CONCIENCIAS DELICADAS "El tabaco es para el hombre un veneno de lo más peligroso". Esta virtuosa puesta en guardia se ha vuelto bastante banal, me diréis. Lo que lo es menos -y que debería mover a reflexión- es la identidad del que la formulaba: Adolf Hitler.
Del mismo modo, Adolf Eichmann, mientras esperaba su ejecución, pidió prestado un ejemplar de Lolita a la biblioteca de la cárcel. Al cabo de algunas páginas (nos dice un biógrafo de Nabokov), indignado, arrojó el libro: "¡Esto es repugnante!".
PLAGIO Un joven periodista que entrevistaba a Martha Graham preguntó a la gran bailarina y coreógrafa sobre el asunto de los plagios artísticos. "Escuche, amigo mío -respondió el viejo monstruo sagrado poniendo su mano artrítica sobre el brazo de su interlocutor-, somos todos unos ladrones. Pero, a fin de cuentas, sólo seremos juzgados por dos cosas: por aquel a quien hemos elegido desvalijar y por lo que hayamos hecho con ello".
T.S. Eliot decía, por otra parte, poco más o menos los mismo: "Los poetas inmaduros imitan; los maduros roban".
SCHOPENHAUER Acerca de la manera sana de frecuentar los libros, Schopenhauer ha hecho observaciones que siguen siendo de una pertinencia turbadora: "El arte de no leer es muy importante. Éste consiste en no interesarse en todo cuanto llama la atención del gran público en un momento dado. Cuando todo el mundo habla de cierta obra, recordad que todo aquel que escribe para los imbéciles no dejará de tener nunca lectores. Para leer buenos libros, la condición previa es no perder el tiempo en leer cosas malas, pues la vida es corta". Y luego, dispara este dardo final: "Sólo el que saca sus escritos directamente de su cerebro merece ser leído".
Simon Leys. "Sin orden ni concierto" A: La felicidad de los pececillos: cartas desde las antípodas. Traducción de José Ramón Monreal. Acantilado, 2011. P. 33-35.