Realmente liberado de sí mismo sólo veo al Robert Walser viajero una vez, en la ascensión en globo que hizo en su época de Berlín, desde Bitterfeld, cuyas luces artificiales comenzaban entonces a relucir, hasta una playa del Báltico. «Tres personas, el capitán, un señor y una chica joven, suben a la barquilla, sueltan las sogas de sujeción, y la extraña casa vuela lentamente hacia lo alto, como si todavía pensara antes en algo...La hermosa noche de luna parece tomar al ostentoso globo en sus brazos invisibles. Suave y silenciosamente vuela el redondo cuerpo...(hacia allí) y...sin que apenas...se note, es empujado hacia el norte por el leve viento.» Debajo se ven agujas de campanarios, callejuelas de aldeas, granjas, un tren que pasa silbando fantasmalmente, el curso espléndidamente coloreado e iluminado del Elba. «Planicies curiosamente blancas, como refregadas, alternan con jardines y pequeñas espesuras de arbustos. Se miran las comarcas de abajo, en las que el pie no se posa nunca, porque en algunas, incluso en la mayoría de las comarcas no hay nada que valga la pena buscar. ¡Qué grande y qué desconocida es para nosotros la Tierra!»
Robert Walser, creo yo, había nacido para este viaje silencioso por el aire. Siempre, en todos sus trabajos en prosa, quiere remontarse sobre la pesada vida terrestre, desaparecer suavemente y sin ruido hacia un reino más libre.
El suplemento cultural del viaje en globo sobre una Alemania dormida en la oscuridad es sólo un ejemplo, uno, por cierto, al que se une para mí un recuerdo de Nabokov de uno de sus libros infantiles más preciados. El negro de trapo y sus amigos, de los que forma parte también una especie de enano o liliputiense, corren numerosas aventuras en una novela gráfica por entregas, se van muy lejos de casa y llegan a caer en manos de caníbales. Y entonces hay una escena en la que «de infinitas tiras de seda amarilla construyen un globo, y otro más diminuto, para el pulgarcito».
«En la enorme altura -escribe Nabokov- que alcanzó el globo, los astronautas, para sentir menos el frío, se acurrucan muy juntos, mientras, apartado, el pequeño solitario, al que yo envidiaba a pesar de su horrible destino, se va alejando, solo, hacia un abismo de estrellas y nieve.»
W.G. Sebald. El paseante solitario. En recuerdo de Robert Walser. Traducció de Miguel Sáenz. 2a ed. Siruela, 2008, P. 70-73.
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dimecres, 28 de novembre del 2012
el viatge en globus de robert walser
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dijous, 30 de desembre del 2010
fi
El día de Navidad de 1956, la policía de la ciudad de Herisau, al este de Suiza, recibió una llamada: unos niños se habían tropezado con el cuerpo de un hombre muerto por congelación en un campo nevado. Cuando llegó a la escena, la policía primero tomó fotografías, luego retiró el cuerpo.
El difunto no tardó en ser identificado: era Robert Walser, de setenta y ocho años de edad, que había desaparecido de un hospital mental de la zona. En su juventud, Walser se había forjado una cierta reputación, en Suiza y también en Alemania, como escritor. Algunos de sus libros todavía estaban en catálogo; alguien, incluso, había publicado un libro sobre él, una biografía. Sin embargo, durante el cuarto de siglo que había pasado en instituciones psiquiátricas, su propia escritura se había agotado. Dar largos paseos por el campo -como aquel durante el cual murió- había pasado a ser su principal entretenimiento.
Las fotografías de la policía mostraban a un anciano ataviado con un abrigo largo y botas, despatarrado sobre la nieve, los ojos totalmente abiertos, la mandíbula floja. Estas fotografías se han reproducido amplia (y desvergonzadamente) en la literatura crítica sobre Walser que ha florecido desde la década de 1960. La denominada "locura" de Walser, su solitaria muerte y el tesoro de escritos secretos descubiertos después de su fallecimiento se convirtieron en los pilares sobre los cuales se erigió la leyenda de Walser como un genio escandalosamente olvidado. Incluso el creciente interés por Walser se convirtió en parte del escándalo.
"Me pregunto -escribió Elias Canetti en 1973- si entre todos aquellos que construyen su ociosa, segura, rígida y regular vida académica sobre la de un escritor que había vivido en la angustia y la desesperación, hay alguno que se avergüence de sí mismo".
J.M. Coetzee. "Robert Walser" A: Mecanismos internos. Mondadori, 2009. P. 32.
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robert walser i els editors
"Una vez me comunicaron: "Sus piezas en prosa se han extraviado en medio del tumulto y la confusión. No nos lo tome a mal y envíenos algo nuevo. Nosotros volveremos a perderlo para que usted pueda volver a remitirnos algo nuevo. Sea muy laborioso. Reprima cualquier descontento innecesario. Al menos usted nos da pena" (La última composición en prosa, 1919).
"Zsolnay precisamente no es más que un infame editor de novelas que huye como un conejo de la eventualidad de tener que publicar, es decir editar, poesía. De todos modos estoy muy emocionado, o lo que es lo mismo de acuerdo, si usted quiere ocasionalmente recomendarme a ese pilluelo que, como cualquier otro mocoso aprendiz de editor, tiembla ante la poesía, hecho comprensible. Si escribe al inútil ese, por favor que sea una misiva muy breve, seria, magnánima, arrogante antes que suplicante. Los escritores, que a los ojos de los editores son una banda de desharrapados, deberían tratar a éstos como a cerdos roñosos. En lo que a mí respecta muéstrese orgulloso, delicado, indiferente, grandilocuente con ese agente cultural vienés. Por de pronto yo no le presentaría ningún material a esa garrapata, pues se hundiría en una vanidad apestosa. En mi opinión la forma de tratarlos es muy importante. Además la edición de un libro me parece buena e interesante cuando todavía no ha tenido lugar, pues todo libro impreso es una tumba para el poeta, ¿o no? (Carta a Max Brod, 1927)
"Estimado señor,
Me escribe unas cartas muy raras y su contenido suena a mofa y escarnio. Usted no puede exigirme que le confirme la recepción de una suma de dinero que no ha llegado a mis manos. No sé qué pensar. En cualquier caso me veo obligado a llamar su atención sobre el hecho de que hasta la fecha no me ha llegado un solo céntimo de usted." (Carta a la editorial Ernst Rowohlt-Kurt Wolff, 1912)
"Seguramente tendré que ceder apesadumbrado, pues sus razones se alzan cual reyes de los Alpes y enemigos de la nación de su carta convincentemente escrita ante mi alma de enviador de novelas cortas hambriento de honorarios. Yo porfiaría con cualquier otro antes que con usted. Admiro su valor para arruinar mis esperanzas, y teniendo a bien decir que sí, ya sea disgustado o alegre, a sus rebajas y pagos mínimos, le añado: "¡Estoy hundido!", y sigo a la espera de la suma reducida, muy rebajada, privada de su buena mitad, todavía por suerte con mucho gusto, saludándole cortésmente como
Robert Otto Walser
pues éste es de hecho mi nombre completo. (A Max Rychner, 1924)
***
Jürg Amann. Robert Walser: una biografía literaria. Siruela, 2010. (aquí en parlen, per exemple).
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dimecres, 22 de desembre del 2010
l'undemà
Ahir ens vam trobar per parlar del darrer llibre de l’any, aquest Jakov Von Gunten de Robert Walser que en general va agradar força tot i que van haver-hi algunes excepcions possiblement defraudades perquè el llibre no ofereix cap trama distingible ni segueix cap estructura reconeguda de les que s’acostumen a fer servir a les novel•les. Ahir érem una dotzena de fidels lectors que desafiant el temps, l’hora i l’atmosfera nadalenca vam quedar embadalits escoltant el conductor i recordant el lirisme poètic d’un autor dels que s’amaguen. Abans de començar vaig fer notar (entre certes rialletes de condescendència) als assistents, que el que realment atorgava distinció i categoria a la trobada d’ahir no era tant en Walser -que en definitiva no hagués vingut mai, ni segurament li fes gens de gràcia que parléssim de la seva obra- sinó el conductor de la tertúlia, en Pep Parés: un d’aquells mestres amb capacitat (qui sap si innata o adquirida) per a transmetre el seu amor vers la literatura als que l’escolten; em sembla que al final de la sessió tothom era molt conscient del privilegi que vam tenir podent-lo escoltar.
En Pep va començar situant l’obra i l’època i ens va dir que era l’obra més estimada pel propi autor i que segurament és la més personal perquè en ella hi figura la seva interpretació del món i és la que més bé retrata la manera de ser del propi Walser. En realitat és una mena de Bildungsroman o novel•la d’aprenentatge en la que hi ha una àcida crítica al poder establert i a l’ordre antic representat per la mateixa institució dels Benjamenta.
Després ( o abans ara no recordo) en Pep va llegir un conte-redacció-exercici literari del mateix Walser titulat la professió que es pot trobar al llibre El Quadern de Fritz Kocher (quaderns crema, 2000) i que podria ser una anticipació del que després tractaria a Jakov Von Guten i ens informà que existeix una adaptació cinematogràfica. Aquí en trobareu informació.
El llibre està construït en una successió de petits capítols sense cap estructura aparent amb una veu que a alguns va sonar arrogant i a altres naïf però que aviat es distingeix i pren protagonisme en la narració. El que va captivar a tothom van ser aquestes aparents contradiccions que trobem al llarg de la novel•la i que creen una sensació de joc constant entre el protagonista i el que representa l’Institut Benjamenta. Perquè en definitiva, deia en Pep, tot i que ingressa a l’escola, en Jakov no vol formar part de cap tipus d’engranatge social, es passa el contracte social de Rousseau pel folro dels pantalons i aspira a la total llibertat individual que, segons em va semblar entendre, només s’aconsegueix d’una forma: desapareixent. A l’Institut Jakov aprèn a perdre, desempallegar-se de les idees socials que esclavitzen l’individu.
Finalment una de les assistents va fer un comentari interessant i que il•lustra la participació del moderador, va dir que tant de bo haguéssim fet la xerrada abans així s’ho hagués pogut llegir desde una altra perspectiva.
Aquest post hauria de tenir un subtítol: l’undemà o com vaig poder acabar de llegir Walser sense entrebancar-me. Pep, gràcies i fins aviat.
P.S 1. No voldria acabar sense fer esment d’una curiositat il•lustrativa, ahir va venir un antic alumne a escoltar el mestre (un mestre ho és per sempre) i ho va fer perquè segons pròpia confessió, a ell li deu en bona part el seu amor per la llengua i la literatura.
P.S.2. Als diaris de Kafka he trobat un parell de referències a aquesta novel•la, en una d’elles Kafka diu que l’ha llegit i que està bé. Dies més tard en torna a fer referència i diu que Walser li fa pensar en Dickens per l’ús que fan ambdós autors, diu Kafka, de metàfores abstractes.
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dimarts, 21 de desembre del 2010
doblecs
Qui sap fer el fatxenda en la mesura que marca el decòrum, és tractat com un senyor. Has d'aprendre a dominar la situació. A mi, tirar el cap enrere com si estigués indignat per alguna cosa -o no, només perplex- em surt estupendament bé. Miro al meu voltant com si volgués dir:"¿Què és això, eh? Però ¿que s'han tornat bojos, aquí?" És eficaç. P. 62.
És veritat que al món hi ha allò que s'anomena progrés, però és una de les moltes mentides que escampen els qui fan negoci per tal de xuclar els diners a la gent, de la manera més desvergonyida possible i sense cap mirament. La massa és l'esclau del nostre temps, i l'individu és esclau de la grandiosa idea de massa. Ja no hi ha res que sigui bell ni excel·lent. Les coses belles, bones i com cal, te les has d'imaginar en somnis. Digues, ¿en saps, de somiar?. P. 69.
Si fos ric, en cap cas no faria la volta al món. És cert que la cosa no estaria pas tan malament, però no veig res d'embriagador en el fet d'arribar a conèixer per sobre allò que ens és estrany. P. 77.
En Kraus coneix poques coses, però mai no bada, no, mai, sinó que sempre està sotmès a certs manaments que ell mateix s'imposa, i això ho anomeno cultura, jo. Allò que una persona té d'amorosa i de reflexiva, és cultura. P. 82.
Es nota de seguida quan les persones tenen èxit i reconeixement per ensenyar: gairebé que s'engreixen de tanta autosatisfacció embafadora, i la força de la vanitat els infla com globus, tant, que ja ni els reconeixes. Que Déu guardi un home honrat de rebre el reconeixement de les masses! Si això no el fa tornar dolent, el confondrà i li llevarà forces. P. 85.
Paraules, estimat Jakob. Jo sempre vaig remugant i repetint paraules. És una cosa saludable, t'ho puc ben assegurar. Fugiu d'aquí, tu i el teu avorriment. D'avorriment, només en trobaràs en les persones que sempre esperen que algun fet excitant vingui de fora a trobar-los. P. 89.
A l'Institut Benjamenta aprens a sentir les pèrdues i a entomar-les i, en la meva opinió, aquest és un saber, un exercici, sense el qual l'home, per important que sigui, continuarà sent un nen gran tota la vida, una mena de marrec ploraner. P. 95.
Tot el que és prohibit es manté viu de mil formes diferents; per tant, només allò que hauria de ser mort viu amb més vivesa. I el que passa amb les coses petites, també passa amb les grans. Això mateix, molt ben dit, i de manera ben quotidiana: és en les coses de cada dia on es troben les veritats de debò. P. 108.
-¿De veritat que vols marxar d'aquí per treballar, Jakob? Jo, en canvi, et dic: queda't encara una temporadeta. Això d'aquí és molt bonic per a tu i per als que són com tu. ¿O no? Estigues indecís una mica més. Fins i tot t'aconsellaria que et tornessis una mica mandrós, despistat i mentalment gandul. Perquè, mira, això que se'n diu mals costums és una cosa que fa un paper tan important en l'existència humana, és tan primordial i gairebé diria que necessari...
No, tu sigues gandul. Bé, vaja, entén-me, sigues tal com ets i tal com t'has tornat aquí, però siusplau, fes una mica el ronso, ¿vols? ¿Què dius que sí? A mi m'alegraria molt veure com t'abandones una mica a les teves fantasies. Du el cap penjant, fes-te moltes cabòries, fes una mirada trista, ¿ho faràs? Perquè et trobo massa voluntariós, tens massa caràcter. I mira que n'ets d'orgullós, Jakob! I doncs, ¿que et penses? ¿Que potser creus que podràs bregar per aconseguir grans coses a l'ample món, tu? ¿O bé que hauràs de fer-ho a la força? ¿Tens intencions serioses d'arribar a res de rellevant? Per desgràcia, gairebé és aquesta impressió una mica violenta, la que em produeixes. P. 132.
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dilluns, 20 de desembre del 2010
la classe de les marmotes complidores de normes
A l'hora de classe, els alumnes seiem mirant fixament al davant, immòbils. Crec que ni tan sols no és permès que algú es moqui el nas personal i intransferible. Les mans descansen damunt els genolls, invisibles durant la classe. I és que les mans, amb els seus cinc dits, donen fe de la vanitat i la cobdícia humanes, per això es queden sota la taula, ben amagadetes. Els nostres nassos escolars tenen tots l'afinitat espiritual més gran; alguns més, d'altres menys, però tots ells semblen aspirar a les altures on flota, resplendent, la comprensió profunda del caos de la vida. [...]
Els nostres ulls miren tothora una buidor plena d'idees; també ho vol la normativa, això. De fet, no se n'haurien de tenir, d'ulls, perquè els ulls són impertinents i tafaners, i tant la impertinència com la tafaneria són censurables gairebé des de qualsevol punt de vista sa. De divertides, en son força, les nostres orelles d'alumne. Ni escoltar no gosen, de tanta tensió com hi posen. Sempre es contreuen una mica, com si temessin que, de sobte, algú les agafés pel darrere a tall d'advertència i les estiregassés en totes direccions. Pobres orelles, que han de passar tantíssima por! Si el so d'un crit o d'una ordre les colpeja, es posen a vibrar i a tremolar com arpes que algú hagués pertorbat en tocar-les. I també passa que a les orelles escolars els agrada dormisquejar una mica; de quina manera les desperten, aleshores! És un goig. Nosaltres el que tenim més domesticat és la boca, sempre dòcil i serrada en senyal de submissió. I és que és ben veritat: una boca oberta és el badall convertit en evidència que el seu amo, amb el parell d'idees que té, sol estar-se ben lluny de l'àmbit paradisíac de l'atenció. Una boca tancada amb força indica que hi ha unes orelles obertes i alerta, i és per això que les portelles d'allà baix, dessota les finestres dels narius, sempre han de quedar ben tancades amb pany i amb la balda passada. Una boca oberta és un morro i res més, això bé que ho sap qualselvol de nosaltres. Els llavis no han de voler lluir-se ni florir amb lascívia en la seva còmoda posició natural, sinó que han d'estar contrets i arrufats com a mostra d'enèrgica renúncia i d'expectació. Ho fem tots els alumnes: seguint la normativa vigent, tractem els nostres llavis amb duresa i crueltat, i així tots tenim l'aspecte ferotge de sergents que donen ordres. És sabut que qualsevol sotsoficial vol que les cares dels seus soldats siguin tan brutals i feroces com la seva; a ell, això ja li està bé, perquè per regla general té sentit de l'humor. De debò: normalment els qui obeeixen tenen el mateix aspecte que els qui manen. Un servent no pot sinó adoptar les màscares i les manies del seu amo, per -digue'm-ho així- reproduir-les amb fidelitat. És clar que la nostra admirada senyoreta no és pas un sergent d'aquests, al contrari, somriu molt sovint, i de vegades fins i tot es permet de fer riota de nosaltres, com a marmotes complidores de normes que som, però espera que la deixem riure en pau, sense fer ni un gest, i això fem: fem veure que no sentim en absolut el so argentí de les seves rialles. Ja som uns tipus ben estranys, nosaltres! Els cabells, sempre els pentinem i raspallem fins que queden ben llisos i endreçats, i cadascú de nosaltres ha de solcar el món d'allà dalt amb una clenxa ben recta, tot fent un canal a la terra capil·lar, rossa o morena. Com Déu mana. I és que les clenxes també són reglamentàries. I com que anem clenxats i pentinats d'aquesta manera tan encantadora, fet i fet ens assemblem tots, la qual cosa faria morir de riure un escriptor que per exemple ens visités amb ànim d'estudiar-nos en tota la nostra magnificència i insignificància. Doncs que es quedi a casa, aquest senyor escriptor! Els qui només volen estudiar, pintar i observar són uns capsigranys. Visquem, que l'observació ja vindrà tota sola!
Robert Walser. Jakob von Gunten. Traducció de Teresa Vinardell. Quaderns Crema, 1999. P. 57-59.
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diumenge, 19 de desembre del 2010
walser asylum

Impressionant text trobat a un bloc anomenat la biblioteca del manicómio; pertany a Robert Walser i fou escrit durant la seva estada al sanatori mental.
Estoy completamente sano y al mismo tiempo seria o considerablemente enfermo.
A quien se adentra en la rareza, lo cogen y se lo llevan con manos decididas, lo alejan, y nunca más lo sueltan.
Quizá mi enfermedad, si así se puede llamar a mi estado, consista en tener demasiados deseos.
Que se represente en una casa seria una especie de tragedia humana, parece no interesarle a nadie, y así nadie parece prestar atención a la destrucción de toda forma y modo elegante o rara de un alma.
Estar verdaderamente sano reposa en darse la bienvenida a si mismo.
A quien se adentra en la rareza, lo cogen y se lo llevan con manos decididas, lo alejan, y nunca más lo sueltan.
Quizá mi enfermedad, si así se puede llamar a mi estado, consista en tener demasiados deseos.
Que se represente en una casa seria una especie de tragedia humana, parece no interesarle a nadie, y así nadie parece prestar atención a la destrucción de toda forma y modo elegante o rara de un alma.
Estar verdaderamente sano reposa en darse la bienvenida a si mismo.
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dissabte, 18 de desembre del 2010
curriculum vitae
El sotasignant, Jakob von Gunten, fill de pares honrats, nascut tal i tal dia, crescut a tal i tal lloc, va entrar com a alumne a l'Institut Benjamenta per obtenir el parell de coneixements que són imprescindibles a l'hora de posar-se al servei d'algú. El mateix sotasignant no és fa cap il·lusió de la vida. Desitja que el tractin amb severitat per arribar a saber què vol dir haver de fer el cor fort. Jakob von Gunten no promet gran cosa, però es proposa ser obedient i portar-se amb rectitud. Els von Gunten són un llinatge antic. Fa temps eren guerrers, però les ganes d'esbatussar-se han anat de baixa, i avui dia són alts consellers i comerciants, i el més jove de la casa, objecte del present informe, s'ha decidit a abandonar completament tota aquesta tradició de supèrbia. Vol que sigui la vida qui l'eduqui, i no pas cap principi hereditari o aristocràtic. Cal dir, però, que és orgullós, perque li resulta impossible negar allò que és innat; ara bé, ell entén per orgull una cosa completament nova que en certa manera es correspon als temps en què viu. Té l'esperança -diu- de ser modern, força hàbil per al servei i no del tot ruc ni inútil, però menteix: no solament ho espera, sinó que ho afirma i ho sap del cert. És caparrut, ell (es veu que encara hi perviuen els esperits indòmits dels seus avantpassats), però demana que l'amonestin si s'entossudeix massa, i si això no serveix, que el castiguin, perquè creu que una mesura així, aleshores, servirà. A part d'això, caldrà saber com tractar-lo. L'infrascrit creu que és capaç d'adaptar-se a qualsevol situació, i per aquest motiu li resulta indiferent què li manaran fer; està fermament convençut que tota feina realitzada amb cura serà per a ell un honor més gran que el que li reportaria estar-se a casa assegut davant l'estufa, esporuguit i desvagat. Un von Gunten no s'asseu davant l'estufa! Si els avantpassats de qui signa amb humilitat cenyien l'espassa de cavallers, aleshores el descendent no fa sinó actuar segons la tradició quan, ardorós, desitja mostrar-se útil d'una manera o d'una altra. La seva modèstia no té límits quan algú afalaga el seu coratge, i el seu afany de servir iguala la seva ambició, que li dicta menysprear aquells sentiments vinculats a l'honor que siguin pertorbadors i perniciosos. A casa, el mateix sotasignant va apallissar una vegada el seu professor d'història, l'honorable doctor Merz, una vilesa que deplora. Avui dia, allò que l'infrascrit anhela és poder estavellar la supèrbia i l'arrogància que potser encara l'animen contra la roca implacable de la feina dura. És circumspecte i mai no revelarà intimitats. No creu ni en un regne celestial ni en l'infern. La satisfacció de qui el contracti serà el seu cel, i la trista reacció contrària, l'infern que el destruirà; ara bé, el sotasignant està convençut que, d'ell i d'allò que faci, hom en quedarà satisfet. Aquesta ferma creença li dóna el coratge de ser qui és.
JAKOB VON GUNTEN
Robert Walser. Jakob von Gunten. Traducció de Teresa Vinardell. Quaderns Crema, 1999 . P.52-53.
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divendres, 17 de desembre del 2010
cambra d'escriptura per a desvagats
Entre uno y otro de sus numerosos empleos de subalterno -entre otros dependiente de librería y pasante de abogado, empleado en dos bancos y en una fábrica de máquinas de coser, finalmente criado en un castillo de Silesia, con una voluptuosidad que sólo los lectores de Jakob von Gunten podrán entender- Walser se retiraba de vez en cuando, en Zurich, a la "Cámara de escritura para desocupados" (el nombre parece walseriano pero es verdadero) y allí, "sentado en un viejo taburete, de noche, a la débil luz de una lámpara de petróleo, se servía de su linda escritura para copiar direcciones o hacer otros trabajos semejantes que le habían confiado tiendas, asociaciones y particulares". No sólo este rasgo, sino toda la existencia de Walser nos llevan a Bartleby de Melville, el impecable escribiente que no revelaba nada y no aceptaba nada, salvo galletas de jenjibre. En estos seres vegetales, camuflados en las ropas del hombre normal -"I'm not particular", le gustaba repetir a Bartleby-, habita la negación. Mucho más radical por inadvertido, los aparatos no detectan el aliento destructivo: para muchos, Walser sigue siendo una figura familiar; se ha llegado incluso a escribir que su nihilismo "sigue siendo frágil y doméstico, burguesa y helvéticamente bonachón". Y, por el contrario, es un hombre remoto, una vía paralela de la naturaleza, un filo casi indiscernible. La obediencia de Walser, al igual que la desobediencia de Bartleby, presupone un corte total. Una carencia originaria los sustrae a la ecumene de los comulgantes, y esa carencia es su riqueza. Soberanos, no hacen nada por ponerle remedio y ni siquiera por comentarla. Copian, transcriben cartas que los atraviesan como si fueran una placa transparente. No enuncian nada propio, no quieren modificaciones. "No me desarrollo", dice Jakob en el Instituto; "No quiero cambios", sentencia Bartleby. En su afinidad se descubre la equivalencia entre el silencio y una cierta utilización ornamental de la palabra. En los millares de páginas escritas por Walser -obra indefinidamente extensible, elástica, carente de esqueleto, cháchara prolongada para ocultar la carencia de cualquier paso hacia adelante en el discurso- resuenan continuamente, sin ser jamás pronunciadas, las palabras de Bartleby: "Prefiero que no".
Roberto Calasso. "El sueño del calígrafo" A: Los cuarenta y nueve escalones. Anagrama, 1994. P. 77.
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dijous, 16 de desembre del 2010
el walser de sebald

W.G.Sebald. El paseante solitario: en recuerdo de Robert Walser. Siruela, 2008.
Entre els anys 1996 i 2007, l’editorial Siruela va anar publicant les obres de Robert Walser en delicats volums de tapa gruixuda amb la qualitat caracteristica d’aquesta editorial. Per acabar de reblar el clau van editar aquest petit llibre en el que l’escriptor alemany W.G.Sebald ens parla de Walser a través d’un passeig tot llegint el bandit.
Comença així:
Las huellas que Robert Walser dejó en su vida fueron tan leves que casi se han disipado. Al menos desde su regreso a Suiza en la primavera de 1913, y en realidad, claramente, desde el principio, sólo estuvo unido al mundo de la forma más fugaz. En ninguna parte pudo establecerse, nunca tuvo la más mínima posesión. No tuvo casa jamás, ni una vivienda duradera, ni un solo mueble y, en su guardarropa, en el mejor de los casos, un traje bueno y otro menos bueno.
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dimecres, 15 de desembre del 2010
el cal·lígraf
[Carta a Max Rychner. 20 de juny de 1927]
"Para el autor de estas líneas hubo un momento en que, en efecto, se vio preso de una terrible, de una espantosa aversión hacia la pluma, un momento en que estaba tan harto que apenas soy capaz de describirlo, en que, por poco que empezara a utilizarla, se convertía en todo un estúpido; y para librarse de este tedio de la pluma, empezó a lapicear, a esbozar, a garabatear. A mi juicio, con la ayuda del lápiz, podía jugar, componer mejor; me pareció que, de este modo, renacía el placer de escribir. Puedo asegurarle que usando la pluma (y eso empezó en Berlín) asistí al auténtico colapso de mi mano, a una suerte de crispación de cuyas garras me fui liberando a duras penas y con lentitud. La impotencia, la crispación, la apatía son siempre algo físico y mental a la vez. Pasé, pues, por un período de decaimiento que, por así decir, se reflejaba en la escritura a mano, en la disolución de la misma, y fue copiando lo que había escrito a lápiz cuando, como un niño, aprendí de nuevo a escribir."
Robert Walser. Escrito a lápiz. Microgramas I (1924-1925). Siruela, 2005. P. 321.
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dimarts, 14 de desembre del 2010
en robert, en francesc (i en max)
"Cuenta Max Brod que un día Kafka apareció de improviso en su casa para hacerle partícipe de su entusiasmo por Jakob von Gunten. Cuenta también que a Kafka le gustaba leer en voz alta los escritos de Walser y que le producían una gran hilaridad.., una hilaridad que recuerda la del mismo Kafka y de sus amigos con la lectura del Proceso. Añadamos, por último, que en su despacho Kafka tenía un superior, llamado Eisner, que encontraba cierto parecido entre Kafka y Simon Tanner, el protagonista de la primera novela de Walser: hoy este detalle suena a antigualla.

La afinidad entre Kafka y Walser fue descubierta por Musil, en una crítica de 1914, donde Kafka es considerado, injustamente, un "caso especial del tipo Walser". Es verdad que resulta posible encontrar textos de Kafka y Walser que parecen empalmar naturalmente unos con otros. Cuando en Jakob von Gunten, se dice que "en un ejercicio sencillísimo, en cierto modo estúpido, hay mayor beneficio, más nociones verdaderas que en el aprendizaje de un gran número de conceptos y significados", encontramos inmediatamente en palabras de Kafka el ejemplo de lo que Walser quería decir: "Enclavar una mesa con oficio paciente y minucioso y al mismo tiempo no hacer nada, y no sólo que se pueda decir: "Para él no es nada enclavar", sino "Para él enclavar es un auténtico enclavar y al mismo tiempo nada...", con lo que la acción de enclavar se tornaría más audaz, aún más decidida, aún más real y, si se prefiere, aún más loca." En Walser, como en Kafka, sopla el viento prehistórico de las Montañas Heladas. Pero si Kafka, con dureza, convirtió cada vez más el escribir en una confrontación continua con el poder, Walser era demasiado lábil e insustancial para atreverse a tanto, rendido sin remedio antes de dar el primer paso."
Roberto Calasso. "El sueño del calígrafo". A: Los cuarenta y nueve escalones. Anagrama, 1994. P. 73.
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"Le digo que probablemente debe a Franz Kafka su popularidad en Praga; había sido un degustador de sus impresiones berlinesas y del Jakob von Gunten. Pero Robert hace un gesto de desdén: apenas conoce la obra de Kafka."
Carl Seelig. Paseos con Robert Walser. Siruela, 2000. P. 55.
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"Damos en hablar de Max Brod, que actualmente se encuentra en Zúrich. Robert recuerda que en 1919 su rostro salía junto al de Brod en un periódico de Leipzig. Le cuento que el director de la oficina de la compañía de seguros de accidentes de trabajo en la que trabajó Franz Kafka ha comparado a éste con los soñadores personajes de Walser, y cómo Kafka recomendó a su jefe, con intereses literarios, que comprara Los hermanos Tanner. Kafka también había hablado a menudo con entusiasmo de Jakob von Gunten y había leído a Max Brod sus prosas de la época berlinesa, muy especialmente los Refugios de montaña, de los que solía recitar con placer de gourmet las frases "El dueño hace su atenta ronda de vigilancia por el local. Cuida de mantener la decencia y la buena conducta. ¡Le recomiendo que vaya!". Pero Robert observa con sequedad que en Praga hay cosas más estimulantes que leer que esas walseriadas."
Carl Seelig. Ibídem. P. 102.
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divendres, 10 de desembre del 2010
l'institut benjamenta
A partir del momento en que el joven Jakob von Gunten comienza a hablar del Instituto Benjamenta hasta las últimas líneas del libro, donde lo vemos prepararse para irse al desierto, no sabemos nada del tiempo. Todo puede haber ocurrido en días, meses o años; cualquier hipótesis es inútil, la duración eludida. Una diversa medida del tiempo es el auténtico muro que separa al Instituto del mundo. Faltan asimismo los indicios de las estaciones. Una sola vez Jakob observa que nieva..., e inmediatamente recuerda otra nieve, pero es la nieve visionaria que se le apareció en su visita a los "apartamentos interiores" del Instituto, una nieve de la que no se sabe en qué tierra ha caído. Sin embargo el subtítulo dice: Un diario. Estamos ante un proyecto, un ritmo; pero son heterogéneos al acontecer. "Una cosa es cierta: aquí falta naturaleza". Así se presenta el Instituto Benjamenta: vida sustraída al período, cielo más allá de las más lejana revolución de los astros y al mismo tiempo agua del abismo...La verdad es que Walser no estaba hecho para discriminar rigurosamente entre los espejos, él que ya consideraba un exceso la discriminación en general.
El instituto se propone enseñar a servir. Los enseñantes "duermen, o bien han muerto, o sólo son muertos aparentes, o quizá están petrificados". Los alumnos no tienen gran cosa que hacer. Graban en la memoria los preceptos que regulan el centro. O leen el libro ¿Qué meta se propone la escuela para jóvenes Benjamenta? Aprenden a comportarse; dedican horas a la repetición mímica de "todo cuanto puede ocurrir en la vida". No se imparten conocimientos específicos. Al principio, el joven Jakob cree que se trata de una confusión. Pero inmediatamente después cambiará, para siempre. Su fidelidad al Instituto, la distancia con cualquier otra forma de vida irán siempre en aumento. "Lo que entonces me parecía ridículo e idiota, hoy me parece bello y decoroso" Al final, en la ruina del Instituto, el fidelísimo Jakob será el último en abandonarlo. Se ha producido una transformación, suscitada por una enseñanza. "Allí, en la escuela, había una gran cantidad de nociones; aquí hay algo del todo distinto. A los alumnos se nos enseña algo completamente diferente". ¿Y qué es eso "completamente diferente" que Jakob encuentra en el Instituto? Más adelante descubriremos crípticas huellas, resonancias ilimitadas, remolinos prehistóricos...Pero al hablar de Walser es obligatorio referirse en primer lugar a su estilo, que es un continuo entrar y salir del camino, que nos aleja rápidamente de cualquier sentido oculto o evidente y se remansa sólo al aproximarse a la quietud de lo insignificante. Escribir ha nacido del garabato y a él debe volver. Con Walser recorremos continuamente este círculo.
Roberto Calasso. "El sueño del calígrafo". A: Los cuarenta y nueve escalones. Anagrama, 1994. P. 59.
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dilluns, 6 de desembre del 2010
res, no-res
La historia de la novela moderna no es tanto la del sujeto que adquiere juicio y se integra en la racionalidad de los procesos sociales, véase el Wilhelm Meister de Goethe , como la historia del sujeto que no halla lugar en la concatenación social, sino que en todo caso sale de ella. Los Buddenbrook de Thomas Mann -tal vez el libro más rico en amor hacia la prosa burguesa- narra el progresivo extrañamiento respecto de esa prosa social y de la totalidad épica de la vida. Tal como revela de forma incomparable La educación sentimental de Flaubert, la novela se convierte en el espacio de la melancolía, de la disparidad entre la existencia que fluye hacia la nada y su significado imposible de hallar.
Kafka, que soñaba con leer sin interrupción desde una tarima toda La educación sentimental, divisaba en este grandísimo libro dotado de todo encanto y de toda desilusión la cúspide de la literatura moderna de la soledad y la ausencia, de la cual él mismo se sabía miembro. Flaubert es un maestro del encanto que nace, no de lo que acontece, sino de la melodía de los acontecimientos, del ritmo de su transcurso y caducidad. Aspiraba a escribir un libro sobre nada, de argumento casi invisible; este argumento inexistente es a la vez el vacío retumbante de conversaciones intrascendentes sobre el cual giran palabras y creencias y que sirve de fundamento a ciudades, estados e iglesias, verdades y filosofías, a toda nuestra realidad cada vez más semejante a uno de esos Entes Públicos que sobreviven a las exigencias para las cuales fueron construidos y siguen funcionando, perfectamente y sin objeto.
De este libro admirable sobre nada provienen también Kafka y sus criaturas, los radicales héroes negativos de la literatura de fin de siglo y principios del xx, los protagonistas de la negación absoluta: el escribiente Bartleby, de Melville, que responde a cada invitación "mejor que no"; los personajes de Kafka y Walser, que se arrastran por los rincones oscuros y las fisuras de la vida, rehuyendo el zarpazo del mundo; Wakefield "el rechazado por el universo" de Hawthorne, que trata de desaparecer, de ocultarse a la realidad, de vivir en espacios contiguos o paralelos, similares a los de relatos posteriores de ciencia-ficción. Este rechazo total de la prosa del mundo -y también de toda protesta confiada ante ella- es la estrategia defensiva extrema del sujeto, que intenta salvar del abrazo envolvente de la totalidad social -mediante la negación, autodisimulación y renuncia- un residuo irreductible de vida propia, de sentido.
La novela-epopeya no nacerá de la prosa del mundo, de una totalidad identificada con el puro mecanismo social, sino de una totalidad concebida en términos mítico-religiosos; es decir, nacerá de una cultura agraria o en todo caso preburguesa, preindustrial. La épica moderna, es decir, el arte capaz de captar la totalidad unitaria de la vida por encima de las escisiones, no se reconcilia con la prosa social, sino que la rechaza y la trasciende.
Claudio Magris. El anillo de Clarisse: tradición y nihilismo en la literatura moderna. Península, 1993. P.27-29.
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divendres, 3 de desembre del 2010
passejades amb robert walser
mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
26 de julio de 1936
Nuestras relaciones las iniciaron unas pocas y sobrias cartas: preguntas y respuestas breves y concisas. Yo sabía que Robert Walser había ingresado en 1929, en calidad de enfermo mental, en el sanatorio bernés de Waldau, y que desde junio de 1933 era paciente del sanatorio y hogar cantonal de Appenzell-Ausserhoden, en Herisau. Sentía la necesidad de hacer algo por la publicación de sus obras y por él mismo. Entre todos los escritores contemporáneos de Suiza, me parecía el personaje más peculiar. Se mostró de acuerdo en que le visitara, así que ese domingo viajé, temprano, de Zúrich a St. Gallen, callejeé por la ciudad y escuché en la colegiata el sermón dedicado al "despilfarro del talento". En Herisau tocaban las campanas cuando llegué. Me hice anunciar al médico jefe del sanatorio, Dr. Otto Hinrichsen, quien me dio permiso para ir a pasear con Robert.
El escritor, de cincuenta y ocho años, acudió acompañado del portero de una casa vecina. Me sorprendió su aspecto. Un rostro redondo de niño como alcanzado por un rayo, con un soplo de rojo en las mejillas, ojos azules y un corto bigote dorado. El cabello ya gris en las sienes. El cuello deshilachado y la corbata un tanto torcida; los dientes, no en las mejores condiciones. Cuando el Dr. Hinrichsen fue a abrochar el botón superior del chaleco de Robert, él lo rechazó: "¡No, tiene que estar abierto!". Hablaba en el melodioso alemán de Berna, el que había hablado en Biel durante su juventud. Tras una despedida del médico bastante abrupta, tomamos el camino hacia la estación de Herisau y hacia St. Gallen. Era un caluroso día de verano. Mientras paseábamos nos encontramos con muchos feligreses que nos saludaban amablemente camino de la iglesia. Lisa, la hermana mayor de Robert, me había advertido que su hermano era inusualmente desconfiado. ¿Qué debía hacer? Yo callaba. Él callaba. El silencio fue la estrecha senda por la que fuimos al encuentro el uno del otro. Con la cabeza hirviendo al sol recorrimos el paisaje, un paisaje ondulado de prados y bosque, en absoluto telúrico. A veces, Robert se detenía para encender un cigarrillo Maryland y olfatearlo.
Comida en Löchlibad. Primer deshielo, entre un vino de Berneck rojo sangre y cerveza. Robert cuenta que en Zúrich, a finales de siglo, trabajó en el Schweizerische Kreditanstalt y en el Kantonalbank. Pero sólo unos meses, hasta volver a liberarse para escribir. No se podía servir a dos señores. De entonces procedía su primer libro, Los cuadernos de Fritz Kocher, que la editorial Insel había publicado en 1904, con once dibujos de su hermano Karl. Jamás había visto los honorarios de ese trabajo, y como se quedó en las librerías, lo habían saldado bastante pronto. El mantenerse al margen de los círculos literarios le había causado graves perjuicios financieros, pero el divismo en boga en tantos lugares sencillamente le asqueaba. No hacía sino degradar al escritor a la condición de limpiabotas. Sí, él sentía que su momento había pasado. Pero era algo que le dejaba frío. Cuando se va camino de los sesenta, hay que saber pensar en otra forma de vida. Había escrito sus libros de la misma manera que un campesino siembra, siega, injerta, alimenta el ganado y abona. Por sentido del deber, y por tener algo que comer. "Para mí era un trabajo como otro cualquiera".
La época más productiva de su vida de escritor habían sido los siete años de Berlín y los siete siguientes en Biel. Allí nadie le había presionado y nadie le había controlado. Todo había crecido con tanta calma como la manzana en el manzano. [...]
En medio de estas conversaciones intercalaba observaciones admirativas sobre El idiota de Dostoievski, Vida de un vagabundo aventurero de Eichendorff y la lírica osada y varonil de Gottfried Keller. Rilke en cambio era para la mesita de noche de las solteronas...
Carl Seelig. Paseos con Robert Walser. Siruela, 2000.
Carl Seelig. Paseos con Robert Walser. Siruela, 2000.
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