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dijous, 28 de maig del 2026

llegint la metamorfosi (i II)


Cuando despierta transformado en un monstruoso insecto, Gregorio Samsa comprende que en el estado en el que se encuentra, con esas patitas que le han salido a los costados y se agitan sin parar, llegará tarde a la oficina. Es lo único que lo preocupa. No lo estremece el hecho de hallarse convertido en un bicho repugnante, sólo lo angustia no poder abandonar la cama para presentarse puntual en el trabajo. Es uno de los momentos geniales de la literatura. Kafka posterga la reacción de horror de Gregorio Samsa, la guarda para sacarla después, en el momento debido, y cuando descubre que no la necesita se convierte realmente en Kafka. En el humilde cuarto de Praga donde ambienta su historia, Kafka acaba de abrir para la literatura una puerta salvadora que podemos llamar la supresión del grito. Ha desmantelado una antigua fortaleza y ganado un espacio nuevo para la subjetividad de los personajes. Esa subjetividad, eximida del grito, se despliega ahora en ramificaciones que habían quedado inexploradas. Gregorio Samsa, el hombre que no grita, renuncia a todo vínculo con los otros, porque el grito es el último lazo que nos une a nuestros semejantes. Por eso puede decirse que Samsa se vuelve un insecto: porque no grita; de haber gritado, es muy posible que la espantosa alucinación que lo asalta a primeras horas de la mañana se hubiera evaporado. En lugar de eso, Samsa prefiere razonar. Cada nuevo razonamiento solidifica su metamorfosis hasta volverla real e irreversible. Se separa de los demás a base de razonamientos. Por eso, en un sentido, el tema profundo de esta fábula es la conversión de alguien en escritor, la aceptación de la esclavitud que entrañan las palabras, la espantosa inmovilidad de quienes eligen convertir el grito en especulación, que es, en esencia, el sino del escritor, pues todo relato surge de suspender una exclamación de horror o de maravilla, y ahí, en el claro momentáneamente abierto por la ausencia del grito o del llanto, deslizar unas palabras antes de que se extinga la expectación general.

Fabio Morábito. «Gregorio Samsa». A: El idioma materno. SextoPiso, 2014. P. 41-42.


dimecres, 27 de maig del 2026

llegint la metamorfosi (I)


A los veintitrés años hice clases, por primera vez, en un colegio. Como no había estudiado pedagogía, mi única opción era buscar trabajo en colegios privados. Por eso fui a dar a un colegio en Curicó. Debía viajar dos veces por semana para enfrentar a unos estudiantes de segundo, tercero y cuarto medio que eran completamente indiferentes a cualquier cosa que yo les dijera y que demostraban esa indiferencia tirándome papeles a la cara. Pero igual había una alumna, en tercero medio, que me ponía atención. Y yo la cuidaba, claro. Toleraba humillaciones numerosas y constantes, así que la comparecencia en la primera fila de una alumna que me escuchaba con atención me parecía una cierta cortesía del destino, acaso una señal esperanzadora, aunque suponía que la alumna ponía atención en todas las asignaturas, no solo en mi clase: que me escuchaba porque esa era su costumbre, no porque yo lo mereciera o le interesara especialmente lo que decía.
Una mañana abrí la sesión preguntándoles si habían empezado a leer La metamorfosis. Por supuesto sabía la respuesta: nooooooooo, que dio paso a la dispersión de gritos y a una intimidante serie de conversaciones simultáneas. Conocía y deseaba esa respuesta, porque craneaba la prueba más difícil del mundo, la prueba que coronaría mi momentanea pero radical venganza con una hilera sangrante de rojos en el libro de clases. La única que respondió que sí había leído el relato de Kafka fue por cierto esa alumna semirrespetuosa que siempre me escuchaba. Le pregunté si le había gustado y respondió de inmediato, categóricamente, que no, que cómo iba a gustarle un libro sobre un tipo que una mañana despierta convertido en un bicho. Es asqueroso, me dijo: eso nunca pasó, es totalmente irreal. Es que es una metáfora, le dije, después de tragar un poco de saliva. Me preguntó por qué, o quizás me preguntó de qué. ¿Tú nunca te has sentido como un bicho?, la interpelé. ¿Nunca has sentido que tus papás no te pescan, que eres un estorbo para los demás? La niña se puso a llorar. Y no como en las películas. En las películas las lágrimas salen de a poco, de a una, como los tímidos afluentes de un río tímido. Pero ella se echó a llorar como lloran los niños: primero una expresión confusa y breve de desconcierto y luego la explosión de mocos y lágrimas. Me impresionó su reacción, aunque lo único de verdad impresionante era mi salida de madre. Demasiado tarde pensé que quizás la niña acababa de perder a un familiar y que otros diez o veinte escenarios podrían haber multiplicado por mil la crueldad de mi frase. No era así, al parecer, pero había tocado una vena. Y había trasladado mi sensación de lastre. Porque era yo el que se sentía como un bicho. Era yo el que con mayor intensidad que nadie en esa sala deseaba estar en otra parte. Era yo el que cada vez que podía se encerraba en el baño de profesores no a llorar pero sí a fumar, que es un placer genial y sensual y todo eso, pero que a veces se parece bastante a llorar. Aquí termina la historia. Me gustaría decir que la niña se volvió adicta a la lectura y que ahora cursa un posdoctorado en Kafka o en Clarice Lispector o en Robert Musil o por último en Haruki Murakami, pero no creo. No lo sé, la verdad. Lo único que luego supe de esos niños fue que tres o cuatro años después una de mis alumnas —otra, de las más desordenadas— figuró entre las finalistas de Miss Chile. Igual me sentí orgulloso, no me acuerdo si salió segunda o tercera.

Alejandro Zambra. Tema libre. Anagrama, 2019. P. 30-31.

dissabte, 19 de març del 2022

frases fetes

 

divendres, 1 de maig del 2020

si no sos proust, no me cuentes tu merienda




[Font: un tuit de ]

Si no sos Proust, no me cuentes tu merienda. Entrevista a Ricardo Strafacce. Efecto Kuleshov. Revista de cultura, arte y comunicación.

dilluns, 21 de gener del 2019

la mà de kafka


IGNACIO ECHEVARRÍA
La mano de Kafka
El Cultural
4|1|2019

Fue Reiner Stach, el biógrafo de Kafka, quien me lo hizo notar. Y eso que, como todos, yo había visto y observado la fotografía centenares de veces. Me refiero a la única fotografía que se conserva de Kafka y de Felice Bauer juntos. Una fotografía bien conocida, de la que suele recortarse el retrato más divulgado de Kafka, con su rostro afilado, de mirada muy intensa bajo las cejas pobladas y la oscura mata de pelo. Del contorno de la cabeza sobresalen las orejas puntiagudas, que confieren a Kafka un cierto aire de gnomo o de vampiro.
La fotografía fue tomada a principios de julio de 1917, con motivo del segundo compromiso matrimonial de Kafka con Felice, tres años posterior al primero. Stach la describe así: “Una convencional fotografía de estudio: Kafka de pie, Felice sentada en una silla que, para compensar las estaturas, o tiene la altura de un taburete de bar o está sobre una tarima. Kafka con un traje de verano claro y pañuelo en el bolsillo, corbata oscura estampada sobre camisa blanca; Felice con falda larga y blusa blanca, con un medallón sobre el pecho en el que probablemente se encuentre el retrato de Kafka, y en el regazo una cartera negra que puede que contenga novecientas coronas. Apenas se tocan, tan sólo la mano de Kafka se apoya, extrañamente doblada, en un pliegue de su falda”.
Al leer esto último busqué la fotografía para observarla de nuevo y, en efecto, ahí estaba esa mano, la mano de Kafka, una especie de garra abatida cuya posición sólo puede interpretarse como un rechazo a tocar de ninguna manera el cuerpo de su prometida. Bien mirada, esa mano subvierte la foto entera y la convierte en un inequívoco testimonio del horror que subyace a ese retrato de pareja supuestamente enamorada. La primera edición española de las cartas a Felice, publicada por Alianza, llevaba en las sobrecubiertas de sus tres volúmenes una reproducción de esta foto. Por mucho que los diseñadores no repararan en ello, no cabe comentario más concluyente a esa correspondencia.
Leyendo el tomo de las cartas de Kafka recién publicado por Galaxia Gutenberg, me vino al recuerdo esa foto, con esa mano agarrotada, al leer el siguiente pasaje de una de las cartas que dirige a su amigo Max Brod. La carta está escrita desde Riva, donde Kafka empleaba sus días de vacaciones en un sanatorio naturista. Está fechada en septiembre de 1913, justo un año después de que conociera a Felice en la casa de la familia Brod, precisamente. Dice Kafka: “La necesidad de soledad es algo autónomo, siento avidez de la soledad, la idea de un viaje de boda me espanta, cualquier pareja de recién casados de viaje, la relacione conmigo o no, me parece un espectáculo repugnante, y cuando quiero provocarme asco, sólo tengo que imaginarme rodeando la cintura de una mujer con el brazo”.
El pasaje parece un comentario avant la lettre a la fotografía de 1917. Explica muy bien la naturaleza del gesto de esa mano que se resiste a tocar de ninguna manera la cintura de Felice, amagando únicamente un contacto que se evita a toda costa.
Es imposible, una vez detectado, sustraerse a ese gesto, que transforma por completo el efecto de la foto. Ya sólo cabe mirar esa mano de chimpancé, en el extremo de un brazo larguísimo. (Uno se acuerda del Informe para una academia, cuyo protagonista es un mono amaestrado).
En los diarios y las cartas de Kafka quedan testimonios del desagrado físico que sintió desde el primer momento respecto a Felice, a la que en un principio tomó por una criada. “Nariz casi rota. Pelo rubio, algo lacio, nada atractivo. Barbilla robusta”... Su boca, en particular, con algunos dientes de oro, le producía especial aprensión. En las amorosas cartas que le dirige, rara vez comparece el cuerpo como sujeto del deseo. Entre su primer encuentro y el segundo transcurre casi medio año. Para entonces, ya le ha mandado más de un centenar de cartas en las que se hace patente que la escritura misma -escribir, escribir, escribir- es el objeto mismo del deseo. 


dimarts, 10 d’octubre del 2017

la història i la vida


Hi ha gent que s’adapta bé a la incertesa d’aquests dies. Tornem a Casablanca : “On eres aquest matí? No ho recordo, fa massa temps. Què faràs aquesta nit? No faig mai plans amb tanta antelació”.
Jo soc en part d’aquests, i això que la meva generació va viure la certesa d’una vida ordenada gairebé com una imposició social. Després la precarietat ha anat fent forat i la convivència amb la incertesa ja és molt més general. Si cal, avui vaig a la manifestació, i demà em quedo a casa a pintar, o a fer números... És com aquella entrada dels diaris de Kafka, del 2 d’agost del 1914, que diu: “Avui Alemanya ha declarat la guerra a Rússia. A la tarda he anat a nedar”. És un contrast brutal, de la història i el món privat...

«Em costa molt concentrar-me, aquests dies». Antoni Bassas entrevista Jordi Puntí. Ara. 7|10|2017. 




divendres, 9 de juny del 2017

kafka a la tele



«Vint-i-sis anys després de subvertir la ficció en sèrie, Twin Peaks ha tornat amb una tercera temporada que promet. Sense trair el credo argumental original ni l’esperit insolent fundacional, David Lynch i Mark Frost alternen la intriga autoparòdica amb un arsenal de digressions feliçment experimentals que no només s’alimenten de l’atreviment i l’afany d’avantguarda, sinó que estimulen l’atenció de l’espectador. Tampoc es conformen amb una pluja d’idees pertorbadores, sinó que converteixen la perplexitat i la ironia dodecafònica en motors de la història. El trencaclosques avança i, alhora, evoluciona. De manera que quan creus que estàs entenent la relació entre dues escenes o dos personatges, apareixen noves interferències que multipliquen les trames i amplien els límits d’una perplexitat i d’un desconcert que, en comptes de fer nosa, estimulen. És veritat que la temptació de diagnosticar l’invent com a deliri psicotròpic o artefacte abstracte és forta. Precisament per això convé resistir-se als moments de pèrdua. Qualsevol intent de comprensió lineal fracassarà. La prova és que de tant en tant són els personatges els que, amb un sentit de l’humor irresistible, expressen els seus dubtes. “¿On som?”, pregunta un personatge, i un altre, que comparteix la sensació d’avançar sense brúixola, pregunta: “¿Què fas aquí?” I sense saber si són una falsa pista o un homenatge, els detalls apel·len al nostre nivell d’atenció, molt diferent al que invertim en altres sèries. Per exemple: el personatge interpretat per Lynch té un despatx decorat amb un retrat de Kafka i la foto d’una explosió nuclear. És una declaració d’intencions que ens hipnotitza. Per això acompanyem l’agent Cooper, una mena d’Anthony Perkins a El proceso, o el seu clon, un infiltrat propens a vomitar matèria tòxica.¿Té cap sentit? No, i ens inocula una dosi de fantasia temerària. Però a mesura que l’argument avança, recuperem la sensació de fa 26 anys: admiració, enveja i certa frustració quan ens adonem que tot el que no entenem no és la conseqüència d’una impostura, sinó de les nostres limitacions davant d’una proposta tan artística com televisiva...»

Sergi Pàmies. De Twin Peaks a Joan Laporta. La Vanguardia. 27|5|2017.


divendres, 19 de desembre del 2014

kafka segons peter mendelsund




«En un article publicat en Magazine amb el títol de Franz Kafka y el colorido, Quim Monzó carregava contra l'ús de l'adjectiu kafkià i també contra l'habitual interpretació depressiva i angoixant, kafkiana, de l'obra de Kafka. Per a Monzó, en canvi, Kafka és per damunt de tot un humorista esplèndid. En el mateix article Monzó es refereix elogiosament a les portades que ha fet el dissenyador Peter Mendelsund per a una nova edició dels llibres de Kafka de l'editorial americana Pantheon, que s'aparten de les cobertes habituals «negras o grises, en cualquier caso tristes o lúgubres, con ecos casi facistoides...» Mendelsund ha fet el contrari i les ha omplert de colors.
Mendelsund explica en el seu bloc, Jacket Mechanical, el procés que va seguir per dissenyar aquestes cobertes. Va optar pel color, diu, perquè està cansat del Kafka seriós i pessimista. Mendelsund troba que els seus llibres són, entre altres coses, divertits, sentimentals i, a la seua manera, conformistes. A causa de l'assimilació de kafkià amb les maquinacions d'una burocràcia anònima i sinistra, les portades dels llibres de Kafka tendeixen a utilitzar el negre o una combinació de colors típiques del realisme socialista, del constructivisme o del feixisme: per exemple, negre beix i roig. Mendelsund afirma que el seu objectiu ha estat deixar que hi entrés el sol, que els colors fossen brillants i que, al mateix temps, mostraren tensió. Un dels motius que ha utilitzat en el disseny de les portades ha estat l'ull, per indicar intimitat en singular i paranoia en plural. Una bona combinació, afirma, per a Kafka, que descrivia tant l'individu com la persecució de l'individu.
Val la pena visitar Jacket Mechanical. Hi apareixen reproduïdes moltes de les portades, sorprenents i imaginatives, dissenyades per Meldensund. Algunes són molt boniques. Mendelsund diu que les cobertes que més li agrada dissenyar són les dels llibres Kafka, perquè la seua literatura té un atractiu especial i suggestiu, encara que li resulta molt difícil de precisar en què consisteix. Què és el que fa Kafka Kafka, es pregunta? Entre altres coses, la concisió, l'humor negre, els brillants experiments mentals, la desorientadora cadència de la prosa, la lògica màgica, interna i impecable que fa funcionar els arguments dels seus relats, el judaisme, les «abstraccions concretes...» o el sentiment de la nostra alienació, que és per a Mendelsund la definició de la condició emocional del nostre temps».

Enric Iborra. «Kafkià». A: Un son profund. Dietari d'un curs de literatura universal. Viena, 2013. P. 305-306.



dissabte, 15 de novembre del 2014

kafka als tròpics





Hi ha una foto de Kafka infant: rara vegada la «pobra i curta infantesa» s'ha plasmat en una imatge més commovedora. Deu procedir d'un d'aquells ateliers del segle XIX que amb els seus domassos i palmeres, tapissos i cavallets, ocupaven una posició ben ambigua entre sala de tortures i saló del tron. S'hi presenta el nen de prop de sis anys guarnit amb un vestit infantil estret, sobrecarregat d'ornaments, com si diguéssim humiliant, en una mena de paisatge d'hivernacle. Al rerefons s'alcen fulles de palmera. I, per fer encara més asfixiants i xafogosos aquests tròpics encoixinats, el model porta a la mà esquerra un barret desmesuradament gros, d'ala ampla, com el que porten els espanyols. Uns ulls incommensurablement tristos dominen el paisatge que els ha estat destinat, mentre s'hi aboca el pavelló d'una gran orella.

Walter Benjamin. «Franz Kafka. Amb motiu del desè aniversari de la seva mort». A: Assaigs de literatura contemporània. Selecció d'Ignacio Echevarría. Traducció de Pilar Estelrich. Columna, 2001. P. 115-116.



dimecres, 26 de juny del 2013

com un cop de puny


Kafka deia que un llibre ha de colpir com un cop de puny, sacsejar violentament el lector i la seva habitual visió de les coses. Rebre un cop de puny no és gens agradable; segons Kafka, una autèntica literatura, per tant, al costat del joc, del plaer, del gust pel món i per la seva reinvenció, ha de ser una mica desagradable, tenir un to irritant que desconcerta i fa sentir a disgust.
Pocs llibres saben tenir en compte aquest aspecte desagradable, de vegades insuportable, de la vida que és una veritat i no pot ser evitat ni suavitzat. Són els llibres que obliguen el lector a travessar els deserts de l'existència, sense donar-li la mà i sense ajudar-lo a esquivar les arenes movedisses -tal com ho fa la literatura benintencionada i tranquil·litzadora-, sinó que li fan refer el mateix camí de l'escriptor i el forcen a empantanegar-se en el desassossec i el fang d'aquell camí, en comptes d'oferir-li un balcó panoràmic des del qual pugui admirar tranquil·lament els inferns i els abismes sense sentir-se amenaçat o engolit.
Un d'aquests llibres, un exemple, és Auto de fe, de Canetti, que no concedeix res al lector, sinó que li clava un cop a l'estómac, el posa davant del deliri del món i del pensament; no diu que la realitat és desencaixada i deforme, sinó que desencaixa la vista del lector i el força a veure-la desencaixada ell mateix amb els seus ulls, com les imatges d'una pel·lícula mirades per un espectador assegut a pocs centímetres de distància de la pantalla. Per això és un llibre que -igual que tots els grans llibres desagradables- es pot apreciar a fons, reconeixent-ne la insuportable però enlluernadora grandesa, o bé rebutjar en bloc, però no es pot apreciar moderadament; se'l considera una obra mestra o un desastre, però mai un bon llibre mitjà.
Claudio Magris. «Com un cop de puny». A: Alfabets: assaigs de literatura. Traducció d'Anna Casassas. Edicions de 1984, 2010. P. 458-459.



dissabte, 5 de novembre del 2011

eleccions



Vist ahir a Librosfera.

dilluns, 3 d’octubre del 2011

ensenyar les dents (o quasi)


Y se rió. Y de no ser porque ya había muerto, se habría muerto allí mismo de risa. 
Enrique Vila-Matas. Suicidios ejemplares

Carson McCullers

Mark Twain

George Bernard Shaw

G.K. Chesterton

Jorge Luis Borges

Franz Kafka

Ernest Hemingway

Montserrat Roig

Mercè Rodoreda

H.P. Lovecraft

Roberto Bolaño

George Orwell

Samuel Beckett

dimarts, 14 de desembre del 2010

en robert, en francesc (i en max)

"Cuenta Max Brod que un día Kafka apareció de improviso en su casa para hacerle partícipe de su entusiasmo por Jakob von Gunten. Cuenta también que a Kafka le gustaba leer en voz alta los escritos de Walser y que le producían una gran hilaridad.., una hilaridad que recuerda la del mismo Kafka y de sus amigos con la lectura del Proceso. Añadamos, por último, que en su despacho Kafka tenía un superior, llamado Eisner, que encontraba cierto parecido entre Kafka y Simon Tanner, el protagonista de la primera novela de Walser: hoy este detalle suena a antigualla.
La afinidad entre Kafka y Walser fue descubierta por Musil, en una crítica de 1914, donde Kafka es considerado, injustamente, un "caso especial del tipo Walser". Es verdad que resulta posible encontrar textos de Kafka y Walser que parecen empalmar naturalmente unos con otros. Cuando en Jakob von Gunten, se dice que "en un ejercicio sencillísimo, en cierto modo estúpido, hay mayor beneficio, más nociones verdaderas que en el aprendizaje de un gran número de conceptos y significados", encontramos inmediatamente en palabras de Kafka el ejemplo de lo que Walser quería decir: "Enclavar una mesa con oficio paciente y minucioso y al mismo tiempo no hacer nada, y no sólo que se pueda decir: "Para él no es nada enclavar", sino "Para él enclavar es un auténtico enclavar y al mismo tiempo nada...", con lo que la acción de enclavar se tornaría más audaz, aún más decidida, aún más real y, si se prefiere, aún más loca." En Walser, como en Kafka, sopla el viento prehistórico de las Montañas Heladas. Pero si Kafka, con dureza, convirtió cada vez más el escribir en una confrontación continua con el poder, Walser era demasiado lábil e insustancial para atreverse a tanto, rendido sin remedio antes de dar el primer paso."

Roberto Calasso. "El sueño del calígrafo". A: Los cuarenta y nueve escalones. Anagrama, 1994. P. 73.
**


"Le digo que probablemente debe a Franz Kafka su popularidad en Praga; había sido un degustador de sus impresiones berlinesas y del Jakob von Gunten. Pero Robert hace un gesto de desdén: apenas conoce la obra de Kafka."

Carl Seelig. Paseos con Robert Walser. Siruela, 2000. P. 55.

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"Damos en hablar de Max Brod, que actualmente se encuentra en Zúrich. Robert recuerda que en 1919 su rostro salía junto al de Brod en un periódico de Leipzig. Le cuento que el director de la oficina de la compañía de seguros de accidentes de trabajo en la que trabajó Franz Kafka ha comparado a éste con los soñadores personajes de Walser, y cómo Kafka recomendó a su jefe, con intereses literarios, que comprara Los hermanos Tanner. Kafka también había hablado a menudo con entusiasmo de Jakob von Gunten y había leído a Max Brod sus prosas de la época berlinesa, muy especialmente los Refugios de montaña, de los que solía recitar con placer de gourmet las frases "El dueño hace su atenta ronda de vigilancia por el local. Cuida de mantener la decencia y la buena conducta. ¡Le recomiendo que vaya!". Pero Robert observa con sequedad que en Praga hay cosas más estimulantes que leer que esas walseriadas."

Carl Seelig. Ibídem. P. 102.


dimecres, 8 de desembre del 2010

diari de kafka, quadern dotzè.

8 [ octubre de 1917]. Entretanto: Cartas quejosas de Felice, Grete Bloch me amenaza con una carta, desconsuelo, dar de comer a las cabras, campo agujereado por ratones, desenterrar patatas (“Cómo nos sopla el viento en el culo”), cortar escaramujos, el campesino Feigl (siete chiquillas, una pequeña, de mirada dulce, con un conejito blanco encima de su hombro), en la habitación el cuadro El emperador Francisco José en la cripta de los capuchinos, el campesino Kunz (poderoso, relata con orgullo la historia de su granja, pero amable y bueno). Impresión general de los campesinos: aristócratas que han encontrado su salvación en la agricultura, en la que han organizado tan sabia y humildemente su trabajo que este se inserta sin lagunas en el todo y ellos quedan preservados, hasta su bienaventurada muerte, de toda inestabilidad y todo vértigo. Verdaderos ciudadanos de la Tierra. – Los zagales que al atardecer van corriendo detrás del rebaño fugitivo y disperso de las vacas por los extensos campos de labor situados en lo alto, y una y otra vez tienen que tirar de la cuerda de un novillo que se niega a seguirlos.- Copperfield, de Dickens (El fogonero, pura imitación de Dickens; la novela proyectada, más todavia. Historia de la maleta, el muchacho que hace dichosos a todos y a todos encanta, los trabajos humildes, la amante en la granja, las casas suciaqs, entre otras cosas, pero sobre todo el método. Como veo ahora, mi intención era escribir una novela de Dickens, únicamente enriquecida con las luces más vivas que he tomado de nuestra época y con las más opacas que saco de mí mismo. Riqueza de Dickens, su poderosa e irreflexiva afluencia de ideas, y por este motivo, tantos pasajes de espantosa flojedad en los que no hace otra cosa que mezclar, cansado, lo ya conseguido. Impresión de barbarie causada por el insensato conjunto, una barbarie que yo he evitado gracias a mi debilidad y a estar aleccionado por mi epigonismo. Inhumanidad disimulada tras su estilo desbordante de sentimiento. Esos bloques de tosca caracterización que son insertados artificialmente en cada ser humano y sin los cuales no estaría Dickens en condiciones de hacer que su historia avanzase ni siquiera por un momento. Conexión de Walser con Dickens en el impreciso uso de metáforas abstractas).
Franz Kafka. Obras Completas, Vol. II. Trad. Andrés Sánchez Pascual, Joan Parra Contreras. Galaxia Gutenberg, Circulo de lectores, 2000.

http://www.davidwheldon.co.uk/firstencounter.html

http://www.traces.uab.es/tracesbd/elpais/pais090108_02.pdf

http://www.pep-web.org/document.php?id=aim.016.0367a

http://franzkafkaamerika.blogspot.com/2008_11_01_archive.html