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diumenge, 20 de juliol del 2025

una mica més d'ugrešić

 


dissabte, 21 de juny del 2025

paulo coelho


EL QUE SIEMBRE UNA PLANTA, LA CULTIVE HASTA QUE MADURE Y RECOJA LOS FRUTOS SERÁ PREMIADO

Paulo Coelho, autor cuyos libros devoran millones de personas por todo el mundo, es un candidato perfecto tanto para santo, profeta, escritor, misionero, benefactor, político sin Estado, como para sabio, gurú y filósofo global. Coelho es un ejemplo singular de autor que cumple todos los criterios y los criterios de toda la gente; como a los profetas más grandes, se lo respeta igualmente en todos los continentes y en todos los husos religiosos; es el líder espiritual tanto de personas famosas como anónimas, de ricos y de pobres, de jóvenes y de mayores.

La biografía de Coelho está repleta de detalles que lo encaminan a profeta y estrella. Como un joven rebelde, Coelho estuvo tres veces en un hospital psiquiátrico, internado allí por sus propios padres por haber expresado su deseo de ser escritor. El joven Coelho se escapó de la clínica y continuó llevando una vida nada convencional de hippie, escribió letras para música pop y cómics (trabajo que le proporcionó bastante dinero). Después de la fase hippie, hizo caso a sus padres y llevó una vida de hombre adaptado (lo interesante es que también esa fase era lucrativa). Un año se vino a pasar las vacaciones a Europa, donde —durante la visita al campo de concentración de Dachau— tuvo una visión impactante, la figura de un hombre desconocido. Dos meses después, en Ámsterdam, en un bar, Coelho se encontró realmente con el hombre de su visión. El hombre, cuya identidad el autor nunca ha revelado, le aconsejó que se hiciera católico y peregrinara a Santiago (de Compostela). Coelho le haría caso al desconocido, dejaría un empleo fijo y más tarde describiría su peregrinaje en el libro El peregrino de Compostela (Diario de un mago). Ese primer libro obtuvo enseguida un enorme éxito de ventas.

Hoy el famoso Coelho envía a diario a sus creyentes unos mensajes cortos por internet y todos los años en Navidad escribe un relato navideño y lo divulga por todo el mundo. «Ser escritor —dice Coelho— es compartir tu amor a través de los libros.»

Quien consulte la página web de Coelho encontrará muchas cosas interesantes: entrevistas de Coelho, grabaciones audio (que le permitirán escuchar la voz de Jeremy Irons leyendo textos de Coelho), fotos (en las que aparece Coelho recibido en todas partes por masas emocionadas, por líderes laicos y religiosos, como el papa Juan Pablo II). En su papelería virtual uno puede comprar recuerdos, cuadernos, agendas con mensajes de Coelho («Comienza cada día del año con palabras de Paulo Coelho»), antologías de Coelho («Lea las palabras de la sabiduría universal recopiladas por Paulo Coelho»), discos compactos y juegos de internet (Peregrino). En la página, uno encuentra datos sobre el Instituto Paulo Coelho, que atiende a niños pobres en Brasil, informes detallados sobre las peregrinaciones de Coelho, noticias sobre la participación de Coelho en conferencias mundiales, desde aquella en Davos hasta una dedicada al propio Coelho (celebrada en Atenas, reunió a cuatro mil personas mientras que otros miles se quedaron fuera por falta de espacio en la sala), así como datos sobre las traducciones de Coelho y los ejemplares vendidos. Para que uno no se lleve la impresión equivocada de que todo eso gira en torno al dinero y la promoción de autor, existe también un rincón para meditaciones, donde se puede meditar contemplando reliquias de santos (¡de todas las confesiones!) elegidos por el propio Coelho.

Paulo Coelho, guerrero de la luz, es un fenómeno sin igual en nuestra cultura religioso-estelar moderna. Sus libros, sencillos, claros y sinceros, son la ceniza vibhuti, una amalgama de todas las religiones y una macedonia de diferentes creencias. Paulo Coelho es un profeta moderno, el gran mago de la acupuntura espiritual que estimula inequívocamente los puntos acupunturales de millones de personas, al margen de sus convicciones religiosas.

La reflexión literaria no es el lado fuerte de Coelho, cosa que, en realidad, tampoco le hace falta. Porque los escritores megapopulares lo son precisamente porque ofrecen a sus lectores la ilusión de que la escritura le puede pasar a cualquiera («Cuenta tu historia, diles a todos que es posible y los demás se sentirán con valor para escalar sus propias montañas», escribe Coelho). Por eso Coelho recurre mucho a metáforas de corazón (escribe desde el corazón), de los espacios «religiosos» (montaña y desierto) o a metáforas de almanaques populares. «Tanto en la literatura como en el amor, el proceso creativo tiene que seguir el ciclo de la naturaleza», dice Coelho. Y aquel otro jardinero ficticio, el inolvidable Mr. Chance (de la película Bienvenido, Mr. Chance, basada en la novela y el guión de Jerzy Kosinski) podría añadir: All is well —and all will be well— in the garden.


Dubravka Ugrešić. «Opio». A: No hay nadie en casa. Traducción de Luisa Fernanda Garrido Ramos y Tihomir Pištelek. Anagrama, 2009. P. 212-214.


dijous, 12 de juny del 2025

la dubravka va a la biblioteca


Visité Moscú por primera vez en 1975. Llegué de (la hoy inexistente) Yugoslavia a la Unión Soviética (hoy inexistente) con una beca de dos semestres. [...] Los primeros dos o tres meses, de los diez que duraba el año académico, los pasé en la Biblioteca Lenin (el nombre actual es Biblioteca Estatal Rusa). El acceso era una tortura, porque primero había que aguardar en una larga cola para depositar las cosas en el guardarropa; luego en una larga fila, para que el usuario pasara el control de policía de la biblioteca (recuerdo el volcado diario del contenido del bolso en la mesa) y accediera a las salas de trabajo; y por último había que esperar un buen rato para que los libros solicitados llegaran hasta el usuario por medio de un mecanismo similar a unos raíles y un tren (espero no haberlo soñado y que algo semejante haya existido relmente). Tal vez también este procedimiento cansino fuera el motivo por el que mucha gente dormía en la biblioteca. Había dos o tres máquinas fotocopiadoras, delante de las cuales se formaban largas colas, porque solo estaba permitido fotocopiar veinte páginas al día. Y, para colmo, las copias se imprimían en un papel basto y grueso, casi cartón. Ciertamente, los que tenían dinero podían contratar a un «sustituto», alguien que se pusiera en la cola e hiciera las fotocopias en su lugar. Pero lo más espantoso era el cuarto de fumadores, en la buhardilla de la biblioteca. Se trataba de una habitación pequeña, asfixiante, con unas cuantas sillas y una mesa sobre la que descansaban unos grandes recipientes redondos de hojalata, cajas usadas de rollos cinematogáficos repletas de colillas, montones de ceniza ante los que se sentaban los mártires fumadores. Ni siquiera la cafetería ofrecía algo de la humanidad y la calidez esperadas porque también allí había una fila larga solo para entrar, y además la espera no merecía la pena: café malo, el proverbial buen té ruso y unas tristes salchichas que te asaltaban en todas partes: en los comedores universitarios, en las ollas de los vendedores callejeros y en los figones moscovitas baratos...


Dubravka Ugrešić. Zorro. Traducción de Luisa Fernanda Garrido y Tihomir Pištelek. Impedimenta, 2019. P. 30.


diumenge, 1 de juny del 2025

metàfores de la vida humana


Las categorías y los géneros literarios, como metáforas de la vida humana, se han desgastado por el uso exagerado, pero las vidas humanas no se han cansado en absoluto de ser auténticas novelas, dramas, tragedias, farsas, cuentos sin contar, obras teatrales y novelas de amor. A la gente le gusta todavía comparar su vida con una novela («¡Oh, si yo te contara mi vida, sería una auténtica novela!»), con el escenario teatral o un cuento. Y, por supuesto, también tenemos las pantallas cinematográficas y televisivas, y la gente vive su vida según el guión previsto o, al contrario, toman las riendas en sus manos y se convierten en los directores de sus vidas. La más reciente selección de «metáforas de la vida» está ligada a la tecnología digital («¡Ese no soy yo, es mi avatar!», «Su vida se ha reducido a unos tuits») y quizá la metáfora digital un día sustituya a la literaria.

Las «metáforas de la vida» más antiguas son las marítimas, y por eso sobrevivimos a los naufragios de la vida, y a menudo las tempestades nos arrastran a costas ignotas. La gente toma el timón en las manos y navega viento en popa. Hasta la propia vida se representa como una travesía entre la lujuria y el pecado, en la que el viento nos zarandea como a una brizna de paja. Las tempestades son el castigo a nuestros pecados, las corrientes y las olas son los retos ante los que nos pone la vida, y el faro simboliza en este mapa agitado de la existencia la fe en Dios, que nos salva de los naufragios de la vida...


Dubravka Ugrešić. Zorro. Traducción de Luisa Fernanda Garrido y Tihomir Pištelek. Impedimenta, 2019. P. 217-218.


dissabte, 17 de maig del 2025

la vida literària europea i el festival d'eurovisió

 

LA LITERATURA EUROPEA COMO EL FESTIVAL DE EUROVISIÓN 
El concepto de las literaturas europeas —que habitualmente manejan los políticos, gestores culturales, editores, las anticuadas cátedras universitarias, y a menudo los propios escritores de la Unión Europea— no se diferencia mucho del Festival de Eurovisión.
Eurovisión es el punto más caliente de la unión mental de Europa; es un grandioso (grandioso al European style) desfile del kitsch musical europeo. A decir verdad, mucho más que la música pop lo que sirve de entretenimiento son otras cosas, como pueden serlo los atuendos («¡Este año los mejor vestidos eran los chipriotas!») o las espectaculares actuaciones («¡Los irlandeses han llenado este año el escenario de tanto humo que casi provocan un incendio!»). También hace gracia la manera de votar. («Croatia, ten points! Belgium, two points!»), y las postales televisivas de los distintos países, así como las emocionantes conexiones con los estudios en Talin y Dublín; igualmente hace gracia la «política» y su transparencia («Estaba claro, los croatas han dado el mayor número de puntos a los eslovenos, y los eslovenos a los croatas»); y la participación de los nuevos representantes europeos («¡Fíjate, este año tenemos a los bosniacos!»). Y en lo que a la música respecta, de los turcos se espera que incorporen un poco de kitsch musical oriental, de los suecos que repitan el éxito de ABBA. El mayor espectáculo televisivo europeo tiene también su aspecto educativo (el televidente aprende los nombres de nuevos Estados: Letonia, Estonia, Lituania), su función político-ideológica («¡De acuerdo, hemos aceptado a los estonios, pero a los turcos no, bastante es que canten con nosotros!»); y de paso, por supuesto, trae pingües beneficios económicos. A veces se producen excesos, como Diva («¡Viva la Diva!»), el transexual israelí, pero dentro del mainstream los excesos son siempre bienvenidos.
La vida literaria europea, con sus representantes literarios, tras cuyos nombres siempre (¡siempre!) figura el de sus países, por lo general no se diferencia mucho de la gala anteriormente descrita. Es cierto, no es tan espectacular. Sin embargo, las transmisiones televisivas de la entrega anual del Premio Booker confirman que también la literatura se está convirtiendo en espectáculo televisivo. Los galardonados literarios saltan al podio («Canada, ten points!») y pronuncian palabras de agradecimiento a la manera de los cantantes pop. Los razonamientos de los jurados son mucho más elocuentes, cosa entendible, ya que el oficio literario trabaja con las palabras y no con notas. Si tenemos en cuenta el efecto comercial de la fiesta televisiva del Booker, y luego también el principio de exclusividad (el Booker se entrega a libros de países de habla inglesa), entonces todo esto respalda nuestra comparación inicial, a pesar de que a alguien le parezca injusto, malicioso e incorrecto.

Dubravka Ugrešić. «¿Qué es europeo en la literatura europea?». A: No hay nadie en casa. Traducción del croata de Luisa Fernanda Garrido Ramos y Tihomir Pištelek. Anagrama, 2009. P. 157.

diumenge, 4 de maig del 2025

notes a peu de pàgina


Parece que solo los grandes escritores (o aquellos que algún día llegarán a ser grandes) no se arredran ante las banalidades. Las desparraman en sus textos como confeti. Como si contaran de antemano con que los futuros lectores se van a tragar estos pensamientos bellos, sabios (este fino relleno de papel para las galletas de la suerte, este futuro contenido de sus diarios íntimos, de sus libros de recuerdos y cuadernos con sus ocurrencias), como palomas que vorazmente picotean las migas de pan. Los pensamientos sabios son como la fruta escarchada en un pastel de Navidad. No solo la vida humana es una serie de notas a pie de pàgina —como dice el gran Nabokov, que al fin y al cabo compuso Pálido fuego, su obra maestra, a partir de notas a pie de página—; todos somos notas a pie de página. Las notas a pie de página literarias luchan por la supervivencia como gallos de pelea, todo se reduce en algún momento a la pregunta de quién convertirá a quién en su nota a pie de página, quién será el texto, quién la nota. Todos somos textos andantes, caminamos por el mundo con copias invisibles pegadas a nosotros, con numerosas revisiones de nosotros mismos de cuya existencia, cantidad y contenido no tenemos no tenemos ni idea. Llevamos en nuestra piel biografías de otras personas acerca de las cuales no sabemos nada. Todos nos pegamos los unos a los otros como láminas transparentes con un texto oculto, nos encastramos unos en otros, a todos, cada uno individualmente, nos habitan inquilinos ocultos, todos ocupamos casas ajenas. Nabokov, al parecer, tenía razón cuando dijo que todos somos una pequeña parte de un megatexto, «notas a pie de página, de una vasta y oscura obra maestra inconclusa».


Dubravka Ugrešić. Zorro. Traducción de Luisa Fernanda Garrido y Tihomir Pištelek. Impedimenta, 2019. P. 289-290.

 

dissabte, 19 d’abril del 2025

identity kit


Entre las disfunciones en el sistema literario existente tengo mi ejemplo preferido. Joydeep Roy Bhattacharaya, nacido en Calcuta. En Estados Unidos se licenció en Filosofía, vive en Nueva York. Joydeep ha escrito una novela. El tema de su obra es Hungría y el círculo de los intelectuales húngaros en los años sesenta. Los húngaros tradujeron el libro enseguida. Un intelectual húngaro se me quejó de que la novela trata de Hungría, pero de un modo indio. «Sería mejor que escribiera sobre la India», me comentó.

Joydeep es un hombre guapo y fotogénico. El editor inglés publicó su novela con la oculta esperanza de que Joydeep se lo pensaría mejor y escribiría algo sobre la India. Algo como El dios de las pequeñas cosas, sólo que desde una perspectiva masculina. Mi madre, a la que le enseñé el libro de Joydeep con su fotografía en la contracubierta, se puso instintivamente del lado del editor inglés. «Realmente, ¿por qué no escribe sobre la India? —suspiró—. ¡Si es más guapo que Sandokan!»

En un mundo donde el identity kit es como el cepillo de dientes —es decir, algo imprescindible—, Joydeep ha elegido el camino más arduo. Ha tirado su identity kit (aquel que realmente podría haberle proporcionado beneficios) a la basura en nombre del derecho a una elección literaria libre, en nombre de la libertad literaria. Joydeep es consciente de las consecuencias de su suicidio simbólico. Supongo que «en casa», en la India, no lo quieren mucho. Los entornos sobre los que escribe lo critican, porque están convencidos de que sólo ellos tienen el copyright de ese tema. El editor inglés tolera este «virus» europeo oriental de Joydeep, porque espera su curación y el momento en el que temáticamente volverá al «lugar al que pertenece», a la India. «La novela que escribo ahora se sitúa en el Dresde de los años cincuenta, y luego me espera una novela sobre la batalla se Stalingrado, escrita desde una perspectiva femenina», me dijo hace poco el muy cabezota.

 

Dubravka Ugrešić. «¿Qué es europeo en la literatura europea?». A: No hay nadie en casa. Traducción del croata de Luisa Fernanda Garrido Ramos y Tihomir Pištelek. Anagrama, 2009. P. 165.


dissabte, 12 d’abril del 2025

pistrincs


Cuando en mi época de colegiala terminé de leer las lecturas obligatorias de la literatura universal, Jane Austen, Dickens, Balzac, Stendhal, Zola, Dostoievski, Flaubert, estaba convencida de que las obras de todos estos escritores hablaban de dinero, igual que las relaciones entre los protagonistas se basaban exclusivamente en el dinero, a pesar de que los profesores de literatura intentaban persuadirnos de lo contrario. Quizá los autores como Dickens deben su gran popularidad en vida precisamente al hecho de que en sus novelas el dinero es el impulsor de todo, algo con lo que la mayoría de los lectores podía identificarse. Con el modernismo, el dinero desapareció discretamente de la literatura. Ciertamente, Virginia Woolf, en su ensayo citado innumerables veces Una habitación propia, afirma que la mujer no se puede dedicar a la escritura si no posee una habitación propia y unos ingresos mínimos de quinientas libras al año. Su afirmación hace ya casi un siglo que despierta la atención del público literario, lo que también se demuestra por el hecho de que, desde el año de la publicación del ensayo hasta el presente, cada cierto tiempo a alguien se le ocurre hacer el cálculo de cuánto serían hoy en día aquellas quinientas libras de antaño...


Dubravka Ugrešić. Zorro. Traducción de Luisa Fernanda Garrido y Tihomir Pištelek. Impedimenta, 2019. P. 152.


dimecres, 9 d’abril del 2025

llegir-te, dubravka



TINA VALLÈS
Llegir-te, Dubravka
VilaWeb
27|3|2025

“Quan una coneguda crítica va començar un text sobre la visita a la famosa escriptora dient que aquell dia plovia, en mi va ressonar aquell to après a les redaccions per pujar nota”, però és que aquell dia plovia, Dubravka, i anàvem tots tapats pel carrer, caminant apressats, i pel carrer Diputació un senyor amb paraigua i caputxa posada em va saludar dient-me pel nom i jo no el vaig reconèixer fins que no es va descobrir el cap i llavors em va dir “crec que anem al mateix lloc” i jo li vaig dir que anava a celebrar-te i ell va sentir el teu nom per primer cop. Li vaig dir que eres una escriptora de l’antiga Iugoslàvia que amb la guerra dels Balcans havies “perdut la pàtria” i em va semblar que se li desinflava tot l’interès per tu. Vaig insistir, per recuperar l’ham, i li vaig dir que no escrivies només sobre la guerra i l’exili, també sobre literatura, sobre la memòria, sobre els objectes, que viatjaves molt i que després ho analitzaves tot amb una prosa fonda i magistral, i li vaig parlar d’una guineu. Quan vaig dir guineu ja passàvem per davant de la llibreria on jo havia d’entrar, i ell va continuar caminant cap a una altra llibreria tot sol, no anàvem al mateix lloc, jo et celebrava, ell ni tan sols et descobria. I em va saber greu no haver aconseguit interessar-lo per tu. Vaig entrar així a la llibreria. 
Ara fa dos anys que et vas morir lluny de casa teva, a Amsterdam. I en pocs mesos han sortit dos llibres teus en català, tots dos traduïts per Pau Sanchis Ferrer i publicats per Angle: El Museu de la Rendició Incondicional i La guineu, i és això el que vam celebrar aquell dia, 19 de març, a la Llibreria Finestres de Barcelona, amb la professora i crítica Iris Llop i els escriptors Mònica Batet i Jordi Puntí. Vam parlar de la teva mirada irònica però també de la teva pena fonda, de la teva llibertat creativa i vam pensar en Vivian Gornick, de la teva mirada analítica i vam pensar en Cynthia Ozick, de la teva escriptura moderna que ens fa obrir parèntesis cada cop que diem que un llibre teu és un assaig o una novel·la, de la hibridesa precursora dels teus llibres, de la teva “iugonostàlgia”, del teu nomadisme fins que arribes a Amsterdam, dels teus viatges i el teu moviment constant tan creatiu, de la teva mirada crítica al sistema literari, de com de sola estaves perquè escrivies des de més d’un exili, del teu interès pels exilis dels altres. Hi va haver preguntes, Dubravka, i no ens les vas poder respondre, però com que quan et llegim ens fas participar de la lectura, vam llegir-te i rellegir-te en capella i vam imaginar-te les respostes. Respostes que varien, que canvien, que creixen, com tot el que escrius, que sembla que torna sobre el mateix però hi torna diferent. Què escrius, per a qui escrius, sobre què escrius, per què escrius en serbocroat si et llegeixen més traduïda, si és un acte de resistència.  No dic que et vam invocar perquè no cal, tenim els teus llibres, els teus llibres que cadascun d’ells són molts llibres, que són com un adob per als que escrivim, que fan venir ganes d’escriure.

A Berlín, parlant amb el Richard, trobo que ens dónes la clau del teu escriure, dins d’El Museu…: “Escric sobre una segona cosa, perquè vull escriure sobre la primera, tal com recordo coses que no han succeït per no haver de recordar el que realment ha succeït.” Ens dónes la clau, dic? No ens cal cap clau, tu penses en nosaltres tota l’estona, i dir que ets una escriptora que agrada a escriptors no és dir que ets una escriptora difícil de llegir, hi ha lectura per a tothom en els teus llibres, per a tothom que vulgui llegir molts llibres dins d’un llibre, i que vulgui triar, destriar, llegir i rellegir i escollir què li interessa en cada moment. Perquè a allò que escrius tu sempre s’hi torna perquè la primera que hi torna ets tu, que tens uns temes que vénen i revénen i els repeteixes sense repetir-los, i fins i tot quan els repeteixes textualment no els repeteixes. Fas això de la segona cosa que tapa la primera, i després ja ve el lector a llegir, que llegir és això. Tu dius que cases coses que no casen, i fent-les casar ens fas llegir com tu vols que llegim, perquè tu tens la memòria i volies l’oblit: “Aquell oblit des del qual algun dia, esmerçant totes les meves forces per recordar, començaria a inventar la realitat. Perquè la creació de la realitat és la veritable feina de la literatura.”

Es podria dir que reprodueixes escrivint “l’essència del caràcter capritxós de la memòria”, ens parles de la zona grisa de l’oblit, de com la memòria és, segons Brodsky, la cua que vam perdre, de tota la memòria que cap en una maleta, i és inevitable pensar en la maleta de Dovlàtov però també en la de tants altres exilis, a mi m’han vingut al cap els que recull El dia revolt de Julià Guillamon, i els més recents de Katerina Gordéieva o Ielena Kostiutxenko. Els teus llibres són plens no de guerra sinó de la segona cosa que tapa la guerra i que són la memòria i els records, és clar, però també les fotos, les fotos que divideixen els refugiats en dues categories: “els que tenen fotografies i els que no en tenen”, perquè què recordaríem sense fotos?, seria escriure a les fosques, què s’escriu a les fosques. 

El Museu de la Rendició Incondicional és monumental, són set parts com set novel·les, o llibres, o el que sigui que escrius tu, que no té nom perquè si en tingués seria el teu: Dubravka Ugrešić. I hi ha hagut vuit pàgines, de les gairebé quatre-centes que té el llibre, que m’han fet recuperar un record que sempre tinc soterrat: “Jo no estimava l’àvia. Ho feia de la manera en què no estimen (o estimen) els nens: sense motiu. Tampoc vaig aconseguir estimar-la més endavant. Era com si hagués quedat gravat a la memòria aquest no-amor infantil i que el repetís després amb obstinació, també infantil.” Ho teclejo i em torno a regirar: “L’àvia va morir jove. ‘Li va esclatar el cor’, deia la mare. Altres persones morien d’un infart, però quan es tractava de la mort de l’àvia, la mare sempre repetia aquesta frase antiquada, sense adonar-se que la guardava exclusivament per a l’àvia.” La meva àvia es va “apagar” perquè els ronyons li van “fallar”, i sempre que ho deien els grans de casa jo veia dues prunes seques que deixaven d’emetre llum. És una vida i una mort que encara no m’he sabut acabar d’explicar prou per encabir-la en lletres i que deixi de pesar en la boira del pensament. Ho he intentat i el que n’ha sortit a vegades fins i tot ha estat publicat, però no ho he acabat. Per això hi he tornat i sé que hi tornaré, perquè “la literatura ens ajuda a mantenir el pas lleuger”. 

Ara rellegeixo La guineu, fa sol i acabo aquestes ratlles convençuda que no t’he dit gairebé res perquè tu ho has escrit tot i jo l’únic que he fet ha sigut llegir-te, Dubravka.


dissabte, 29 de març del 2025

tafaneries


¿Por qué a la gente le gusta tanto chismorrear? Porque le interesa lo que les pasa a los demás. Los chismes son el último residuo de preocupación por el otro; el género literario más básico. Una buena propuesta de edición es puro cotilleo. Los éxitos de ventas no son más que chismes amplificados. Muchas grandes obras de la literatura son grandes tratados de cotilleo. Guerra y paz, sin ir más lejos. Tolstoi era un maestro; conocía su oficio. La Biblia, la piedra angular de la literatura occidental, es el libro de cotilleos más grande, más emocionante y, por cierto, más rentable de todos los tiempos. La mitología griega no es más que un conjunto de fatuos cotilleos de familia. Las mitologías, apasionantes e imperecederas, son puro chismorreo de dioses...

 

Dubravka Ugrešić. «Propuesta de edición». A: Gracias por no leer. Traducción de Catalina Martínez-Muñoz. La fábrica, 2004. P.31.