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diumenge, 8 de desembre del 2013
dimecres, 28 de març del 2012
el piròman ocasional
QUIZÁ PORQUE murió prematuramente o porque pasó toda su vida enfermo, quizá por sus viajes exóticos que en la época resultaban heroicos, quizá porque se lo empieza a leer de niño, lo cierto es que la figura de Robert Louis Stevenson se aparece casi siempre teñida de caballerosidad y angelical pureza, hasta el punto de producir empalago en cuanto se cargan un poco las tintas.
Es indudable que Stevenson era caballeroso, pero no a ultranza, o digamos que lo era de la manera justa: no hay auténtico caballero que no se haya comportado como un rufián al menos una vez en la vida. La vez de Stevenson pudo tener lugar en las cercanías de Monterrey, California, cuando sin querer prendió fuego a un bosque. Se había declarado ya un incendio en otra zona, y se extendía tan rápidamente que Stevenson, con curiosidad científica, se preguntó si la causa sería el musgo que adorna y cubre los bosques californianos. Para averiguarlo, no se le ocurrió otra cosa que aplicar una cerilla a un trozo, pero sin tener la precaución de arrancar antes del árbol el trozo de su experimento. En un instante el árbol se convirtió en una tea, con lo que sin duda Stevenson dio por concluida la prueba, y además satisfactoriamente. Pero su comportamiento poco caballeroso vino después: no muy lejos oyó los gritos de los hombres que combatían el fuego original, y comprendió que no le cabía hacer sino una cosa, a saber: huir del lugar antes de ser descubierto. Al parecer corrió como nunca lo había hecho en la vida y como sólo corren los hombres sabios y los cobardes.
Javier Marías. "Robert Louis Stevenson entre criminales" A: Vidas escritas. Debolsillo, 2007. P.87.
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R.L. Stevenson
dimecres, 23 de febrer del 2011
l'undemà
<-- aquesta és la cara que li va quedar al Frederic de cal Marc quan va saber que no podria venir a la trobada del club.Ahir va ser el dia de la trobada per parlar de Robert L. Stevenson i de la seva obra l’estrany cas del Dr. Jeckyll i Mr. Hyde. Érem una vintena i la reunió va estar moderada per Miquel Vilardell, amic de la casa i Stevensonià de soca-rel. Tothom va estar d’acord en qualificar la novel·la breu de deliciosa peça d’orfebreria . Penso que tothom va gaudir d’una lectura agradable i que més o menys vam arribar a les mateixes conclusions tot i que una sentada com la d’ahir serveix per matisar les diferències.
En Miquel va articular la seva intervenció en tres punts: primer va donar unes petites pinzellades biogràfiques per situar cronològicament l’autor, després va fer un repàs a la seva obra (la d’Stevenson) aturant-se en les seves novel·les preferides i esmentant els temes que recorren l’obra de l’escocès com per exemple els personatges aparentment dolents però que tenen altres virtuts, va parlar de l’estil i la forma de les seves narracions i també de la seva poesia i dels seus articles de crítica literària. Finalment ens vam centrar en el llibre del mes, strange case of dr.Jekykll and mr. Hyde i llavors va ser quan van apareixer els nostres més baixos instints que en aquesta ocasió no detallaré. Primer, però, en Miquel va parlar del narrador i de la primera persona de la carta final que l’emparenta encara més amb Edgar Poe. Uns deien que era una al·legoria moral sobre la dualitat humana, l’ambigüitat dels valors socials, altres que era una crítica a la societat victoriana altres al revés que era una reivindicació dels valors de l’època, uns es qüestionaven si tenia un final feliç o no, etc, etc, un diàleg fèrtil i il·lustratiu. Una interessant pregunta va ser: què deurien pensar els lectors de l’època lliures dels clixés visuals incorporats per la munió d’adaptacions que hi ha, la deurien veure com una novel·la de misteri?, ...
En els apunts que en Miquel es va deixar a la biblioteca s’hi llegeix: Argument, tema/es. Clara influència d’Edgar Allan Poe en l’argument (William Wilson). Format de novel·la d’intriga i misteri, amb elements, al final, propis del relat gòtic [!!!1] i fantàstic. Més que de la lluita entre el bé i el mal, jo crec que parla de la fascinació pel mal (des de la seva primera novel·la quan Jim allibera John Silver, l’ambigüitat en el comportament dels personatges de Stevenson sol ser bastant habitual). El mateix Utterson es defineix com un personatge que “de vagades fins i tot admirava, gairebé amb enveja, la vitalitat i l’energia que demostraven la maldat dels altres” (p.7; és a dir maldat igual a “vitalitat i energia”!) També hi ha una crítica als valors morals i a les lleis (veure la desconfiança cap a un funcionari, [!!! 2] (p.35). La dualitat, mental i intel·lectual (p.84). El mal vist com la part mortal de l’home (p.89), però també la d’alliberament (p.91, en consonància amb l’admiració d’Utterson). El dilema –present en quasi tota l’obra de Stevenson- de triar entre el bé i el mal (pps.96/97). La “normalitat” del conflicte de Jeckyll, metàfora de l’home modern escindit entre l’ordre moral i la seva subversió (pps.100/101). 3
Per acabar citaré al mateix Vilardell en un article que podeu llegir al diari Avui del dia 8 d’abril de 1988.
La vigència de “Dr.Jekyll”, en una època esquizofrènica com la nostra, crec que està assegurada i penso que la grandesa de Stevenson està en haver sabut penetrar en els racons més temuts de la naturalesa humana en un temps en què Freud encara no era conegut. A part d’això, i del que dic més amunt, “El cas misteriós...” és un llibre que dóna per fer-ne un estudi molt més llarg que el d’una simple ressenya crítica. En fi, que com sol dir el tòpic, em sembla que seria el llibre (entre d’altres coses) que m’enduria a una illa deserta (suposant que en quedi alguna)
1.- Aquests signes d’admiració són meus
2.- Aquests també
3.-La paginació correspon a l’edició d’en Miquel, que suposo deu ser l’editada pels llibres de Glauco, l’any 1988 en traducció d’Andrew Langdom-Davies que correspon al número 36 de la col·lecció “L’Arcà”.
dimarts, 22 de febrer del 2011
estimada fanny stevenson
[desembre de 1894]
Mi querida Fanny Stevenson:
¿Qué puedo decirle que no parezca cruelmente irrelevante o vano? Llevamos en la oscuridad casi una quincena, pero ¿qué es nuestra oscuridad comparada con la extinción de su magnífica luz? Ya sabrá probablemente lo que nos ha ocurrido, cómo la odiosa notícia nos llegó vía Auckland, etc. y luego cómo, en los periódicos, se suscitó la duda sobre su autenticidad, justo lo suficiente para darle a uno un destello de esperanza, hasta que el telegrama que usted me envió vía San Francisco -repetido también en otras fuentes- convirtió mis convicciones pesimistas en un conocimiento desdichado. Durante todo este tiempo, mis pensamientos han revoloteado alrededor de todos ustedes, en especial alrededor de usted, con una ternura que podría haber deseado que adivinara en la distancia. Es usted una imagen tan visible de la desolación que tengo que recordarme a mí mismo que el valor, la paciencia y la fortaleza se hallan también en abundancia en usted. La devoción que Louis inspiraba -y de la cual debe de estar lleno todo el aire en torno a usted- tiene que significar también mucho para usted. Sin embargo, cuando escribo la palabra me siento en realidad casi avergonzado de ella, como si algo pudiera ser "mucho" en presencia del vacío tan abismal. Haber vivido a la luz de esa espléndida vida, de ese ser hermoso y bondadoso, sólo para verlo de un momento a otro convertido en una fábula tan extraña y romántica como una de las suyas, un ser que ha sido y ha terminado, es una angustia en la cual nadie puede entrar completamente y cuya copa nadie puede apurar por usted. Es usted quien más cerca está del dolor porque fue quien estuvo más cerca de la alegría y del orgullo. Pero si significa algo para usted saber que ninguna mujer fue nunca más compadecida y que su dolor personal es el dolor profundamente personal de innumerables corazones, sépalo bien, mi querida Fanny Stevenson, pues durante todos estos días ha habido amistad para usted en el mismo aire. En cuanto a mí, cómo le diré cuánto más mísero y pobre parece el mundo entero, y cómo una de las razones más poderosas y cercanas para seguir adelante, para tratar de hacer algo, para planear el futuro y soñar con él, ha abandonado la vida en un instante. Yo tenía la obsesionante sensación de que nunca volvería a verlo, pero una de las mejores cosas de la vida era que estaba allí, o que uno lo tenía, o al menos tenía notícias suyas, y lo sentía y lo esperaba, y lo incluía en todo lo que más amaba y en aquello para lo que vivía. Iluminó de un lado entero de la Tierra y era por sí mismo una provincia entera de la imaginación. Sin él somos gentes más pequeñas y personas más mediocres. Tengo la sensación de que hay cierta indelicadeza en decírselo, salvo porque sé que no hay nada estrecho o egoísta en su sentimiento de pérdida; en cuanto a él, sin embargo, a pesar de su nombre afortunado y de su visible buena suerte, sorprende como otra cuestión. Quiero decir que tengo la sensación de que ha sido tan feliz en su muerte (abatido de esa manera, como los dioses, en una hora clara, gloriosa) como lo había sido en su fama. Y, con todas las circunstancias tristes de su rica y plena vida, tuvo lo mejor de ella, lo más intenso de la lucha, lo más sonoro de la música, lo más fresco y espléndido de sí mismo. No es como si no hubiese habido ningún logro pleno y ninguna cosa suprema. Fue todo intenso, todo gallardo, todo exquisito desde el principio, y la experiencia, la fruición, tuvieron algo de dramáticamente completo en estas cosas. Se ha ido a tiempo para no envejecer, lo suficientemente pronto para ser tan generosamente joven y lo suficientemente tarde para haber apurado la copa. Ha habido -me parece- entre los hombres de letras pocas muertes más románticamente adecuadas. Perdóneme, se lo ruego, lo que pudiera parecer sangre fría en estas palabras, o como si me imaginara que pudiera haber algo "adecuado" para usted ante la ruptura de tal afecto y la pérdida de tal presencia. En esa visión tengo sólo en mi mente su carrera redonda y su obra consagrada. Cuando pienso en su propia situación caigo en una simple confusión de piedad y maravilla, con el sentimiento único de que es usted un espíritu tan valeroso como era él (cuya valentía compartía usted toda). De las soluciones y decisiones que usted vea ante sí sabremos a su tiempo; entretanto crea por favor que soy afectísimo suyo...Más de lo que puedo decir, espero que su primera postración y perplejidad hayan pasado y que esté encontrando la manera de sentir toda suerte de brazos cariñosos, toda suerte de manos amistosas extendidas. No sea, mi querida Fanny Stevenson, inconsciente de los míos, y créame más que nunca fielmente suyo,
Henry James
Henry James, Robert Louis Stevenson: crónica de una amistad. Correspondencia y otros escritos. Hiperión, 2000.
dilluns, 21 de febrer del 2011
la tomba de tusitala
También el Monte Vaea, la montaña en la que está enterrado Robert Louis Stevenson, era sagrado para los pobladores de Samoa. Los más viejos de la aldea abrieron expresamente para este muerto un sendero en la selva virgen; arrastraron el féretro monte arriba en medio del titilante calor. Cien años después fui yo, solo. La selva que me rodeaba estaba llena de murmullos y siseos, parecía que la escalada no iba a acabar nunca, era como si estuviese yo mismo caminando hacia el reino de los muertos. Si alguna vez he de ir a él, espero que sea como lo que vi aquel día. A mis pies, la selva verde, entre nubes de vapor, y fuera, como un abrazo infinito, el tranquilo océano. No había nadie. No había ruido de máquinas ni de gente. Arriba, en la cima, estaba la tumba, que recordaba un poco una barca estrecha, y en ella los versos que él mismo había escrito [...]:
Aquí yace, donde anhelaba estar;en su hogar está el marinero de vuelta de la mar,y en su hogar el cazador de vuelta de las montañas.
Aún permanecí allí un rato, tratando de imaginar aquel día de 1894, la gente, los colores, las quedas lenguas polinesias, y cómo, cuando todo hubo terminado, bajaron de nuevo lentamente y dejaron al muerto en la cima. Había allí algo más, que me preocupaba, algo sorprendente, y no descubrí de inmediato por qué y de qué me sorprendía. Había algo diferente. Veía barcas en el agua, allá abajo; veía grandes aves de presa volando en círculo por encima de la selva virgen, y de pronto lo supe: me encontraba en un cementerio sin muertos. Estaba él solo, sin compañía. Cuando yo me fui, volvió quizás a reinar el mismo silencio de la primera noche de su muerte.
Cees Nooteboom. Tumbas de poetas y pensadores. Siruela, 2007. P. 21.
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diumenge, 20 de febrer del 2011
un viatge agosarat

Marcel Schwob. Viaje a Samoa. Valdemar, 1996.
Marcel Schwob no va ser mai un gran viatger, de fet, només l’admiració cap a Stevenson, amb qui havia mantingut una interessant correspondència, el va fer pujar a un vaixell i navegar enllà enllà per retre-li homenatge. De fet, diuen, que quan va tornar a casa no va sortir mai més de viatge.
A la contraportada d’aquest deliciós llibre es pot llegir:
Seducido por la obra y la vida aventurera de Stevenson, Schwob (Chaville,1867-París, 1905), autor de culto al que sde deben raras obras maestras como Vidas imaginarias o el libro de Monelle, comete en 1901 la mayor locura de su vida: ignorando su delicado estado de salud, se embarca en compañia de su inseparable Ting, en el vapor “Ville de la Ciotat” ¡rumbo a Samoa!. Inicia entonces una correspondencia continua –como un salvador hilo de Ariadna, como un íntimo diario de a bordo- con su amada Marguerite, y en ella le relata las pericpecias, anécdotas y penalidades de la travesía, y describe los cambiantes paisajes exóticos que descubre a cada paso a lo largo de aquel tortuoso y agotador viaje en barco a las antípodas.
També fan referència a aquest viatge altres autors, com per exemple Roberto Bolaño a la seva monumental 2666 segons podem llegir aquí.
[...] Marcel Schwob, que tenía una salud igual de frágil, en 1910 había emprendido un viaje en peores condiciones para visitar la tumba de Stevenson en una isla del Pacífico. El viaje de Schwob fue de muchos días de duración, primero en el Ville de La Ciotat, después en el Polynésienne y después en el Manapouri. En enero de 1902 enfermó de pulmonía y estuvo a punto de morir. Schwob viajó con su criado, un chino llamado Ting, el cual se mareaba a la primera ocasión. O tal vez se mareaba si hacía mala mar. En cualquier caso el viaje esuvo plagado de mala mar y de mareos. En una ocasión Schwob, acostado en su camarote, sintiéndose morir, notó que alguien se acostaba a su lado. Al volverse para ver quién era el intruso descubrió a su sirviente oriental, cuya piel estaba verde como una lechuga. Tal vez sólo en ese momento se dio cuenta de la empresa en la que se había metido. Cuando llegó, al cabo de muchas penalidades, a Samoa, no visitó la tumba de Stevenson. Por un lado se encontraba demasiado enfermo y, por otro lado, ¿para qué visitar la tumba de alguien que no ha muerto? Stevenson, y esta revelación simple se la debía al viaje, vivía en él.
Marcel Schwob no va ser mai un gran viatger, de fet, només l’admiració cap a Stevenson, amb qui havia mantingut una interessant correspondència, el va fer pujar a un vaixell i navegar enllà enllà per retre-li homenatge. De fet, diuen, que quan va tornar a casa no va sortir mai més de viatge.
A la contraportada d’aquest deliciós llibre es pot llegir:
Seducido por la obra y la vida aventurera de Stevenson, Schwob (Chaville,1867-París, 1905), autor de culto al que sde deben raras obras maestras como Vidas imaginarias o el libro de Monelle, comete en 1901 la mayor locura de su vida: ignorando su delicado estado de salud, se embarca en compañia de su inseparable Ting, en el vapor “Ville de la Ciotat” ¡rumbo a Samoa!. Inicia entonces una correspondencia continua –como un salvador hilo de Ariadna, como un íntimo diario de a bordo- con su amada Marguerite, y en ella le relata las pericpecias, anécdotas y penalidades de la travesía, y describe los cambiantes paisajes exóticos que descubre a cada paso a lo largo de aquel tortuoso y agotador viaje en barco a las antípodas.
També fan referència a aquest viatge altres autors, com per exemple Roberto Bolaño a la seva monumental 2666 segons podem llegir aquí.
[...] Marcel Schwob, que tenía una salud igual de frágil, en 1910 había emprendido un viaje en peores condiciones para visitar la tumba de Stevenson en una isla del Pacífico. El viaje de Schwob fue de muchos días de duración, primero en el Ville de La Ciotat, después en el Polynésienne y después en el Manapouri. En enero de 1902 enfermó de pulmonía y estuvo a punto de morir. Schwob viajó con su criado, un chino llamado Ting, el cual se mareaba a la primera ocasión. O tal vez se mareaba si hacía mala mar. En cualquier caso el viaje esuvo plagado de mala mar y de mareos. En una ocasión Schwob, acostado en su camarote, sintiéndose morir, notó que alguien se acostaba a su lado. Al volverse para ver quién era el intruso descubrió a su sirviente oriental, cuya piel estaba verde como una lechuga. Tal vez sólo en ese momento se dio cuenta de la empresa en la que se había metido. Cuando llegó, al cabo de muchas penalidades, a Samoa, no visitó la tumba de Stevenson. Por un lado se encontraba demasiado enfermo y, por otro lado, ¿para qué visitar la tumba de alguien que no ha muerto? Stevenson, y esta revelación simple se la debía al viaje, vivía en él.
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dissabte, 19 de febrer del 2011
mss stevenson
Alexandra Lapierre, Fanny Stevenson, entre la pasión y la libertad. Plaza & Janés, 1999.Finalment ha aparegut,...
[de la contraportada]
Un día de primavera de 1876, Fanny conoce a un joven intelectual escocés, de carácter reservado, frágil salud y once años menor que ella. Entre estos dos seres a los que todo separa –ella es norteamericana, casada y madre de tres hijos; él es hijo único de austeros burgueses victorianos- estalla un amor más fuerte que todos los tabúes. Más fuerte que la enfermedad y la muerte. Un amor que convertirá a aquel joven en uno de los genios literarios de su tiempo: Robert Louis Stevenson, el inmortal autor de la isla del tesoro y el extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde...
Fanny Stevenson es el vibrante relato de esta vida excepcional, pletórica de aventuras, dificultades y logros. La vida de una mujer que vivió mil vidas: buscadora de oro en los desiertos de Nevada, pintora en el París de los expresionistas, exploradora en las islas de los mares del Sur, amante ardorosa hasta el final de sus días... Una mujer independiente, adelantada a su tiempo, bohemia, seductora. Una mujer de grandiosa vitalidad que encarna una época, un mito y un mundo irrepetibles. “la única mujer por la lque vale la pena morir”, dijo de ella su último amante. Esta biografía, que se lle como una intensa novela de amor y aventuras, es el resultado de un m inucioso trabajo de investigación durante cuatro años a través de varios continentes, siguiendo la estela dejada por su extraordinaria protagonista.
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dijous, 17 de febrer del 2011
una novel·la d'estil
Fa uns quants dies, en Vladímir Nabòkov ens va assegurar que el Jekyll i Hyde és, sobretot, una novel·la d'estil i que seria absurd llegir l'obra com a novel·la detectivesca. No ho hagués pogut fer, encara que hagués volgut, perquè el cas, lamentablement, de misteriós no en té res: me'l sé de memòria.
Aquí el que val és la presentació; el com és el tot.
-->El joc de narradors (un trencaclosques superb de narradors narrats que culminen en dues primeres persones: el relat del Dr. Lanyon, que serveix per a informar-nos dels elements claus de la història, i la confessió del Dr. Jekyll)
-->la utilització de recursos poètics, com podria ser l'analogia que s'estableix entre els bons vins que apareixen al llarg de la novel·la i el beuratge que es pren el Dr. Jekyll; la importància dels ambients (la casa de Jekyll està dividida. Jekyll entra per la façana principal i Hyde ho fa per una porta situada en un carreró lateral. Pa mi que això és un símbol) i els objectes (un mirall de lluna que hi ha al despatx de Jekyll i que se'l va haver de fer portar per tal de contemplar l'abast de les transformacions, per exemple)
--> la llengua, la selecció i la combinació de mots, que segons Salvador Oliva, no és pas la mateixa que va utilitzar a les seves altres novel·les. Ens ho il·lustra amb un exemple: la frase inicial.
Mr. Utterson, the lawyer, was a man of a rugged contenance, that was never lighteed by a smile; cold, scanty and embarrased in discourse; backward in sentiment; lean, long, dusty, dreary, and yet somehow lovable.
Diu Oliva: "Si ens fixem, per exemple, en els quatre adjectius, ens serà fàcil de veure no solament al·literació inicial dels fonemes /l/ i /d/ sinó també el ritme que generen: dos monosíl·labs seguits de dues clàusules trocàiques (vol dir un peu format per una sil·laba llarga i una de breu) formades cada una per un mot".
lean, long, dus-ty, drea-ry
- - - ~ - ~
A sobre, per acabar-ho d'adobar, els dos darrers adjectius acaben en /i/.
I si passéssim un mal moment i ens agafés la dèria d'analitzar la frase sintàcticament, trobaríem un subjecte, Mr. Utterson, ple de predicats (vuit adjectius, un sintagma preposicional, una aposició, una clàusula relativa...). En fi, una meravella.
I si passéssim un mal moment i ens agafés la dèria d'analitzar la frase sintàcticament, trobaríem un subjecte, Mr. Utterson, ple de predicats (vuit adjectius, un sintagma preposicional, una aposició, una clàusula relativa...). En fi, una meravella.
Prou, ja en parlarem el proper dimarts. De moment, un parell de textos que he seleccionat, en forma d'apunts encadenats. Rima fatal, sí.
__________________________________
P.S.: Lost in translation. Vull dir que si no sabem anglès i ens hem d'encomanar a un traductor, per molt bo i voluntariós que aquest sigui, les al·literacions i els troqueus es fan fum.
Mr. Utterson, el notari, tenia una expressió tan severa que mai no li quedava il·luminada per un somriure; era fred, parc i vergonyós en la conversa; retingut de sentiments; llarg, prim, apagat i monòton; i, malgrat això, d'alguna manera es feia estimar.
dues cares, una moneda
-Lanyon, recordi el jurament. El que ara veurà ha de quedar sota el secret de la nostra professió. I ara, vostè, que fa tant de temps que està lligat als punts de vista més estrets i materialistes, vostè, que ha negat les propietats de la medicina transcendental, vostè que s'ha rigut dels que el superaven en saviesa, contempli!Es va acostar el vas als llavis i en va beure el contingut d'un sol glop. Va seguir un crit, va girar sobre si mateix, caminava de tort, i es va agafar a la taula, on va continuar aferrat, mirant-me de fit a fit amb els ulls injectats de sang i respirant dificultosament per la boca oberta; i, mentre el mirava, em va semblar que sofria un canvi -com si s'inflés-, la cara se li va tornar negra de cop, i els trets se li fonien i se li alteraven. Al cap d'un moment, em vaig alçar del seient amb un salt i em vaig estintolar a la paret tapant-me el rostre amb el braç per protegir-me d'aquell prodigi i amb l'ànima submergida en el terror.
R. L. Stevenson. El cas misteriós del Dr. Jekyll i Mr. Hyde. Traducció de Salvador Oliva. 2a reimp. Quaderns crema, 2005. P. 120-121 ("El relat del Dr. Lanyon").
...vaig beure'm la poció.
Em van venir uns espantosos espasmes de dolor, com si els ossos em quedessin triturats, nàusees, i un terror a l'ànima que no pot pas ser inferior al del moment del naixement o de la mort. Després, aquestes agonies es van anar dissipant i vaig recobrar el coneixement con si hagués passat una greu malaltia. Hi havia una cosa estranya en les sensacions que experimentava, alguna cosa indescriptiblement nova, i, a causa d'aquesta novetat, també increïblement dolça. Em sentia més jove, més lleuger, amb més felicitat al cos; interiorment, tenia la consciència d'un agosarament impetuós: un corrent desordenat d'imatges sensuals fluint com l'aigua d'un molí per la meva imaginació, la dissolució dels lligams de la responsabilitat, i també una llibertat desconeguda, però no pas innocent, dintre de l'ànima. Ja des del primer alè d'aquesta nova vida, vaig adonar-me que era molt més pervers, deu vegades més pervers, com un esclau venut a la maldat original; i aquest sol pensament em tonificava i m'alegrava com el vi. Vaig estirar els braços exultant en la frescor d'aquestes sensacions, i en aquell mateix moment em vaig adonar que havia perdut estatura.
Ibídem. P. 127-128 ("L'explicació completa de Henry Jekyll").
un cel afectat per l'atmosfera de l'argument
Eren més o menys les nou del matí i ja havien aparegut les primeres boires de l'estació; però el vent atacava i dispersava contínuament aquests vapors formats en ordre de batalla, de manera que, mentre el cotxe avançava de carrer en carrer, Mr. Utterson va poder contemplar una meravellosa quantitat de gradacions i tonalitats de llum crepuscular: aquí es feia fosc com a l'horitzó d'un vespre, allà hi havia una resplendor marronosa, intensa i viva com la llum d'una estranya conflagració, i més enllà s'alçava la boira, i un feble raig de llum del dia s'obria camí entre aquelles masses de vapor en moviment. El barri depriment del Soho, vist sota aquells canvis de llum, els carrers fangosos, els vianants malgirbats, i els fanals, que o bé encara no s'havien apagat o bé els havien tornat a encendre per combatre aquella nova i penosa invasió de foscor, semblaven, als ulls del notari, com el districte d'una ciutat sorgida d'un malson. Els seus pensaments, a més a més, estaven tenyits del color més tenebrós; i, quan va donar un cop d'ull al seu company de viatge, va ser conscient de sentir un batec d'aquell terror que la llei i els oficials de la llei poden provocar alguna vegada a les persones més honrades.
R.L. Stevenson. El cas misteriós del Dr. Jekyll i Mr. Hyde. Traducció i introducció de Salvador Oliva. 2a reimp. Quaderns Crema, 2005. P. 66-67
dimecres, 16 de febrer del 2011
stevenson a james
![]() |
| Ni el lloc és Tautira ni l'home que acompanya els Stevenson en aquesta fotografia es diu Rui. |
Honolulú [marzo de 1889]
Mi querido James:
Sí -lo confieso- soy infiel a la amistad y (lo que es menos, pero aun así considerable) a la civilización. Voy a estar otro año sin volver a casa. Ahí está, lisa y llanamente, y ahora ya no creerá en mí en absoluto y me lo tendré bien merecido (como dice usted) y que el diablo me lleve. Pero fíjese y júzgueme tiernamente. Me lo he pasado mejor y he disfrutado más en estos últimos meses que en toda mi vida, y he gozado de mejor salud que en ninguna época durante diez largos años. Y aunque aquí, en Honolulú, me he marchitado en el frío, y este preciado abismo está lleno de islas que aún podemos visitar, y aunque el mar es un lugar mortal me gusta estar aquí y me gustan las turbonadas (cuando han pasado), y no puedo decir cuánto me gusta acercarme a una nueva isla. En resumen, voy a seguir un año más en este género de vida y me propongo seguir trabajando entre las flechas envenenadas, y me propongo (si puede ser) volver cuando la cosa esté terminada y conversar con Henry James como hasta ahora; y entretanto mandar instrucciones a Henry James para que me escriba una vez más. Que se dirija aquí, a Honolulú, pues mis opiniones son vagas, y si manda aquí su carta vendrá y me encontrará, si se me puede encontrar; y si no se me puede encontrar, el hombre James habrá cumplido con su deber y todos estaremos en el fondo del mar, donde a ningún empleado de correos se le puede pedir que nos descubra, o languideciendo en una isla de coral como filosóficos esclavos de algún bárbaro potentado, tal vez de un misionero americano. Mi mujer acaba de mandar a la señora Sitwell la traducción (tant bien que mal) de una carta que he recibido de mi principal amigo en esta parte del mundo: vaya a verla y haga que se la lea; le hará bien; es un método de correspondencia todavía mejor que el de Henry James. Estoy bromeando pero, en serio, es una cosa extraña para un escritor duro, enfermo y de mediana edad como R.L.S. recibir una carta concebida de este modo de un hombre de cincuenta años, político destacado, orador y el gran ingenio de su aldea: dicho osadamente, "el muy popular parlamentario de Tautira". Mi siglo diecinueve resulta chocante aquí y se coloca al lado de algo hermoso y antiguo. Creo que la recepción de semejante carta podría humillar, ¿diré incluso a...?; y en cuanto a mí, preferiría haberla recibido a haber escrito Redgauntlet o la sexta Eneida. Dicho todo, si mis libros me han permitido o me han ayudado a hacer este viaje, a conocer a Rui y a recibir una carta como ésta, no han sido escritos (utilizando la vieja expresión preliminar) en vano. De esto se deduciría que no me he sentido tan humillado como inflado; pero, se lo aseguro, de hecho me he sentido ambas cosas.
Un poco de lo que dice esta carta es mi propia ganancia; no todo, pero sí un poco; ese poco me hace sentirme orgulloso y todo lo demás avergonzado; en contraste, ¡cómo supera en hermosura el hombre antiguo al de hoy!
Bueno, bueno, Henry James está muy bien, aunque es del siglo diecinueve, y eso salta a la vista. Y para tratar de congraciarme con él desearía poder ser más explícito, pero en realidad sigo siendo por necesidad extremadamente vago y no puedo decir lo que voy a hacer ni adónde voy a ir por algún tiempo más. En cuanto esté seguro se lo haré saber. Todos estamos notablemente bien; mi mujer, su compatriota, la que menos de todos; los problemas no faltan por completo, pero en conjunto prosperamos y somos todos afectísimamente suyos,
Robert Louis Stevenson
Henry James, Robert Louis Stevenson: crónica de una amistad. Correspondencia y otros escritos. Hiperión, 2000. P. 137-139.
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R.L. Stevenson
dimarts, 15 de febrer del 2011
el asunto de los polvos
¿Es el doctor Jekyll y míster Hyde una obra de intención filosófica o simplemente la más ingeniosa e irresponsable de las ficciones? Lleva el sello de una producción realmente imaginativa para que podamos entenderla de diferentes maneras, pero supongo que sería definida como el más serio de los relatos de autor. Trata de la relación de lo más bajo del hombre con lo más noble, de la capacidad para el mal que existe en las naturalezas más generosas, y expresa estas cosas en una fábula que es una invención maravillosamente afortunada. El tema es infinitamente interesante, y rico en toda suerte de provocación; hay que felicitar al señor Stevenson por haber tocado su núcleo. Puede que le haga injusticia, pero lo que me impresiona aquí no es tanto la profundidad de la idea como el arte de la presentación, la forma extraordinariamente afortunada. Hay un sentimiento genuino de la perpetua cuestión moral, un nuevo sentido de la dificultad de ser bueno y la brutalidad de ser malo, pero lo que hay sobre todo es una singular capacidad para mantener el interés. Confieso que esto, a mi juicio, es lo más edificante de la breve, rápida y concentrada narración, que es realmente una obra maestra de la concisión. Hay algo casi impertinente en el modo, según he observado, en que el señor Stevenson obtiene sus mejores efectos sin la ayuda de las damas, y El doctor Jekyll es un ejemplo capital de su cruel independencia. Por lo general se supone que una impresión verdaderamente conmovedora no puede construirse sin ellas, pero en el drama del fatal dominio del señor Hyde quedan por completo entre bastidores. Es muy evidente -no lo digo cínicamente- que deben de haber desempeñado un importante papel en su desarrollo. El tono truculento del relato se acentúa sin duda a causa de su ausencia; es como la tardía luz vespertina de un neblinoso domingo de invierno, cuando hasta los objetos inanimados tienen una especie de apariencia maligna. Recuerdo pocas situaciones en las páginas de ficción de misterio que vengan más a propósito que el episodio de la visita del señor Utterson al doctor Jekyll para conferenciar con el mayordomo, cuando el doctor está encerrado en su laboratorio y el anciano sirviente, cuya sagacidad ha logrado resolver hasta ahora los problemas del aparador y la despensa, confiesa que en esta ocasión se halla totalmente desconcertado. La manera en que ambos discuten, junto a la puerta del laboratorio, la identidad del misterioso personaje que está dentro, el cual se ha revelado a Poole en dos o tres inhumanas vislumbres, posee aquellos toques de los que están hechos los irresistibles. La teoría del mayordomo es que su amo ha sido asesinado y que el asesino está en la habitación, suplantándolo con una especie de torpe diabolismo. "Bien, cuando ese ser enmascarado que parece un mono salió de un salto de entre las retortas y se deslizó al gabinete, sentí que se me helaba la espina dorsal". Este es el efecto que produce en el lector de la mayor parte del relato. Digo de la mayor parte en lugar de toda porque el hielo se funde bastante en la secuela, y tengo cierta dificultad en aceptar el asunto de los polvos, que me parece demasiado explícito y explicativo. Los polvos constituyen la maquinaria de la transformación y probablemente habrá sorprendido a muchos lectores el que este siniestro proceso sería más concebible (hasta donde se puede hablar de lo concebible en un caso como éste), si el autor no lo hubiera hecho tan claro.
Henry James. "Robert Louis Stevenson". A: Henry James, Robert Louis Stevenson: crónica de una amistad. Correspondencia y otros escritos. Hiperión, 2000. P. 113.
[Article publicat l'abril de 1888 al Century Magazine]
dilluns, 14 de febrer del 2011
una biografia
Graham Balfour. Vida de Robert Louis Stevenson, edición ilustrada. Hiperión, 1994.La biografia de Stevenson [aquesta que us presentem] escrita por su primo Graham Balfour y publicada en 1901 en dos volúmenes es obra clave para conocer la trayectoria del gran autor escocés. A invitación de éste, Balfour viajó a Vailima y convivió con el escritor durante los dos últimos años y medio de su vida. Además de esta experiencia personal, dispuso para la redacción de su libro de documentos e informaciones familiares, de los diarios de Stevenson y de los de su madre, así como del testimonio de ésta, de la correspondencia inédita, etc. En muchos pasajes deja hablar al propio escritor, publicando textos desconocidos e inéditos. Un libro fundamental, al que se incorporan en su edición española numerosas ilustraciones. [extret de la contracoberta]
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dissabte, 12 de febrer del 2011
sobre la lectura

Fragment de l’article: los libros que me han influido que podeu trobar al llibre Robert L. Stevenson. El Arte de escribir. Artemisa, 2006.
El don de la lectura, como lo he llamado, no es común, ni generalmente comprendido. Consiste, primero que todo, en una vasta cualidad intelectual —una gracia, creo que debo llamarla— mediante la cual un hombre comprende que no está absolutamente en lo cierto, ni que aquellos de quienes difiere están absolutamente en el error. Puede sostener dogmas, puede defenderlos apasionadamente; puede ver que otros los defienden con frialdad, o diferentemente, o definitivamente no los defienden. Pues bien, si tiene el don de la lectura, los dogmas ajenos pueden ser sustanciosos para él. Verá el otro lado de las proposiciones, el otro lado de las virtudes; lo cual, aunque no supone abandonar sus dogmas, puede permitirle considerarlos diferentemente, incluso llegar a algunas deducciones. Una verdad humana, que es siempre en alguna medida una mentira, esconde mucho de la vida al exponérsela. Son los hombres que defienden otras verdades, o, quizás, según nuestro parecer, peligrosas mentiras, quienes pueden ampliar nuestro reducido campo de conocimiento y despertar nuestras conciencias dormidas; algo que parece completamente novedoso, insolentemente falso o muy peligroso, es la prueba de un buen lector. Si trata de comprender su significado, la verdad que lo redime, tiene el talento y debe, pues, leer. Si solo lo hiere, lo ofende, o clama contra las tonterías del autor, mejor que se ocupe de los periódicos; jamás será un lector.
El don de la lectura, como lo he llamado, no es común, ni generalmente comprendido. Consiste, primero que todo, en una vasta cualidad intelectual —una gracia, creo que debo llamarla— mediante la cual un hombre comprende que no está absolutamente en lo cierto, ni que aquellos de quienes difiere están absolutamente en el error. Puede sostener dogmas, puede defenderlos apasionadamente; puede ver que otros los defienden con frialdad, o diferentemente, o definitivamente no los defienden. Pues bien, si tiene el don de la lectura, los dogmas ajenos pueden ser sustanciosos para él. Verá el otro lado de las proposiciones, el otro lado de las virtudes; lo cual, aunque no supone abandonar sus dogmas, puede permitirle considerarlos diferentemente, incluso llegar a algunas deducciones. Una verdad humana, que es siempre en alguna medida una mentira, esconde mucho de la vida al exponérsela. Son los hombres que defienden otras verdades, o, quizás, según nuestro parecer, peligrosas mentiras, quienes pueden ampliar nuestro reducido campo de conocimiento y despertar nuestras conciencias dormidas; algo que parece completamente novedoso, insolentemente falso o muy peligroso, es la prueba de un buen lector. Si trata de comprender su significado, la verdad que lo redime, tiene el talento y debe, pues, leer. Si solo lo hiere, lo ofende, o clama contra las tonterías del autor, mejor que se ocupe de los periódicos; jamás será un lector.
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divendres, 11 de febrer del 2011
dibuixar ànimes
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| R.L. Stevenson. Valima. 1893. |
Mai vaig pintar un quadre de res que tingués davant, sinó que sempre eren coses imaginades, clar senyal de l'absència d'ull artístic; i il·lustrava bellament la meva manca d'autèntica sensibilitat artística amb unes frases que havia dit de ben petit i que he demanat a ma mare que em repeteixi. Deia: "Mama, he dibuixat a un home. Dibuixo ara la seva ànima?
.......................
P.S.: El meu amic Girbén s'ha pres uns dies de descans blocaire (així ho vull creure), però no m'ha abandonat. Aquest apunt és seu. Ha localitzat l'aquarel·la d'Stevenson (en un llibre que ja havíem visitat en parlar de Dostoievski i de Poe -Y además saben pintar. Donald Friedman. Maeva, 2008- ), l'ha escanejada, ha triat un fragment del text i, a sobre, l'ha traduït al català.
La seva generositat no té portes ni finestres: campa lliurement i no tanca per vacances. Merci, Girb.
La seva generositat no té portes ni finestres: campa lliurement i no tanca per vacances. Merci, Girb.
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| D'esquerra a dreta, primera fila: LLoyd Osbourne, Belle Strong, Austin. Darrera: Margaret Stevenson (tieta Maggie), Robert Louis, Fanny Stevenson, i el del lloro, Joe Strong. |
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dijous, 10 de febrer del 2011
la lluna de mel dels stevenson
R.L.Stevenson. Los colonos de silverado, precedido de un retrato íntimo de R.L.Stevenson por su hijo Lloyd Osbourne. Valdemar, 1993....a la contracoberta es pot llegir el següent text:
Los colonos de Silverado describe las andanzas y peripecias acaecidas durante la nada convencional “luna de miel” de Stevenson y su mujer –Fanny Osbourne- por las montañas de California, donde se alojaron en una mina de plata abandonada de la legendaria Silverado, rodeada de escoria y herrumbre, aunque en un marco natural de bellez incomparable, contando como única compañia con un extravagante grupo de vecinos –entre los cuales destacan los Hanson, pertenecientes a la “escoria blanca pobre”- las agazapadas serpientes de cascabel y el fantasma melancólico de algún viejo minero. La edición va precedida por un relato biográfico de Stevenson realizado por su hijastro Lloyd Osbourne, que fue su compañero inseparable y colaborador –escribieron varias obras juntos, entre ellas Bajamar y El muerto vivo- hasta el momento de su muerte. Particularmente emotiva es la narración de la muerte de Stevenson en “Vailima”-la casa de los cinco rios-, que le atacó por sorpresa el 3 de diciembre de 1894 mientras redactaba Weir of Hermiston. Lloyd Osbourne describe cómo todos los habitantes de Samoa lloraron la muerte de “Tusitala” –el que cuenta historias-, y cómo abrieron una senda en lo más inhóspito de la naturaleza para enterrarle en lo alto del monte Vaea, frente al mar, donde quiso yacer.
...que dona una idea del que trobarem.
P.S. Per cert, recordo perfectament que a la biblitoteca teniem una biografia de la Fanny Osbourne, de casada Fanny Stevenson, i ara no hi és, si el que la té llegeix això, que la torni si us plau.
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dimecres, 9 de febrer del 2011
RLS, tots els contes
Robert Louis Stevenson. Cuentos completos. Traducción de Miguel Temprano García, ilustraciones de Alexander Jansson. Mondadori, 2009. 956 p.Contingut:
Mas mil y una noches
El club de los suicidas
-Historia del joven de los pasteles de crema
-Historia del médico y el baúl
-La aventura de los cabriolés
El diamante del rajá
-Historia de la caja de sombreros
-Historia del joven sacerdote
-Historia de la casa de las persianas verdes
-La aventura del príncipe Florizel con un detective
-El pabellón de las dunas
-Un sitio donde pasar la noche
-La puerta del señor de Malétroit
-La Providencia y la guitarra
El extraño caso del doctor Jeckyll i el señor Hyde.
Los juerguistas y otros cuentos y fábulas
-Los juerguistas
-Will el del molino
-Markheim
-Janet la contrahecha
-Olalla
-El tesoro de Franchard
Cuentos de las noches en las islas
-La playa de Falesá
-El diablo de la botella
-La isla de las voces
Relatos sueltos
-Una vieja canción
-Historia de una mentira
-El ladrón de cadaveres
-Las desventuras de John Nicholson
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dilluns, 7 de febrer del 2011
al menjador de casa
Sargent ha vuelto a bajar y me ha pintado un retrato paseando por mi propio comedor, con mi propia chaqueta de terciopelo y retorciéndome, como suelo hacerlo, mi propio bigote; en una esquina un vislumbre de mi mujer, con un vestido indio, y sentada en un sillón que fue de mi abuelo -pero que desde hace unos meses lleva el nombre de Henry James, pues al novelista le gustaba sentarse en él- añade un toque de poesía y de humor. Es excelente, pienso, pero demasiado excéntrico para exponerlo. Yo estoy en un extremo; mi mujer, con esa ropa salvaje y con aspecto de fantasma, en el otro extremo; entre los dos una puerta abierta muestra la palaciega entrada de mi vestíbulo y una parte de mi respetable escalera. Todo ello está tratado con encanto, con ese toque gracioso de Sargent; pero, por supuesto, resulta condenadamente extraño en su conjunto.
Carta a W.H. Low, 22 d'octubre de 1885.
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R.L. Stevenson
divendres, 4 de febrer del 2011
el que agradece que en la tierra haya stevenson
Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografia del siglo XVIII,
las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson.
J.L.B.
La breve y valerosa vida del escocés Robert Louis Stevenson (1850-94) fue una lucha contra la tuberculosis, que lo persiguó de Edimburgo a Londres, de Londres al sur de Francia, de Francia a California y de California a una isla del Pacífico, donde, al fin, lo alcanzó. Pese a tal asechanza, o tal vez urgido por ella, ha dejado una obra importante que no tiene una sola página descuidada, y sí muchas espléndidas. Uno de sus primeros libros, las Nuevas mil y una noches, anticipa la visión de un Londres fantástico, y fue redescubierto mucho después por su fervoroso biógrafo Chesterton. Esta serie incluye la historia del Club de los suicidas. En 1886 publicó El extraño caso del doctor Jekyll y del señor Hyde; debe observarse que esta breve novela fue leída como si fuera un relato policial y que la revelación de que los dos protagonistas eran realmente uno tiene que haber sido asombrosa. La escena de la transformación le fue dada a Stevenson por un sueño. La teoría y la práctica del estilo lo preocuparon siempre; escribió que el verso consiste en satisfacer una expectativa en forma directa y la prosa en el arte de resolverla de un modo inesperado y grato. Sus ensayos y cuentos son admirables; de los primeros citaremos Pulvis et Umbra; de los segundos, Markheim, que narra la historia de un crimen. De sus extraordinarias novelas sólo recordaremos tres: La resaca, El señor de Ballantrae, cuyo temas es el odio de dos hermanos, y Weir of Hermiston, que ha quedado inconclusa. En su poesía alterna el inglés literario con el habla escocesa. Como a Kipling, la circunstancia de haber escrito libros para los niños ha dismunuido acaso su fama. La isla del tesoro ha hecho olvidar al ensayista, al novelista y al poeta. Stevenson es una de las figuras más queribles y más heroicas de la literatura inglesa.
Jorge Luis Borges. Introducción a la literatura inglesa. Alianza, 1999. P. 82-83
P.S.: El títol de l'apunt és un vers del poema Los justos, de JLB.
dijous, 3 de febrer del 2011
una opinió particular

A l’hora de valorar l’obra de Robert L.Stevenson no són tot flors i violes, llegiu si més no el què deia Gabriel Cabrera Infante en un article publicat al diari el País el dia 15 de gener de l’any 1981 i que signava Rosa Maria Pereda.
«Stevenson es un escritor menor», dice Guillermo Cabrera Infante. «Ha escrito, es cierto, una obra maestra, El extraño caso del doctor Jeckill y mister Hyde, que, en definitiva, es una novelita. También tiene una prosa extraordinaria, pero aún es mejor la del cardenal Newman, y eso no le hace, naturalmente, un gran novelista ni un gran escritor». «A Stevenson», sigue diciendo, «le ha favorecido la opinión de escritores como Henry James y Joseph Conrad, o de hoy, como Nabokov y Borges. Todos ellos hablan exclusivamente del doctor Jeckill y mister Hyde, que, por otra parte, fue escrita, como se sabe, después de leer el William Wilson, el cuento de Edgard Allan Poe. El éxito que tiene en España recientemente para mí es una sorpresa. Y más que nada el de novelas como El señor de Balantrae, absolutamente ilegibles». Es tradición salvar también La isla del tesoro. «Yo la leí cuando muchacho. No creo que resista una lectura con más años». «Prefiero», dice Cabrera Infante, «mil veces ese mal escritor que es Dickens... » Naturalmente, la literatura que hace y defiende el novelista cubano se puede ver también detrás de su opinión sobre este escritor, que ahora se convierte en una prueba. «En su época hacían literatura, y no simple buena prosa, Henry James o Lewis Carroll. Y no creo que se pueda oponer a sus inmediatos, como a Joyce, por hablar sólo de la literatura en su lengua. Sinceramente», termina, «yo prefiero a Rider Haggard, aunque escriba peor... El boom de Stevenson es consecuencia de la mala influencia de Borges, igualmente mala cuando exalta a un escritor mediocre como Cansinos Assens».
«Stevenson es un escritor menor», dice Guillermo Cabrera Infante. «Ha escrito, es cierto, una obra maestra, El extraño caso del doctor Jeckill y mister Hyde, que, en definitiva, es una novelita. También tiene una prosa extraordinaria, pero aún es mejor la del cardenal Newman, y eso no le hace, naturalmente, un gran novelista ni un gran escritor». «A Stevenson», sigue diciendo, «le ha favorecido la opinión de escritores como Henry James y Joseph Conrad, o de hoy, como Nabokov y Borges. Todos ellos hablan exclusivamente del doctor Jeckill y mister Hyde, que, por otra parte, fue escrita, como se sabe, después de leer el William Wilson, el cuento de Edgard Allan Poe. El éxito que tiene en España recientemente para mí es una sorpresa. Y más que nada el de novelas como El señor de Balantrae, absolutamente ilegibles». Es tradición salvar también La isla del tesoro. «Yo la leí cuando muchacho. No creo que resista una lectura con más años». «Prefiero», dice Cabrera Infante, «mil veces ese mal escritor que es Dickens... » Naturalmente, la literatura que hace y defiende el novelista cubano se puede ver también detrás de su opinión sobre este escritor, que ahora se convierte en una prueba. «En su época hacían literatura, y no simple buena prosa, Henry James o Lewis Carroll. Y no creo que se pueda oponer a sus inmediatos, como a Joyce, por hablar sólo de la literatura en su lengua. Sinceramente», termina, «yo prefiero a Rider Haggard, aunque escriba peor... El boom de Stevenson es consecuencia de la mala influencia de Borges, igualmente mala cuando exalta a un escritor mediocre como Cansinos Assens».
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