dilluns, 18 d’octubre de 2021

l'estrena de l'oncle vània a moscou


En su última estancia en Moscú, Chéjov había asistido a los ensayos de su obra El tío Vania. Se trataba de una refundición de El espíritu de los bosques, que Chéjov había definido como «el balbuceo de un niño». Pese a ello, en un momento dado quiso replanteárselo y reescribirlo. En 1897, el drama se publicó en su nueva versión en una recopilación de sus obras teatrales y se representó en provincias. Él no estaba en absoluto satisfecho, ni siquiera después de haberlo revisado, pero el público de provincias adoraba la pieza. «Nunca se sabe cuándo se gana y cuándo se pierde», le escribía a su hermano Mijaíl. El Teatro de Arte de Moscú le solicitó poner en escena El tío Vania.
La primera representación de El tío Vania en el Teatro de Arte de Moscú tuvo lugar el 26 de octubre 1899.
En Yalta, Chéjov esperaba ansiosamente recibir noticias. Le llegaron telegramas. Había sido un gran éxito.
Cuando había asistido a los ensayos en Moscú, se había reído de muchos aspectos de la dirección que le habían parecido absurdos. Stanislavski tenía la costumbre de introducir el tictac de relojes, el sonido de timbres y sonajeros, incluso el canto de grillos. Quería que se oyeran los ladridos de perros auténticos para dar la sensación de realidad. Chéjov encontraba absurdos todos esos ruidos. Y lo que más absurdo le parecía eran los ladridos de perros auténticos. Había dicho: «Es como si en la cara de una persona pintada en un cuadro se aplicara una auténtica nariz.»
Ese año comenzó a reunir fondos destinados a construir en Yalta un sanatorio para enfermos de tuberculosis sin recursos. Tardó dos años en conseguir cuarenta mil rublos. Le entristecía la avaricia de la gente, que se negaba a contribuir y declaraba que se trataba de una iniciativa demasiado ambiciosa. Al final logró que se edificara una casita con capacidad para treinta enfermos. El escritor no estaba nada satisfecho. En Yalta, los tuberculosos sin recursos eran muchos.
En enero de 1900 se enteró de que había sido elegido miembro de la Sección de Letras de la Academia de las Ciencias, junto con Korolenko y Tolstói.
Supo que Tolstói había visto El tío Vania y que se había enfadado. Le parecía un drama blando, poco consistente, amoral. No le gustaba nada. Al enterarse de este juicio, Chéjov sonrió sin mostrar asomo de resentimiento. En general, a Tolstói siempre le había parecido detestable el teatro de Chéjov, pero adoraba sus cuentos, tanto como los cuentos de Maupassant. Su teatro, sin embargo, le producía enfado. En cierta ocasión le dijo a Chéjov: «Como ya sabrá, detesto a Shakespeare, pero las comedias que usted escribe son todavía peores.»...

Natalia Ginzburg. Antón Chéjov. Vida a través de las letras. Traducció de Celia Filipetto. Acantilado, 2006. P. 64- 66.


1 comentari:

  1. El proper dimarts, 26 d'octubre de 2021, cent vint-i-dos anys justos de l'estrena a Moscou de L'oncle Vània, ens reunirem a la Triadú per comentar l'obra. No ha set volgut, ho juro. Per part meva, si més no. Són coses de la casualitat, que treballa fi.

    «Aquells que viuran després de nosaltres, d'aquí a cent o dos-cents anys, aquells per a qui ara tot just estem obrint camí, tindran per a nosaltres un pensament amable? Oi que no, iaia?», diu l'Àstrov al principi de l'acte I.

    Doncs jo crec que sí, que en tindrem un pensament amable. La vida és muy seria con sus cosas.

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