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dijous, 24 de juliol del 2025

en resum


Perquè l'argument de l'Odissea no és gaire extens. Un home és absent fa molts anys. Posidó l'aguaita contínuament i ell és tot sol; per altra banda els afers de casa seva van de tal manera que els seus béns són consumits per uns pretendents i el seu fill es veu voltat de paranys; ell després de molts tràngols arriba, es dóna a conèixer a algunes persones, ataca els pretendents, ell es salva i destrueix els seus enemics.

Aristòtil. Poètica.

 

dijous, 28 de març del 2024

contra els idiotes

 

NÚRIA BARRIOS
Contra los idiotas
El País
16|3|2024


En 1967, un ejemplar de la Ilíada, la obra de Homero, salió de la biblioteca del instituto madrileño de San Isidro en préstamo. Aunque el plazo era de 15 días, el libro no regresó. Pero con Homero siempre hay que esperar un retorno, aunque este se demore años. Odiseo llegó a Ítaca 10 años después de que los griegos vencieran a los troyanos. La demora en el retorno y llegar cuando ya nadie te espera son cualidades homéricas. Así ha sucedido de nuevo. Como el protagonista de la Odisea, el ejemplar de la Ilíada también ha regresado a casa. En esta ocasión la vuelta ha llevado 57 años. El libro venía con una nota anónima escrita con ordenador en la que "un alumno de cuyo nombre no quiero acordarme" pedía "humildemente perdón".

Hay memoria de otros libros viajeros. Los que regresaron a sus bibliotecas cuando cayó el muro de Belín en 1889, por ejemplo. Quienes los habían sacado en préstamo 28 años antes se encaminaron al otro lado de la ciudad, ahora abierta, para entregar lo que era de todos. A un gesto aparentemente tan pequeño los griegos antiguos bien hubiesen podido llamarlo gesta, porque gesta era lo que tenía importancia para la comunidad. Y quizá habrían estado de acuerdo en que la devolución de un libro es un alegato contra los idiotas, pues la palabra idiota proviene de la raíz griega idios, que hace referencia a lo privado. En aquella época, un idiota era alguien que solo se preocupaba de sus asuntos particulares y se desentendía de lo público.

La persona que devolvió el ejemplar de la Ilíada podría haberse desentendido del asunto después de tantos años, pero escribió una nota de disculpa, buscó la dirección postal del destinatario, fua a Correos, esperó turno para ser atendido, aguardó a que pesaran el libro —¿cuánto pesa la Ilíada?— y pagó un extra para que llegara cuanto antes por Correos Express. En su decisión primó la idea de formar parte de una comunidad, de un cuerpo vivo, en el que la transmisión de los conocimientos es vital para el bienestar de los individuos. Al actuar, pensó a la contra de una sociedad que antepone el Yo al Nosotros.

La Ilíada no es un libro cualquiera. Junto con la Odisea es el libro fundacional de la literatura occidental. Narra la guerra que destruyó Troya en torno al año 1200 antes de Cristo. Describe el asedio de la ciudad por una confederación de reyes micénicos, su conquista, saqueo y destrucción. Pero narra mucho más que eso: habla de la ambición, del deseo de gloria, de la codicia, de la paternidad, del odio, de la ira, de la negociación, de la violencia, de la amistad, de la venganza...De las múltiples formas que adoptan el amor y la muerte. Es mucho más que un libro; es un espejo de la naturaleza humana. Dicen que Alejando Magno se sabía la Ilíada de memoria. Las historias de Helena y Paris, de Agamenón, de Aquiles y Héctor, de Príamo, de Odiseo...han atravesado los siglos y siguen hoy tan vivas como entonces.

Si la Ilíada era reconocida como una obra literaria asombrosa, en 1864 un millonario alemán, Heinrich Schliemann, demostró que el mundo que describía aquel libro no era imaginario, sino real. Guiándose por los versos de Homero, Schliemann llegó a la colina de Hissarlik, en la actual Turquía, y desenterró parte de la muralla de Troya. Aquel sonoro nombre no designaba un lugar fictício, sino una ciudad situada exactamente donde Homero decía. Si la lectura de la Ilíada conformó la identidad del pueblo griego y de todos nosotros, el descubrimiento de Troya cambió la historia de la arqueología.

Hay libros que resuenan con tal poder que nos resulta imposible olvidarlos. Hablan de nosotros con tan asombrosa claridad que sentimos que somos sus autores. Cuenta Alberto Mangel que, en 1990, el Ministerio de Cultura colombiano creó un sistema de bibliotecas itinerantes para llevar libros a los habitantes de regiones rurales lejanas. Todos fueron devueltos cuando el plazo se cumplió, salvo uno. Los aldeanos de una de esas regiones se negaron a desprenderse de la Ilíada, argumentando que el libro narraba su historia. La guerra que contaba era la misma que asolaba su país, los miedos y deseos de sus personajes eran sus miedos y sus deseos. El bibliotecario les regaló el libro. La Ilíada había hecho su magia: griegos y troyanos habían mudado en colombianos. Al leer la historia y hacerla suya, ellos se habían convertido asimismo en sus autores.

Nada se sabe de Homero, hay quienes piensan que no existió nunca y su nombre es una máscara tras la que se ocultan todos los que cantaron las fabulosas historias de la guerra de Troya. En la nota que acompañaba el ejemplar de la Ilíada que ha regresado al instituto San Isidro se menciona que el traductor es José Gómez Hermosilla. Él es, en esa edición, la voz de Homero.


dijous, 12 de gener del 2023

tota gran obra és una ilíada o bé una odissea



LLUÍS AHICART GUILLÉN
Tota gran obra és una Ilíada o bé una Odissea. Raymond Queneau
14|11|2021

En el seu prefaci a l’edició de 1947 de Bouvard et Pécuchet, de Flaubert, Raymond Queneau hi formula la seva teoria sobre les ilíades i les odissees:


Bouvard i Pécuchet és una Odissea, la senyora Bordin i la Mélie són les Calipso d’aquest vagareig per la Mediterrània del saber i la còpia final és Ítaca, on, després d’haver massacrat tots els pretendents, es dediquen amb un entusiasme ple de saviesa al cultiu de les ostres perleres de l’estupidesa humana. Ells, com Càndid, cultiven el seu hort i, diu Flaubert en una carta a Edmond de Goncourt: «El final de Càndid: conreem el nostre hort és la lliçó de moral més gran que hi ha.»

La literatura (profana – és a dir, la veritable) comença amb Homer (ja un gran escèptic) i tota gran obra és una Ilíada o bé una Odissea, sent les odissees més nombroses que les ilíades: el Satiricó, la Divina Comèdia, Pantagruel, Don Quixot i, naturalment, l’Ulisses (on per altra banda s’hi reconeix la influència directa de Bouvart i Pécuchet) són odissees, és a dir narracions de temps complets. Les ilíades són, per contra, recerques del temps perdut: davant de Troia, en una illa deserta o a casa els Guermantes.”


divendres, 23 d’octubre del 2020

la meva odissea particular


A voltes amb l’Odissea des del 28 d’abril de 2020.
A sis cants del final.

dijous, 23 de gener del 2020

els camins de la lectura


Perquè l'argument de l'Odissea no és gaire extens. Un home és absent fa molts anys. Posidó l'aguaita contínuament i ell és tot sol; per altra banda els afers de casa seva van de tal manera que els seus béns són consumits per uns pretendents i el seu fill es veu voltat de paranys; ell després de molts tràngols arriba, es dóna a conèixer a algunes persones, ataca els pretendents, ell es salva i destrueix els seus enemics.
Aristòtil. Poètica.
*

Me la passa en Robert, que acaba de llegir-la empès per en Lluís Anglada, i aquí estic, a punt d'embarcar-me en aquesta odissea. No sé d'on la va treure en Lluís.

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
Herencias
El País
27|2|2019

'Una Odisea', de Daniel Mendelsohn, interesará tanto a los que ya sepan qué significa la palabra griega 'nostos' como a los que piensen que Homero es uno de los Simpson
Uno de los pasajes más tristes de la historia de la literatura tiene lugar en el canto XI de la Odisea, cuando Ulises viaja al inframundo y se encuentra por sorpresa con Anticlea, su madre. No sabía que había muerto. Llevaba dos décadas sin noticias de su familia: diez años en la guerra de Troya y otros tantos tratando de volver a Ítaca. El comentario de ese episodio es, a su vez, uno de los grandes momentos de Una odisea: un padre, un hijo, una epopeya, el libro de Daniel Mendelsohn que Seix Barral acaba de publicar en traducción de Ramón Buenaventura. Filólogo clásico y crítico literario, Mendelsohn relata en 400 páginas fulgurantes la peripecia de leer a Homero en un seminario al que acude una docena de estudiantes de griego y un oyente particular: su propio padre, un matemático jubilado poco amigo de las efusiones sentimentales y al que Ulises no le cae simpático.
A la tirante historia familiar y al fascinante comentario de texto se les suma el crucero por el Mediterráneo que padre e hijo emprenden al terminar el curso. Una odisea es, claro, una odisea casera –proemio y anagnórisis incluidos- al tiempo que un canto a las humanidades en tiempos de pragmatismo rampante y al análisis riguroso en tiempos de subjetivismo ramplón. Cuando los alumnos le plantean una interpretación heterodoxa -¿y si Ulises se inventa su aventura con Circe?- el profesor recurre a una de sus maestras, Jenny Strauss Clay, que resuelve la duda con la herramienta más vieja de la filología: la lectura atenta.
Además de una introducción al poema homérico que interesará tanto a los que ya sepan qué significa nostos (regreso a casa) como a los que piensen que Homero es uno de los Simpson, el libro de Mendelsohn está lleno de historias que darían para un tomo entero. Así, de su mentora apenas apunta que ha tenido “una vida de viajes”, pero podría haber contado más. Jenny Strauss Clay nació en Egipto en 1942, adonde habían viajado sus padres huyendo de los nazis. Su madre murió en el parto, su padre se suicidó y ella fue adoptada por su tío, Leo Strauss, uno de los grandes de la filosofía política, exiliado en EEUU. Cuando en los años posteriores al 11-S su obra se convirtió en coartada para los neocon, su hija publicó un artículo en el New York Times tratando de desligar a su padre –que llevaba 30 años muerto- de la Administración Bush a la vez que reivindicaba su pasión por los clásicos, es decir, su herencia.

dilluns, 11 d’octubre del 2010

argos

Gravat sobre fusta de E.-C. Ricart


“Mentre s'anaven els dos parlant així l'un a l'altre,
un gos que jeia aixecà la testa i les dues orelles,
Argos, que Ulisses mateix, el de cor pacient, acabava
de criar, sense haver-se'n gaudit, quan partí cap a Troia
la sagrada. I abans els joves solien endur-se'l
a les cabres ferestes i a córrer la llebre o el cérvol;
i ara jeia allí, negligit, en l'absència de l'amo,
sobre un gran munt de fems que a l'indret del portal li tiraven
de les mules i els bous, esperant que els homes d'Ulisses
els anessin duent al clos gran de l'adob de la terra;
allí s'estava ajaçat el gos Argos, tot ple de paparres.
Va reconèixer Ulisses en l'home aquell que venia,
i, bellugant la cua, acalà totes dues orelles:
ja no tingué la força per córrer cap al seu amo.
I ell, que ho veié, girà els ulls i va eixugar-se una llàgrima,
fàcilment amagant-la d'Eumeos; i cuità a preguntar-li:
– És ben estrany, Eumeos, aquest gos enmig de la femta!
Fa bonic, com a raça; però no es veu gaire si era
molt corredor, també per damunt d'aquesta bellesa,
o si només era això, com els gossos taulers de les cases
de senyor, que els mantenen lluents només per la mostra.
I llavors, responent, Eumeos porquer, li digueres:
– Sí, és el gos de l'heroi que ha mort tan lluny de nosaltres!
[ …]
Tal havent dit, entrà en el casal de bon habitar-hi
i anà de dret a la sala, amb l'aplec dels galants senyorívols.
I Argos, l'aferrà una parca de mort tenebrosa,
tot seguit d'haver vist Ulisses al cap de vint anys.”

Homer. Odissea, Traducció de Carles Riba. La Magrana, 1993. Cant XVII. Vol 2. p. 100


P.S.: Odissea, E.-C. Ricart