dels llibres. Cervantes recaptava impostos. Txékhov era metge. Joseph Conrad era capità de la marina mercant. Jaime Gil de Biedma, alt executiu. J.V. Foix, pastisser. No crec que sigui absurd preguntar-se si l’obra d’aquests gegants no deu alguna cosa a la professió que exercien per arribar a la fi de mes.

diumenge, 24 de març del 2019

la roda wallace de les trames


Un afegitó divertit: al segle XX, segurament el gran campió de la planificació de la trama va ser Edgar Wallace, un novel·lista de best-sellers tronats dels anys vint. Wallace va inventar —i va patentar— un aparell que es deia La Roda Wallace de les Trames. Si et quedaves encallat a mitja història o necessitaves un final sorprenent, simplement feies girar la Roda de les Trames i llegies el que et sortia a la finestreta: «una arribada inesperada», potser, o bé «l'heroïna es declara». Es veu que es va vendre a carretades.

Stephen King. Escriure. Memòries d'un ofici. Traducció de Martí Sales. L'altra, 2018. P. 194.

dijous, 31 de gener del 2019

lectors professionals


NÚRIA JUANICO
De professió, jutge de llibres
Ara llegim
18|1|2019

Són un dels engranatges fonamentals de la maquinària editorial i, malgrat tot, la seva figura és pràcticament invisible. Els lectors editorials analitzen i jutgen els manuscrits que arriben als segells buscant algú que els publiqui. El seu veredicte marca el destí de centenars de novel·les cada any, que veuran la llum o quedaran descartades en funció de l’informe d’aquests lectors professionals. Si bé la fórmula per detectar un èxit i rebutjar un fracàs no és infal·lible, els informadors literaris tenen els ulls entrenats per separar el gra de la palla i per pescar les veus narratives més prometedores.

CLAUS PER PASSAR L’EXAMEN
Els lectors valoren la qualitat dels textos i si s’ajusten al segell
“Llegeixo entre dos i tres manuscrits per setmana i sempre els acabo, encara que siguin molt dolents”, explica Elena Aranda, que és lectora editorial del Grup 62 i d’una agència literària. Amb prop de deu anys d’experiència, Aranda fa temps que ha après com detectar un bon llibre. “Em fixo en els diàlegs, el ritme, la veu narrativa, els personatges i si l’estructura és clara o no. També en quins referents té cada text i si s’hi ajusten”, diu la lectora. A ella, com a la majoria d’informadors, li arriben textos que han passat per un primer filtre, ja sigui el mateix editor o bé l’encarregat de gestionar la bústia de manuscrits. La tasca dels lectors consisteix en fer-ne un examen precís per decidir si s’haurien de publicar o no. Per determinar-ho, no només han d’esbrinar si es tracta d’una bona obra literària, sinó també si encaixa amb el catàleg del segell en qüestió. “A vegades un llibre no m’agrada però sé que pot convenir a l’editorial, o al revés. Les conclusions de l’informe han de tenir en compte el catàleg del segell per al qual treballes”, assenyala Abel Ramon, que fa informes per a L’Altra Editorial i per al Grup 62. Gonzalo Torné, que ha treballat com a lector editorial per a Anagrama i Salamandra, subratlla que aquesta feina “es basa en la confiança i en la confidència” i que, a l’hora d’avaluar un text, la clau és fixar-se “en l’editor al qual va dirigit, que és la personificació del seu segell”.

BONS I/O COMERCIALS
Els informes busquen públic i avaluen riscos
El terror dels lectors editorials és universal: que passi per les seves mans una obra mestra i no siguin capaços de detectar-la. El cas de Harry Potter, que va ser descartada per més de deu editorials abans d’arribar a les llibreries, va marcar un precedent. “En general els textos no són Harry Potter, són més dubtosos”, assenyala Ramon. Tot i que habitualment llegeixen els manuscrits de dalt a baix, no necessiten arribar al final per saber si faran un informe a favor o en contra del llibre. “Si un llibre és dolent, ho pots saber amb una o dues pàgines. Però si és adequat per al segell no ho saps fins a l’última pàgina”, afirma Torné.
A més de detectar la qualitat literària, els lectors no poden desentendre’s de la viabilitat del llibre. “Hem de pensar si hi ha un públic objectiu més enllà dels propis gustos. Quan fas un informe a favor has d’argumentar per què i buscar el públic”, assenyala Joan Todó, que ha treballat com a lector editorial per a Godall Edicions i per Anagrama. “Fem una valoració literària i, alhora, una valoració comercial. Aquesta última no es pot obviar, perquè els editors també necessiten aquests llibres”, indica Aranda, que afegeix que és indispensable “fer una lectura objectiva”. És per això que, quan un lector editorial comença, el segell sol proporcionar-li un manual i diversos informes d’exemple perquè li serveixin de guia.

PRECARIS I INVISIBLES
Sobreviure només amb les lectures editorials és impossible
Tots estan formats en literatura i els apassionen els llibres, però cap d’ells pot viure només de les lectures editorials. La precarietat afecta la professió fins al punt que els lectors la conceben com una feina addicional i no creuen que puguin viure mai només dels informes. “És impossible dedicar-s’hi a temps complet”, lamenta Ramon, que fa més de quinze anys que s’hi dedica i ho combina amb una feina com a docent.
La poca visibilitat dels lectors professionals fora del sector editorial tampoc ajuda a posar-hi remei. “Som freelances, treballem des de casa i tenim un perfil baix”, diu Aranda. Ramon compara aquesta situació amb la dels correctors editorials, que “també són molt invisibles”. La poca presència pública dels lectors també és fruit, segons Torné, del “seu caràcter confidencial i de mitjancer”. Però des del seu punt de vista la visibilitat és qüestionable. “No crec que sigui sempre un avantatge; se m’hauria omplert el correu electrònic de propostes -adverteix Torné-. Els lectors també són invisibles perquè, en la cadena tròfica de l’edició, l’informant ocupa un graó simbòlic inferior. És una tonteria, però sempre m’he sentit un conseller sofisticadíssim”.
Potser per la passió literària, en alguns lectors es dona la curiosa confluència que, en paral·lel, són escriptors -i tenen els seus propis informadors editorials-. Torné ha publicat tres novel·les i Todó és autor de sis llibres. “La lectura de manuscrits és una escola fantàstica per escriure novel·les -diu Torné-. L’escriptura de l’informe permet donar molta via lliure a l’estil, i la lectura de mals llibres és fonamental per formar-se un mapa d’estratègies desafortunades, de camins que no s’han de seguir”. Todó, que ja no fa informes de lectura però és crític literari, creu que els judicis d’una feina i de l’altra no són equiparables. “El crític llança una opinió pública amb un marge d’error. Amb els informes tens més responsabilitat, però és un text que es mantindrà confidencial. Són terrenys de joc diferents”, assegura. La confidencialitat dels informadors és inviolable, treballin amb textos d’escriptors anònims o coneguts. “A vegades em toca llegir llibres de personatges mediàtics, tot i que molts cops no sé qui són els autors”, diu Aranda.

UNA PORTA EDITORIAL DIFÍCIL
Els lectors rebutgen entre un 40% i un 60% dels manuscrits
L’aparició de l’autoedició no ha fet disminuir l’enviament de manuscrits a les editorials, més aviat al contrari. “Els segells en reben molts, perquè hi ha molts escriptors novells”, assegura Ramon. Aranda afegeix que als lectors se’ls deriven “un 10% del total de manuscrits rebuts”. A Edicions 62, per exemple, hi arriben més de 150 manuscrits cada any per via directa i prop de 200 a través dels premis, que tenen els seus informadors particulars. Todó va ser-ne una temporada i diu que “era molt més desagraït”. Els percentatges d’aprovació entre una via i l’altra són significativament diferents. Torné, que al llarg de deu anys s’ha encarregat del filtre de diversos premis literaris, calcula que es descartaven un 99% dels originals. “El sant patró dels lectors editorials, T.S. Eliot, ja ho va deixar molt clar: «La meva feina consisteix en fer que es publiquin el menor nombre de llibres possible»”, diu Torné.
Entre els lectors editorials el percentatge de rebutjos no és tan dràstic: parlen d’entre un 60% i un 40% de llibres que passen el filtre. “Al principi tendia més a aprovar-los tots. Vaig haver d’aprendre a frenar i a buscar-los més les pessigolles”, afirma Todó, que ha fet informes d’assaig i de poesia. Al cap i a la fi, l’última paraula és sempre de l’editor, i la bústia de manuscrits és una porta estreta per entrar al món literari. Per als escriptors primerencs, Torné rescata un dels consells que donava l’editor de Penguin Random House Mondadori Claudio López Lamadrid, que va morir la setmana passada. “Busca’t un padrí -diu Torné-. No té res a veure amb els endolls. Si el llibre és dolent tampoc te’l publicaran. Però la lectura mai és objectiva, i si has seduït un lector que l’editor aprecia et serà més senzill seduir-lo també a ell”.

LLIBRES QUE VAN REBRE UN BON INFORME
‘Els homes que no estimaven les dones’ Per les mans de Gonzalo Torné va passar un dels grans hits de la novel·la negra nòrdica abans que fos un bestseller a l’Estat, Els homes que no estimaven les dones. Entre els llibres examinats, Torné també recorda amb especial il·lusió la novel·la sobre el desencant Vidas perfectas, d’Antonio J. Rodríguez.
‘El safareig dels morts’ Elena Aranda té un ampli ventall de títols publicats que, abans, han format part dels seus informes. Un és El safareig dels morts, debut de Marta Banús. Per les mans d’Aranda també han passat Los niños del mañana, de Lóan Poulet Fernández, i El que susurra, de Malenka Ramos.
‘Llum’ Després de llegir la història d’amor de Llum, Abel Ramon va tenir claríssim que s’havia de publicar. “Vaig fer-ne un informe molt positiu”, diu satisfet. Ramon també va ser un gran defensor de les obres de Maggie O’Farrell, de la qual L’Altra ha publicat Aquest deu ser el lloc i La mà que prenia la meva.
‘Ropa, música, chicos’ “És un llibre molt divertit, sorprenent i ben escrit”, diu Joan Todó de Ropa, música, chicos, de Viv Albertine. Todó va descobrir aquesta autora a través del manuscrit de l’obra, unes memòries sobre la seva trajectòria com a guitarrista de grups com els Sex Pistols i The Clash.

divendres, 4 de gener del 2019

contrabandistes de llibres


El knygnešys Vincas Juska.
«Knygnešiai (singular: knygnešys) (en lituà "transportadors de llibres") foren individus que portaven de contraban llibres en lituà impresos en alfabet llatí per a les àrees de l'Imperi Rus on hi havia parlants de lituà, tot desafiant una prohibició sobre aquestes matèries, vigent des del 1866 al 1904. En oposar-se als esforços de les autoritats imperials russes per substituir la tradicional ortografia llatina per la ciríl·lica, i en transportar material imprès de llocs tan llunyans com els Estats Units per fer-ho, els knygnešiai es van convertir en un símbol de la resistència lituana contra la russificació.»
Viquipèdia dixit.

Llegiu també ---> Alejandro Gamero. El contrabando de libros como única forma de salvar una cultura. La piedra de Sísifo. 6|9|2017.

divendres, 28 de setembre del 2018

diumenge, 10 de juny del 2018

bides, lo documental



El passat 10 de maig es va estrenar a Barcelona, en el marc de les 15es Jornades Catalanes d’Informació i Documentació, el documental BiDes, que ha estat realitzat per alumnes del grau de Comunicació Audiovisual de la Facultat de Biblioteconomia i Documentació.
Els protagonistes són: 
-Pol Cruells, baixista dels Amics de les Arts i bibliotecari de la secció de música de la Biblioteca de Catalunya;
-Josep Coll, membre de The Chanclettes i cap de Projectes del CRAI UB;
-Pau Raga, de la Bodega Lo Pinyol i bibliotecària de l'associació Rosa Sensat;
-Jordi Cornet, jugador de rol i bibliotecari de la UB;
-Marta Cava, dels Capgrossos de Premià de Mar i bibliotecària de l'IES Mediterrània.


dimecres, 21 de març del 2018

la feina de la teva vida


The Librarian és una entrega de la sèrie Your Life Work*, una mena de guia orientativa sobre professions feta pel govern del Estats Units i adreçada, segurament, als alumnes de secundària, en pla Saló de l'Ensenyament. The Librarian es va filmar a la biblioteca de l'Iowa State College (ara Iowa State University) el 1946.

[Font: Lluís Agustí @LluisAgusti]
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P.S.: Vull creure que en van fer més capítols (què sé jo, astronaut, firefighter, doctor, tinsmith, broker, stripper...), però no he set capaç de trobar-los...

dilluns, 22 de gener del 2018

agatha hatch ya tiene quien le escriba


MÀRIUS SERRA
Quines ganes de llegir!
La Vanguardia
11|11|2017

Els editors de llibres viuen abocats a la seducció del lector, la seva raó de ser. Els autors també escrivim per al lector, però no només. Seria llarg fer una llista dels hipotètics motius que ens empenyen a enfilar una paraula rere una altra. En canvi, l’objectiu d’un editor és evident: vendre llibres, col·locar exemplars, aconseguir lectors. Els molts matisos que podem afegir no emmascaren que totes les estratègies desplegades estiguin enfocades cap a la difusió del que editen. Els millors s’escarrassen triant textos, influint sobre els autors triats, canviant títols, redactant solapes, encarregant il·lustracions, redissenyant col·leccions... És un ofici de projectistes. De vegades, se’ls acusa de massa intervencionistes, com si s’haguessin de limitar a ser una empresa de serveis. Què, si no intervenir, és ser editor? Una altra cosa és encertar en la intervenció. Als vuitanta, els (pocs) nois que cursàvem Filologia Anglesa a la UB ens vam enamorar de Geena, una jove lectora d’Illinois que ens va impartir un curs de literatura nord-americana. L’herència que en conservo és un exemplar (no retornat a una biblioteca) que em va regalar del Leaves of grass de Whitman i la lectura comparada de The scarlet letter i Moby Dick. Vaig recordar les relacions entre dos titans com Hawthorne i Melville l’any passat, quan la finíssima editorial de Segòvia La Uña Rota va publicar la traducció al castellà (de Carlos Bueno Vera) de les cartes que Melville (31 anys) va enviar a Hawthorne (46) entre el 1851 i el 1852. El motiu és la història (real) d’una tal Agatha Hatch que li expliquen durant una travessia per les illes de Nantucket i que li recorda Wakefield, el relat de Hawthorne d’un home que fuig de casa. Melville li suggereix que potser podria novel·lar la història d’aquesta filla d’un vigilant que salva d’un naufragi James Robertson, un mariner anglès, s’hi casa, en queda embarassada, l’home li fuig i ja no el torna a veure fins disset anys després.
Hawthorne va declinar i Melville va decidir escriure ell la novel·la, però la seva versió ( Isle of Cross) va patir un refús editorial el 1853 i s’ha perdut. La gent de La Uña Rota, després d’editar les cartes, van exercir d’editors proactius tot plantejant l’encàrrec desatès a dos narradors contemporanis de la solvència de Sara Mesa i Pablo Martín Sánchez. El repte és majúscul. Fer l’exercici d’escriure avui una història pensada, esbossada, escrita i perduda fa més de cent cinquanta anys. Tots dos s’hi han aplicat. La madrilenya, amb “Un reloj y tres chales” (des del punt de vista de la filla d’Agatha), i el reusenc, amb “La historia de Agatha” (a Liverpool, amb un ancià que ofereix un manuscrit intitulat La isla de la cruz, que pot ser de Melville o de Hawthorne). Els editors de Segòvia actuen en sintonia amb la pulsió narradora que va portar Melville a intentar que algú altre escrivís aquella història. Per rematar l’operació, aquesta nova Agatha inclou la primera carta de Melville i un informe judicial amb els detalls del cas. Quines ganes de llegir!