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divendres, 17 de juliol del 2020

el justificant perfecte


E.L. Doctorow explica que un día su hija le pidió un justificante para su profesor porque no iba a asistir a clase; se puso manos a la obra, pero al poco pensó: «No, esto no me convence», y empezó de nuevo. La segunda versión tampoco expresaba bien lo que quería decir. Los borradores se fueron sucediendo uno tras otro hasta que el pánico se apoderó de su hija y en el suelo se formó una montaña de papeles arrugados. Por fin entró su esposa, quien, con expresión de incredulidad, escribió apresuradamente aquel breve escrito. Doctorow concluyó: «He intentado escribir el justificante perfecto. Ha sido una experiencia muy reveladora. Escribir es increíblemente difícil. Especialmente las comunicaciones breves».

Richard Cohen. Cómo piensan los escritores. Técnicas, manías y miedos de los grandes autores. Traducció de Laura Ibáñez. Blackie Books, 2018. P. 18.

dijous, 29 d’octubre del 2015

qüestió de finals


—¿Què en pensa del final de Huckleberry Finn, professor? És un desastre absolut, ¿no troba? Per a mi espatlla l'obra sencera. Quan en Tom fa la seva última aparició, l'autor llença la tovallola i surt amb el truc més murri per embolicar la troca, s'inventa aquella gran cosa de fer baixar en Huck i en Jim junts pel riu, i res per aquí, res per allà. Jo en sé força coses de la crueltat de la vida i li dic que aquest final és una veritable llàstima. Twain demostra que tenia pressa per acabar la història fos com fos i així es va carregar la que hauria sigut una de les grans obres de tots els temps.
—¿Sap que abans d'escriure'n el final va deixar estar la novel·la durant set anys sencers?
—Sí, ja ho sabia; precisament a això em referia...No va saber com resoldre-ho i va acabar dient «A la porra tot plegat, vull treure'm aquests paperots del davant d'una vegada!». ¿Vol més cafè?...

 E.L. Doctorow. El cervell de l'Andrew. Traducció de Maria Iniesta i Agulló. Edicions de 1984, 2014. P. 84.


dimarts, 27 d’octubre del 2015

una de freda


Doctorow es una rara avis dentro de la literatura norteamericana. Muchos de sus libros se han convertido en best sellers (expresión que en inglés no significa, como en español, «basura comercial» sino, simplemente, «libro muy vendido»), pero su visión de la literatura, tal como la expresa en su colección de ensayos Poetas y presidente, no encaja con lo que solemos esperar de un novelista americano. Siempre se ha declarado admirador de escritores sociales o socialistas como Theodore Dreiser o Jack London y ha defendido una literatura vital, comprometida y capaz de «cambiar el mundo», aunque es probable que el lector de la mayoría de sus novelas, con la posible excepción de El libro de Daniel, uno de sus mejores títulos, no note nada específicamente «comprometido» ni político al leer sus, por otra parte, maravillosas narraciones.
También se ha manifestado siempre lejos de la literatura sofisticada y hermética de la escuela posmoderna, aunque sus textos, a pesar de su lenguaje claro y su supuesto compromiso con la Historia, son también claramente posmodernas, empezando por Ragtime, su obra maestra y también una de las grandes novelas americanas del siglo XX.
Cultura popular
Una característica posmoderna de Doctorow, por ejemplo, es su continuo cambio de género y estilo, con especial énfasis en algunos géneros propios de la «cultura popular»: el western en Welcome to Hard Times, la ciencia ficción en Big as Life, la utopía en El lago, la política (el juicio de los Rosenberg) en El libro de Daniel, la novela de gángsters en Billy Bathgate, el misterio gótico en El arca de agua.
Y la Historia siempre, desde la guerra civil norteamericana de La gran marcha hasta el período de entreguerras de La feria del mundo. Hace algunos años Muchnick Editores se propuso una edición de la obra de Doctorow, que ahora Miscelánea (Roca Editorial) retoma y amplía. Buenas notícias.
El cerebro de Andrew parece una de esas obras en las que un autor de cierta edad intenta ponerse a tono con los tiempos. Estos experimentos a veces salen muy bien: ahí están La ciudad y las sierras, de Eça de Queiroz, o Cosas transparentes de Nabokov, para probarlo. En el caso que comentamos el éxito es relativo, y sentimos que Doctorow está forzándose a sí mismo a interesarse en lo que escribe sin acabar de lograrlo.
El cerebro de Andrew relata un argumento que nos interesa a ratos y que termina por disgregarse, como buscando una y otra vez cómo contarse y acabando por no contar nada. La novela es un largo diálogo entre Andrew, profesor universitario de ciencia cognitiva, y un psiquiatra curiosamente obtuso e inculto.
Andrew rememora su vida y habla extensamente sobre el cerebro y el misterio de la cognición, en el cual, nos asegura, no existe el menor misterio. Todo el mundo que conocemos, nos dice, no es más que una construcción de nuestro cerebro, que finge o simula ser una persona, tener una mente, poseer un «yo» e incluso ser un alma. También a Andrew le acusan de ser un simulador.
El hecho es que Andrew como persona, como alma, como mente, es un desastre. Ya desde la infancia lleva creando el caos a su alrededor. Es una especie de gafe que destruye a todos los que toca, incluida su hija lactante, a la que dejó morir por descuido al administrarle una medicina errónea.
Estilo de vejez
Andrew es un experto en cognición y un idiota redomado al mismo tiempo. La metáfora podría ser brillante, pero Doctorow no sabe muy bien qué hacer con ella. Tampoco surge nada del enfrentamiento entre el científico que estudia el cerebro (Andrew) y el que estudia la mente (el psiquiatra). Esta es una de esas ocasiones en que el «estilo de vejez» parece solamente un estilo cansado.
Los personajes, uno de los fuertes del arte de Doctorow, no están en esta novela bien desarrollados ni llegan a atrapar nuestro interés ni a suscitar nuestra compasión. Andrew nos cuenta con cierto detalle su relación con su segunda esposa, la bella y joven Briony, cuyos padres (esta es quizá la parte más interesante del libro) son enanos, y luego, cuando esa trama se desvanece tras una obligada escena trágica situada en el fatídico 11 de septiembre, nos revela, como en un último juego de cartas para intentar salvar la historia, que fue compañero de cuarto de George W. Bush hijo en Yale, y la novela toma otro derrotero...que no desvelaremos.

Andrés Ibáñez. «Este cerebro es un desastre». Abc Cultural. 27|9|2014.



dilluns, 26 d’octubre del 2015

doctorow a espanya


Com l'anell al dit, penso mentre llegeixo aquest parell d'apunts sobre la recepció de l'obra de Doctorow a l'Estat espanyol, acabats de publicar al blog negritasycursivas. Més oportú, impossible:

· Doctorow en España I. Un recorrido por la publicación de su obra. (9|10|2015)
A raíz de la muerte de E[dgar]. L[awrence]. Doctorow (1931-2015) se generó en twiter un interesante debate en el que intervinieron, entre otros, los editores Pere Sureda y José Antonio Millán y las editoras Patricia Escalona y Julieta Lionetti, acerca de las causas o motivos de la desproporción existente entre la enorme calidad de la obra de este escritor estadounidense y la muy modesta repercusión que ha tenido siempre su obra entre la crítica literaria española y sobre todo las exiguas ventas que han tenido sus libros.
Más con la intención de proseguir un debate que las limitaciones de twiter estrangulaba que con el ánimo de hallar una única respuesta, las dos editoras que más constantes han sido en la publicación de Doctorow aceptaron trasladar y proseguir ese diálogo a Negritas y cursivas, replanteándolo a partir del modo en que esta obra fue dándose a conocer en España (y por extensión en los países de habla hispana)...
Aquí, l'apunt complet.

·Doctorow en España II: Traducciones y recepción. (16|10|2015)
La desproporcionada frialdad con que los lectores españoles recibieron la obra de Doctorow no parece que pueda explicarse por haber sido publicada por editoriales desprestigiadas, con mala distribución o desconocidas (pues, como se vio en la entrada anterior, no fue el caso sino más bien todo lo contrario). Además, pronto se advirtió que Doctorow no era un autor que se pudiera publicar con el piloto automático o dejarlo en manos de traductores inexpertos y no tardaron en ocuparse de ello traductores literarios reputados o concienzudos...
Aquí, l'apunt complet. 


dijous, 22 d’octubre del 2015

la neuronovel·la de doctorow


Una de las versiones de la autoconciencia biológica del sujeto es la neurológica, esto es, la conciencia que un personaje literario tiene de sí mismo como sistema cerebral –lo cual, por supuesto, no es más que una licencia poética del autor del texto–. En Estados Unidos se ha denominado neuronovel a una tendencia narrativa en que las ciencias del cerebro están muy presentes en la narración. Así, Marco Roth ya apuntó en 2009 algunos nombres, como Ian McEwan o Jonathan Lethem, que trabajaban en esa línea[1] –a la que en España podríamos agregar algunos textos del escritor y neurobiólogo Germán Sierra–, y recientemente E. L. Doctorow ha publicado la ya citada Andrew’s Brain (Abacus, London, 2014), en la que vamos a detenernos por su importancia.

Andrew es un personaje fascinante: es neurólogo y tiene numerosos problemas de todo tipo; aunque no es mala persona ni ha intentado jamás hacer daño voluntariamente a nadie, mató por error a su hija y ha herido a todas las personas que ha conocido. El hecho de que sea profesor universitario permite a Doctorow citar varias de las teorías neurocientíficas más recientes (Damasio, por ejemplo, es citado en alguna ocasión), y elaborar meritorias reflexiones sobre la consciencia humana y las consecuencias de los procesos cerebrales (si bien Andrew es intolerablemente reduccionista y piensa que las investigaciones acabarán por demostrar que el libre albedrío no existe. Pero las metáforas científicas se ponen al servicio de la ficción; por ejemplo, en un momento concreto Andrew utiliza un viejo EEG para extraer imágenes gráficas del cerebro en la clase de ciencia. No por azar coloca los sensores a la alumna de la que está secretamente enamorado, Briony, para poder ver dentro de ella, mejor que lo que nunca podrían hacer sus compañeros de clase. Y los picos obtenidos por el detector cuando la chica contempla una escena circense le hacen deducir a Andrew que algunos gustos infantiles siguen presentes en ella, no por casualidad, pues Briony se dedica también al salto acrobático, en este caso al salto de trampolín (una emulación de esas capacidades realizada por Andrew, por cierto, dará una vuelta brutal a la trama). En algún lugar concreto, Doctorow hace expresar a la perfección lo que llamaríamos el loop recursivo de la conciencia en una cuestión que Andrew dirige a sus alumnos:
Hice esta pregunta: ¿cómo puedo pensar sobre mi cerebro cuando es mi cerebro el que está haciendo el pensamiento? ¿Acaso está este cerebro pretendiendo que soy yo pensando sobre él? Soy una consciencia misteriosamente generada, y no me reconforta saber que es una de miles de millones. Eso es lo que les dije y entonces recogí mis libros y salí de la habitación...
En otros momentos Andrew comenta el syllabus o programa de su asignatura, aludiendo a que los filósofos pragmáticos y existencialistas son los que mejor pueden ajustarse a una ciencia de la mente, al mantenerse al margen de cualquier “metaphysical bullshit”. Entiende que el alma no es más que uno de los fingimientos de los que es capaz la mente y que la identidad es una suma o sucesión de esas ficciones identitarias (lo que habíamos apuntado en las conclusiones de nuestro La literatura egódica, 2013). Para Doctorow la neurociencia es el modo de lograr la introspección e incluso de llegar a una trascendencia inmanente, donde no sea necesario ningún esoterismo para preguntarse por el sentido de las cosas. En la apertura de su ensayo Cómo sentimos, el neurobiólogo Giovanni Frazzeto lo dice de forma muy clara: “la aventura de adentrarse en los secretos del cerebro humano daba paso a la reflexión profunda. Era como explorar un aspecto poco conocido de mí mismo, como descifrar un relato escrito en código acerca de la mente, relato a cuya escritura yo mismo contribuía con mis experimentos”. El ensayo de Frazzeto, por cierto, es un valioso acercamiento al problema emocional y su traslación fenomenológica en sentimientos, algo por cierto de lo que es muy consciente Doctorow en su novela: “Is that congnitive science?”, pregunta el psiquiatra, y Andrew responde: “Not really. It’s more like suffering”.
Andrew’s Brain, en suma, entiende la identidad como algo polimórfico e hijo de la metamorfosis, más allá del desequilibrio de su protagonista, que le lleva a enhebrar ante un psiquiatra estatal una retahíla de recuerdos inconexos sólo para no hablar de lo que ocurrió. Es una novela que pone en cuestión el yo; no el de su protagonista, que también, sino cualquier yo, la idea misma de yo...

Vicente Luis Mora. La neuronovela de Doctorow y el yo enjaulado de Parreño. Diario de lecturas. 3|12|2014.

___________________

[1] Marco Roth, “Rise of the Neuronovel. A specter is haunting the contemporary novel”, n + 1, 14/09/2009, https://nplusonemag.com/issue-8/essays/the-rise-of-the-neuronovel/.



dimarts, 20 d’octubre del 2015

els contes complets de doctorow en castellà


Play.

E. L. Doctorow y la gran historia
Antes de morir, el escritor ordenó sus relatos. Su estilo estimula, pero deja respirar al lector.
Babelia
JOSÉ MARÍA GUELBENZU 
28|9|2015
Los cuentos de E(dgar) L(awrence) Doctorow, narrador norteamericano hijo de inmigrantes judíos rusos, nacido en el Bronx en 1931 y fallecido en Manhattan este mismo año, proceden de tres colecciones de cuentos publicadas en vida. Este volumen los reúne todos, no en su orden originario, sino en el que su autor les dio, justo antes de morir, en colaboración con sus editores españoles. El libro es, pues, una primicia mundial, una primera edición completa.
E. L. Doctorow pertenece a una generación que se expande en los años sesenta y setenta, de carácter renovador e incluso experimental, que va a provocar una verdadera revolución dentro de la narrativa norteamericana (Hawkes, Berger, Kosinski, Coover, Pynchon, Gass, Barth, Brautigan, Barthelme, Gaddis…), autores afectados en una u otra medida por la contracultura, la guerra de Vietnam y la protesta política, que trajeron una extraordinaria variedad de temas y estilos. Era el “posmodernismo”...


Traduïts per Carlos Milla Soler, Isabel Ferrer Marrades, Gabriela Bustelo
i Jesús Pardo de Santayana. Editorial Malpaso.



dimecres, 14 d’octubre del 2015

els jocs entre ment i cervell


El cervell de l’Andrew, el nou llibre del veterà autor nord-americà E. L. Doctorow (Nova York, 1931), és l’exploració a fons del cervell d’un personatge, però sense la pesadesa de molta literatura psicològica. És un monòleg vehement i entretingut, en què Andrew ens mostrarà què n’ha sigut de la seva vida i com ha perdut tota esperança.
Qui és Andrew? Un home estirat en un divan, que no amaga l’aversió cap al seu psicòleg, el qual l’escolta amb curiositat. Andrew és depressiu, lúcid, arbitrari, sarcàstic, extravagant, melancòlic. És un home ja madur, un científic cognitiu, que ha treballat en moltes universitats i instituts dels EUA. La seva ment ha perdut el nord. Ha dedicat tota la vida a l’estudi del cervell, i segurament per això sap que, després de jugar-hi a fet i amagar, és molt fàcil extraviar-se.
El que li ha passat a Andrew és molt dramàtic, però ho entomem amb humor, i l’autor no s’està de salpebrar la història tràgica amb gestos excèntrics (fet habitual en l’obra de Doctorow): els pares nans de Briony; l’absurd de la vida gimnàstica i les grans maratons; la nova parella de Martha: un risible cantant d’òpera obsedit per Borís Godunov...
Tot comença quan Andrew va a veure la seva exdona Martha i li lliura Willa, la filla que Andrew ha tingut amb Briony. Així, a Andrew li sembla que tanca genialment un cercle, ja que el fill que va tenir amb Martha va morir de petit, i ara fa poc la jove i atlètica Briony ha mort també, i això ha ensorrat Andrew. Una part important de la novel·la serà la manera com Andrew ens explica l’enamorament amb l’estudiant Briony. La noia feia equilibris en les barres paral·leles i el professor, mentre passejava pel campus, se’n va fascinar.
El viatge per les volutes cerebrals (“fingir és la feina del cervell”, diu Andrew) és com baixar per un tobogan divertit, delirant. Però també pot ser un laberint ansiós, i al final d’aquesta novel·la veurem la tragèdia de l’11-S, els fils que mouen les altes instàncies de poder, l’atzar sacsejant la inestabilitat de les relacions de parella, l’atzucac de la senectut i, al capdavall, no reconèixer-se davant del mirall.
Andrew, bufó genial, desgavell ambulant, que parla d’ell en tercera persona, professa el cinisme en les relacions humanes, però al final el seu nihilisme és un crit de terror per no haver pogut ser acceptat en el clos de la vida normal. La crítica a aquesta vida normal, d’altra banda, es teixeix cap al final de la novel·la amb tons de paròdia sociopolítica, quan Andrew, com una mena de Peter Sellers, accedeix privilegiadament al Despatx Oval.
Doctorow és un autor de tanta jerarquia com Saul Bellow i Philip Roth, i alguna cosa en aquesta novel·la fa pensar també en el Pnin de Nabokov o en les inflexions tragicòmiques de John Irving. Edicions de 1984 ha publicat en els darrers anys força llibres seus. Ragtime (original de 1975), Billy Bathgate (1989) o La gran marxa (2005) són novel·les capitals, panoràmiques, de cert to èpic. El cervell de l’Andrew, amb traducció de Maria Iniesta i Agulló, no és aparentment un novel·la tan ambiciosa, però acaba emmarcant, com en una faula, el jo en crisi dels individus benestants i lúcids dels Estats Units. El llibre es llegeix d’un plegat, gràcies a l’habilitat de Doctorow per no avorrir mai, però és ben segur que estranyarà una mica els lectors de les novel·les que acabem d’esmentar. Al final de l’empirisme de la neurociència, sembla dir-nos Andrew, amb els ulls esbatanats, que tan sols queda el misteri d’allò inaprehensible.

Pere Guixà. Els jocs entre ment i cervell. El País. 13|10|2014.



divendres, 9 d’octubre del 2015

el cervell de l'andrew, en vuit minuts


Marina Espasa. Cabaret elèctric. 29|9|2014.

dimarts, 6 d’octubre del 2015

la darrera (i última) novel·la d'en doctorow


Considerat un dels escriptors nord-americans més importants de l’últim mig segle, la trajectòria d’E. L. Doctorow (Bronx, Nova York, 1931) és exemplar. En la seva vasta producció hi ha zones enlluernadores, però poc transitades, com els contes o els assajos. Com a novel·lista és autor d’una dotzena de títols que sorprenen pel manteniment de la seva qualitat, amb novel·les com El libro de Daniel (1971), Ragtime (1975), Billy Bathgate (1989), El arca de agua (1994), La ciudad de Dios (2000) i La gran marxa (2005). En la seva obra narrativa Doctorow desarticula amb infinita gràcia, eficàcia i lucidesa episodis clau de la història del seu país, i els reconfigura mitjançant el poder nu de la imaginació. Entabanadors, somiadors, joves esclaves, quincallaires, científics bojos, emigrants, captaires i milionaris, delinqüents i espies, poetes i músics de jazz, nens que descobreixen el terror i, alhora, el costat miraculós de la vida a la Nova York de la Gran Depressió, tots ells éssers de ficció, conviuen còmodament en les seves novel·les amb figures històriques com el general i escriptor William T. Sherman, el banquer J. P. Morgan, el gàngster Arthur Dutch Schultz, l’il·lusionista Harry Houdini, l’anarquista Emma Goldman, el matrimoni constituït per Julius i Ethel Rosenberg –jueus comunistes condemnats per espionatge–, o els germans Homer i Langley Collyer –van morir a la mansió que tenien a Harlem, aixafats pel pes de milers de tones de diaris que havien anat acumulant durant dècades–. El miracle consisteix que els uns i els altres tenen el mateix grau de realitat per al lector.
A El cervell de l’Andrew, Doctorow ha donat forma a una narració elegant i intimista, una miniatura en què es planteja l’enigma de la consciència, el coneixement, la percepció, i s’aborda l’estructura profunda del desig i els sentiments, una cosa una miqueta allunyada dels grans frisos històrics als quals té acostumats els lectors. “No hi veig tanta distància”, afirma l’escriptor a la biblioteca de casa seva a Manhattan, inundada per la llum d’un capvespre esplèndid. “Les metàfores són petites, però l’abast del llibre és molt gran. El cervell del protagonista ens trasllada a una infinitat de llocs i moments. S’evoca una gran quantitat de successos i a més s’explica una història d’amor”. En la que alguns es demanen si serà l’última novel·la de Doctorow, hi ha moments de gran intensitat, evocats amb un llenguatge límpid i de gran bellesa, però també hi ha elements desconcertants, que l’escriptor no té inconvenient a intentar elucidar.
“Penso en termes d’imatges, que es manifesten al llibre en forma de llocs i episodis que no se sap si són reals o només existeixen a la ment de l’Andrew. Procuro no fer distincions en aquest sentit, de manera que sempre hi ha un element de dubte. L’escena que ha estat objecte de més crítiques és la que tanca el llibre. Té lloc a la Casa Blanca i alguns pensen que és una mena d’acudit, però no ho és en absolut. Té un sentit polític molt clar. La coincidència amb les dades que recull l’informe oficial sobre el que va passar a Washington l’11 de setembre de 2001 és absoluta. Des del punt de vista estètic, l’escena és totalment coherent. D’aquí uns anys ningú dirà que és un acudit. La veritat és que, de tots els llibres que he escrit, aquest és el que jutja més severament el lector”.
El llibre se sustenta sobre teories procedents de disciplines com la psicologia cognitiva i la neurociència. Què es proposava exactament aconseguir l’autor amb una narració així? “En realitat el meu llibre no fa més que recollir la vella disputa entre els cartesians, que postulen l’existència de l’ànima, i els qui neguen categòricament que hi hagi res fora del que és materialment tangible, per als quals l’ànima no és més que una ficció. Si la consciència humana, els sentiments, els pensaments, els desitjos, són funcions del cervell, una cosa física, corpòria, es pregunta Andrew, llavors com s’arriba a la consciència humana i a la vida subjectiva? L’Andrew reviu un debat etern, la diferència és que ho fa des dels postulats de la neurociència. Els termes són molt relliscosos, però per entendre’ns podem dir que fins i tot entre els neurocientífics hi ha els qui postulen l’existència d’una cosa que funciona fora dels paràmetres de la seva disciplina. Al llibre, aquest problema s’aborda des de la ficció”.
En el seu acostament a la ciència cognitiva, Doctorow assenyala que són els experts els qui obren la porta a la possibilitat del dubte. “L’Andrew recorda que a Suïssa hi ha gent que està construint un ordinador que emula el funcionament del cervell. A propòsit d’una possibilitat així m’interessa el que han dit gent com John Searle, filòsof, o Gerald Edelman, neuròleg que va guanyar el premi Nobel, conegut per les seves teories sobre la consciència. Edelman va parlar de la possibilitat de crear una computadora que emuli el cervell i tingui consciència. La hipòtesi és aterridora. En aquest cas, les creences per les quals ens guiem s’esfumarien per art d’encantament. L’ésser humà deixaria de ser una excepció. Que els ordinadors arribessin a tenir consciència seria el més revolucionari que es pot pensar respecte al que passa a la vida humana”.
Doctorow no és científic, ni pretén ser-ho. És novel·lista, i les seves úniques armes són les de la ficció, que sempre tindrà una relació complicada amb la veritat. “Recorro a la ficció quan alguna cosa m’interessa tant que es converteix en una obsessió, llavors escric sobre això i no hi ha lloc per res més al meu cap. El tema de la meva última novel·la és el més important que hi ha avui per a mi. Pel que fa al paper de la ficció: quina és la missió de l’artista en qualsevol època i lloc? Davant del repte del desconegut, respondre. Respondre. I a El cervell de l’Andrew crec que això és precisament el que he fet”.

Eduardo Lago.  «Doctorow viatja a l’interior de la ment humana».  El País. 13|10|2014.