dimecres, 11 de febrer del 2026

literatura del jo

 

QUINTÍN
El diablo en el espejo: sobre la literatura del yo
Jot Down
Aquí, sencer


Roberto Bolaño lo dijo de un modo bastante grosero: «No tengo nada contra la autobiografía siempre y cuando el que la escriba tenga un pene en erección de treinta centímetros». Algo así pensé después de leer dos de los seis tomos de Mi lucha del noruego Karl Ove Knausgård. Aunque el segundo tomo es más pasable que el primero, pensé que debía ser más ilustrativo leer la obra homónima de un tal Adolfo Hitler. Recuerdo muy poco de los libros del noruego, casi tan poco como de los libros que leí (creo que fueron tres) de Annie Ernaux, salvo que la autora lamentaba continuamente no haber nacido en una familia rica. Knausgård no es tan lacrimógeno, pero Ernaux ganó el premio Nobel, lo que prueba que en esos países nórdicos donde dan el premio se suele celebrar el horror más que el humor (no es que Knausgård tenga mucho humor tampoco, pero al lado de Ernaux cualquiera es Groucho Marx).

Se me ocurrió mencionar a Knausgård y a Ernaux porque son los dos ejemplos contemporáneos que da la inteligencia artificial de Google cuando se le pregunta qué por la literatura del yo. El algoritmo —¿habrá que llamarlo «algoritmx»?— incluye en el género las biografías, las memorias y las novelas en primera persona, modalidades que se vienen escribiendo mucho antes de que se inventara la literatura del yo.

[...] La literatura, con el yo o sin él, necesita de una perspectiva más noble. Por eso, en la mayoría de esos libros que parecen escritos en serie, asistimos generalmente a una lucha sorda y subterránea de un autor obligado a aburrirse a sí mismo porque su yo es la cárcel de la que no puede escapar. En los mejores casos, la literatura del yo puede leerse como un intento del yo de evadirse de su lugar y de su imagen sin que el autor se dé cuenta. En los peores, tiene la obscenidad de los actos narcisistas que lo controlan todo. En el fondo, la escritura del yo es un acto policial en el que el autor se tortura a sí mismo con su presencia.


2 comentaris:

  1. Doncs mira, jo em vaig llegir els sis llibres de Knausgård. Igual soc l'única no noruega que se'ls ha llegit...

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    1. Nei, nei, nei, Eva. Conec uns quants meridionals que se'ls han empassat tots i amb delit. Per no parlar de la mediàtica Marina Porras, ferma entusiasta del víking.

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