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diumenge, 13 d’abril del 2025

monsieur kipling

97.


UN BUEN DÍA, HACE muchos años, el correo le trajo al escritor Rudyard Kipling un paquete dirigido a «Monsieur Kipling». Lo enviaba un soldado francés de apellido Hammoneau y contenía un ejemplar de la traducción francesa de su novela Kim, con un agujero de bala tan profundo que solo se habían salvado las veinte páginas finales. En una carta que venía con el libro. Hammoneau contaba que, de no haber llevado ese libro en un bolsillo a la altura del pecho, no habría sobrevivido a la Primera Guerra Mundial. El envío contenía también la medalla al valor otorgada a Maurice Hammoneau.

Imagine, en un obvio juego de espejos, qué libro francés le podría haber salvado la vida a un soldado inglés en esa misma guerra. Imagine el nombre del soldado inglés y la actitud que habría adoptado el escritor francés al recibir por correo un volumen agujereado.

En el caso de Kipling, aunque insistió en devolver ambos objetos de inmediato, acabó legándoselos a Jean, hijo varón de Hammoneau, y el ejemplar de Kim, con su redonda herida, es hoy uno de los tesoros más valiosos de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.

Imagine dónde habría ido a parar el libro francés.


Eduardo Berti. Maneras de leer. Pequeño obrador de lecturas potenciales. Pepitas de calabaza, 2025.

 

dilluns, 7 de novembre del 2022

gertrude’s prayer


«El dany rebut en néixer no es cura, de la mateixa manera que no es pot netejar l'aigua d'un pou enverinat: tot el mal torna perquè roman ocult a la nostra sang. D'aquí la nostra certesa en el dolor.» 

Així arrenca Guilleries, de Ferran Garcia.


Rudyard Kipling

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P.S.: No l'he trobat en català.
Traducció de José Manuel Benítez Ariza:

La oración de Gertrudis

Los daños recibidos al nacer no se curan, / ni se puede sacar agua limpia de un pozo / salobre: el mal regresa siempre / o permanece oculto en nuestra sangre; / de ahí nuestra certeza en el dolor: / las mañanas perdidas ya no vuelven.

Igual cuando reciben daño los tiernos brotes / del roble, que debían engendrar bondadosas, / alegres ramas, y se tuercen, / se enquistan en sí mismos y se quedan / en cápsulas nudosas, en agallas del tronco: / las mañanas perdidas ya no vuelven.

Tampoco el mediodía se puede comparar / a la mañana, o puede compensarla; / así, si el alba no nos favorece, / de poco nos valdrán las demás horas. / Que la Virgen se apiade de este antiguo dolor: / las mañanas perdidas ya no vuelven.