dilluns, 26 de gener del 2026

un joc excel·lent


«Hi ha poques diversions més agradables que seure als restaurants i cafès o als vagons de tercera dels ferrocarrils observant els veïns i escoltant (sense provar d'intervenir-hi) els retalls de converses que sobrevolen l'espai intermedi. Pel seu aspecte, pel que diuen, podem reconstruir en la imaginació tot el personatge, la seva completa biografia. Partint de l'únic os fòssil, construïm amb fantasia el diplodocus complet. És un joc excel·lent. Però cal jugar-lo amb discreció. Una curiositat massa descarada pot ser mal considerada. S'ha de mirar i escoltar sense tenir l'aire d'adonar-se de res. Si el joc el juguen dues persones, els comentaris s'han de fer sempre en un idioma diferent del que es parla al país on es juga. Però potser la regla més important del joc és la que prohibeix, excepte en els casos més extraordinaris, de fer cap esforç per arribar a conèixer els objectes de la nostra curiositat.
Perquè, malauradament, els objectes de la nostra curiositat, una vegada n'hem fet la coneixença, no solen ser, gairebé mai, gens meritoris de cap interès ulterior. És possible, a la distància, de sentir la curiositat més viva per algú amb qui coincidiu habitualment al tren que ve de Surbiton. El seu cap calb és tan lluent; té uns bigotis encerats tan còmics; es posa tan vermell quan parla dels socialistes als seus amics; riu amb una satisfacció sorollosa tan desagradable quan algú explica una història verda; sua tan profusament quan té calor; s'expressa amb tant de discerniment sobre les roses; i la seva germana viu a Birmingham; el seu fill acaba de guanyar un premi de matemàtiques a l'escola. A llarga distància, tot això és fascinador; estimula la imaginació. L'homenet ens agrada; és meravellós, encisador, una veritable porció de vida. Però feu-ne la coneixença! D'ençà d'aquell dia fareu tot el que podreu per viatjar en un altre compartiment.
Que deliciosa, que estranya i que fantàstica és la gent a la distància.»

Aldous Huxley. «El punt de vista del viatger». A: Carretera enllà. Traducció de Rafael Tasis. Adesiara, 2014.

diumenge, 25 de gener del 2026

assortiment poètic

 



El passat dimecres 4 de desembre, Dia Internacional de la Galeta, a la sala d’actes de l’Associació de Mestres Rosa Sensat es va presentar l’“Assortiment poètic” ideat per Ramon Besora, poeta i pedagog, en col·laboració amb Galetes Birba. L’esdeveniment va aconseguir reunir a gairebé 200 persones, entre educadors, escriptors i famílies, interessades a promoure la literatura infantil i el patrimoni català. 

Amb aquesta iniciativa, Besora, uneix cultura i educació amb un objectiu clar: acostar la poesia catalana als més petits i petites. Per fer-ho, ha transformat les tradicionals capses de llauna de les galetes Birba; intercanviant la dolçor de les galetes pel sabor de 10 poemes infantils. D’aquesta manera, converteix un gest quotidià com seria menjar una galeta, en una oportunitat per descobrir la bellesa de la literatura i la força de les paraules. 


Rosa Sensat
9|12|2024

 


 Font: Marta Cava @martacava


dissabte, 24 de gener del 2026

el músic thomas mann

 

LUIS GAGO
El músico Thomas Mann
El País
31|12|2025


No perder contacto con la música!: diarista contumaz durante toda su vida, Thomas Mann escribió esta frase exclamativa —con visos casi de perenne recordatorio— el 15 de marzo de 1941. Acababa de escuchar por la radio la interpretación en directo de un Concierto para piano de Mozart y una Sinfonía de Schubert. Lo cierto es que jamás había perdido ese contacto asiduo, y así seguiría siendo hasta el final, pero la música le ayudaba entonces especialmente, cabe imaginar, a mitigar el dolor del exilio, del desarraigo, porque esta frase la anotó en su diario en Princeton, muy lejos de su Lübeck natal o su Múnich adoptivo, pocas semanas antes de apartarse aún más de Europa e instalarse en California, el destino final de muchas luminarias culturales alemanas.

De las siete conferencias que impartió en Princeton, tres versaron sobre Wagner (El anillo del nibelungo) y Goethe (Fausto y Werther), los dos gigantes que Mann jamás dejó de tener en su punto de mira: para comprenderlos y para emularlos. Su primera experiencia musical perdurable fue asistir, siendo aún un adolescente, en el Stadttheater de Lübeck, a una representación de Lohengrin, una ópera cuyo héroe ejerce de protector o redentor, dos papeles en los que el escritor se sentía muy cómodo. Muchas décadas después, a menos de cinco meses de su muerte, pidió que se interpretara en ese mismo teatro, antes de leer fragmentos de varias de sus obras, el preludio del primer acto de la "ópera romántica" de Wagner cuando su ciudad, en un congraciamiento in extremis entre ambos, lo nombró hijo predilecto. La sombra de Lohengrin lo acompañó toda su vida: por voluntad propia.

Richard Wagner dominó la formación musical de Thomas Mann —autodidacta asimismo en este ámbito—, y casarse con la hija de un wagneriano furibundo, el matemático Alfred Pringsheim, se tradujo en un sinfín de veladas dominicales vividas en la mansión de su suegro en Múnich escuchando transcripciones pianísticas de muchas de las obras del compositor. En nada puede extrañar, por tanto, que la música se colara mucho más que de rondón en su producción literaria. En su primer volumen de relatos publicado (1898), "El pequeño señor Friedemann", que da nombre a la colección, toca el violín, como el propio escritor, mientras que la señora Von Rinnlingen —su amor inalcanzable y la desencadenante de su suicidio— toca el piano, al igual que Júlia, la madre brasileña de Thomas Mann, que él mismo calificó en un esbozo autobiográfico publicado en 1930 de "extraordinariamente musical". El protagonista de otro cuento de este mismo libro pionero, "El payaso", escucha y contempla "embelesado" a su madre tocar el piano.

La colección de relatos que se cierra con "Tonio Krüger" se titula significativamente Tristán (1903), una narración que se desarrolla en un sanatorio para enfermedades pulmonares, un claro augurio de La montaña mágica, y en la que Tristán e Isolda, "la más elevada y más peligrosa" de las músicas de Wagner, al decir de Mann, desempeña un papel crucial. Y en sus dos cimas literarias, Los Buddenbrook y La montaña mágica, ambos desenlaces están íntimamente ligados a la música. Hanno, predestinado a ser el último varón de la saga familiar, el día antes de que se manifieste su enfermedad mortal, siendo apenas un adolescente, toca —también— Tristán e Isolda, a pesar de que él mismo sabe que "empeora las cosas aún más". La música acapara todo el protagonismo en el capítulo de La montaña mágica que describe la llegada del gramófono al Berghof y los discos predilectos de Hans Castorp. Uno de ellos incluye una grabación de "El tilo", la quinta canción de Viaje de invierno de Schubert, que contiene una clara invitación al suicidio y que Hans cantará "sin saberlo, con una excitación embrutecedora, sin pensar en nada, a media voz", en el arranque mismo de la Gran Guerra en el cierre de la novela. Según la poderosa metáfora poético-musical que plantea Mann, la mórbida y fatal atracción por la muerte del Romanticismo alemán se aventura como posible explicación de la inmolación colectiva desencadenada en 1914.

La conclusión lógica de este auténtico crescendo era la escritura de una novela protagonizada por un músico: Doktor Faustus. Aquí Mann intenta, con otra gran elipsis literaria, apuntar claves para comprender por qué el nacionalsocialismo —y la catástrofe posterior— se convirtió en el destino inevitable de aquella Alemania derrotada. Pero el método compositivo de Adrian Levekühn se parecía demasiado al dodecafonismo de Arnold Schönberg, también exiliado en California. El austriaco, azuzado por la siempre malévola Alma Mahler, acusó a Mann de usurpar su "propiedad literaria", mientras que Los orígenes de una novela (1949) apaciguó a su vez la egolatría del filósofo Theodor W. Adorno, el principal consejero musical de Mann durante la redacción de la novela.

Pero el cruce —o el choque— decisivo entre música y vida se había producido antes, en 1933, el año en que se conmemoraba el cincuentenario de la muerte de Wagner. Mann redactó una conferencia que pronunció en varias ciudades europeas: El manuscrito de sufrimientos y grandeza de Richard Wagner está fechado el 29 de enero, el día antes del acceso de Hitler al poder. Y fueron justamente muchos de sus adeptos quienes firmaron un manifiesto que se publicó en varios periódicos y se emitió por diversas radios locales con el infamante título de Protesta de Múnich, la ciudad de Richard Wagner. El texto citaba parcial y torticeramente la conferencia —entusiasta, pero no acrítica— de Mann, al que estos nazis de primera hora no perdonaban  que hubiera abandonado la senda trazada en Consideraciones de un apolítico y que hubiera simpatizado con la República de Weimar, su tan detestado Systemzeit.

La herida que dejó en Mann aquel brutal ataque, aquella sarta de mentiras y tergiversaciones sobre una de las cosas que más amaba en el mundo, fue tan profunda que, 12 años después, en una carta abierta a Walter von Molo, Mann confesó: "Nunca olvidaré la campaña analfabeta y asesina que se llevó a cabo en la radio y la prensa contra mi ensayo sobre Wagner, organizada en Múnich, y que me hizo comprender definitivamente que mi regreso era imposible". De hecho, no volvió a poner un pie en Alemania durante 16 años, tildando aquella protesta en una carta a Hans Pfitzner de una "excomunión nacional"  que lo había condenado al "ostracismo social". Reservó el regreso a Alemania para una gran causa, ya que en 1949 no podía dejar de alzar su voz en el bicentenario del nacimiento de —por supuesto— Goethe en las ciudades en que había visto la luz (Fráncfort) y cerrado los ojos (Weimar) su referente literario por antonomasia.

Golo Mann reveló en una conferencia leída en 1964 en Múnich que su padre "necesitaba música para descansar, relajarse y limpiar su mente". Monika Mann, por su parte, recordó cómo se reunía la familia al completo para escuchar música en su casa de la Poschingerstraße: "Nos parecía que papá manejaba muy bien el gramófono y que, con una autoridad natural, velaba porque reinaran el silencio y la concentración. Su manera de escuchar era contagiosa: era una escucha especial; escuchaba con todo su ser y su receptividad era en sí misma un acto creativo". Erika, su hermana mayor, escribió un relato sobre el último año de vida de su padre y, justo al final, la música hace una última y emocionante aparición: "Había muerto mientras dormía. Los médicos lo habían dejado a solas con mi madre. Él no se movía, no había cambiado la posición de su cuerpo yacente. Sólo había movido la cabeza de manera casi imperceptible hacia un lado y su expresión había cambiado, como podría haberlo hecho si estuviera durmiendo. Era su cara de música, que se había vuelto ahora hacia mi madre, esa cara, absorta y profundamente atenta, con la que solía escuchar sus obras más familiares y amadas". Thomas Mann tuvo una muerte tan musical como su vida.


divendres, 23 de gener del 2026

la vida secreta dels escriptors

 

PLAY
CCCB
L’escriptor irlandès Colm Tóibin reflexiona en companyia de l’escriptor Jordi Puntí sobre el poder de la ficció per explicar les vides dels grans creadors, a partir de la seva darrera novel·la, El mag.
29|6|2022

 

dijous, 22 de gener del 2026

librería alberti

 


dimecres, 21 de gener del 2026

xavier graset conversa amb colm tóibín

 

Xavier Graset conversa amb l'escriptor irlandès Colm Tóibín.
Més 324
29|6|2022

dimarts, 20 de gener del 2026

qui és qui


Guionista i llibretera a Ciutadella de Menorca.
12|1|2026

Només per com miren els llibres, ja podria fer un perfil precís del tipus de lector.

No és científic però: 

· Miren les cobertes amb atenció, els agafen amb cura i fan una ullada a la ressenya. Els tornen a deixar on toca. Són bons lectors, independentment del gust literari, del gènere o de la quantitat de llibres llegits, això és igual, respecten els llibres i els abraçaria fort.

· Agafen el llibre, el giren ràpid per una cara i l'altra, com cercant alguna cosa amagada (potser el preu?). L'obren i giren les pàgines suposo que per comprovar que hi ha text escrit i no està en blanc. Solen preguntar si el podran canviar, abans de comprar-lo.

· Claven l'ungla del dit gros a la pàgina del mig pel cap de cantó, i amb l'índex que està a la coberta fan un moviment ràpid fent passar les pagines com si fossin una baralla de cartes i ells crupiers. Lectors? Apostaria que no, però sí criminals i a mi, qualsevol dia, em mataran d'un atac.

· Acordionistes: agafen el llibre, especialment els de butxaca que són més sensibles, i el deformen fins que agafa forma de dos semicercles i ja mai més tancarà. Insisteixo, no és científic però són subnormals.

· Ni toquen els llibres, van directament a les lleixes passant de les novetats, giren el cap per llegir lloms, fins a la contractura. Són grans lectors o bibliotecaris.

· Miren totes les taules, totes les lleixes, tots els racons, s'apropen a la porta del magatzem a veure si també s'hi poden colar. Són autors novells que estan cercant a veure si troben la seva novel·la. Mitja hora o tres quarts després, s'apropen al taulell i m'ho fan saber.

· Van en petits grups, noto accent de barri alt, fan l' "escapadeta" a Menorca, saluden molt efusivament com dient "ja som aquí", es planten davant les taules i van comentant els llibres que han llegit encara que no hi siguin i com si estiguessin sols. "Em va agradar les Calces al sol". No compren

· Directes a la zona de contes, ni em miren. Revisen un per un cada conte, n'agafen cinc o sis i els porten al taulell perquè els hi miri si els hi arriba el pressupost."I si treus aquest i posem aquest?" així amb totes les combinacions possibles. Demanen descompte i factura indicant classe esquirols. 

· Entren amb el casc de la moto posat quan ja estic tancant caixa. "Perdona, el meu fill que m'ha dit que el necessita per demà".


dilluns, 19 de gener del 2026

els mann de tóibín


PERE CALONGE
Els Mann de Tóibín
Trapezi
23|11|2022

Si la literatura tinguera el poder que diuen que va tindre en altres èpoques, el protagonista de l’última novel·la de Colm Tóibín podria aspirar a ser la referència de Thomas Mann durant dècades. Que quan algú pensara en la figura del Mann escriptor, en realitat tinguera al cap el Mann personatge recreat per l’autor irlandés. Aquesta és, sense dubte, la principal virtut de l’obra: fer creïble des de la literatura un personatge de ficció. Un Mann, en qualsevol cas, més amable, més humà i a qui es pot perdonar més fàcilment que el que habita ara mateix l’imaginari d’una majoria de lectors. En aquest sentit, doncs, el mateix Thomas Mann n’estaria content.

Com ja va fer en part en The Master (2004) amb la figura de Henry James, en El Mag Tóibín novel·la la biografia del tòtem de les lletres alemanyes. I ho fa amb un relat de tall clàssic, estrictament cronològic, que s’inicia el 1891 a Lübeck, quan el futur escriptor té setze anys i comença a mostrar poca disposició a substituir el pare al capdavant de l’empresa de cereals, i s’allarga fins ben poc abans de la mort el 1955 a Zuric. Una obra ambiciosa, escrita amb una prosa austera, amb un estil sobri i sense estridències, malgrat l’abundant documentació que s’intueix al darrere. I amb uns diàlegs que contribueixen a crear la il·lusió de versemblança, especialment de les escenes familiars. Narrada amb un ritme pausat, contingut, que es deté amb morositat en detalls significatius de la vida i de l’obra de l’autor alemany. I que busca, en un segon terme, contrastar-ne la imatge pública amb la vida privada i, fins i tot, amb la part més íntima de l’home, recreada des de la ficció novel·lística. En el rerefons, inevitablement, les dos Guerres Mundials, l’ascens del nazisme, la política d’extermini dels jueus, la divisió de l’Alemanya postnazi, el maccarthisme o l’inici de la guerra freda, entre altres episodis de la història del segle XX. Així, per exemple, la novel·la segueix el llarg exili de la família, iniciat el 1933 amb l’ascens de Hitler i que els durà a Suïssa, a França, als Estats Units i finalment de nou a Suïssa. I en narra les trobades amb personatges coetanis com Albert Einstein, Arnold Schönberg, el matrimoni Roosevelt, el de Franz Werfel i Alma Mahler, W. H. Auden o Christopher Isherwood, entre altres.

El Thomas Mann que hi dibuixa l’autor irlandés és l’artista que viu per al seu art, sense tindre en compte els cadàvers que deixa pel camí. Un home públic que, tanmateix, sembla perpètuament absent quan està envoltat de gent. Un escriptor ordenat, meticulós i disciplinat, que segueix un horari estricte de treball fins i tot quan les condicions hi són poc propícies. Que utilitza la gent que l’envolta com a matèria primera de personatges literaris, fins al punt que es pot dubtar si la relació que hi manté no és purament interessada. Un home ambiciós i insegur, reservat i contradictori, interessat i covard. Ocult sota la màscara que convé a cada situació. El burgés acomodat i conservador decidit a no posar en risc els privilegis. El pare absent, que no veu la necessitat d’anul·lar un cicle de conferències quan coneix la notícia del suïcidi d’un dels fills. L’home que recolza bona part del seu món quotidià en la figura de Katia Pringsheim, l’esposa amb qui té sis fills mentre viu de manera furtiva l’atracció sexual pels homes, especialment joves. Tóibín hi imagina una Katia més astuta, més intel·ligent i més resolutiva que Mann. Una Katia que coneix i tolera el secret del marit, en una mena de pacte implícit, i la converteix en un personatge potser més atractiu que el del mateix Thomas. La viva encarnació del tòpic ranci de la gran dona darrere del gran home.

Tóibín ja havia escrit sobre la família Mann en Nuevas maneras de matar a tu madre (2012), una col·lecció de textos a mitjan camí del relat i de l’assaig que tenien com a fil conductor un tema tan sucós com la relació dels escriptors amb les seues famílies. I el text en concret, que es titulava “Thomas Mann: nuevas maneras de malcriar a los hijos”, contrasta amb el to que utilitza ara en El Mag per la llibertat amb què l’irlandés hi abordava temes incòmodes i fins i tot escabrosos. Ara, en canvi, sovint fa la impressió que Tóibín ha escrit la novel·la des d’una posició d’excessiva fascinació per la figura de Thomas Mann, amb massa respecte, amb massa contenció; amb el propòsit de reverenciar la imatge de l’escriptor alemany. Potser aquest respecte excessiu explica que no narre la mort de Mann en la seua novel·la, i que detinga el relat just abans que n’arribe el moment. Més enllà d’aquesta anècdota, però, hi ha altres aspectes que fan pensar en aquest sentit. Com per exemple el fet que Tóibín, potser de manera inconscient, prepare la coartada que haurà de servir per disculpar determinades actuacions dubtoses —o que l’autor considera dubtoses— de l’escriptor alemany. Com el distanciament amb el seu germà Heinrich, o la decisió d’instal·lar-se a Suïssa els últims anys de vida: “Tot i que guardava els diners dels poca-vergonyes, Suïssa, per a ell, sobrevivia pel mite de l’alta moralitat protestant”.

I el fet és que la figura de Mann està plena d’ambigüitats i de zones d’ombra; la de Mann, i també la de la família i la resta de personatges satèl·lits. Aspectes com la presa de posició política durant la primera guerra mundial, i la indefinició i el llarg silenci que va vindre després en un moment històric, com a mínim, convuls. L’homosexualitat oculta i furtiva, i la predilecció pels joves. La relació de Thomas amb el seu germà Heinrich, la relació amb els seus fills, i la dels mateixos fills entre ells. O la que manté amb personatges com el d’Alma Mahler. Entre els membres del clan trobem addiccions, repressió i ambigüitat sexual, transgressions, suïcidis o rivalitats eternes: en conjunt, doncs, la sensació és que el material era idoni per escriure una història més incisiva, més contradictòria, amb més sang. Una novel·la que posara el dit molt més a dins de la ferida. Tóibín, en canvi, s’ha decantat per una perfecció més freda i més epidèrmica.

Cada cosa hi és al seu lloc, això sí; i serveix per a un propòsit concret i ben delimitat. Així per exemple, a la primera part de la novel·la, de les aventures que Tóibín fa viure al personatge de Mann, al lector li arriben ecos inconfusibles d’Els Buddenbrook. I un poc més endavant, aquest decideix escriure Els Buddenbrook. El mateix ocorre en el viatge que fa a Venècia: el lector hi veu semblances clares entre les vivències del personatge de Mann i les de Gustav von Aschenbach; i prompte sap que Mann acaba de tindre la inspiració que el porta a escriure La mort a Venècia. D’aquesta manera, quan més endavant visita l’esposa ingressada en un sanatori de Davos, el lector ja no té cap dubte que unes pàgines després Mann tindrà la idea d’escriure La muntanya màgica. Aquesta manera de fer és encara més evident en temes com la sexualitat de l’escriptor alemany. Tóibín parla de l’homosexualitat de Mann, del desig —i de les trobades— que ha d’ocultar, en alguns moments de la novel·la, especialment en la primera meitat. Però després en desapareix durant centenars de pàgines. No és, per tant, un tret que forme part de la construcció del personatge, un aspecte consubstancial d’aquest, sinó una informació que n’havia de donar: una vegada s’ha dit, doncs, es pot obviar durant bona part de l’obra.

La novel·la de Tóibín es pot llegir també, en certa forma, com el relat del procés que va deixant progressivament el matrimoni Mann fora del nou món que està naixent, mentre ells esdevenen cada vegada més conscients de representar-ne un que s’ha perdut per a sempre. L’autor sembla atribuir-los una certa incapacitat de reaccionar, mentre la història els passa per damunt com una piconadora. Molt especialment a Thomas, un pobre home que “no havia sabut llegir els senyals. No havia entès Alemanya, el lloc que se suposava que duia gravat a l’ànima”.


diumenge, 18 de gener del 2026

bon profit

 

«L'avantatge que suposa llegir amb mentalitat d'escriptor és que fins i tot els llibres dolents sempre t'aportaran alguna cosa.»


Carles Morell. Les variacions del pols. Quaderns Crema, 2025. P. 19.

 

dissabte, 17 de gener del 2026

les respostes estan en els llibres (i les preguntes, també)


«No he parlat gaire d'aquesta escola. No em sap greu dir coses terribles si les puc transformar en divertides. Però no va ser mai divertit. Una vegada, a l'hora del pati, vaig beure aigua d'una mànega i la mestra me la va arrabassar i em va dir que era una ordinària.
Però hi havia la biblioteca. Cada dia hi passàvem una hora i podíem mirar qualsevol llibre, tots els llibres, seure i llegir, o consultar les fitxes del catàleg. Quan només faltaven quinze minuts, la bibliotecària ens ho comunicava perquè ens poguéssim emportar un llibre. La bibliotecària tenia..., no rigueu..., tenia una veu molt suau. Era tranquil·la i a més a més simpàtica. Et deia: «Aquí hi ha les biografies», i en acabat t'explicava el que era una biografia. «Aquí hi ha les obres de consulta. Si vols saber res, sigui el que sigui, m'ho demanes i trobarem la resposta en un llibre».
Sentir allò era extraordinari, i me la vaig creure.»

Lucia Berlin. «Silenci». A: Manual per a dones de fer feines. Traducció d'Albert Torrescasana. 6a ed. L'altra, 2016. P. 388-389.

divendres, 16 de gener del 2026

la glòria del mag


MARTÍ DOMÍNGUEZ
La glòria del mag
El temps
24|10|2022


Cap a la meitat de la novel·la Els Buddenbrook, Thomas Mann planteja aquesta pregunta: “Què és l’èxit? Una força, una prudència, una aptitud enigmàtica... La consciència d’imprimir un impuls al moviment de la vida amb la meua pròpia personalitat... La fe en la docilitat de la vida als meus mandats...”. De segur que Thomas hi reflexionava en clau pròpia, en com gestionaria l’èxit que estava segur que aconseguiria amb la novel·la, i com aquesta transformaria la vida als seus mandats. El seu germà major Heinrich Mann era l’escriptor de la família, i Thomas no acabava de trobar el seu lloc al món. No cobejava l’èxit. Però, tanmateix, el necessitava perquè havia fracassat com a estudiant, i la família li havia buscat un lloc de treball com a oficinista en una empresa d’assegurances, on s’avorria terriblement. Ell tenia aquella aptitud enigmàtica per a encalçar l’èxit? Almenys ho intentaria; tot menys regressar a aquella empresa sinistra de Lübeck.

Colm Tóibin reconstrueix aquells anys de joventut de l’escriptor en El mag, la seua biografia novel·lada. Ho fa amb una extraordinària clarividència, ficant-se en la pell d’aquell jove torturat per la seua sexualitat, i fins i tot explicant, fil per randa, les seues primeres relacions homosexuals, que encara li produeixen més inseguretat. En aquest sentit, Tóibin resulta colpidor i agosarat, però per sobre de tot construeix un personatge fascinant, perpètuament instal·lat en el dubte, però que sols busca triomfar, i potser arrabassar al germà la fama literària. Heinrich és un típic home de lletres: cul de tertúlia, femeller indòmit, busca-raons idealista, socialista arrauxat. En canvi, ell, Thomas, sols té un món interior, que cultiva com qui es tanca amb clau en un hivernacle, i de tard en tard trau al món les seues produccions florals, d’una bellesa immarcescible.

El primer sorprès de l’èxit d’Els Buddenbrook fou Heinrich, que portava publicades ja un bon grapat de novel·les. En un moment determinat Tóibin explica que Heinrich havia escrit en un article que hi ha autors d’una sola obra, que després d’això resulten estèrils i repetitius. Thomas hi va veure una crítica malvada. Potser per això, en la següent novel·la, titulada La mort a Venècia, Thomas va imaginar-se al final de la seua vida literària. I va escriure, com si replicara al germà: “Va romandre prou de temps davant de l’espill, observant els seus cabells grisos i el seu rostre cansat de faccions dures. Aleshores va pensar en la seua glòria, amb tota aquella gent que el coneixia i li mostrava respecte, a causa de la rotunditat d’unes frases coronades sempre per la gràcia”. D’aquesta manera, Thomas Mann lligava curt el seu èxit, que l’acompanyaria fins i tot quan la seua cabellera negra i lluenta prenguera aquella coloració grisenca i tardoral.

Heinrich va morir als Estats Units, sol i sense quasi diners. En canvi, Thomas va morir a Zurich, riquíssim i acompanyat per la seua dona Katia i la seua filla Erika. Com escrivia a Els Buddenbrook: “Els nostres desigs i activitats naixen de certes exigències dels nostres nervis difícilment definibles amb paraules”. Thomas Mann va governar els seus nervis, “aquella aptitud enigmàtica”, fins al final. En això, sens dubte, era un mag.


dijous, 15 de gener del 2026

allunyeu els llibres dels bibliotecaris


Una mujer ha estado diez minutos curioseando por la librería y luego me ha contado que es una bibliotecaria jubilada. Sospecho que se ha pensado que esto creaba un vínculo entre nosotros. No es el caso. Por lo general, a los libreros no nos gustan los bibliotecarios. De cara a tasar un libro, este debe estar en óptimas condiciones y no hay nada con lo que disfrute más un bibliotecario que con coger un libro impecable y cubrirlo con sellos y pegatinas, y esto antes de plastificar la cubierta con el objetivo de protegerlo del público (sin ánimo de sonar irónico). El sacrilegio final que sufre un libro que ha estado bajo el cuidado poco fiable de una biblioteca pública es ver cómo le arrancan la página en blanco de la parte delantera y le estampan un sello de DESCARTADO en la página donde pone el título, antes de permitir que el público tenga la oportunidad de adquirirlo en forma de saldo. El valor de un libro que ha pasado por el sistema bibliotecario suele ser cuatro veces menor del que no lo ha hecho.

Shaun Bythell. Diario de un librero. Traducció de Antonio Lozano. Malpaso, 2018. P. 278.


dimecres, 14 de gener del 2026

escriptors


¡Escriptors! Ens estalviaríem molts desencisos si no anomenéssim «escriptor» tothom que sap «escriure»...N'he conegut alguns, d'aquests «escriptors»! En la majoria dels casos eren persones d'una intel·ligència no gaire pregona i d'uns horitzons força limitats que —almenys que jo recordi— mai no van ser importants..., i per això avui, en el fons, no han de renunciar a res.
Aquests cadàvers es caracteritzaven en vida per la quiditat següent: els era molt fàcil fabricar-se la seva pròpia façana moral i ideològica, amb la qual cosa es guanyaven elogis de la crítica i d'un ampli sector dels lectors.

[...] L'esperit neix de la imitació de l'esperit, i l'escriptor ha de fer veure que és escriptor per arribar a ser-ho un dia.

Witold Gombrowicz. Dietari (1953-1956). Traducció d'Anna Rubió i Jerzy Slawomirsky. Ed. 62, 1999. P.30.