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divendres, 7 d’octubre del 2016

sorkin i el quijote



     The Newsroom, 3a temporada, episodi 6.  What Kind of Day Has It Been.

Como los buenos vinos, los grandes autores son fáciles de identificar. Aaron Sorkin (Nueva York, 1961), el guionista de moda, entra en esa categoría. Sus admiradores y sus críticos se reparten por igual, unos le consideran el Shakespeare de este siglo; otros, un escritor que se repite a sí mismo. En cualquier caso, aclamado y odiado, su nueva serie, 'The Newsroom', es de las más esperadas del año. 
Cada escritor tiene su proceso… William Faulkner antes de terminar una obra se abstenía de beber alcohol; Jack Kerouac decidió probar las anfetaminas durante las tres semanas previas a comenzar 'On the Road'; Ernest Hemingway, incapaz de acabar 'Adiós a las armas', tuvo la brillante idea de escribir 47 posibles finales… Pues a Aaron Sorkin, el mejor escritor de escenarios y diálogos vivo, le da por leer 'El Quijote' antes de empezar un guión. "Me cautiva el personaje. Es una referencia constante en mi trabajo. Además, es el libro que más impacto ha tenido en mi vida en términos de escritura. El Quijote es una historia que me enamoró y en todo lo que hago trato de describir a Don Quijote una y otra vez". Así, su nuevo Don Quijote se llama en realidad Will McAvoy, lo interpreta el estupendo Jeff Daniels y es el protagonista de 'The Newsroom', una serie generada en la factoría Sorkin y formateada al estilo HBO, la cadena del planeta Tierra que más y mejor mima a su público...
María Estévez. Aaron Sorkin: Don Quijote contra la perversa caja tonta. GQ. 13|11|2012.

dissabte, 22 d’octubre del 2011

de res, massa

"Cesó la música, sentóse Sancho a la cabecera de la mesa, porque no había más de aquel asiento, y no otro servicio en toda ella. Púsose a su lado en pie un personaje, que después mostró ser médico, con su varilla de ballena en la mano. Levantaron una riquísima y blanca toalla con que estaban cubiertas las frutas y mucha diversidad de platos de diversos manjares; uno que parecía estudiante echó la bendición, y un paje puso un babador randado a Sancho; otro, que hacía el oficio de maestresala, llegó un plato de fruta delante, pero apenas hubo comido un bocado, cuando el de la varilla tocando con ella en el plato, se le quitaron de delante con grandísima celeridad; pero el maestresala le llegó otro de otro manjar. Iba a probarle Sancho, pero antes que llegase a él ni le gustase, ya la varilla había tocado en él, y un paje alzándole con tanta presteza como el de la fruta. Visto lo cual por Sancho, quedó suspenso, y mirando a todos, preguntó si se había de comer aquella comida como juego de maesecoral. A lo cual respondió el de la vara:

-No se ha de comer, señor gobernador, sino como es uso y costumbre en las otras ínsulas donde hay gobernadores. Yo, señor, soy médico, y estoy asalariado en esta ínsula para serlo de los gobernadores della, y miro por su salud mucho más que por la mía [...].

-Desa manera, aquel plato de perdices que están allí asadas y, a mi parecer, bien sazonadas, no me harán algún daño.

A lo que el médico respondió:

-Porque nuestro maestro Hipócrates, norte y luz de la medicina, en un aforismo suyo, dice: Omnis saturatio mala, perdices autem pessima. Quiere decir: "Toda hartazga es mala; pero la de perdices, malísima".

-Si eso es así -dijo Sancho- vea el señor doctor de cuantos manjares hay en esta mesa cuál me hará más provecho y cuál menos daño, y déjeme comer dél sin que me le apalee; porque por vida de gobernador, y así Dios me le deje gozar, que me muero de hambre, y el negarme la comida, aunque le pese al señor doctor y él más me diga, antes será quitarme la vida que aumentármela.

-Vuestra merced tiene razón, señor gobernador -respondió el médico-, y así, es mi parecer que vuestra merced no coma de aquellos conejos guisados que allí están, porque es manjar peliagudo. De aquella ternera, si no fuera asada y en adobo, aún se pudiera probar; pero no hay para qué.

Y Sancho dijo:

-Aquel platonazo que está más adelante vahando me parece que es olla podrida, que por la diversidad de cosas que en las tales ollas podridas hay, no podré dejar de topar con alguna que me sea de gusto y provecho.

-¡Absit! -dijo el médico-. Vaya lejos de nosotros tan mal pensamiento: no hay cosa en el mundo de peor mantenimiento que una olla podrida [...]

Oyendo esto Sancho, se arrimó sobre el espaldar de la silla y miró de hito en hito al tal médico, y con voz grave le preguntó cómo se llamaba y dónde había estudiado. A lo que él respondió:

-Yo, señor gobernador, me llamo el doctor Pedro Recio de Agüero, y soy natural de un lugar llamado Tirteafuera, que está entre Caracuel y Almodóvar del Campo, a la mano derecha, y tengo el grado de doctor por la universidad de Osuna.

A lo que respondió Sancho, todo encendido en cólera:

-Pues señor doctor Pedro Recio de Mal Agüero, natural de Tirteafuera, lugar que está a la derecha mano como vamos de Caracuel a Almodóvar del Campo, graduado en Osuna, quíteseme luego de delante, si no, voto al sol que tome un garrote y que a garrotazos, comenzando por él, no me ha de quedar médico en toda la ínsula, a lo menos de aquellos que yo entienda que son ignorantes; que a los médicos sabios, prudentes y discretos los pondré sobre mi cabeza y los honraré como a personas divinas. Y vuelvo a decir que se me vaya, Pedro Recio, de aquí; si no tomaré esta silla donde estoy sentado y se la estrellaré en la cabeza, y pídanmelo en residencia, que yo me descargaré con decir que hice servicio a Dios en matar a un mal médico, verdugo de la república. Y denme de comer, o si no, tómense su gobierno, que oficio que no da de comer a su dueño no vale dos habas."


Miguel de Cervantes. "Donde se prosigue cómo se portaba Sancho Panza en su gobierno" A: Don Quijote de la Mancha. II part. Cátedra, 1980. P. 371-375.