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dijous, 10 de setembre del 2026

el repte de trobar bibliotecaris



ALBA MARTÍNEZ MIRALPEIX
La falta de bibliotecaris ha portat el Parlament a modificar la llei perquè es pugui exercir l'ofici sense haver d'estudiar el grau d'informació i documentació, poc demandat
3Cat
4|8|2026


[...] La passió pels llibres, però, no és suficient per cobrir totes les places dels 456 equipaments bibliotecaris que hi ha a Catalunya. Xavier González Cuadra, president del Col·legi Oficial de Bibliotecaris-Documentalistes de Catalunya, atribueix aquesta falta de vocacions al fet que es tracta d'una professió que "ara mateix és poc atractiva per qüestions de salaris, horaris i reconeixement social i cultural". La vaga indefinida del personal de les biblioteques de Barcelona així ho constata.

A Salt ho saben bé. Fa més d'un any que intenten cobrir la vacant de director de la biblioteca municipal, però la plaça ha quedat deserta. Segons la llei de biblioteques, les persones interessades han de disposar de la titulació específica en Informació i Documentació per poder optar al càrrec.

Toni Vidal, regidor de Cultura de l'Ajuntament de Salt, admet que aquests requisits limiten considerablement el nombre de candidats possibles. La llei catalana de biblioteques obliga a contractar professionals amb la titulació superior específica de Biblioteconomia i Documentació

"Són perfils difícils de trobar perquè molts professionals no hi tenen interès o prefereixen altres sortides laborals i no veuen tan atractiu treballar en una biblioteca", apunta

Vidal considera que hi podria haver altres professionals "perfectament vàlids" per ocupar aquestes vacants sense necessitat de disposar d'una titulació tan específica. Per això, l'Ajuntament de Salt demanava canviar la normativa.

Com que el cas de Salt no és aïllat, el Parlament de Catalunya ha modificat la llei del sistema bibliotecari de Catalunya perquè professionals procedents d'altres disciplines universitàries també puguin accedir a aquests llocs de treball.

El canvi normatiu, que ja ha entrat en vigor, permetrà complementar l'actual Grau en Informació i Documentació, que es continuarà impartint, amb un nou màster en Biblioteques Públiques. L'objectiu és que persones graduades en altres àmbits puguin adquirir la formació específica necessària per exercir com a bibliotecàries. La primera promoció d'aquest màster es graduarà el juny del 2027.

Pel que fa al Grau en Informació i Documentació, actualment només es pot cursar a la Facultat d'Informació i Mitjans Audiovisuals de la Universitat de Barcelona. Aquest curs 59 estudiants l'han escollit com a primera opció.

Xavier González Cuadra celebra aquestes xifres, però hi afegeix context: "Tot i que hi ha un nombre raonable d'estudiants que trien aquesta formació, la realitat és que molt pocs l'acaben i, encara menys, decideixen treballar en biblioteques."

Cap al 2010, cada any es graduaven entre 140 i 150 persones en Informació i Documentació. En l'última dècada, aquesta xifra ha caigut fins a situar-se al voltant de les 30 persones anuals. Paral·lelament, l'oferta universitària també s'ha reduït de manera significativa: de les 160 places disponibles l'any 2000 s'ha passat a les 64 actuals. A aquest escenari s'hi afegeix un altre factor: l'onada de jubilacions prevista per als pròxims anys.

 

dissabte, 25 d’abril del 2026

floreta

 

Bernat Dedéu
El matí de Catalunya Ràdio
22|4|2026


dissabte, 19 de juliol del 2025

grans dames de la biblioteconomia: charlotte serber


ANA RIBERA
La biblioteca del proyecto Manhattan
Cuaderno de Cultura Científica
10|1|2015

 

En marzo de 1943 Robert Oppenheimer llegó a Los Álamos, en el desierto de Nuevo México, para poner en marcha el proyecto Manhattan. Su tarea: investigar y desarrollar la bomba atómica antes de que los alemanes y los japoneses lo consiguieran.

Los Álamos era un enclave aislado, a 32 km de Santa Fe, en el que el único edifico que existía, una granja escuela para niños, fuera transformado en la base de los laboratorios. A su alrededor se fueron levantando las viviendas prefabricadas para las familias de los científicos y del personal laboral y militar de la base.

Toda una ciudad, una comunidad, se levantó en medio de un desierto caluroso y polvoriento en verano, y gélido en invierno. Se construyeron viviendas, escuelas, economato y sala de reuniones y de cine para las familias. Las calles eran lodazales permanentes, las viviendas estaban siempre cubiertas de polvo y el aislamiento del exterior era casi completo. Se necesitaban pases para entrar y salir; todo el correo se gestionaba a través de un único apartado de correos y la correspondencia se enviaba primero a otra ciudad, antes de ser remitida a la dirección de destino.

Las instalaciones científicas, como en cualquier otro lugar del mundo, necesitaban por supuesto una biblioteca. Charlotte Serber fue la bibliotecaria jefa desde su creación hasta la consecución de la bomba atómica y el fin de la II Guerra Mundial.

Charlotte había llegado a Los Álamos junto con su marido Robert Serber, físico y amigo de Oppenheimer, que lo reclutó para el proyecto Manhattan. Chalotte era licenciada por la Universidad de Pennsylvania y había trabajado como periodista freelance y estadística antes de llegar a Los Álamos. En sus memorias, su marido señala que Oppenheimer la eligió como responsable de la biblioteca precisamente porque no era profesional.

Charlotte comenzó a trabajar en marzo de 1943 en la misma oficina que la secretaria del director, porque todavía no había llegado ningún libro ni material. Las instalaciones en las que se ubicó la biblioteca eran pequeñas y pronto estuvieron completamente llenas de estanterías y unas cuantas mesas, para que tanto los científicos como el personal de la biblioteca pudieran trabajar.

El primer pedido de libros se hizo pensando en cubrir las necesidades de información de los científicos del laboratorio. Las materias mejor representadas eran física, química, ingeniería y metalurgia. Se solicitaron 1.200 libros por préstamo interbibliotecario a la Universidad de Berkeley. Este pedido se completó con 50 journals completos.

En 1939, el Gobierno de los Estados Unidos había puesto en marcha el Joint Comittee on Importations para asegurar el acceso a toda la investigación que se publicara en Europa durante la II Guerra Mundial. Durante el periodo en que el país permaneció neutral el acceso fue relativamente fácil, pero a partir de 1941 resultó algo más complicado. En 1942, la Office of Alien Property Custodian, con el apoyo de bibliotecarios y profesores, comenzó a apoderarse del copyright de muchas revistas europeas, para poderlas reimprimir y distribuir. Los originales se conseguían por agentes infiltrados en Europa, a veces por el simple procedimiento de suscribirse a ellas.

Todas esas publicaciones eran muy relevantes para Los Álamos, ya que les permitía el acceso a información de primera mano, junto con la posibilidad de conocer lo que otros científicos, en concreto los alemanes, estaban haciendo. Este conocimiento permitió a los estadounidenses adquirir una gran ventaja competitiva en el desarrollo de la bomba atómica, al aprovechar el trabajo de otros.

La biblioteca desempeñó, además, otra importante tarea. Los científicos no sólo necesitaban información, sino que también la producían. La «sala de documentos» (document room) era la sección de la biblioteca encargada de que los progresos y avances científicos desarrollados diariamente por el Proyecto Manhattan fueran debidamente registrados, anotados y reproducidos, para que fueran accesibles al resto del personal investigador.

Casi todos los científicos enrolados en Los Álamos eran hombres. Las mujeres que lo quisieron se dedicaron a tareas rutinarias y de oficina en los laboratorios, aunque algunas de ellas prefirieron conducir camiones al tedio de copiar, mecanografiar y archivar informes. Charlotte Serber fue la única mujer con un cargo de responsabilidad en el llamado «grupo» de Los Álamos.

A pesar de su posición y relevancia, Charlotte no fue invitada a presenciar el primer test de la bomba atómica el 16 de julio de 1945. La excusa de Oppenheimer fue que no había baños para mujeres en la zona. Charlotte se enfadó muchísimo (con razón).

La biblioteca de Los Álamos sigue funcionando, tiene una de las colecciones de ciencia y tecnología más importantes del mundo y dispone de un archivo online para acceder a sus artículos científicos. Es un ejemplo de biblioteca creada para un proyecto científico concreto que ha sabido evolucionar y adaptarse a las necesidades de sus usuarios.

Gracias a Charlotte Serber.

 


dimarts, 15 d’octubre del 2024

de biblioteques i bibliotecaris

 

[...] La biblioteca puede alterar su función con el paso del tiempo al igual que puede cambiar lo que los demás le exigimos. Las bibliotecas son unas instituciones tan antiguas que han visto nacer y sucumbir civilizaciones, han sobrevivido a profundos cambios sociales y culturales, por lo que no tiene nada de extraño que de vez en cuando sufran una cierta crisis de identidad. Han sido de todo, tal vez demasiadas cosas en un espacio de tiempo relativamente pequeño: templos, museos, almacenes, gabinetes de curiosidades, lugares de estudio, colecciones, instrumentos de construcción nacional y ahora parecen simples nodos de una red ilimitada...

[...] La biblioteca del futuro será, ya lo es, en buena medida digital, multimedial, nudos de accesibilidad a bases de datos, servidores de conexión universal, pero no parece que vaya a disolverse en la pura virtualidad; seguirá habiendo libros y lugares para leerlos. Con esto no expreso ni un deseo ni una nostalgia. Hay en ello también una razón de «economía» de la búsqueda. Nuestras clásicas bibliotecas materiales no se disolverán en la biblioteca virtual universal por una razón de economía, pero no de dinero, sino de atención y tiempo. La inmaterialidad y fluidez de la información digital no exige espacio físico, pero reclama tiempo. Las bibliotecas y los lectores se han enfrentado siempre a las limitaciones del espacio, a la dificultad de hacer un lugar para todo lo que parece digno de ser conservado; en el universo digital el límite más obstinado tiene que ver con el tiempo, concretamente con el que podemos emplear para leer lo que merece ser leído, un tiempo limitado que nos sigue obligando a seleccionar y a que haya mecanismos, instituciones y profesionales que nos faciliten esa selección. Esta será la tarea fundamental de las bibliotecas y sus profesionales del futuro.

[...]  ¿De qué modo influye todo esto en el oficio bibliotecario? ¿Qué podemos esperar de quines se dedican a ello?

En una época de austeridad, preguntarse para qué sirve un bibliotecario tiene inevitablemente aires de amenaza. El mero hecho de plantear esa pregunta parece el preámbulo de algún recorte. Recuerdo haber leído que en Reino Unido se procedió hace años a examinar la organización de su ejército y sus posibles disfuncionalidades. Quien hacía el estudio descubrió que junto a sus baterías de costa había siempre dos soldados que no hacían nada, pero que estaban previstos desde siempre para sujetar a los caballos cuando se asustaran por el ruido del disparo, y allí continuaban aunque hacía mucho tiempo que habían desaparecido los caballos de esas instalaciones militares. Los cambios, las máquinas y los nuevos procedimientos siempre han suscitado el temor de la propia inutilidad. [...] Pienso, por el contrario, que la mejor defensa que puede hacerse del propio oficio, cuando la aceleración de las cosas amenaza con volverle a uno completamente intútil, consiste en descubrir qué puede hacerlo necesario en las nuevas circunstancias.

Por lo demás, tratándose de un oficio tan antiguo, no tiene nada de extraño que quienes trabajan como bibliotecarios y bibliotecarias se vean asediados por una perplejidad paralela a las transformaciones que han ido experimentando las propias bibliotecas: han sido sacerdotes, soldados, funcionarios, almacenistas, virtuosos de las nuevas tecnologías...Los bibliotecarios han tenido que ir reinventando su oficio en múltiples ocasiones: cuando se secularizaron muchas instituciones, con la llegada de la Ilustración, al surgir la moderna división del trabajo, cuando se especificó su profesión y dejaron de ser al mismo tiempo escritores y académicos, cuando los pusieron al servicio del Estado como funcionarios...

[...] Hay una contradicción en el oficio bibliotecario, un equilibrio inestable que siempre me ha parecido digno de admiración: conseguir que los libros sean asequibles y protegerlos del daño que pueden causarles sus lectores. Pero hay otra aparente contradicción que todavía resulta más extraña, seducidos como estamos por la posibilidad de que el mundo se organice sin mediaciones: están al servicio de la accesibilidad, pero para hacerla real tienen que reducir su alcance. Cuando un bibliotecario o una bibliotecaria alejan o esconden ciertos libros para que otros nos resulten más accesibles, cuando seleccionan, destacan o recomiendan, formalmente están haciendo algo muy parecido a lo que pretendieron los enemigos de los libros, pero así consiguen lo contrario que aquellos fanáticos: protegen el libro de los saqueadores y nos protegen a nosotros de su excesiva cantidad.


Daniel Innerarity. La sociedad del desconocimiento. Galaxia Gutenberg, 2024. P. 122-128.


dimecres, 8 de febrer del 2023

grans dames de la biblioteconomia


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LOS GREMIOS
Los mitos de las bibliotecarias
La directora de la Biblioteca Gabriel García Márquez, Neus Castellano, y directora de la Biblioteca Sant Pau y Santa Creu, Virginia Cierco, desmienten en 'Julia en la onda' los mitos de las bibliotecarias, a las que se asocia con señoras mayores con moño tirante, gafas y que mandan callar constantemente.

ondacero.es
31.01.2023 18:50

dimecres, 30 de novembre del 2022

bibliotecàries republicanes


ALBERT PLA NUALART
Bibliotecàries republicanes
Ara
26|11|2022