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dimarts, 23 de febrer del 2016

ursa major


Ursa major, Hevelius.
Se sentía tierna, serena. Recordó sus noches sentada ante el fuego con la cabeza del oso en el regazo. Recordó la noche en la que llovieron estrellas ardientes sobre su cuerpo. Recordó la culpabilidad y el sueño en el que su madre le hacía escribir cartas de disculpa a los indios por haberse liado con un oso, y recordó la zarpa que había curado esa culpabilidad. Se sentía fuerte y pura.
[...] Condujo toda la noche hacia el sur por el trayecto más largo. Llevaba un jersey grueso y viajó con las ventanas abiertas hasta que el olor de la tierra dejó de ser el del agua y los árboles para convertirse en ciudades y polución. Era una noche brillante, resplandecían las estrellas y, allá arriba, la Osa Mayor y sus treinta y siete mil vírgenes le hacían compañía.

Marian Engel. Oso. Traducció de Magdalena Palmer. Impedimenta, 2015. P 171.





dilluns, 22 de febrer del 2016

dijous, 18 de febrer del 2016

animals de companyia


Bé, crec que fins i tot els qui no l'estan llegint saben, a hores d'ara, que a la novel·la Oso de la Marian Engel, la Lou, una bibliotecària de Toronto, manté pregones (i, pel que sembla, molt satisfactòries) relacions íntimes amb un plantígrad de la família dels úrsids. Que s'ho fa amb un ós, parlant en plata. No diré pas que aquest detall no sigui rellevant, però sap greu que l'assumpte del bestialisme ofegui la resta i, ja posats, que se la classifiqui com a novel·la eròtica només pel fet que hi hagi una mica de sexe explícit —al cony, cony i a la polla, polla—, perquè, insisteixo, no li fa justícia.
Després està la coberta original, la de la primera edició canadenca. Tot i que comprenc, perfectament, que volguessin aprofitar la tirada morbosa del tema, al cap i a la fi una editorial és un negoci, el cert és que cada cop que la miro m'arrencaria els ulls, de tan espant-ossa com és. Un autèntic malson. Val més provar d'oblidar-la, sense més relat, i quedar-se amb la d'Impedimenta: un dels dibuixos que ha fet la Gabriella Barouch per il·lustrar el famós volum de limericks de l'Edward Lear, A Book of Nonsense.




De tota manera, haig de reconèixer que la coberta original, l'espantosa, ha servit perquè el meu cap (i quan dic cap, vull dir testa) em recordi que el millor animal de companyia d'una dona (i gallega, per a més inri) no pot ser altre que un pop. Dos millor que un, de fet. Eslurp!

El somni de la dona del pescador, Hokusai, c. 1820.


dimecres, 17 de febrer del 2016

unum verum bonum pulchrum

No se sentía por fin humana, sino por fin limpia.
Limpia, sencilla y orgullosa.
Marian Engel. Oso. P. 166.

Aquí, lligant caps a propòsit de la lectura d'Oso de l'Engel.




D'acord. Endavant.



dimarts, 16 de febrer del 2016

els llibreters recomanen



nnnnnnnnnnnnnn

dilluns, 15 de febrer del 2016

de professió, frenòleg


Representa que estic llegint Oso.
«Nada más doblar el meandro del río, Homer señaló hacia un punto y ella vio la casa, que se alzaba blanca contra el cielo oscuro. Contuvo la respiración y esperó. Después, ya cerca del embarcadero, comprobó que su primera impresión era cierta: la casa era un clásico octógono de Fowler.
—Increíble —dijo ella.
—No está mal, ¿eh?
—No se menciona en los libros. Hay un catálogo de casas así...»
Marian Engel. Oso. Traducció de Magdalena Palmer. Impedimenta, 2015. P. 23-24.
*
«Lou entró y se sentó aturdida a la mesa de la cocina. Oyó el ruido de la motora alejándose; después, nada. Abrió dos puertas para ver crepitar el fuego del dormitorio. Así que este era su reino: una casa octogonal, una casa llena de libros y un oso».
Ib., p. 33.
*
«En esta región, una casa como aquella era un absurdo, pensó. Demasiado intrincada, demasiado difícil de caldear, por mucho que su diseñador frenólogo la hubiera considerado buena para el cerebro. Construir semejante edificio en el Norte, entre cabañas de troncos y robustas granjas cuadradas, era ostentación colonial. Se estremeció al imaginar aquella escalera abierta en el inhóspito invierno. Cuando vendió esos planos, Fowler había recomendado una construcción de estuco casero que resultó ser tan duradero como una tira matamoscas. Era ese tipo de norteamericano ante el que todos nos previenen».
Ib., p. 42-43.

Com que la meva ignorància és infinita, no em queda altra que sortir disparada a la recerca d'una miqueta de llum.

·  Frenologia.
·  Octagon house.
·  Orson Squire Fowler.
·  Octagon House Inventory.
·  A la caza de los Fowler. Mark Twain desmonta la frenología.

 D'acord. Endavant.

dilluns, 8 de febrer del 2016

amb el patrocini de robertson davies

For John Rich
who knows how animals think.
Marian Engel. Dedicatòria de Bear

Marian Engel estaba criando a sus gemelos cuando inició un difícil proceso de divorcio, durante el cual debió recibir sesiones de psicoterapia. A sus conflictos psicológicos, que durante un tiempo le hicieron temer seriamente por su salud mental, se unió entonces la penuria económica, lo que la animó a aceptar la invitación de la Writers Union of Canada, de la que ella misma era presidenta, de participar en un volumen colectivo de relatos de tema pornográfico. Engel escribió un relato de poco más de treinta páginas, pero el volumen no llegó a publicarse. Más tarde la autora desarrolló la historia hasta que alcanzó la dimensión de una novela breve, a la que puso por título Bear y que dedicó a su psicólogo. De entrada, el original fue rechazado por las editoriales a las que fue presentado, en parte a causa de su brevedad y en parte también por lo que los editores consideraban “su extrema rareza”. Finalmente, tras las gestiones de otro escritor canadiense, Robertson Davies, el libro pudo publicarse en la editorial McClelland & Stuart en 1976, habiendo sido ahora traducido al castellano por Impedimenta.
[...]  El asunto original del relato «Oso», que como se ha dicho quedó inédito, estaba inspirado en una antigua leyenda india, y se ceñía propiamente a la relación entre una mujer y un oso en una apartada isla del norte canadiense. La narración se enriqueció con alguna que otra subtrama y con una mayor descripción psicológica de la protagonista, la joven archivera Lou, cuando su autora la convirtió en novela. El contenido “pornográfico” quedaba así, pues, circunscrito a un contexto más amplio en el que además de los antecedentes ahora conocidos del itinerario vital de la mujer, ocupaba un lugar mucho más relevante el escenario, es decir, el paisaje. 

JOSÉ RAMÓN MARTÍN LARGO. «Oso, de Marian Engel». La república cultural. 20|10|2015

Font de la imatge: Historical Perspectives on Canadian Publishing.


divendres, 5 de febrer del 2016

what the actual fuck, canada?


Oso, de la canadiense Marian Engel (1933-1985), es una pequeña gran novela publicada por vez primera en 1976, que ganó el premio más importante de su país, ha sido elogiada por Alice Munro y Robertson Davies y goza ahora de una inesperada y merecida segunda vida. Lástima que no sea tan solo por sus indudable calidad literaria, sino porque llega marcada por el escándalo. Para que no queden dudas: se trata del relato de los amores no solo espirituales, sino también crudamente físicos, entre Lou, una joven ex periodista y rata de biblioteca, y un oso más salvaje que domesticado en una isla fluvial en el inhóspito norte de Ontario.
El morbo era inevitable: el clásico chico busca chica con toques picantes convertido en chica busca oso. Y en la estela del fenómeno mundial de 50 sombras de Grey. Sólo faltaba que un párrafo sexualmente explícito de la novela se reprodujera con éxito masivo e instantáneo en una web que se precia de ofrecer “las imágenes más virales de Internet, elegidas por su popularidad”. Lo bueno del asunto es que la controversia ha promovido el conocimiento de una obra de indudable altura literaria entre una generación que apenas conocía su existencia.
Luis Matías López. Chica busca oso. Público. 5|6|2015.


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dimecres, 3 de febrer del 2016

petita biblioteca d'obres eròtiques (i literàries)


Pocos géneros son más arduos que el de la literatura erótica que debe abrirse un mal definido camino entre lo fríamente clínico y lo meramente soez. La obra de Sade, por ejemplo, sin su contexto filosófico, es una tediosa lista de arduas combinaciones gimnásticas; las sucesivas Sombras de Grey no son más que una glosa de Sade mal leído por Corín Tellado. Una biblioteca de obras eróticas que sean también literatura no sería voluminosa: incluiría clásicos como los poemas de Abu Nuwas, la larga novela El Señor del gozo perfecto, de Xu Changling; La lozana andaluza, de Delicado, y Las relaciones peligrosas, de Laclos, algún escrito de Pieyre de Mandiargues y de Anäis Nin, alguna novela de Alan Gurganus y de Alan Hollinghurst, la obra completa de Alberto Ruy Sánchez y algunas pocas más. En literatura al menos, las relaciones eróticas no se circunscriben necesariamente a nuestra especie y ciertas obras admirables describen una relación más franciscana: Mi mujer mona, de John Collier, con una chimpancé; Mi perra Tulip, de J. R. Ackerley, con una cachorra; El rabino pagano, de Cynthia Ozick, con un árbol. Para el lector en castellano, a esa sensual y aristocrática lista debe agregarse ahora Oso, de Marian Engel.

ALBERTO MANGUEL. «Pasión animal y literaria». EL PAÍS-Babelia. 27|5|2015.




dilluns, 1 de febrer del 2016

engel, marian engel


Marian Engel
Toronto, 1933-1985
Marian Engel nació en 1933 en Toronto, Canadá. Licenciada en Estudios Lingüísticos en la Universidad de Ontario, se especializó en Literatura Canadiense en Montreal y estudió en Aix-en-Provence.
En 1962 se casó con un productor de la televisión pública canadiense, Howard Engel, del que se divorciaría en 1977. En 1964 volvieron a Toronto y, a pesar de que tuvo que criar a dos gemelos, comenzó a escribir. En 1968 publicó su primera novela, No Clouds of Glory. Sin embargo, su obra maestra es Oso, la historia de una bibliotecaria que mantiene una relación íntima con un oso en una remota isla canadiense. El libro, considerado un escándalo, le valió, aun así, el Governor General’s Literary Award for Fiction en 1976. Marian Engel fue una apasionada activista por los derechos de los escritores en todo el mundo, y está considerada una gloria nacional en Canadá, siendo alabada por autores como Robertson Davies, Margaret Atwood, Timothy Findley, Alice Munro o Margaret Laurence, con quienes mantuvo una extensa correspondencia. Fue la primera mujer en pertenecer a la junta directiva del sindicato de escritores de Canadá. En 1982 fue nombrada Oficial de la Orden Canadiense. Engel murió de cáncer en Toronto, en 1985.
[De l’editorial Impedimenta]