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dimecres, 23 de març del 2022

el ferrocarril subterrani (els fets, no la novel·la)


JAUME PI
La Vanguardia | Historia y vida
1|11|2020


‘Swing low, sweet chariot / coming for to carry me home’ (Muévete suave, dulce carruaje, que vienes para llevarme a casa). La letra de este tradicional espiritual negro –que han versionado innumerables músicos, desde Louis Armstrong hasta Eric Clapton– parece evocar el deseo humano de ser salvado y portado hacia el paraíso. Sin embargo, tras este aura religiosa se escondió durante años un particular código secreto que miles de esclavos afroamericanos emplearon para escapar de las garras de sus dueños. En ésta y en otras muchas piezas del repertorio góspel estadounidense permanece hoy el legado de aquellas rutas clandestinas, a las que se conoció popularmente como el ferrocarril subterráneo.

El nombre no se explica sólo por la coincidencia en el tiempo con el desarrollo de las primeras líneas de tren en los EE.UU., sino porque tanto fugitivos como cómplices utilizaban jerga ferroviaria para lograr un único propósito: la libertad. El ferrocarril era la ruta de escape, como pasajeros eran los esclavos que huían; maquinistas, aquellos que les guiaban o daban ayuda durante la evasión, y estaciones, las casas de acogida donde podían hacer parada y recibir nuevas instrucciones para retomar el camino. Fue una red multirracial, donde blancos y negros del norte colaboraron estrechamente para liberar a entre 30.000 y 100.000 esclavos, según las estimaciones. El lugar de origen de todos ellos era el sur esclavista; mientras que el destino, primero fue el norte de los EE.UU. y, posteriormente, Canadá.

Las huidas de esclavos se remontan a los mismos inicios de la esclavitud en América. Sin embargo, las primeras redes organizadas para ayudarles a escapar arrancan a finales del siglo XVIII, en unos EE.UU. que apenas daban sus primeros pasos como nación independiente. Se suele a citar al filántropo Isaac Hopper como el pionero de un ferrocarril que aún no tenía este nombre. Hopper era cuáquero, abolicionista y de Filadelfia, tres de las características que conservaron muchos de los que le siguieron en su iniciativa. El credo cuáquero siempre se caracterizó por su igualitarismo radical y su activismo, y además estuvo estrechamente ligado al ascenso del movimiento abolicionista en los EE.UU. Por otra parte, la ciudad de Pensilvania fue el principal centro donde se coordinaron durante décadas las redes del ferrocarril.

Ya en los años veinte del siglo XIX comenzó a configurarse y sofisticarse la red, en paralelo al incremento considerable de fugitivos. Mientras los estados del norte iban aboliendo la esclavitud, los del sur precarizaban todavía más las condiciones de los afroamericanos. No solo se trataba de falta de libertad y de malos tratos; el mayor desencadenante de las huidas fueron las crueles prácticas asociadas al tráfico interno. Las madres perdían a sus hijos en subastas públicas en las que hombres y mujeres eran tratados como meras reses. Los dueños se desprendían de sus propiedades simplemente cuando necesitaban dinero o cuando ya no les eran útiles, y además fueron habituales los secuestros para la reventa en el mercado negro –no por casualidad se llama así a la venta ilegal de bienes–. En el norte, las asociaciones abolicionistas ganaban enteros, y entonces, con la ayuda de negros libres y de los primeros fugitivos, trazaron las primeras grandes rutas del ferrocarril.

A grandes rasgos eran dos: la ruta del este y la del oeste. La primera partía de los estados de Georgia, las Carolinas y Virginia y el destino final eran las emergentes ciudades de la costa atlántica, en especial Filadelfia. La segunda tenía como origen las plantaciones de los estados del profundo sur, Luisiana, Alabama y Misisipi, para llegar a Ohio e Indiana siguiendo el curso del río Ohio. Curiosamente, la primera gran ruta conocida no fue ninguna de estas dos. El matrimonio formado por Levi y Catherine Coffin, blancos y también cuáqueros, fijaron su casa, en un pueblo del centro de Indiana, como estación central de un itinerario que partía desde Carolina del Norte. Se calcula que entre 1826 y 1847, más de 2.000 esclavos pasaron por su finca para escapar de la esclavitud, la mayoría rumbo a Canadá.

Escaparse de la esclavitud era una empresa difícil. Aunque unos pocos pudieron emplear el tren o el barco, a la mayoría de fugitivos les esperaba un largo viaje de 800 kilómetros a pie o en carro. Tenían que viajar de noche, en grupos pequeños y no siempre contaban con guías. En estos casos se orientaban tomando como única referencia la estrella polar. Los riesgos eran muy altos y fueron en aumento conforme el éxodo se hizo mayor. Los periódicos del sur publicaron anuncios ofreciendo cuantiosas recompensas para capturar a los fugados. Los campos y bosques se llenaron de cazadores. De hecho, matar a un esclavo no era delito y las penas eran muy altas contra aquellos que les ayudaran en la huida.

Todo ello hizo sofisticar los métodos de escape. Las rutas se alargaron para tratar de despistar a autoridades y cazarrecompensas. No solo las canciones eran un código secreto; se cuidaban todos los detalles para no levantar sospechas. Maquinistas y pasajeros apenas podían hablar, y los miembros de la red clandestina se conocían entre sí por seudónimos.

De esta manera, el ferrocarril funcionó a toda máquina durante décadas. William Still, un esclavo que logró escapar cuando apenas era un niño, se convirtió en una de las grandes figuras de la organización. Desde su estación central en Filadelfia, se calcula que ayudó a más de 800 esclavos a escapar, a veces a un ritmo de 60 al mes. Su caso es especialmente particular porque cuando descubrió que había ayudado a liberar a su propio hermano, se esforzó en documentar sistemáticamente toda la información de los fugitivos. Pese a que rompía la norma de mantener el secretismo, Still tenía claro que ésta era la única manera de ayudar a reunir a familias separadas. Tras la Guerra Civil estadounidense, Still pudo publicar los registros en un libro que todavía hoy es una de las mejores fuentes de las actividades del ferrocarril subterráneo.

El grupo que encabezaba William Still en Filadelfia obtuvo prestigio con un caso muy particular. Se trató del que protagonizó Henry Box Brown. Su apodo no era casualidad: el joven Brown había logrado escapar escondiéndose en una pequeña caja de madera –un envío postal– en la que se mantuvo encerrado más de 24 horas viajando en tren, carro y ferry. La imagen de Brown saliendo de la caja se publicó en muchos medios de todo el norte y se popularizó rápidamente. El fugitivo se convertiría en un importante activista e incluso dio conferencias sobre su caso. Brown fue el primer liberado mediático de la época.

La popularidad de este caso y el éxito del movimiento abolicionista en el norte provocaron el contraataque del sur esclavista. En 1850, un Congreso estadounidense dominado por los sudistas aprobó la Ley de Esclavos Fugitivos, que obligaba a todos los estados a devolver los esclavos a sus dueños. Los fugitivos podían ser buscados por todo el territorio de los Estados Unidos, lo que provocó que los cazadores camparan a sus anchas e incluso secuestraran con impunidad negros libres para ser esclavizados. La norma permitía además a las autoridades federales emplearse más a fondo en la búsqueda de fugitivos, lo que también facilitó las delaciones. La ley provocó altercados graves en el norte, como el que protagonizaron un grupo de negros libres y esclavos fugados en Christiana, Pensilvania, y que acabó con la imputación de 41 personas por parte del gobierno de Washington por un delito de traición.

La principal consecuencia de esta ley fue la extensión del ferrocarril, cuyo principal destino pasaría a ser ahora Canadá, un país donde no existía la esclavitud desde 1793. Los afroamericanos se asentaron en el suroeste del Estado de Ontario, en torno a la emergente Toronto. Se calcula que migraron unas 40.000 personas llegadas mayoritariamente desde las grandes ciudades del norte estadounidense Boston, Pittsburgh y Nueva York. Cruzaban las espectaculares cataratas del Niágara y alcanzaban lo que denominaban la "tierra de la libertad", y lo hacían a pesar de que los esclavistas hicieron circular numerosas historias inventadas sobre las terribles condiciones climáticas y culturales del país vecino.

Y para llegar a la tierra prometida hacía falta un Moisés, y más entre una comunidad profundamente religiosa como era la afroamericana en aquel entonces. Una mujer, Harriet Tubman, cumplió ese papel. Apodada precisamente Black Moses, se la considera la figura más carismática de aquella red clandestina. Nacida esclava con el nombre de Araminta Ross, logró escapar en 1849 pero, una vez libre, no dudó en ponerse en riesgo y regresar hasta 13 veces a su Maryland natal para guiar a esclavos hacia Canadá. Ella misma relató esos peligrosos viajes que emprendió durante 8 años y las estrategias que seguía para burlar a sus perseguidores. Logró ayudar a casi un centenar de personas y siempre presumió de no haber perdido ni un solo pasajero. No contenta con su éxito como astuta conductora, más tarde colaboraría con el abolicionista John Brown, que abogaba por la lucha armada contra la esclavitud, y se implicaría a fondo en el bando unionista durante la Guerra Civil, haciendo incluso labores de espionaje. En los últimos años de su vida (murió en 1910), aún tendría tiempo de enrolarse en el movimiento sufragista.

Figuras como Harriet Tubman, William Still, el matrimonio Coffin y tantos otros configuraron así el primer movimiento multirracial en pro de los derechos civiles de los EE.UU., un claro antecedente del que lideró Martin Luther King o el actual Black Lives Matter. Un ejemplo más que nos da la historia de un enorme entramado ilegal que luchó, sin embargo, por la causa de la libertad.


Getty images


dimarts, 10 d’octubre del 2017

la història i la vida


Hi ha gent que s’adapta bé a la incertesa d’aquests dies. Tornem a Casablanca : “On eres aquest matí? No ho recordo, fa massa temps. Què faràs aquesta nit? No faig mai plans amb tanta antelació”.
Jo soc en part d’aquests, i això que la meva generació va viure la certesa d’una vida ordenada gairebé com una imposició social. Després la precarietat ha anat fent forat i la convivència amb la incertesa ja és molt més general. Si cal, avui vaig a la manifestació, i demà em quedo a casa a pintar, o a fer números... És com aquella entrada dels diaris de Kafka, del 2 d’agost del 1914, que diu: “Avui Alemanya ha declarat la guerra a Rússia. A la tarda he anat a nedar”. És un contrast brutal, de la història i el món privat...

«Em costa molt concentrar-me, aquests dies». Antoni Bassas entrevista Jordi Puntí. Ara. 7|10|2017. 




diumenge, 1 d’octubre del 2017

correu ordinari

Març Rabal, de la sèrie Correu ordinari. «El poble vol votar».


diumenge, 22 de maig del 2016

la biblioteca de holland house


Fotografia d'un tal 'Mr. Harrison', de l'agència Fox Photos, feta el 23 d'octubre de 1940.
Propietat de l'Historic England Archive

«Lo único que sobrevivió a las más de 10 horas de bombardeos por parte de los nazis fueron los muros de la biblioteca. Holland House (Londres) es atacada en 1940, los impactos la destruyeron casi por completo y el fuego se encargó de rematar la faena. Los primeros curiosos se adentraron entre las ruinas, la biblioteca seguía intacta, sólo un par de ejemplares habían caído en la batalla».
Loreto Sánchez. «Bibliotecas, palacios del pueblo». El Mundo. 19|1|2015. 


Vegeu també:
--> «Picture Book: Holland House Library, 1940». A: What are you reading for...? 



dimarts, 1 de setembre del 2015

srebrenica, 20 anys després


«Van ser entre 7.000 i 8.000 els assassinats entre el 11 i el 13 de juliol de 1995. La matança de Srebrenica va ser el colofó d'una seqüència d'actes genocides i de neteja ètnica comesos en els Balcans.
Fins i tot per estàndards balcànics, l'est de Bòsnia, amb les seves muntanyes, valls i boscos, és una regió aïllada, mal comunicada, les carreteres sovint es tallen per la neu. Aquest aïllament afecta especialment a algunes municipalitats i petites comunitats locals que avui inclouen a gran part de exrefugiats i desplaçats interns, bosnians majoritàriament (de forma una mica simple anomenats musulmans bosnians), que van tornar al seu lloc d'origen després de la guerra. L'aïllament que també és polític i social, en ser avui minoria en àrees on abans de 1992 eren majoria.
[...] És en aquesta regió, la de la vall del riu Drina, que va inspirar la novel·la d'Ivo Andric, El Pont sobre el Drina, avui integrada en la seva major part a la República Srpska, on va tenir lloc el gruix de les matances i la neteja ètnica que van fer de Bòsnia una de les majors ignomínies en la història moderna d'Europa. Els focus de la CNN es van centrar a Sarajevo i el seu setge de més de tres anys per les forces de l'exèrcit serbobosnià de Ratko Mladic. Però les àrees rurals de l'Est van patir un infern. Gairebé totes les poblacions clau van caure entre abril i maig de 1992, poc després de la declaració d'independència de Bòsnia en mans d'unitats paramilitars chetniks i forces de seguretat locals, amb diferents formes de suport del Belgrad de Slobodan Milosevic (alguna cosa similar a la estratègia actual de Rússia a l'est d'Ucraïna).
En aquestes breus setmanes, en poblacions com Foca o Visegrad, a escasses dues hores de Sarajevo, milers de bosnians, de tota edat i condició, van ser assassinats, molts de forma grotesca; milers de dones van patir violacions sistemàtiques en centres de detenció com hotels o gimnasos, i es van destruir pràcticament totes les mesquites i el llegat otomà d'aquesta regió. Aquesta eficaç metodologia de matances massives i neteja ètnica recorda en alguna cosa a la de les Einsatzgruppen nazis a la Unió Soviètica que descriu Timothy Snyder a Bloodlands.
Paisatge després de la guerra
Aquest juliol es compleixen 20 anys de la massacre de Srebrenica, l'única fins avui de les moltes esdevingudes a l'antiga Iugoslàvia que ha estat qualificada com a genocidi per la jurisdicció internacional. Radovan Karadzic i Mladic van seure a la banqueta i Milosevic va morir en ple judici fa gairebé una dècada.
Però 20 anys no són suficients. En aquests Balcans teòricament encarrilats cap a la Unió Europea (Albània, Montenegro, Sèrbia i Macedònia són candidats a la integració), hi ha coses que no canvien tan ràpid. És el cas de la narrativa sobre genocidi i les guerres dels anys noranta en general. No hi ha acord sòlid sobre el passat recent, ni tampoc sobre fets similars de la Segona Guerra Mundial, part de la psique col·lectiva i, sovint, presents en les ments dels autors criminals o els seus instigadors. Genocidi, víctimes i justícia continuen sent qüestions profundament polaritzadores, tant entre els nous estats nascuts de la desintegració de Iugoslàvia, com dins de les seves societats, més segregades avui, i per descomptat a Bòsnia...».

Jordi Xuclà. Srebrenica, 20 anys després. Diari de Girona. 27|7|2015.


dimecres, 15 de juliol del 2015

a l'aire lliure



«Al febrer de l'any 1930 l'alcalde Darius Romeu i Freixa, Baró de Viver, va inaugurar la urbanització de la part superior del passeig de Sant Joan, des de la Diagonal fins a la Travessera de Gràcia. Aquest tram disposava d'un ampli passeig central que ha arribat als nostres dies. Un element diferencial i característic, però tristament desaparegut, eren els bancs de rajola de ceràmica situats a a banda i banda del passeig. Al mateix temps, hi havia un altre model de bancs de linia més monumental i clàssica, projectats per l'arquitecte Azúa, que tenien una curiosa i poc coneguda funcionalitat. Sobre el respatller central disposaven d'una mena de vitrines de vidre. L'interior d'aquests armaris contenia unes antostes amb llibres.
Aquesta va ser la primera biblioteca pública a l'aire lliure de la ciutat. Un empleat municipal identificat amb la paraula Lectura en el seu uniforme era l'encarregat d'obrir els armariets i lliurar els llibres als ciutadans que s'asseien després als bancs per a llegir-lo. A l'estiu era força habitual veure-hi molts barcelonins exercitant el noble art de la lectura. En arribar l'hora del tancament el mateix empleat recollia els llibres, els tancava als armariets on quedaven dipositats tota la nit i fins l'endemà.
Va ser un sistema molt enginyós d'incentivar la lectura que es va fer força popular a l'època. Els bancs deixaren de fer aquesta funció després de la guerra i als anys 1950's, quan aquell tram de passeig havia estat rebatejat pel franquisme per dedicar-lo al General Mola, van ser definitivament eliminats amb les successives reformes dels jardins del passeig».

«BANCS BIBLIOTECA. Passeig de Sant Joan (1930-1950's)». A: Barcelofília.



divendres, 17 d’abril del 2015

el bibliotecari valent



El bibliotecari valent

Apareixen a la Biblioteca de Tarragona més de 300 llibres republicans que van evitar la destrucció franquista gràcies, probablement, a l'erudit que va dirigir el centre del 1942 al 1963

ESTHER CELMA / TARRAGONA
EL PERIÓDICO. DILLUNS, 13 D'ABRIL DEL 2015
«Trobes un llibre que no està catalogat amagat entre altres, porta el segell del Servei de Biblioteques del Front... més tard en trobes un altre... i un altre més. No pot ser una casualitat», resumeix Cristina Barbé, bibliotecària de la Biblioteca de Tarragona.
Trobats un darrere l'altre, gràcies a una beca del Catàleg de Lectura Pública de la Generalitat, els llibres marcats amb el segell estampat en plena guerra civil sumen 314 exemplars. La majoria són de petit format, el que avui en diríem llibres de butxaca, aptes per disfrutar-se fins i tot en l'univers atroç d'una trinxera. Potser hi ha més llibres amagats, esperant ser rescatats de l'oblit, però avui la Biblioteca de Tarragona custodia el fons més important, que se sàpiga, del servei republicà de biblioteques del front de la guerra civil.
I això és gràcies a algú que els va amagar i surten avui a la llum. Les hores passaven molt lentes als fronts de la guerra i els soldats republicans les acceleraven llegint. Llibres molts d'ells de formació perquè hi havia avidesa de cultura. També, com no podia ser d'una altra manera, d'arenga política; però també de poesia i de simple i pur entreteniment, assenyala Barbé.
A Tarragona, els títols conservats amb més exemplars són del polític tarragoní Antoni Rovira i Virgili, que avui dóna el seu nom a la universitat de Tarragona, al costat de joies com la primera edició de L'irradiador del port i les gavines, del poeta Joan Salvat-Papasseit.
El general Francisco Franco va represaliar els vençuts i va dictar amb mà de ferro el govern d'Espanya durant gairebé 40 anys. I va ordenar destruir totes aquestes obres fins i tot abans de desfilar sota pal·li. Una ordre del 17 d'agost de 1938 decretava la depuració -eufemisme de destrucció- dels llibres republicans.
¿Qui va desafiar aquesta ordre a Tarragona sabent que, si l'agafaven en plena desobediència, hauria de pagar-ho molt car?
Precisament per això, no hi ha evidències documentades, però tots els indicis assenyalen que qui se la va jugar va ser l'erudit Jesús Domínguez Bordona (1889-1983). Bordona, republicà convençut, va ser director de la Biblioteca Nacional de Madrid (1917) i de la Biblioteca del Palau Reial (1931). Massa ben relacionat per destruir-lo sense fer soroll, les autoritats franquistes el van desterrar a províncies. Així és com Bardona va acabar dirigint la Biblioteca Pública de Tarragona entre el 1942 i el 1963. No existeixen evidències certes que fos ell qui va amagar els llibres, però «tampoc hi havia molt personal i, pel seu perfil, és pràcticament cert aventurar que va ser ell», assenyala Barbé. Quin millor amagatall hi podia haver que els mateixos llibres i a la vista. Diluir, en el seu argot.
La bibliotecària de Tarragona que els va catalogar sap que els llibres conserven la història. Conservar, al seu torn, el seu rastre en situacions tan complexes, confuses i complicades com una guerra donen valor afegit a aquest relat callat de paper i tinta. Un relat que demana a crits silenciosos que l'escoltin malgrat els anys i la re­pressió.
«No podem provar-ho, però és lògic pensar que alguns dels llibres que conservem aquí van estar als hospitals de sang després de la derrota al front d'Aragó», reflexiona Barbé. L'Hospital de Sang de Cambrils, avui un centre de germans jubilats de La Salle, va atendre els ferits en la fase terminal de la guerra civil i la Biblioteca de Tarragona conserva algun exemplar marcat que indica que va estar allà.
Avui dia, aquest llegat llangueix conservat, però poc conegut, al centre que Bordona va dirigir amb criteris científics de protegir el coneixement de les ires polítiques. Detalls pràctics com la «falta de vitrines de petit format» i altres més punyents de «retallades sense fi» provoquen que la Biblioteca de Tarragona centri els seus esforços en el dia a dia de les peticions de l'usuari.
Se sacrifica la investigació i la difusió d'aquest llegat impagable i es reserva mostrar els seus valuosos fons per a temps millors, es resigna la directora de la biblioteca, Dolors Saumell. En plena era digital, aquests temps millors poden arribar amb una projecció més gran a través de la web de la biblioteca. Ja s'hi han posat.


dilluns, 22 de setembre del 2014

el cop d'estat com espectacle


Ben organitzat i ben representat, un cop d'Estat, com el que hem tingut la sort i el gust de presenciar a Munic al cap de vint-i-quatre hores de ser-hi, és una de les coses que fan més efecte i que deixen un record per tota la vida. M'atreveixo a dir —després de quinze anys d'anar pel món i de veure'n de verdes i de seques— que com un bon cop d'Estat no hi ha res. Fer una relació que permeti al llegidor fer-se càrrec, sense haver-hi estat, del que ha sigut aquest cop d'Estat de Baviera, reconeixem que és una tasca superior a les nostres forces. Ho provarem, de totes maneres, perquè aquest és el sistema que tenim de guanyar-nos la vida i no ens queda altre remei. Però, abans de començar, creiem del nostre deure advertir al llegidor que, si el que li contarem no li agrada, la culpa serà nostra, perquè no ho sabrem explicar. El cop d'Estat de Munic ha estat una gran cosa, i de cops d'Estat convindria que tothom en veiés almenys un a la vida. Si, un dia, qualsevol dels nostres estimats llegidors ve a Munic —München, que en diem— i passa per una cerveseria on s'estigui fent un cop d'Estat, li aconsellem que hi entri i estem segurs que si segueix el nostre consell no se'n penedirà.

A BAVIERA, SENSE CERVESA NO HI HA POLÍTICA
És el que nosaltres vàrem fer. L'endemà d'arribar era el dia 8 de novembre, vigília del cinquè aniversari de la revolució alemanya. La revolució alemanya del 9 de novembre(1) va ésser organitzada a corre-cuita per quatre jueus pagats per Bèlgica en el precís moment que l'exèrcit alemany anava a guanyar la victòria decisiva. Això a Baviera ho saben els gossos i les criatures, i quan arriba el dia del cap d'any de la revolució criminal, els bavaresos, amb l'ànima endolada, emplenen les cerveseries de gom a gom. Cada Lliga Patriòtica —i n'hi ha tantes com bolets a la tardor— s'apodera d'un celler. Discursos, crits, cançons patriòtiques i cervesa. Cervesa sobretot. Un got de litre darrera l'altre i vinguen discursos i vinga cantar i fumar, amb unes pipes que semblen estufes. L'aire s'espesseix i hom mastega l'atmòsfera de cop d'Estat. El que sembla estrany és que hagi tardat cinc anys a arribar.
A Bürgerbräukeller —que és el celler de més anomenada de Munic—, la festa tenia un caràcter excepcional. El Govern bavarès, representat per tots els seus ministres, ocupava la presidència. L'orador principal de la vetllada era el comissari general Von Kahr, i al seu costat hi havia, fet tot un home, el general Von Lossow amb uniforme de gran gala, creus de tota mena i unes xarreteres que semblaven d'or massís. Tots aquests personatges estaven aposentats dalt d'una tarima, i la sala immensa era plena de gent escollida, del bo i millor de Munic i del Partit Popular Bavarès. Els homes portaven calces curtes, sabates baixes, peücs i camals —que els deixaven nus els turmells i els genolls— i una cua de gall al barret. Tothom bevia cervesa i cada un dels senyors de la presidència tenia al davant un got catedral. El comissari general Von Kahr, entre paràgraf i paràgraf del seu discurs-programa, aixecava el got, hi ficava mig cap a dins i en treia el bigoti regalimant.
Aquest discurs de Von Kahr, quin discurs! Contra el Govern de Berlín i contra França. Però, sobretot, contra el «marxismus». El «marxismus» té la culpa de tot: de la derrota, de la pèrdua d'Alsàcia-Lorena, de l'enfonsament de la monarquia i de la puja de la cervesa. Cal reconquistar l'Alsàcia i la Lorena, cal crear un exèrcit, cal restaurar la monarquia, cal netejar Berlín. Però anorrear el «marxismus». Mentre l'esperit alemany conservi la més petita taca «marxismus», no farem res...

LA CAMPANETA DE HITLER
Quan el discurs de Von Kahr ja s'estava acabant per moments, la gent, enduta per la riuada de cervesa, se n'hauria anat a dormir de molt bona gana. Però Hitler tenia disposades les coses d'altra manera. Sis companyies del Kampfhund, l'organització de combat del Partit Socialista Nacional, van ocupar, a dos quarts de deu, els carrers que volten el Bürgerbräukeller. Hitler en persona, i una cinquantena d'homes de confiança amb dues ametralladores, van presentar-se a la porta principal deixant-hi les ametralladores amb un piquet i penetrant Hitler amb la seva guàrdia de corps al vestíbul. Des de dintre se senten els crits i el soroll que fan. La gent s'aixeca, canta el «Deutschland über alles» i crida de mala manera: Visca Von Kahr! Visca el rei Rupert! Mentrestant, Hitler, acompanyat d'una trentena d'homes armats de revòlvers, ja és a la sala. Porta el revòlver a la mà dreta i crida com un desesperat:
—Visca Alemanya! Mori el Govern dels jueus! Calleu! Nosaltres no anem contra Von Kahr!
Hitler té una veu de segon cornetí que es fa sentir malgrat la cridòria. La gent li deixà el pas obert i ja el tenim dalt de la tarima. Von Kahr es fica els papers a la butxaca i s'asseu. Hitler vol parlar, però el desordre i els visques a Von Kahr i al rei Rupert li ofeguen la veu. És aleshores que Hitler amb un gest completament nordamericà i cinematogràfic aixeca la mà en l'aire i engega dos trets al sostre.
A tot arreu del món la campaneta de Hitler hauria provocat una desbandada. Però la cervesa és en darrer terme una garantia d'ordre i assegura l'èxit dels cops d'Estat. La mobilitat d'un bavarès amb sis o vuit litres de cervesa al ventre és escassa. En compte de fugir, els ciutadans reunits al Bürgerbräukeller van trobar que era més fàcil callar i seure. I el cop d'Estat, pròpiament dit, va començar.
Hitler és un home que fa les coses en gran. El seu primer discurs no va durar més de tres minuts, i quan va haver acabat de parlar, el món —sobretot el món bavarès— era tot un altre que quan va començar. Von Knilling havia passat de president del Consell de Baviera a senzill contribuent; Von Kahr, que era comissari general, es trobava encarregat de la regència de Baviera; l'excap de policia Poehner, que acabava d'arribar amb les mans a la butxaca, esdevenia cap del Govern bavarès; el general Ludendorff era l'amo d'un exèrcit alemany que en feia quatre com el d'ara; el general Von Lossow restava al davant del Ministeri de la Guerra, i ell, Hitler, després de fer caure amb una bufada el Govern de Berlín i el president de la República, s'encarregava de la presidència d'un Govern nacional i es disposava a marxar l'endemà al matí cap a Berlín per la carretera, al davant de les seves companyies d'assalt, i a plantar la bandera blanca amb la creu germànica a dalt de tot del Palau Reial.
Si gros havia estat l'èxit de Von Kahr, el de Hitler no diguem. Semblava que el «Deutschland über alles» no s'havia d'acabar mai. Però Hitler anava per feina i va donar ordres de callar i de seure:

—Ningú no pot sortir. Les meves tropes tenen sitiat el local. Ara anem a celebrar el primer Consell. Espereu el resultat de les nostres deliberacions. D'aquí a un quart una nova Alemanya haurà sortit d'aquest celler.
Al cap d'un quart, Hitler anunciava al poble que totes les personalitats havien acceptat els càrrecs que els havien estat oferts per ell. El cop d'Estat era un fet històric. Els nous governs de Baviera i d'Alemanya començaven a actuar des d'aquell moment. Després de Hitler, van parlar els principals personatges: Von Kahr va dir que ell era el lloctinent del Rei; el doctor Poehner va  dir a Hitler que disposés, i el general Ludendorff, acostumat a no mocar-se amb mitja mànega, va dir que en aquell moment s'estava girant la història de Europa.
El general, cepat i satisfet, estirava el braç amb el puny clos, com agafant una paella invisible dintre de la qual Europa, feta una truita, donava la mitja volta definitiva.

[La Veu de Catalunya, 17-XI-1923]

Eugeni Xammar. L'ou de la serp. Quaderns Crema, 1998. P. 181-186.


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(1) La proclamació de la República.


dimecres, 10 de setembre del 2014

hiperinflació



En la crisi econòmica que va patir Europa en la immediata postguerra dels anys vint va haver-hi una sèrie de països que va perdre el control sobre els preus i va patir la traumàtica experiència de la hiperinflació. És a dir, els preus es disparaven i pujaven cada dia, arribant, fins i tot, a fer-ho diverses vegades en el mateix dia. Alguns dels països que van patir aquest fenomen van ser Alemanya, Àustria, Hongria, Txecoslovàquia i Polònia.
La situació més espectacular i que tindria més transcendència de cara al futur del país i de la pròpia Europa seria la d’Alemanya de Weimar. La forta inflació va dificultar encara més la recuperació econòmica d’un país on la naixent democràcia es trobaria assetjada en tots els fronts. A més, com que va ser el cas més destacat des del naixement de la economia, va rebre atenció com cap altre episodi ho podia haver rebut abans.
Per a finançar el greu dèficit pressupostari, l’endeutament derivat de la guerra, les despeses derivades de la reconstrucció del país i les càrregues de les reparacions de guerra imposades a Versalles, el govern de la República de Weimar va haver de recórrer a l’emissió d’una quantitat de bitllets excessiva.
Com a conseqüència no desitjada d’aquesta operació, des del 1923 es desencadenaria una pujada dels preus imparable que va enfonsar qualsevol possibilitat de recuperació de l’economia. L’índex de preus alemany respecte a 1913 s’havia multiplicat per 944.000. La sensació generalitzada de crisi va disparar la inflació que va arribar a uns nivells increïbles.
L’augment dels salaris per a combatre el pèrdua de valor adquisitiu dels treballadors depreciaria encara més el valor del marc. Així, s’arribaria a un punt en el que els diners no tenien cap valor i la moneda s’enfonsava cada dia més. Un dòlar va arribar a canviar-se per quatre bilions de marcs.
D’altra banda, els ingressos procedents de l’activitat productiva es van veure perjudicats per aquest procés inflacionari, però els petits estalviadors –rendistes de classe mitjana– veurien com els seus diners desapareixien. En definitiva, Alemanya va patir un crac econòmic que afectava especialment a les classes mitjanes i els petits empresaris.
[...] Com a conseqüència, el país va haver de suspendre el pagament de les reparacions de guerra. I, en resposta, França i Bèlgica van ocupar la conca industrial del Ruhr per forçar el govern alemany a pagar les reparacions de guerra el gener de 1923. La “resistència passiva” dels treballadors del Ruhr va evitar, però, que França obtingués els resultats previstos.
L’ocupació va ser un fracàs pels invasors i una catàstrofe per a Alemanya. Com a conseqüència de la invasió, el sistema econòmic es va col·lapsar encara més, fent desaparèixer qualsevol capacitat de pagament per part d’Alemanya. El govern francès, per la seva banda, només va cobrar només una petita part dels endarreriments, però amb el cost d’augmentar la tensió amb Alemanya i els altres països aliats que no van aprovar aquesta acció de pressió.

Vicente Moreno Cullell. «El problema de la hiperinflació a Alemanya en els anys vint



The effects of Hyperinflation in Germany by Alen Ramić and Joshua Baird, una interessantíssima galeria de fotos a Pinterest.



dilluns, 8 de setembre del 2014

el tractat de versalles


Un cop signat l’armistici, el 18 de gener de 1919, va iniciar-se a París la conferència que havia de regular les condicions de la pau. La principal conseqüència dels tractats de Versalles va ser la destrucció dels imperis, la consolidació del sistema democràtic i el reconeixement dels drets de les nacionalitats.
El debat polític entre els governs francès (Clemenceau), britànic (Lloyd George) i nord-americà (Wilson) va suposar la condemna dels vençuts, el desmembrament de l’Imperi Austrohongarès i el pagament per part d’Alemanya de les reparacions de guerra i concessions territorials estratègiques. La realitat era que els Catorze Punts del president Wilson eren imprecisos, poc pràctics i, en certs punts, inacceptables pels seus aliats. Els Catorze Punts no encaixaven en absolut amb el clima polític que imperava després de la Primera Guerra Mundial.
França volia disminuir el pes polític alemany buscant l’hegemonia francesa al continent europeu. Gran Bretanya, en canvi, no volia consolidar l’hegemonia francesa a Europa com a rival econòmic i els Estats Units sense interessos territorials directes al continent van intervenir amb una doctrina de dissolució dels grans imperis. EUA defensarà el principi d’autodeterminació dels pobles.
El resultat de les conferències de pau va ser el naixement de nou estats sota les cendres dels antics imperis Austrohongarès, Otomà i Rus. Els estats perdedors no hi van participar en cap moment i tan sols van ser convocats a la fi dels debats per signar els tractats elaborats pels vencedors.
[...] Alemanya. Com a responsable de la guerra l’imperi alemany va ser amputat i les seves colònies foren repartides entre els guanyadors. El Tractat de Versalles va declarar Alemanya com a responsable del conflicte i va imposar les condicions dels aliats.
Alsàcia i Lorena van ser retornades a França. Clemeceau va demanar el Sarre, zona germanoparlant que França havia perdut el 1815 amb els tractats que van signar-se amb la Restauració i la creació d’un estat tap a la seva frontera amb Alemanya: Renània. Aquest estat seria políticament dependent de França. Aquests territoris suposaven el gruix de la indústria minero-metal·lúrgica alemanya. Finalment, Renània va ser ocupada militarment pels aliats durant 15 anys i devia ser administrada per francesos, britànics i nord-americans. Els Estats Units no van participar en l’ocupació de Renània perquè el congrés no va ratificar els acords de Versalles i Gran Bretanya tampoc va intervenir el que va suposar el control francès de Renània.
D’altra banda, el Sarre seria administrat per la Societat de Nacions durant 15 anys fins que es realitzés un referèndum sobre el seu futur. Això va significar que les mines del Sarre passaven a ser administrades per França mitjançant concessions privades. Bèlgica va incorporar Eupen i Malmedy.
Part de la Prússia occidental va passar a Polònia fragmentant el nucli prussià. La Prússia Oriental quedava incomunicada quedant el Corredor de Dantzing com a únic nexe entre les zones occidental i oriental de Prússia. Danzing va ser declarada com a ciutat lliure sota la protecció de la Societat de Nacions fins que es realitzés un plebiscit.
Dinamarca va demanar els ducats de Schelswig que van quedar sota l’administració de la Societat de Nacions fins que el 1920 s’incorporessin definitivament a Dinamarca. El trencament de Prússia va suposar la redistribució de les colònies alemanyes entre francesos, britànics i nord-americans. Això suposava la destrucció del tercer imperi colonial.
Alemanya es veurà amb un exèrcit limitat de 100.000 individus, sense aviació de guerra i amb una marina de guerra reduïda per evitar el rearmament i el revengisme. Només es permetia un exèrcit de reclutament per aconseguir que el nucli del militarisme alemany perdés la seva influència social. Aquestes condicions van fer que Alemanya perdés la seva capacitat militar però el nucli militarista alemany no va veure’s reduït convertint-se així en un nucli de pressió política durant la República de Weimar. L’exèrcit va perdre audiència social però va convertir-se en un grup compacte i homogeni.
Fins l’arribada de Hitler al poder no va haver-hi oficialment aviació militar, però els pilots de guerra alemanys es formaven a l’URSS pels acords arribats al Tractat de Rapallo que suposaven una sèrie d’acords secrets entre els dos països.
Alemanya va ser considerada com a culpable de la guerra i per això va ser condemnada a pagar un sèrie de reparacions de guerra. Pels alemanys aquesta clàusula suposava un abús per part dels vencedors contribuint a que els tractats de pau fossin impopulars. Alemanya havia de pagar per les destruccions físiques, indemnitzacions a vídues i pensions a militars als països aliats.
Alemanya no podia ser condemnada a pagar les indemnitzacions de guerra als aliats si no es demostrava la seva culpabilitat. Així, els aliats van basar la culpabilitat alemanya en la violació del Tractat de 1839 que garantia la neutralitat de Bèlgica i en accions individuals com la prostitució de les joves i l’enfonsament de vaixells aliats mitjançant submarins. Mai es va jutjar a cap dels criminals de guerra i els alemanys van considerar que la condemna era hipòcrita i que eren considerats d’uns crims que no haurien existit segons la seva interpretació de la legislació internacional del moment.
Els aliats van imposar 126.000 milions de marcs a pagar mitjançant una quantitat fixa que es repartia entre els vencedors (52% a França, 22% a Gran Bretanya, 10% a Itàlia, 8% a Bèlgica, 0,75% a Portugal…etc). Alemanya considerava excessiva la quantitat global a pagar i un fre per la recuperació econòmica del país.
França era el nucli més dur en l’exigència del pagament de les reparacions. Els governs francesos van veure en les reparacions de guerra la clau per pagar l’endeutament intern del país. Al llarg de la postguerra, el pagament de les reparacions de guerra es convertirà en un problema econòmic i polític.
Alemanya va arribar a interrompre el pagament provocant tensions militars per part dels aliats. Finalment, el 1924 sota l’arbitratge dels EUA es va arribar a un acord per fer front al pagament de les reparacions; el Pla Dawes. Mitjançant el Pla Dawes la banca nord-americana va involucrar-se en el procés de reconstrucció d’Alemanya. L’acord, amb una validesa de 5 anys, reduïa el total del deute alemany i facilitava els pagaments. Alemanya rebria préstecs nord-americans sense estar que estiguessin subjectes al pagament de les reparacions.
Finalment el 1929 s’establia el Pla Young que regulava el sistema de pagament a terminis que finalitzarien el 1988. L’impacte de les reparacions de guerra va mantenir viva la tensió entre Alemanya i França. Els alemanys van afirmar que a l’hora de signar l’armistici havien estat enganyats.

Vicente Moreno Cullell. «Els tractats de pau de París i el nou ordre internacional sorgit de la Gran Guerra.»