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dimecres, 29 de juliol del 2009

anatomia del dolor

James Agee. Una muerte en la familia. Alianza, 2008.

James Agee és conegut sobretot per la seva relació amb el cinema. Era un conegut i prestigiós crític cinematogràfic (Escritos sobre cine, Paidos, 2001) i va escriure dues grans pel·lícules: la noche del cazador i la Reina de África. També va escriure una novel·la, una gran novel·la sobre el dolor que provoca la mort d’un familiar. Agee va morir dos anys abans de publicar la seva novel·la així doncs es podria considerar inacabada. El cert és que tal com ens ha arribat és com la van preparar els editors, incloent-hi uns textos que remarquen el tò autobiogràfic que no deixa de ser present durant tota la lectura.
El tema són les consequències emocionals que comporta la mort d’un membre de la familia. Els personatges transiten incrèduls per un espai de temps crucial en les seves vides, immersos en un estat de schock que els conduirà lentament a l’acceptació i al dol.
De veritat que és una novel·la dura i trista, talment com a vegades se’ns presenta la vida. Observant i escoltant els personatges ens fem una idea de què està fet el dolor i de com s’administra la poca esperança que resta en moments com aquests. Com a la noche del cazador la història és narrada des de el punt de vista de dos nens.



Aqui i aquí trobareu un parell d’excel·lents crítiques sobre obres de Agee.

divendres, 26 de juny del 2009

elogiemos ahora a hombres famosos


...esmaperdut, tolít encara pel què he llegit,...l’altra cara del somni americà...

Aquest és un testimoni que no ha de passar desapercebut pel blog.

La revista Fortune va encarregar a James Agee i Walker Evans una sèrie d’articles que s’han convertit en imprescindibles per conèixer de primera mà les condicions de vida dels camperols cotoners dels Estats Units durant la gran depressió. Els autors van conviure durant els mesos de juliol i agost de 1936 amb tres families i el resultat és aquest llibre: elogiemos ahora a hombres famosos. Sis centes pàgines dividides en dos parts, la primera conté les impactants fotografies de Walker Evans que m’han fet pensar molt amb les que va glossar no fa gire la Matilde aquí mateix i la segona és l’apartat purament literari, la lírica del desassossec. Com que la fórmula d’article quedava curta van decidir publicar un llibre amb una part de material recollit. Agee descriu minuciosament les cases, la roba (coixins fets de sac d’arpillera farcits de cotó), els animals, els rostres, els objectes, utensilis, eines, amb una prossa periodística amb un tò líric que la fà diferent.

En un moment donat l’autor tot i ser conscient de que els seus amfitrions “...viven en un continuo insulto y vergüenza de incomodidades, inseguridades e inferioridades...” referint-se a les cases reflexiona: “Surge otra cuestión, naturalmente: ¿son bellas? Las cosas cuya intención no es serlo y que son creadas en convergencia de casualidad, necesidad, inocencia o ignorancia y para fines completamente irrelevantes? A esto sólo puedo contestar con rotundidad: primero, que la belleza intencionada es mucho más una cuestión de casualidad y necesidad que el poder de la intención, y que la belleza “casual” de las “irrelevancias” está formada en el fondo por instintos y necesidades popularmente considerados propiedad exclusiva del “arte”: segundo, que las cuestiones de “azar” y “falta de intención” pueden ser y son “bellas” y constituyen por sí mismas todo un universo.”

James Agee és el guionista d’un film que l’altre dia em van dir és poc conegut: “la noche del cazador”, segur que un dia o altre treurà el cap per aquí, de fet, li treu cada vegada que faig un comentari.

dissabte, 6 de juny del 2009

La resistente dignidad del ser humano, JOSÉ MARÍA GUELBENZU .
BABELIA - 06-06-2009

La crisis que siguió a la Gran Depresión de 1929 modificó de muchas maneras la narrativa norteamericana que venía de encontrar el camino de un nuevo realismo de la mano de Sherwood Anderson y Sinclair Lewis, pero la principal fue una vuelta al naturalismo y la mayoría de los escritores sociales se quedaron clavados en ello. La manifestación característica de la crisis fue el pánico súbito que sustituyó de golpe la alegre y desenvuelta voracidad vital de los años veinte. En Europa, lo que se produjo tras la Primera Guerra Mundial fue una especie de sensación de hundimiento de los valores de la razón. Alfred Kazin vio muy bien la diferencia entre Europa y Norteamérica: esta segunda no perdió su orden social ni se sumergió en el hundimiento agónico que provocaron en Europa la llegada de los totalitarismos, simplemente sumió al hombre americano en una sensación de terror e inseguridad que "representó una aceleración casi fantástica de la realidad". La literatura norteamericana de los años treinta está hecha, de una parte, por esa "generación perdida" que circulaba por Europa y contemplaba las dos crisis -europea y americana- en una especie de tierra de nadie donde, sin embargo, el tono moral estaba impregnado, en lo personal, de la situación histórica; y, de otra, por los escritores más decididamente sociales. Sin embargo, si tratamos de encontrar grandes obras que respondan al fenómeno de la Gran Depresión hay que decir que las de los mejores escritores sólo la representan lateralmente. Por ejemplo, de 1929 es la obra maestra de William Faulkner, El ruido y la furia, pero la descomposición de esa familia es previa al desastre nacional aunque contiene un germen de destrucción en absoluto ajeno al momento histórico. No sucede lo mismo con el mundo del gran Dashiell Hammett, o el de James M. Cain o el de William Irish, cuyos textos implacables crean escuela, perfectamente encajados en la brutal realidad de la vida cotidiana y se desarrollan casi siempre en el ambiente urbano de las consecuencias de la Depresión.

La novela social y la novela proletaria que surge en estos años, en paralelo a la creciente conciencia izquierdista, no alcanzan la altura de obras maestras (con la excepción de un Henry Roth que trata de superar el impacto de Manhattan Transfer -Edhasa, 2005- con su maravillosa Llámalo sueño -Alfaguara, 2004-) porque no poseen la ambición literaria de un Hemingway o de un Dos Passos -el más cercano a lo social de toda la "generación perdida", que estaba sometiendo a escrutinio a la sociedad americana y, al tiempo, desarrollando soluciones narrativas revolucionarias, como sucede con Manhattan Transfer o la Trilogía U.S.A. (Edhasa)-. Los dos escritores más representativos serán James T. Farrell, con las novelas de sus personajes Studs Lonnegan y Danny O'Neill situadas en el mundo urbano de Chicago Sur y las de Erskine Caldwell situadas en el mundo rural, como El camino del tabaco (Navona, 2007), un emotivo drama que bordea lo grotesco, o La parcela de Dios (Navona, 2008). En otro orden, tenemos a John O'Hara, que cuenta la degradación desde el lado de la clase alta en Cita en Samarra (Lumen, 2009) o en Butterfield 8 (Ballantine, 2003). Hay, pues, una impregnación ineludible del clima moral y social que sucede al desastre del año 1929 que se extenderá por el resto del decenio de los treinta, al final del cual los novelistas criados en la Depresión, como Norman Mailer o Joseph Heller, tendrán que enfrentarse con las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial.

Los dos grandes libros que colocan en su centro la Gran Depresión no responden a la violencia o el terror generados por el pánico -más propios del naturalismo o de la novela negra- sino a una visión diríamos que pragmática y eficiente de la realidad de las gentes desamparadas. John Steinbeck, cuando relata en Las uvas de la ira (Alianza. Tusquets la publicará a finales de año) la conmovedora peregrinación de los Joad por esos campos de desolación, pretende mostrar la totalidad del cuadro, no juzga sino expone esa tragedia de dolor y desesperación sin perder de vista que la misma realidad que nos destruye también nos construye. Esa medida de la distancia es la que la convirtió en la novela social de mayor trascendencia en su época. El segundo libro es de James Agee, Elogiemos ahora a hombres famosos (Backlist, 2008). Agee viajó a Alabama en el verano de 1936, enviado por una revista neoyorquina junto con el gran fotógrafo Walker Evans. El libro es un reportaje-narración de la vida y condiciones de los blancos pobres del profundo Sur. La descripción de la vida de los aparceros sometidos a explotación e injusticias en medio de una vida durísima se convierte también en la descripción del cambio de conciencia del narrador al compartir la existencia de esos hombres y mujeres, y el libro, escrito con una prosa diamantina, alcanza una altura épica. Es una obra maestra acerca de la resistente dignidad del ser humano.