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dimecres, 6 de juny del 2018

100 novels project


ALEJANDRO GAMERO
Copiar una novela palabra por palabra como forma de arte
La Piedra de Sísifo
17|5|2018

El fantasma del plagio sobrevuela sobre algunos de los escritores más reconocidos. Más allá del intento de fraude, no parece que copiar una novela, sin más, sea una actividad demasiado original. Ahora bien, recordemos cómo Borges consiguió darle una vuelta de tuerca a esta situación en «Pierre Menard, autor del Quijote», donde logró que un autor fuera innovador copiando la inmortal obra de Cervantes palabra por palabra. Siguiendo la estela de Pierre Menard, el artista Tim Youd lleva años proponiéndose algo muy similar: encontrar la originalidad copiando novelas enteras.
La innovación que Youd introduce en sus copias es que sus textos carecen de espacios entre las palabras. Cada novela se reescribe en una sola hoja de papel, con una segunda hoja detrás. A medida que avanza el proceso de reescritura, la hoja superior se satura de tinta y esta se filtra llenando también la segunda hoja. Como parte final de la reescritura, Youd separa las dos hojas y las coloca una junto a otra, para que simbólicamente representen a todo el libro, abierto. Ante nuestros ojos está toda la novela, pero completamente ilegible.
Bajo el nombre 100 Novels Project, el trabajo de Youd no es ni mucho menos un capricho con el que haya intentado conseguir algo de fama. Una década lleva ni más ni menos copiando novelas, en un ambicioso proyecto que tiene como objetivo llegar a las cien novelas copiadas y del que lleva ya la mitad. Durante cuatro años Youd ha viajado por todo lo largo y ancho de Europa y Estados Unidos reescribiendo cuarenta y ocho novelas, entre las que se incluyen Cartero de Charles Bukowski, Adiós, muñeca de Raymond Chandler, Elegidos para la gloria de Tom Wolfe, La conjura de los necios de John Kennedy Toole o Al faro de Virginia Woolf. Cada una de ellas le ha llevado copiarlas entre varios días y algunas semanas...

Tim Youd retyping William Faulkner's The Sound and the Fury
at Faulkner's home in Oxford, Mississippi, June 2014


William Faulkner's The Sound and the Fury,
326 pages typed on an Underwood Universal, Rowan Oak, Oxford, MS, June 2014

dijous, 29 de març del 2018

faulkner al bar


—Este semestre he leído El ruido y la furia —dijo—. El libro entero. Es un libro difícil. Es un libro muy jodido. Por ejemplo, hay una parte en la que Benjy pilla a Caddy haciéndoselo en un columpio hecho con un neumático. El profesor dice mi nombre en clase y me pregunta: «¿Qué crees tú que significa esa escena?». Y yo le respondí: «Practicar el sexo en un columpio...no parece fácil», y el profesor me dijo que nunca había oído una aproximación como ésa a Faulkner.
En ese momento se desencadenaron dos discusiones simultáneas, una sobre Faulkner y otra sobre radiales de correa de acero.
Pero ese Faulkner era un borracho o qué, ¿eh? Por cierto que tengo que ponerle ruedas de nieve a mi Chevy. Todos los escritores son unos borrachos. ¿Cuánto piden por unas ruedas nuevas hoy en día? En ese caso tal vez yo tendría que hacerme escritor, si lo único que hace falta es beber. Antes de poder escribir tienes que saber leer, atontado. De todos modos, ¿qué significa ese título, El ruido y la furia? Creo que he visto unas Michelin de oferta en Sears. McGraw dice que es de Shakespeare. Pues si tanto sexo practican en esas ruedas quizá sería mejor que el libro se llamara El ruido y la Firestone. ¿Cómo puede Firestone plagiar de esa manera a Shakespeare? Dirás Faulkner. ¿Y yo qué he dicho? Has dicho Firestone, Einstein. Ése sería un buen seudónimo: Firestone Einstein. Si alguna vez participas en el Programa de Protección de Testigos Amenazados, así es como puedes llamarte. No le plagia. Se trata de una «ilusión» literaria. Tengo que dejar de beber. Mañana me voy a Sears a ver esas ruedas Michelin. No me acuerdo de ninguna obra de Shakespeare que se titulara El ruido y la furia.
—¡Es de Macbeth! —estuve a punto de gritar yo, pero no quería ser el empollón enclenque que no se integra y que no para de hablar de Shakespeare. A los hombres les interesaba McGraw, no Shakespeare, así que seguí fumando, callado, sin decir nada...

J.R. Moehringer. El bar de las grandes esperanzas. Traducció de Juanjo Estrella. Duomo, 2015. P. 400.

dijous, 29 de setembre del 2011