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| Alumnes i sores del Colegio Amor de Dios, de processó pel Turó de la Peira. |
NO ES ESTO DECIR que no lea libros: leo muchos, así como revistas y periódicos y cuantos papeles caen en mis manos, pero no tomo nunca notas; y en cuanto leo un libro, estoy deseando darlo. Algunas personas me han preguntado: -¿Cómo, si cree usted que este libro es tan bueno, me lo da y se queda sin él? -Porque lo he leído -contesto yo-, y ya no me hace falta. -Pero ¿y si desea después consultarlo para recordar algún detalle que se le olvidó? - Lo que se olvida se debe olvidar -afirmo yo, con un fatalismo estético que a las personas tímidas las descorazona-. Y esto no es una "salida": es un axioma, algo indiscutible, permanente e inmutable. Si de las ideas de un libro las unas se me quedan y las otras se me van, es porque las unas son concordantes con mi espíritu y las otras no, o porque, según mi modo de ver, las unas son más importantes que las otras.
Ángel Ganivet. Cartas finlandesas; Hombres del norte. Nórdica libros, 2006. P. 15.
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No havia obert un llibre d'aquest home en ma vida, tot i que el seu nom va lligat al meu passat remot a ca les sores i als comentaris de text basats en el mètode de Lázaro Carreter i Correa Calderón.
Ángel Ganivet venia després de Don Álvaro o la fuerza del sino, Misericordia i Los pazos de Ulloa, i abans d'El árbol de la ciencia i La tía Tula, però no calia llegir-ne cap llibre, n'hi havia ben prou amb recordar un títol, Idearium español, i tenir a punt, com a resposta en cas d'examen, "precursor de la generació del 98" i llestos. I així he anat passant la vida, sense esmolar el Ganivet.
Fins que ha arribat l'hora de Paasilinna, el moliner i Finlàndia, i, amb ells, el miracle d'anar cercar les Cartas finlandesas per propi peu, que és la millor manera de viatjar. I empassar-me-les d'una tirada mentre m'imagino sor Agustina component-se la toca a la tomba, emocionada, la pobra. La vida te da sorpresas.