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dijous, 16 de juny del 2022

bloomsday

 

Xavi Ayén
Rosa M. Anechina (gràfic)
El Bloomsday del centenari
La Vanguardia
12|6|2022


Dijous que ve, dia 16, Dublín s'expandirà per molts indrets del món. És el Bloomsday, el dia en què té lloc la novel·la Ulisses (1922) de James Joyce, però no qualsevol Bloomsday, sinó el del centenari del llibre. Per això la tradició de recórrer per la capital irlandesa els mateixos indrets pels quals va transitar durant divuit hores el protagonista de l'obra, Leopold Bloom, un dia del 1904, fent i menjant les mateixes coses que ell —un costum que se celebra des dels anys cinquanta— ha agafat un caràcter especial i s'ha estès, a més, a altres ciutats.

Després d'una aturada de dos anys per la pandèmia, torna el Bloomsday a Dublín, amb actors (i ciutadans) disfressats a l'estil eduardià, lectures, teatre, cinema, exposicions, taules rodones, rutes, gastronomia (no hi falta el vi de la Borgonya ni el formatge gorgonzola) i concerts de carrer, com de costum, però aquesta vegada amb un ambiciós programa d'actes que s'estén de l'11 al 16 de juny. Entre els punts essencials per als visitants, la Torre de Joyce a Sandycove, el pub Davy Byrnes o la farmàcia de Sweny.

A Barcelona la llibreria Calders s acollirà la iniciativa de l’Escola Bloom, que consisteix a llegir l’obra completa, els dies 16 i 17, en la traducció al català de Joaquim Mallafrè (es calculen més de 30 hores). L’organització demana voluntaris sobretot per a les hores de la matinada.

Així mateix la llibreria Documenta ofereix, el divendres 17, una performance sensual i gastronòmica.

Més oficialment, les autoritats irlandeses han acordat celebrar aquest any un altre Bloomsday a Madrid, a la Costa de Moyano, on els actors Mateo Franco i Raquel Vicente recorreran la zona caracteritzats com el matrimoni Leopold i Molly Bloom, llegint passatges del llibre i amb parades a la Biblioteca Nacional (que farà de National Library dublinesa), al pub James Joyce (en comptes del Davy Byrnes), el convent de les Trinitarias (com si fos el cementiri Glasnevin), la farmàcia Cervantes León (en comptes de la Sweny) i el Gran Hotel Anglès, on es van allotjar Virginia Woolf, Valle-Inclán o Galdós, i que fa d’hotel Ormond –el que surt a la novel·la–.

També se celebrarà a La Línea de la Concepción, ja que aquesta localitat gaditana apareix en un passatge de la novel·la. En concret, l’últim capítol de l’Ulisses es desenvolupa al Campo de Gibraltar, i Lunita Laredo, mare de la Molly, és natural de La Línea.

Per la seva banda, l’Orde del Finnegans, societat d’escriptors espanyols joyceans –entre ells Enrique Vila-Matas, Jordi Soler o Eduardo Lago– també estarà present en el Bloomsday del centenari.




dimarts, 16 de juny del 2020

sant bloomsday



El mapa de l'Ulisses de Joyce de Vladimir Nabokov a Curso de literatura europea.


homo bloomsday


RODRIGO FRESÁN
Homo Bloomsday
Página|12
16|6|2020

UNO A recientes y virulentas listas (de contagiados y muertos, de tratamientos y vacunas en desarrollo y tiempos de incubación y formas de propagación, de euros a repartir para "reconstruir" Europa, de requisitos para fases de desescalada, de ambidiestras ofensas parlamentarias, de conspiranoias surtidas incluyendo la de Miguel Bosé, de más que resistibles versiones de "Resistiré", de rectificaciones y enmiendas, de comisiones del Rey Emérito, de miles de turistas alemanes invadiendo las casi suyas Baleares y a ver qué pasa) habría que añadir otra: la lista de personas en reclusión que se prometieron leer el alguna vez escandaloso y prohibido y contrabandeado y aún transgresor y revolucionario Ulysses (1922) de James Joyce. Sedentarios que salen a la nueva normalidad habiendo avanzado no más allá de las primeras páginas/minutos de ese nómade y odiséico y homérico día en el que transcurre --a lo largo y ancho de mítica y oceánica Dublín-- esta poderosa novela portadora de prosa-virus. Así, peligro mortal por contagio de influencia/influenza: mejor no escribir à la Joyce, mejor leer a Joyce.
DOS Y no: Rodríguez no vio ningún Ulysses en esas bibliotecas a espaldas de zoomistas en su encierro. Y sí: las ganas de leer el Ulysses es como gripe con clímax cada 16 de junio y después --como tantas otras cosas-- se pasa hasta que vuelve a pasar.
Por el momento, ya pasó hasta el próximo rebrote del brote. Ahora todos más concentrados en la zombi resurrección económica o en la legislación/regularización de esa nueva forma de esclavitud doméstica que es el teletrabajo. Y toda maniobra formal y modernista y vanguardista ya no tiene nada que ver con la literatura sino con el retorno de una frenética Liga de fútbol y eso del público virtual y sonido ambiente.
Y Barcelona --sin turistas a los que servir-- es un páramo de pocas palabras. Y un desorientado Rodríguez siente pocas ganas de salir a caminarla hoy. Y no cree que algo vaya a cambiar mucho cuando la distancia de seguridad se reduzca a 1,5 metros y el retiro de posibles contaminados a 10 días y se haya entrado en un tiempo experimental en el peor sentido del término.
Así que mejor pensar en que no es este 16 de junio de 2020 sino el Bloomsday de todos los años. Ese eco de aquel 16 de junio de 1904 en el que transcurre Ulysses (conmemorado como pública y sacra fecha por primera vez en el cincuentenario 1954). Allí y entonces, el dublinés Leopold Bloom navegando calles y surcando puentes rumbo a su Ítaca propia y privada donde lo espera la orgásmica Molly. Mientras, a este lado de la ficción, James Joyce se cruzaba en primera cita con su futura esposa y musa nada literaria y sí muy práctica Nora Barnacle (a quien ya había avistado por primera vez seis días antes, caminando por Nassau Street e intercambiado unas palabras que llevaron a su primera y definitiva cita). Y se funden el uno con la otra en un banco de parque del suburbio de Ringsend.
La biografía canónica de Joyce (la de Richard Ellmann) da cuenta del encuentro con discreción y apunta que Joyce se presentó con un ojo hinchado por puño del novio de otra chica a la que había intentado manosear la noche anterior. La biografía definitiva de Barnacle (la de Brenda Maddox) completa el retrato de la que a partir de entonces sería despareja pero invulnerable pareja: Nora desabrocha la bragueta de James, mete su mano y --en el decir del escritor, con amplia experiencia con prostitutas y chicas ligeras-- "con pericia sacramental" y "con tu mirada como de santa hiciste de mí un hombre".
Joyce siempre tuvo mala visión, pero fue amor a primera vista.
TRES Y Rodríguez leyó el Ulysses en su adolescencia, mientras buscaba sin encontrar manos como la de Nora (la de su prima Mirta) y acariciaba la edición de Bruguera. La leyó, claro, con la desafiante y omnipresente inconsciencia de quien se siente invencible por tener casi todo por delante sin saber que, en el futuro, el pasado lo será todo. ¿La leyó mal y rápido o la leyó como mejor podía hacerlo por entonces? No importa. ¿Debería volver a leerla? Seguro. ¿Cuándo? Uh... Pero lo suyo fue preferible, piensa, a lo que hacen casi todos y que, seguro, volvieron a hacer durante el aislamiento. Eso de empezar y tropezar y saltar directo al monologante final en trance de Molly (o, mejor, "Los muertos" o, mejor aún, la película de John Huston) como también muchos, en los idus sin vuelta de marzo-abril-mayo pasado, no masticaron más allá de la magdalena del "Combray" de Marcel Proust para después, confinados, irse temprano a la cama.
CUATRO Y aquí viene la encamada y soliloquiante y gibraltareña Molly Bloom como Penélope de Odiseo y Nora de James. Menstrual Molly en llamas (a quien Kate Bush puso voz en "The Sensual World/Flower of the Mountain") y ama y señora de la hasta entonces oración más larga de libro en idioma inglés. La enorme Molly sin mayúsculas ni signos de puntuación, como en las cartas ardientes que Barnacle le enviaba a Joyce. Qué noche la de aquel día, sí, yes, yeah y debería estar durmiendo como un tronco: pero cuando llega a casa y con ella...
Y Rodríguez vuelve a preguntarse cuántos serán los que hoy, en Dublín, festejan mintiéndose a sí mismos no solo su condición de iniciados sino también de terminadores del Ulysses. En cualquier caso, allí van todos con sus iPhones para selfies (ahí esa estatua del escritor caminando) con la novedad de mascarillas y guantes y distancia de inseguridad. Todos (Rodríguez alguna vez estuvo allí, hace años) subiendo temprano por la Martello Tower en Sandycove. Y luego afanarse y ufanarse por los empedrados de Dublín y pasar por Meeting House Square y escala en el pub del 21 de Duke Street (refuerzo con sandwich de gorgonzola y copa de borgoña) y sitio exacto en el que se alzó la farmacia Sweny's Chemist en Lincoln Place y National Library en Kildare Street y playas de Sandymount y comer hasta reventar las vísceras con la nada mediterránea dieta de Leopold Bloom y riñones de cerdo para todos. Y así derrumbarse en el 7 de Eccles St. donde ya no está la casa de los Bloom (hoy se alza allí hospital para atender bloomitas alcoholizados e indigestos) cuyo portal fue preservado de la demolición en 1967 y trasladado al James Joyce Centre.
Con el tiempo, la fiesta se ha extendido por todo el planeta desde Trieste (donde Joyce empezó Ulysses) hasta el finito y más allá. Y, sí, hasta hay todo un libro sobre ese día de novela: yes I said yes I will Yes.: A Celebration of James Joyce, Ulysses, and 100 Years of Bloomsday, de Nola Tully.
Ahora, tantos años después, Rodríguez --como heroico Stephen Dedalus-- camina por unas Ramblas vacías de etílicos turistas irlandeses que sólo entienden al Bloomsday como coartada para otra vuelta y ronda y a ver si hay suerte con alguna Nora o Molly catalana. Y ahí va y aquí viene Rodríguez: su alma cayendo lenta al oír caer la lluvia leve sobre el universo y caer leve, como el descenso de su último final, sobre todos los vivos y sobre los muertos (incluidos o no en listas "congeladas") y su cerebro pulsando enloquecido y no dice no quiero No.

diumenge, 16 de juny del 2019

bloomsday


«Woolf tenia més o menys els mateixos anys que James Joyce, les seves preocupacions estètiques eren paral·leles, no hi havia ningú més preparat que ella per entendre l'aferrissada penetració de les coses opaques que Joyce perseguia a través de Ulisses. I a ella li hauria agradat trobar que Ulisses era un gran llibre. El dimecres 16 d'agost de 1922 (l'any de la publicació d'Ulisses), Virginia Woolf va escriure en el seu Diari: «Hauria de llegir Ulisses i fer-me'n una opinió a favor o en contra. He llegit ja dues-centes pàgines, amb prou feines una tercera part; m'he sentit successivament divertida, excitada, interessada pels dos o tres primers capítols...fins al final de l'escena del cementiri; després, atabalada, avorrida, irritada i decebuda per aquest estudiant malaltís que no para de rascar-se els grans. I Tom, el gran Tom (es refereix a T.S. Eliot) el posa en el mateix pla que Guerra i Pau. Un llibre bàrbar, subalimentat, vet aquí com el trobo jo!, el llibre d'un autodidacte i ja sabem com són aquesta gent, pesats, preocupats per si mateixos, insistents, grollers, descarats i finalment repugnants. Si podem tenir la carn cuita, per què ens l'hem de menjat crua? Però Tom és un home anèmic, i la sang li sembla glòria. Jo, en canvi, com que soc gairebé normal retornaré als clàssics. Potser canviaré de parer més tard. No comprometo la meva sagacitat crítica. Planto un bastó a terra a la pàgina 200».

Maria Aurèlia Capmany. Pedra de toc. Laie, 2018. P. 36.

dissabte, 16 de juny del 2018

joyce vist per freund


James Joyce fotografiat per Gisèle Freund. París, 1939.

Un encargo de Time llevó a Gisèle Freund a la casa del desconfiado y supersticioso Joyce, en la calle Edmond Valentin de París, donde el gran escritor recibió a la fotógrafa con toda la circunspección posible: temía la fotografía en color y las luces demasiado potentes para sus debilitados ojos; se golpeó contra una lámpara poco después de iniciarse la sesión y casi acusó a Gisèle de querer matarlo. Un verdadero desastre. Pero ella consiguió convencerlo para repetir la sesión al día siguiente y, vencido por tal obstinación, Joyce comentó con sus amigos: «¡Gisèle es más dura que un irlandés! ¡Yo no quería dejarme retratar en color, pero se ha posesionado de mí, no una, sino dos veces!».

Escritores. Grandes autores vistos por grandes fotógrafos. Groffredo Fofi (editor). Blume, 2014. P. 228.

divendres, 16 de juny del 2017

bloomsday




dijous, 16 de juny del 2016

santoral


«El 16 de juny és el Bloomsday, el dia en què James Joyce situa la llarga passejada de Leopold Bloom a la seva novel·la Ulisses. "Proust o Joyce" és una de les grans dicotomies de la civilització, encara més que "Tolstoi o Dostoievski", potser més que "lletres o ciències". No tinc res contra Proust —Déu me'n guard—, però em sento més pròxim a Joyce, ni que sigui perquè és més juganer, perquè escriu amb una alegria salvatge, perquè cada capítol és un petit món embolicat d'una manera diferent. El sentit de l'humor de Joyce, esparracat i sacríleg, dista molt de Proust. "No bec res entre copa i copa", llegim al capítol nou de la segona part: una frase que podria haver subscrit Groucho Marx.
En molts lectors, l'Ulisses desperta una admiració reverencial, que sovint es tradueix en una certa distància. "Ho he intentat tres vegades" és una frase autoindulgent que he sentit en més d'una ocasió. De vegades és un error començar pel començament: al capdavall, Joyce escrivia simultàniament diferents capítols del llibre, i no veig per què els lectors no poden emprendre'l pel mig. Per fer un tast de l'Ulisses, recomano llegir el capítol deu de la segona part. Som al capvespre. Tres noies s'estan a la platja. N'hi ha una, Gertie MacDowell, que és "un exemplar de gentil minyona irlandesa del milloret que es pugui veure". A uns metres, Leopold Bloom —que li dobla l'edat— s'embadaleix contemplant-la. Entre tots dos sorgeix una relació silenciosa, intensa i efímera, tendra i obscena, d'un erotisme naïf. La primera part del capítol descriu els contactes visuals entre els dos personatges, mentre que la segona part ressegueix el flux de consciència desfermat de Bloom: "De vegades els fills surten prou bé. Zero i zero fan un. O un vell ric de setanta anys i una núvia tota ruboritzada. Casar-se al maig per penedir-se'n al desembre. Aquesta humitat és molt desagradable". I no es refereix a cap fenomen meteorològic».

Vicenç Pagès Jordà. «Bloomsday». A: El llibre de l'any. Labutxaca, 2011. P. 61.


dimarts, 22 de març del 2011

¡bababadalgharaghtakamminarronnkonnbronntonnerronnruonnthunntrovarrhounawnskawntoohoohoordenenthurnuk!


Bhikku, vista a Flickr.

Vaig decidir passar l'estiu llegint Finnegans Wake i escrivint la meva tesina, diu l'Esther Greenwood a la pàgina 141 de La campana de vidre. Alto! El Wake, la darrera novel·la de Joyce. No crec que hi hagi valent a la terra capaç de resumir-ne l'argument. De fet, sospito que són pocs els cridats a acabar-la. L'Ulisses -que lidera infatigablement la llista-dels-llibres-que-un-munt-de-gent-no-ha-pogut-llegir-mai- sembla un conte dels germans Grimm al costat del Finnegans Wake. On rau la dificultat? Bé, diguem-ne que tan sols el 10 o el 15% de l'obra està escrita en anglès convencional, la resta és pura manipulació del llenguatge, creació de paraules noves barrejant multitud d'idiomes i, per acabar-ho d'adobar, és plena de referències cultes i populars. Si us animeu, l'haureu de llegir en joycià, perquè encara no ha nascut el traductor que es vegi amb cor de traslladar-la, íntegrament, al castellà o al català. Jo, de moment, en tinc ben prou amb saber que la novel·la comença i acaba igual, amb la paraula riverrun. Potser algun dia això em farà guanyar un formatget del Trivial.
Aquí teniu l'Esther llegint el Wake:

"  correriu, més enllà d'Eva i Adam, de gest de platja a colze de badia, ens porta per un comodiós vici de recirculació al castell de Howth i Alentorns...

El llibrot em deixava un pesot incòmode a l'estómac.

correriu, més enllà d'Eva i Adam...

Em semblava que això de començar amb minúscula volia dir que no hi havia res que comencés de nou, amb majúscula, sinó que tot fluïa d'allò que hi havia abans. D'Eva i Adam significava Adam i Eva, és clar, però probablement també significava alguna cosa més.
Potser era un pub de Dublín.
Vaig enfonsar els ulls en una sopa de lletres fins a la llarga paraula del mig de la pàgina.

¡bababadalgharaghtakamminarronnkonnbronntonnerronnruonnthunntrovarrhounawnskawntoohoohoordenenthurnuk!

Vaig comptar les lletres. N'hi havia exactament cent. Em va semblar que el fet devia ser important.
¿Per què hi devia haver cent lletres?
Dubtosa, vaig fer un altre intent de llegir la paraula en veu alta.
Sonava com un pesant objecte de fusta que queia, bum bum bum, escales avall, graó rere graó. Alçant les pàgines del llibre, m'hi vaig anar ventant els ulls. Les paraules, lleugerament familiars però deformades i en desordre, com les cares en un mirall corbat, em passaven per davant sense fer cap impressió a la superfície del meu cervell.
Vaig clavar els ulls a la pàgina.
De les lletres sortien dardells i banyes de moltó. Veia com es separaven les unes de les altres i com saltironaven amunt i avall d'una manera idiota. Després s'associaven en formes fantàstiques, intraduïbles, com si fossin lletres de l'àrab o el xinés."

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P.S.: Mentre preparava la guia de lectura de la Plath, recordo haver llegit que es va casar amb en Hughes el  Bloomsday de l'any 1956. I si hi afegim aquest homenatge al Finnegans Wake de La campana..., és fàcil embolicar la troca i decidir que la data del casori no va ser casual (el Bloomsday és va començar a celebrar l'any 1954). No sé si cal recordar que la commemoració aquesta de l'Ulisses se celebra el 16 de juny perquè els esdeveniments de la novel·la se succeeixen en aquesta data. I que també va ser un 16 de juny  la primera cita entre Joyce i la que havia d'esdevenir la seva esposa, Nora Barnacle, quan van passejar fins al poble de Ringsend (prop de Dublin).
O, senzillament, la Plath i en Hughes es van casar aquest dia perquè el capellà no en tenia cap altre de disponible. Va savoir.


dimecres, 16 de juny del 2010

a paula de parma

Sant Bloomsday, diguem-ne casualitat, m'agafa confessada i en bona companyia.

dimarts, 16 de juny del 2009

bloomsday