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dissabte, 10 de maig del 2014

jo també t'estimo, cari





Scott: Estoy llevando a cabo una lucha completamente solitaria contra otros escritores que tienen talento, tienen dones. Tú eres una escritora de tercera categoría y una bailarina de tercera categoría.
Zelda: Eso ya me lo has dicho otras veces.
Scott: Yo soy un escritor profesional, con muchísimos lectores. Soy el cuentista mejor pagado del mundo. En varias ocasiones he dominado...
Zelda: En tal caso cuesta entender que ataques con tanta rabia a un talento de tercera.
Scott: Todo lo que tú y yo hemos hecho es mi...Yo soy el novelista profesional, y te estoy manteniendo. Todo esto es mi material. Nada de ello es tu material. (...)
Zelda: Te digo que mi vida ha sido tan desgraciada que prefiero estar en un psiquiátrico. ¿Esto significa algo para ti?
Scott: Nada de nada.
Zelda: ¿Qué es lo que quieres que haga?
Scott: Que dejes de escribir ficción.

[Fragmento de la transcripción de un diálogo entre Scott y Zelda Fitzgerald(1), en presencia del psiquiatra de esta, en el sanatorio Sheppard Pratt. Zelda había sido internada en la institución en 1930, y allí había escrito una novela, Save me the Waltz, que enfureció a Scott por estar basada en la vida de ambos]

Laura Freixas. «A la sombra (masculina) de los escritores». La Vanguardia. Cultura|s, núm. 620. 7|maig|2014.

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(1) A: Call me Zelda, d'Erika Robuck.


dimarts, 22 d’octubre del 2013

el cànon fitzgerald


El autor de El gran Gatsby dictó a una enfermera que trataba de mantenerlo alejado del alcohol una lista con los 22 libros a su juicio esenciales, sólo cuatro años antes de su muerte.

En 1936, Scott Fitzgerald, con 40 años, era un ser psíquicamente tambaleante. Los excesos alcohólicos, una constante en su vida desde que era universitario, le habían dejado el ánimo arrastrado por los suelos.
[...] Su mujer, Zelda, no andaba mejor. Era carne de psiquiátrico. En abril de ese año acababa de ingresar en el Highland Mental Hospital de la localidad de Asheville (institución en la que murió 12 años más tarde en un incendio del que no pudo escapar por estar encerrada en una habitación, a la espera de la aplicación de una terapia de electroshocks). En Asheville también se recluyó el autor de El gran Gatsby, en el Hotel Grove Park Inn. Allí, en los días borrascosos, montó escándalos mayúsculos. 
[...] Ahí entra en escena la enfermera Dorothy Richardson, que asumió la responsabilidad de mantener a raya al conflictivo huésped. Un reto serio. La idea era que le hiciese compañía y lo tuviera alejado del alcohol. En esos días trabaron estrecha amistad, lo que resulta curioso si se tiene en cuenta que su papel en esta película era el de poli malo. Al fin y al cabo ella era un obstáculo entre Fitzgerald y sus anhelados licores. 
El escritor, en ese clima de confianza, incluso se propuso refinar la formación literaria de su cuidadora. Con ese propósito (que no está claró si surgió como iniciativa propia o a instancia de Richardson) le dictó un día una lista que tituló: "Los 22 libros que Scott Fitzgerald considera esenciales". La enumeración incluye veinte autores. Casi todas las referencias son títulos concretos: Casa de muñecas, de Henrik Ibsen; Winesbourg, Ohio, de Sherwood Anderson; Rojo y negro, de Sthendal... Aunque también contenía algunas indicaciones genéricas: "Las obras" de Oscar Wilde. La lista demuestra su apertura de criterios, ya que no falta la ficción, claro, pero tampoco la poesía ni el ensayo. 

Alberto Ojeda. «El canon Fitzgerald». El cultural.es. 23|8|2013.




dimarts, 30 de juliol del 2013

en regla


F.S. Fitzgerald
James Joyce
Virgina Woolf