Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris ficció. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris ficció. Mostrar tots els missatges

diumenge, 7 de juliol del 2024

el consol de la ficció


«Sempre m'he resistit a la noció de ficció com a consol. Sempre l'he vista com una cosa que ha d'alterar-me la vida, sacsejar-me del meu conformisme traïdor...Però hi ha dies, matins com aquest, que em porta una mica de calma, quan la realitat, sigui la que sigui, em supera.»


Peter Orner. ¿Que hi ha algú? Notes sobre viure per llegir i llegir per viure. Traducció Lluís-Anton Baulenas. L'Altra, 2023. P. 42.

 

diumenge, 26 de setembre del 2021

escriure sobre nens i no ser pare


«Cualquiera que haya escrito alguna vez una novela, un cuento o un poema y haya tenido ocasión de conversar sobre su obra con un lector entusiasmado o simplemente interesado, conoce la sensación de incomodidad que producen los intentos del lector de descubrir las conexiones que vinculan el relato con una supuesta «fuente», como modo de iluminar los procedimientos que transforman la vida en arte, o bien de reducir un acto de creación a algún problema de diseño industrial.
En mi caso, con frecuencia esta investigación se centra en el poderoso tema de los niños y, de modo más acusador, en cómo puedo yo escribir sobre ellos en tal o cual sentido sin tener ni haber tenido nunca un hijo.
Con frecuencia, a mi interlocutor ocasional le resulta sorprendente que pueda escribir de modo convincente sobre niños; aunque la mayoría de las veces la sorpresa no se expresa como halago, sino con un desconfiado tono de sospecha cuyo espíritu es que o bien tengo hijos (en otro condado, tal vez) y me niego a reconocerlo, o bien es forzoso que alguien con autoridad en la materia se avenga a examinar de cerca mis pequeñas invenciones para garantizar que son en realidad tan acertadas como parecen.
Por mi parte, procuro sentirme feliz ante tales cuestionamientos. Después de todo, un extraño ha leído o parece haber leído al menos una parte de alguno de mis libros y haberse conmovido, por lo que le estaré siempre agradecido. Con la misma facilidad, también él o ella pudo haberse conformado con ver Seinfeld. Y en la mayoría de los casos me limito a tratar de sonreír, de reír entre dientes y balbucear algo en el sentido de que yo también fui niño, y si esto no funciona digo algo sobre la cantidad de niños que hay por doquier para observar y estudiar y que mi oficio jamesiano consiste en ser un buen observador. Finalmente, si todo esto sigue siendo insuficiente, digo que si tan difícil fuera escribir sobre niños, yo sería el menos capacitado para hacerlo, pues no soy más listo que el resto de la humanidad.
[...] A veces, si me siento presionado o molesto, estoy a punto de decir directamente: Estos pequeños cabrones son invento mío. Eso es todo. Demándeme si quiere. Pero casi siempre una extraña contención me devuelve a mis explicaciones anteriores. Simplemente hay en mí cierta delicadeza que me impide decir:«Estos personajes son inventados; es imposible seguir sus huellas como la de los conejos hasta sus madrigueras. No se los encontrará ahí ocultos.» Es como si defender la invención y su frágil y maravillosa eficacia fuera poco delicado, poco elegante...»

Richard Ford. Flores en las grietas. Autobiografia y literatura. Traducció de Marco Aurelio Galmarini. Anagrama, 2012. P.187-188.

dimecres, 29 de gener del 2020

èxit i fracàs de la ficció


DANIEL GASCÓN
Éxito y fracaso de la ficción
El País
18|1|2020

Vivimos en una época de descrédito de la ficción. Las obras narrativas importan más por sus temas que por sus personajes o la habilidad con la que estén hechas. Las leemos y vemos como si fueran un comentario del asunto que está de moda esta semana. Las novelas se justifican por el tema y las películas son relevantes si dan munición en la guerra cultural: ha ocurrido con Érase una vez...en Hollywood, con Mujercitas, con Historia de un matrimonio.
Aunque una de las enseñanzas más duraderas del arte es que cualquier cosa es interesante y reveladora si se observa con atención, y que lo que parece menor puede ser mayor, predomina una lectura basada en el tema y centrada en los aspectos políticos. Para la crítica estadounidense Jessa Crispin esto facilita las cosas: si decimos que una obra es importante podemos ahorrarnos la tarea más trabajosa de valorar si es buena o mala. El comentario cultural se hace a través de una lente política que permite abroncar a los demás, que es una cosa que siempre da gusto, pero ignora que una buena novela o una buena película tiene un elemento esencial de ambigüedad. Por eso, como decía Italo Calvino, un clásico es un libro que nunca se acaba de leer.
Aplicamos esa lectura chata y farisea a obras y autores del pasado, y a personas de otras épocas. Pico Iyer ha criticado esa tendencia presentista, o cronocentrista, que consiste en utilizar la opinión actual como un criterio sin matices. No podemos ser totalmente relativistas con respecto al pasado, pero tampoco deberíamos considerar que nuestros valores son absolutos o nos vuelven automáticamente superiores. Un poco de autoconciencia nos hace ver lo maleables que somos y la suerte que tenemos por vivir en tiempos tolerantes, esperar que las circunstancias no pongan a prueba nuestro temple moral y saber que las generaciones posteriores juzgarán bárbaras algunas de nuestras costumbres.
Son lecturas oportunistas, literales e inevitablemente empobrecedoras. Esa desconfianza en la ambigüedad de la ficción coexiste paradójicamente con la evidencia de la fuerza que tienen las ficciones en la vida cotidiana y con nuestra obsesión por el relato. Buscamos en series o películas una interpretación de lo que pasa, la metáfora definitiva de la actualidad, y sociedades avanzadas sucumben a mitos nostálgicos e ilusiones de grandeza, porque en el fondo, como decía Eliot, tampoco podemos soportar demasiada realidad.

dissabte, 29 de juny del 2019

només és ficció, escoltin


En mi primera novela, Los ojos vendados (1992), usé mi nombre al revés para bautizar a mi narradora: Iris. Le di después el apellido de soltera de mi madre: Vegan. La situé en el piso donde una vez viví, en el 309 de la calle 109 Oeste. Tomé prestadas algunas características de varios amigos cercanos y las mezclé con otras inventadas y usé mis propias experiencias de la época en la que fui paciente en el pabellón de neurología del Centro Médico Monte Sinaí. Pero las aventuras de Iris no son las mías. Yo las inventé. Me vinieron a la mente como algo necesario, verdadero, pero se trata de ficción. Sin embargo, hubo personas, incluido un buen amigo de mis padres, que estaban convencidas de que todo había sucedido exactamente como se relataba en el libro...

Siri Hustvedt. «La verdadera historia». A: Vivir, pensar, mirar. Traducció de Cecilia Ceriani. Anagrama, 2013. P. 130.

dilluns, 23 de juliol del 2018

els lectors que no sabien llegir ficció


XAVIER ALIAGA
Els lectors que no sabien llegir ficció
El temps
Núm. 1775, juny 2018

Els límits entre realitat i ficció i la recepció entre els lectors de les obres que juguen amb aquests límits ha estat un tema recurrent dels estudis literaris. Darrerament, però, entre la crítica i els autors es detecta una dificultat creixent en els receptors de literatura per llegir en clau de ficció les obres. Parlem d’una fixació per interpretar com a realitat, o fins i tot fer-ne lectures ideològiques en clau de present, tot allò que emana dels textos. La confusió respon a molt diversos factors que analitzem amb escriptors i especialistes.

“Parlem poc de la dificultat de la gent de llegir la ficció com a ficció”. Aquesta piulada de l’escriptor i crític Joan Todó donà lloc a un interessant fil de comentaris. El detonant havia estat una conversa a l’Escola Bloom entre l’escriptor i crític xilè Gonzalo Maier i el seu compatriota Carlos Acevedo. Maier, que es va doctorar a Holanda, és un escriptor caracteritzat per la hibridació de gèneres en llibres com Material rodante o El libro de los bolsillos. En el primer, el narrador agafa cada dia un tren i visita un país proper dels Països Baixos. En el segon, va parlant del que té a les butxaques: claus de casa, condons o diners solts. “El fet curiós és que a Espanya s’han agafat aquests volums com llibres de memòries o de viatges, quan són en realitat novel·les rarotes”, explica Todó. 
El mateix escriptor té l’experiència directa de L’horitzó primer (2013), que narra la història d’un jove escriptor que torna al seu poble, la Sénia, per fer el pregó de festes. Todó és nascut a la Sénia, la qual cosa es prestava a difuminar fronteres, però el cert és que mai no havia estat pregoner. I el llibre començava amb un paràgraf que obria el joc i que s’havia de saber llegir: “Jo sóc l’Escrivent. Tu, el Protagonista. La gent sovint ens confon, malgrat que sempre anem junts, perquè no em veuen; ni tan sols sospiten que jo existeixi, tot i els colps d’aire que, com una porta mal tancada, s’escolen en forma de contradiccions entre el que dius i el que fas”.
El llibre contenia llocs i referents procedents de la realitat, però el gruix de la història era una invenció. “Hi ha un moment en què surto jo però parlo de mi en tercera persona. Però la resta és ficció. I, malgrat això, L’horitzó primer es llegia com un llibre de memòries —apunta l’autor abans de llançar una conclusió—. Molta gent no està acostumada a llegir ficció. O sí, si és molt evident”. El creuament de gèneres i fenòmens com el de l’autoficció, entesa com la literatura escrita en primera persona amb elements vivencials, estan en el rerefons de la confusió. O dels “malentesos”, com explicava en aquesta mateixa revista Vicenç Pagès [mireu EL TEMPS del 19 de setembre de 2017]: “La pregunta més impertinent que es pot fer a un autor és també una de les que apareixen més sovint a les entrevistes: ‘Aquesta novel·la és autobiogràfica?’. La resposta més pertinent és, sens dubte, ‘I a tu què t’importa?’. Al capdavall, ens interessa la literatura, no pas les xafarderies”.
Adverteix Todó: “Tinc la sensació que enmig de tot açò hi ha una mica de sobreexposició i un cert analfabetisme funcional que fan que s’acaben llegint coses com si foren reportatges”. I ho diu en referència a les xarxes socials, al fet que se sàpiguen coses sobre els autors, la manera com s’opina públicament sobre l’opinió dels altres, “estar a la que ratlla sobre si hi ha opinions masclistes, racistes o supremacistes”. “La gent tendeix a llegir les novel·les com un espiell de la vida dels altres”, conclou.
L’escriptor posa també com a exemple Joyce i les gallines (2016), la primera novel·la d’Anna Ballbona, amb una protagonista amb no poques concomitàncies amb l’autora, com ara la procedència geogràfica, el treball en un diari, l’ús habitual del tren de rodalia... “Però no era una autoficció”, adverteix Todó. “Jo estic una mica escaldada de les llufes de l’autoficció —confessa Ballbona— perquè a nivell crític en la novel·la se m’atribuïen coses que es donava per fet que eren autobiogràfiques”. “Jugar amb els punts de vista i els jos forma part del joc literari”, argumenta l’autora, que recorda que el seu primer poemari, La mare que et renyava era un robot (2008), havia de fer un esforç per explicar que no es tractava d’un poemari-retret. “Sovint l’autor juga, però sovint també ho busca, això. Tothom juga amb elements propis, però que la gent pensi el que vulgui”, apunta. En tot cas, aquella obsessió amaga un perill, “parlar de certs temes com si fossin la teva vida. Aquesta identificació tan gran pot amagar unes altres lectures”, alerta Ballbona. I apunta una altra qüestió interessant: “La literatura és literatura i els podem trobar amb un jo literari que siga un fill de puta o una dona estrambòtica”. Un tema que, indefectiblement, ens condueix cap a unes altres derivades.
El parany de la correcció política
El crític Alfred Mondria adverteix que fins i tot quan llegim autobiografies a l’ús “hi ha passatges memorialístics que segur que tenen una part de ficció i passatges de realitat que han partit de la narrativa. I autors que parteixen de les seues vivències per crear el seu món narratiu, com és el cas de l’obra de Philip Roth”, diu.
A banda d’això, Mondria troba que, actualment, “fem una lectura molt ideologitzada de la literatura. Un exemple és la recent polèmica sobre Lolita, de Vladimir Nabokov”, assenyala en al·lusió a la crítica de l’obra llançada per Laura Freixas com una apologia de la pederàstia. “És interessant veure com un individu que genera repulsió és capaç de generar tendresa i captivar el lector. Això no fa de Nabokov un partidari de la pederàstia”. “En literatura tots els jocs han d’estar oberts: un personatge repulsiu pot ser atractiu des d’un punt de vista literari. En aquest punt, un tema fonamental és el to: autors com Dickens o Roth donen a la seua literatura un to de convicció i versemblança que fa que guanyen el capítol”, assegura. “Un dels grans mèrits de Roth és entrar en determinats temes com el racisme sense edulcorar-los”, rebla.
Todó anota, per la seua banda, el cas de Viatge al fons de la nit, de Louis-Ferdinand Céline, un escriptor certament repulsiu ideològicament però que basteix una gran obra. “Perquè la vida del protagonista coincideix bastant amb la seva, però és evident que, perquè una narració sigui creïble, compten les experiències”. Després, la resta de consideracions.
Mondria, altrament, cita la correcció política com un dels grans perills de literatura, ja siga quan s’entra en camps “com el de la literatura infantil o juvenil per traslladar idees i intentar colar missatges benpensants”, o quan es mira amb els ulls del 2018 autors com Rudyard Kipling, Joan Fuster o Josep Pla. “El gran valor de la sèrie negra de George Simenon és el grau de comprensió que mostra envers el criminal o l’assassí, sense que això comporte cap justificació. Com ara no podem llegir Moby Dick en clau de salvament de les balenes”. “Harold Bloom ja denunciava aquest tipus de lectures, aquest era un debat que es donava als Estats Units a les dècades del 1960 i 1970. Wirginia Woolf o Mercè Rodoreda no són millors escriptores perquè siguen feministes. Això és un valor afegit, un valor més. Però les claus de la literatura són unes i les dels valors morals són unes altres”, remata.
“Passem per una etapa en què es vol passar la ficció pel tamís de la correcció política. A les novel·les ha de poder haver-hi homes abusadors i dones cabrones sense que això sigui apologia. Perquè, si hi ha apologia, ja la notarem. La ficció és ficció. I una altra cosa és emprar una novel·la per colar un missatge, sigui el que sigui. En tot cas, estem en una època d’extrems, d’una defensa d’allò políticament correcte que no és tan lluny del puritanisme conservador”, assegura Ballbona. Això té conseqüències sobre la literatura? “Estem en una situació política en la qual tot s’ajunta, les tensions són terribles. Res no és casual ni anodí, tot és una tria. I aquestes tensions passen a la ficció perquè la realitat les sacseja”, abunda l’escriptora. 
Narrador-autor-personatge, el triangle equivalent
Quan Todó llançà l’ham per Twitter, un dels primers a arreplegar-lo fou Borja Bagunyà, crític i professor i un dels responsables d’Escola Bloom. Aquest estudiós assegurava que al seu centre la qüestió havia estat motiu de debat recurrent. “El que notàvem és que als darrers anys hi ha hagut un gir no només d’interès per la realitat sense qüestionar-la sinó que, a més, s’havia creuat amb la subjectivitat, el retorn a les narratives de la pròpia experiència, a allò testimonial, autoficcional. I a Catalunya es tractava d’una autoficció que, amb algunes excepcions com Todó o Adrià Pujol, no és irònica, és molt solemne. No hi ha un intent de riure’s d’aquesta pretensió autobiogràfica”.
Bagunyà situa l’origen de l’interès cap a l’any 2010, amb un llibre-manifest de David Shields, Reality Hunger (Fam de realitat). A grans trets, Shields venia a dir que la ficció era morta, que la invenció de personatges havia perdut tot el sentit i que la literatura havia de nodrir-se, per tenir força, de les experiències, amb els fets reals ficcionats. Portat a l’extrem, assegura Bagunyà, els escriptors no podrien parlar “de coses que no parteixin de la nostra identitat política. És a dir: jo només podria escriure com un home blanc, heterosexual i català. Si escric sobre un dona negra, ja estaria impostant”. “Som en una època neovictoriana: essencialment, el triangle entre narrador, autor i personatge, s’ha convertit en un triangle equivalent”, teoritza. 
La conseqüència és que “hem convertit la ficció en document, ho llegim tot en clau de document. Els únics llibres que llegim com a ficció són els de gènere negre, la ciència-ficció... Han de ser gèneres molt marcats. Si no, ens trobem amb la incapacitat de llegir la ficció com un artefacte”. Fins al punt que molts autors es veuen obligats a aclarir els punts de ficció de les obres, “reivindicar el caràcter d’escriptura i ficció del que fan”. “I quan ho traslladem a la ficció, no som capaços de llegir això com un dispositiu artístic. El tipus d’autor que no té una trajectòria o una experiència interessant ha entrat en crisi”, argumenta. 
Bagunyà es mostra “completament d’acord” amb molts dels arguments expressats més amunt sobre les lectures en clau de moral present. “Llegim de tal manera que demanem que l’obra i l’autor, les seves moralitats, siguin la mateixa. I que coincideixin amb les nostres. Si no, es genera un problema. De vegades deixo de llegir un autor perquè a les xarxes va dir no se sap què i penso que la seva moral impregna tota l’obra. Oblidem el tall entre autor i obra”. “Si no som capaços de llegir Madame Bovary com una novel·la i no com una apologia de la infidelitat, estem perduts”, rebla.
Hi ha, fins i tot, més conseqüències: “Ara el valor literari no passa per la forma, sinó perquè algú expressi una experiència important o rellevant representativa. Javier Calvo deia en un article que hem substituït representació per representativitat: ara del que es tracta és de representar col·lectius, experiències, formes de vida”. “Hi ha una diferència gran entre l’èxit dels llibres que possibiliten una lectura documental d’aquells que no. Només cal que comparis dos llibres igualment interessants i ben fets: els llibres que tinguin aquesta lectura representativa tindran més èxit que els que no”. 
Malgrat tot, Todó apunta un cert “moviment pendular”, el fet que propostes que es distancien d’aquella onada autoficcional tenen una bona rebuda crítica, com ara un grapat de novel·les, com Els estranys, de Raül Garrigasait, Aventures i desventures de Joan Orpí, de Max Besora, o Els romanents, de Víctor García Tur, possibles respostes a la saturació anterior de la literatura del jo. “Podria ser, però jo no tinc tan clar que sigui un moviment pendular. Crec que el centre l’ocupa aquell tipus de lectura neovictoriana. I l’únic que sobreviu són les propostes de gènere. Fixa’t que, de les que m’has esmentat, dues són novel·les històriques, tenen molt marcat el caràcter de gènere, tot i que siguen molt estranyes. I fixa-t’hi, la més premiada, Els estranys, juga amb una textura autobiogràfica”, argumenta. “I segurament la de Víctor no ha funcionat tan bé, parlant en termes de vendes i atenció, perquè no té tan marcada aquesta clau de gènere. No gosaria dir que és la causa, però crec que és un factor”, insisteix. “M’agradaria creure que hi ha un moviment pendular, però crec que estem instal·lats en un paradigma i hi continuarem per un quant temps”, dictamina.
Bagunyà, fins i tot, citava el debat sobre la representativitat i el cas concret de l’editorial Penguin Books, que s’ha marcat com a objectiu “representar la diversitat de la societat anglesa fins al 2025”. Una posició que li va valdre crítiques, perquè “ja no es busca l’excel·lència literària, sinó la representativitat de la diversitat social. El canvi és molt bèstia. Per posar-ne un exemple una mica extremat, una dona caribenya que vagi en cadira de rodes i sigui lesbiana, encara que perpetri un llibre horrorós, tindrà un lloc, perquè representa una comunitat. És un debat que porta anys a la cultura anglosaxona i que no sé si està arribant aquí”. “A la novel·la i l’escriptura se li estan demanant els valors que la societat vol tenir. I tinc molts dubtes sobre si l’art ha de fer aquesta funció moralitzant. Però tendeixo a pensar que no, que l’art ha de sortir d’uns altres llocs. Són irradiacions del que parlàvem, de la incapacitat de pensar la ficció com a ficció”, conclou.
Aquestes reflexions impliquen una reeducació dels lectors que semblen molt complicada, perquè “arriba un moment que la lectura és un factor més individual que no sembla”, comenta Mondria. “El gran repte és com recuperar el valor estètic, que deia Gabriel Ferrater, aconseguir centrar el focus sobre l’objectiu literari. Però crec que ningú té la vareta màgica de com es fa això”.