"El destino me había situado en Nueva York, y mi instinto de narradora me aconsejaba utilizar el material que tenía más a mano y que más familiar y propio me era.
[...] El problema era cómo dar a un tema semejante la típica significación humana que constituye el motivo de que un narrador cuente una historia con preferencia a otra. ¿En qué aspecto podría decirse de una sociedad de irresponsables buscadores de placeres que tenía, con relación a los eternos "males del mundo", alguna relevancia mayor de la que las personas que componían aquella sociedad imaginaban? La respuesta era que una sociedad frívola puede adquirir significación dramática sólo a través de lo que su frivolidad destruye. Su implicación trágica reside en su poder para envilecer a personas e ideales. La respuesta, en suma, era mi heroína, Lily Bart.
Una vez hube comprendido aquello, el relato se precipitó hacia su clímax. Yo ya tenía ideas definidas sobre cómo debía ser visto, y desde qué ángulo, un determinado tema; mis dificultades estribaban en que la historia arrastraba entre sus hilos tantos temas subordinados que mostrar su conexión orgánica con la cuestión principal, evitando al mismo tiempo que se apelotonasen en primera línea, era una tarea sumamente dura para una principiante. La novela estaba prometida ya al Scribner's Magazine, aunque no se había fijado fecha de entrega, y entre mi insatisfacción crítica con el trabajo y las distracciones de una vida activa y hospitalaria, repleta de amigos y viajes, lecturas y trabajos en el jardín, yo había dejado pasar los meses sin realmente abordar el tema. Y entonces, un día, el señor Burlingame vino a sacarme de apuros pidiéndome que yo le sacase a él. Una novela que debería haber precedido la mía en la revista no estaría terminada a tiempo, y se me rogaba que la sustituyera. Los primeros capítulos de mi relato debían aparecer casi enseguida, ¡y habría que completarla en cuatro o cinco meses! Yo siempre he sido una trabajadora lenta, entonces era además muy inexperta, y se me sometía a la prueba más severa a que puede enfrentarse un novelista: mi novela estaría expuesta al comentario público antes de que yo la hubiese conducido al clímax. Lo que éste debía ser lo sabía ya antes de empezar. Mi última página está siempre latente en la primera; pero los recovecos intermedios del camino sólo se dibujan a medida que escribía, ¡y ahora se me pedía que los recorriese al galope antes incluso de haberlos esbozado! Yo había calculado dedicar otro año o año y medio a la tarea, en lugar de lo cual se me requería para que la terminase en menos de seis meses; y nada salvo "la mano de Dios" podía interrumpir mi trabajo, puesto que los primeros capítulos estarían ya en prensa.
Mis vacilaciones duraron un día, y a continuación acepté y me apliqué con empeño al trabajo; y de todos los amistosos favores que Burlingame me ha hecho en la vida, exigirme aquel esfuerzo fue indudablemente el que más me ayudó. No sólo me dio lo que más me faltaba, confianza en mí misma, sino que me encauzó hacia la disciplina de la labor diaria, aquella inescrutable "inspiración de la mesa de escribir" que Baudelaire, el más agudo y desinhibido de los genios, pregonaba con la misma insistencia que Trollope. Cuando los primeros capítulos aparecieron yo había escrito apenas cincuenta mil palabras; pero persistí, y terminé y entregué mi novela a tiempo.
Era bueno transformarse de una aficionada sin rumbo en una profesional; pero esto no fue nada comparado con el efecto que tuvo sobre mi imaginación el esfuerzo sitemático diario. Yo era realmente como Saúl, el hijo de Kish que partió en busca de un asno y regresó con un reino: el reino del dominio de mis herramientas. Recuerdo que, cuando el libro estuvo listo, me dije: "Todavia no sé como se escribe una novela; pero ya sé cómo se aprende a hacerlo."
Edith Wharton. Una mirada atrás. Traducció de Jordi Gubern. RBA, 2004. P. 166-168.
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The House of Mirth es va publicar per entregues a la revista Scribner's Magazine de gener a novembre de 1905. L'octubre del mateix any s'edità en format llibre. A finals de desembre ja se n'havien venut 140.000 còpies.
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A la biblioteca de la Universitat de Yale es conserven les dues versions de la novel·la anteriors a l'edició definitiva. Una es titula A Moment's Ornament (el títol prové d'un vers del poema "She was a phantom of delight" de Wordsworth) i, l'altre, The Year of the Rose. El títol definitiu, The House of Mirth fa referència a l'Eclesiastès (7:4):
The heart of the wise is in the house of mourning; but the heart of fools is in the house of mirth.
(El cor dels savis és a la casa del dol, i el cor dels folls és a la casa de la festa).
Els editors van voler incloure la cita en la portada, però Edith Wharton s'hi va negar.