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divendres, 20 d’octubre del 2023

el viatge de l'heroi


El libro que más ha determinado la idea colectiva de lo que es contar historias en los últimos treinta años lo escribió un guionista estadounidense, Christopher Vogler, a principios de los noventa. Se titula El viaje del escritor (The Writer's Journey: Mythic Structure for Storytellers and Screenwriters, 1992). Cualquiera que haya asistido a una escuela de storytelling o de escritura creativa se habrá encontrado estudiándolo, y la cosa no debe extrañarnos: en un tipo de enseñanza a la que le cuesta encontrar bases «científicas», desdibujándose a menudo, para consternación del gran público, en una especie de impresionismo sacerdotal, el libro de Vogler ofrecía reglas, trazaba esquemas, aseguraba resultados: los éxitos de Hollywood, perfectamente alineados con esa biblia, estaban allí para demostrar que sus teorías no eran castillos en el aire.

Como es bien sabido, la convicción de Vogler —heredada de Campbell y, lejanamente, de Propp— es que todas las historias del mundo derivan de un único modelo original y arquetípico. En la práctica, existe una única historia, reformulada hasta el infinito: un héroe es llamado a realizar una hazaña, parte para llevarla a cabo, logra superar todas las pruebas a las que se le somete y luego regresa al mundo llevando consigo una nueva sabiduría o un nuevo poder. No hay que pensar inmediatamente en dragones y caballeros. Incluso Casablanca o Tiburón, dice Vogler, funcionan así. Lo mismo ocurre con Moby Dick, para entendernos. Y la hazaña a la que el héroe está llamado podría ser «simplemente» la de hacerse mayor, o la de conquistar a su compañera de pupitre. Digamos que el viaje del héroe es el nombre de una secuencia de acontecimientos que Vogler considera arquetípica: se trate luego de guerras intergalácticas o de la vida de un chiquillo en la Inglaterra rural de principios del siglo XX, cambia poco las cosas...


Alessandro Baricco. La vía de la narración. Traducció de Xavier González Rovira. Anagrama, 2023. (Nuevos cuadernos Anagrama; 59). P. 25-26.


dissabte, 30 de setembre del 2023

l'estil


El estilo es de unos pocos. Surge de una intimidad muy elevada y misteriosa con un material concreto. No se puede enseñar, se posee. Es un acontecimiento. Ocurre cuando el lenguaje, cualquier lenguaje, deja de ser una herramienta externa y se convierte en la prolongación de un cuerpo. Mano, no martillo. Respiración.


Alessandro Baricco. La vía de la narración. Traducció de Xavier González Rovira. Anagrama, 2023. (Nuevos cuadernos Anagrama; 59). P. 37.


dimecres, 23 de febrer del 2022

la kristof

16 de septiembre de 2012
Agota Kristof
CLAUS Y LUCAS
«Cuando me di cuenta de que no se trataba de Agatha Christie sino de Agota Kristof, me rendí a los miles de personas que no podían creer que no hubiera leído nunca nada de ella.»

Como os dije, después de refrescarse un poco con Heródoto, uno puede volver a enfrentarse a los textos más impracticables. Por ejemplo, la trilogía Claus y Lucas, el libro más triste que haya leído jamás. Aunque en realidad triste no es la palabra adecuada, siendo hija como es de una esfera sentimental vagamente burguesita y de buena familia. Solo alguien como yo puede llamar triste a la Kristof, lo sé. Así que iré más allá, o al menos intentaré hacerlo. La Kristof cuenta el horror del mundo, la tragedia de la existencia y la crueldad del ser humano. Y en eso, a mi entender, es la mejor. No hay nadie como ella.
[...] La lees, y muchos de los libros que no dudabas en considerar heridas abiertas o suturadas con un dolor inhumano quedan reducidos a mero entretenimiento. Basta remojarse un poco en Claus y Lucas para que todo Céline pase de modo increíble a no ser más que el desahogo de un alegre mendigo, Proust a ser simplemente uno que tenía tiempo que vender, Salinger un inofensivo escritor para adolescentes y Faulkner un charlatán sureño. Yo no lo sé, pero cuando estás con la Kristof, lo parecen. Incluso La carretera de McCarthy (un libro de horror incalculable) termina resultándote intolerable, porque si necesitas desplegar todo ese armamento de brutalidades y situaciones límites para dar cuenta del horror de la humanidad, te aseguro que escribir no es lo tuyo.
Ahora la pregunta es: ¿cómo hace (hacía, perdón) esta mujer para obtener semejante resultado absurdo? Imagino que la respuesta sería muy complicada, aunque un pedacito me lo sé. Lo hacía porque escribía como escribía. Con un rigor inalcanzable. Con un control total. Con una seguridad desconcertante de por sí (no hay ni un solo adjetivo que haya sido añadido con un atisbo de duda). Con una fuerza invisible. Con una confianza indestructible en la exactitud de las simples palabras. Con un continuo desprecio hacia todo lo que no sea estrictamente necesario. Con una idea monástica de la belleza. Para que os hagáis una idea, basta con leer las primeras líneas del tecer libro. Prestad atención a los verbos. El noventa por ciento son simplemente «ser» y «estar». «Es», «son». «Está», «están». Ahora intentad contar cualquier historia o describir cualquier situación usando únicamente estos dos verbos. Os concedo también el verbo «tener», por si fuera necesario. De todos modos, el experimento no cambia, intentad contar el mundo con esos dos verbos (toda la historia literaria podría resumirse en la afinación técnica con la que logramos sustituirlos). Pensad en un relato en el que el verbo más exacto que podéis hallar siempre es el verbo «ser»: bienvenidos al mundo de la Kristof. 

Alessandro Baricco. Una cierta idea de mundo. Traducció de Carmen García-Beamud. Anagrama, 2020. 


dijous, 3 de febrer del 2022

anul·lar-se

15 de julio de 2012

Truman Capote
DESAYUNO EN TIFFANY'S
«Llevaba años queriendo entender cómo era posible que Truman Capote hubiese escrito una novelita de este tipo.»

Cuando uno se dedica a hacer lo que hago yo, siempre te acaban preguntando cuál es el libro que te habría gustado escribir. Durante años he respondido Los tres mosqueteros, y os aseguro que no era una respuesta esnob, era la verdad. En cambio, hace poco me he convencido de que lo máximo para un escritor sería haber escrito Desayuno en Tiffany's y también A sangre fría. Es difícil imaginar una exhibición de maestría más cristalina e indiscutible que esta. Escribir uno de estos dos libros sería ya toda una hazaña, con lo que me cuesta entender cómo Truman Capote consiguió concebir y escribir los dos. Por pura lógica, el autor de A sangre fría  tendría que sentir ganas de vomitar leyendo Desayuno en Tiffany's, y viceversa. Pero está claro que para Capote eran solo temporadas diferentes de su ser autor. A mí, este tipo de talento, exhibicionista, inútil y potencialmente infinito, es el que siempre me ha fascinado. Y al final los escritores que me vuelven loco son los que acaban refutándose a sí mismos; por poner  un ejemplo, Moby Dick y Bartleby, el escribiente se anulan el uno al otro, ¿no es fantástico?...


Alessandro Baricco. Una cierta idea de mundo. Traducció de Carmen García-Beamud. Anagrama, 2020. 


diumenge, 12 de desembre del 2021

estranyes parelles

8 de julio de 2012


Katie Hafner
A ROMANCE ON THREE LEGS. GLENN GOULD'S OBSESSIVE QUEST FOR THE PERFECT PIANO 
«Tengo todos los libros que se han escrito sobre Glenn Gould. Imaginaos si me pierdo este.»

Aunque no tenga ningún sentido, a mí a veces se me ocurre imaginar que en un principio existían dos grandes grupos: por una parte el de las historias, y por otra, el de los escritores. Después, alguien se puso a emparejarlos. De ahí que de vez en cuando pueda comprobarse la comisión de algún que otro lamentable error. Por ejemplo, es evidente que Michael Kohlhaas tenía que haberlo escrito Dostoievski y no Kleist, así como está claro que debió producirse un error cuando Calvino se puso a escribir El caballero inexistente (obviamente destinado a Kafka) en lugar de ponerse a escribir El Aleph (que luego escribió Borges). En ocasiones, me detengo a pensar en las infinitas consecuencias que ha deparado el equívoco de haber encomendado El extranjero a Camus en lugar de haberlo hecho a su legítimo destinatario, Simenon. Como nadie podrá jamás impedirme que añore la belleza que habríamos conocido si Céline hubiera escrito Germinal y Proust, Lolita...

 

Alessandro Baricco. Una cierta idea de mundo. Traducció de Carmen García-Beamud. Anagrama, 2020. 

 

dijous, 4 de novembre del 2021

menjar foie-gras directament de la llauna

 22 de julio de 2012

Hilary Mantel
EN LA CORTE DEL LOBO
«Exactamente lo que me habían dicho. Uno de esos libros que cuando llegan las siete de la tarde empiezas a pensar que luego, en la cama, te estará esperando él.»

La novela histórica de calidad es como un extraño anfibio que dentro de la cadena genética de la narración se situaría en un intersticio escondido entre el tebeo más cutre y la obra maestra literaria a lo Memorias de Adriano. Teniendo en cuenta que la obra maestra literaria es un privilegio de pocos, la tendencia más habitual es acabar haciendo telenovela, palabra que incluso me resulta incómodo tener que explicar y sin embargo aquí me tenéis haciéndolo. Es cuando escriben con un lenguaje tan carente de ambición y tan incapaz de sutilezas, que ya en la página veinte hace que el lector de gusto tenga la triste impresión de estar ahí comiéndose el foie gras directamente de la lata. A menudo, se trata de excelentes narradores, pero hay que entender que si uno viene de buenas lecturas, y a lo mejor incluso de algún Shakespeare, la pretensión de encontrarse la mesa puesta no es un arrogante esnobismo, sino lo más natural del mundo. Hay que decir también que la novela histórica impone, en su aparente simplicidad, toda una serie de proezas técnico-estilísticas que la dotan de una pérfida dificultad. Si alguna vez se os ocurre escribir una os veréis en la necesidad de hacer hablar a Carlomagno o de hacer que Abelardo y Eloísa se acuesten o de tener que asistir a una cena en casa de Madame de Pompadour. Que os sea leve. A mí me parece increíble que muchos narradores se pongan a escalar paredes de sexto grado superior equipados estilísticamente con zapatillas que raramente son mejores que unas chanclas. Me pregunto cómo es posible que no haya nadie que los detenga a tiempo, aunque luego pienso en la cantidad de ejemplares que venden y entonces la pregunta es mucho menos urgente. (Nada que decir en contra de ese público, a mí me pasa lo mismo cuando voy a comprar una bicicleta. Simplemente no he pedaleado lo suficiente para entender algunas diferencias, o para esperarme más de un funcionamiento sereno y feliz. Es cuestión de haber hecho algo durante mucho tiempo, o muchas veces solo se trata de que hay quien tiene gustos simples; no tontos, simples. Así que tan amigos.)


Alessandro Baricco. Una cierta idea de mundo. Traducció de Carmen García-Beamud. Anagrama, 2020. 


dijous, 22 de juliol del 2021

el talent

3 de junio de 2012

Inka Parei
LA LUCHADORA DE SOMBRAS
«En aquel entonces compraba casi todos los libros que publicaba Instar. Luego me he perdido un poco»

No recuerdo con exactitud cuándo lo leí —hace años—, pero sí recuerdo bien la sensación de un absoluto y feliz descubrimiento: esta escribe como Dios, pensé. La solapa del libro decía que había nacido en 1967 en Frankfurt, y finalizaba con una frase que no podía pasar por alto: «Con las primeras veinte páginas de su próximo libro, todavía inacabado, ha ganado ya el prestigioso Premio Ingeborg Bachmann.» ¡Bum! Muy a menudo, detrás de frases de este tipo se esconde alguien del departamento de marketing que ese día se levantó con ganas de exagerar un poco. En ese caso, sin embargo, había que admitir que uno abría el libro y lo que allí encontraba era original, potente y, de un modo muy personal, muy bueno.
[...] Así que al final uno termina pensando que vaya talentazo. Se podía haber jurado que a esa de ahí la habríamos tenido durante años brillando en el panorama un tanto anémico de la literatura europea. Y mientras escribo estas líneas, en cambio, debo señalar el hecho de que en realidad ha desaparecido en la nada. No lo digo con satisfacción, lo digo con pesadumbre. Al menos en italiano, nunca más se ha vuelto a ver nada suyo. He descubierto que como mínimo ha escrito otro libro, pero evidentemente nadie en Italia pensó que merecía la pena. Me he obstinado y he ido a buscarla en internet. La he encontrado, aparentemente feliz, recorriendo Nueva Zelanda en furgoneta y escribiendo sus notas de viaje en un blog. Me parece muy bien, cómo no, aunque un poco es como si dentro de unos años me encontrara a Federica Pellegrini haciendo de animadora en un parque acuático.
A lo mejor después, dentro de unos años, Inka Parei reaparece con una obra maestra, quién sabe. Pero mientras tanto aprovecho para soltaros algo a lo que antes o después volveré. Podré equivocarme, pero hoy quien tiene talento para escribir un libro lo tiene también para entender que no vale tanto la pena hacerlo. Quiero decir, lo puedes hacer, pero pocos son los que se dan cuenta, a nadie le apetece hablar de ello, el talento es considerado una falta de elegancia, las novelas un género periférico. La corriente del río arrastra más allá, y son muchos los que tranquilamente deducen que es mejor estar vivo que ser bueno en algo. Después de todo, si es verdad que uno tiene un talento descomunal para escribir, lo tendrá también para hacer bien otras muchas cosas. Con muchas de ellas resulta más fácil tener la sensación de existir realmente, de estar oficialmente vivo. Sé que dicho así suena más bien antipático; sin embargo, es un asunto muy interesante que nada tiene que ver con la melancolía. Volveremos a hablar de ello, lo prometo (y hacedme el gran favor de no malgastar vuestro tiempo pensando que estoy hablando de mí. Gracias).

Alessandro Baricco. Una cierta idea de mundo. Traducció de Carmen García-Beamud. Anagrama, 2020. 

 

divendres, 16 de juliol del 2021

relectures

 29 de abril de 2012

Giuseppe Tomasi di Lampedusa
EL GATOPARDO

«Cuando los lees más de una vez, son clásicos. Cuando te los vuelves a comprar, es ya una enfermedad»


Entre las moderadas satisfacciones que uno tiene al llegar a cierta edad está el privilegio de volverse a leer un libro después de haber tenido tiempo de olvidarse de él, en la justa cantidad para no sentirse idiota. Yo, por ejemplo, voy por la tercera vez con El Gatopardo, y francamente, la segunda no me acordaba ni de cómo terminaba (aquí también es posible que tenga que ver la edad, pero de otro modo). [...] Comprado y devorado en dos días. El autor, en cambio, se dice que lo escribió en un par de años, cuando tenía casi sesenta, sin que nunca antes hubiera ejercido la profesión de escritor. Cuando el libro salió, en 1958, él ya no estaba allí para disfrutar del espectáculo, porque una muerte prematura y rapidísima se lo impidió.

[...] Han pasado muchos años desde entonces, pero la clara prueba de que es un libro tocado por la gracia no ha abandonado nunca a El Gatopardo. Es difícil que, de una sola vez, se pueda escribir magníficamente una historia maravillosa con la que explicar a la perfección un trozo de la historia de tu país. Conseguir dos de las tres cosas ya sería una proeza...


Alessandro Baricco. Una cierta idea de mundo. Traducció de Carmen García-Beamud. Anagrama, 2020. 


dilluns, 5 de juliol del 2021

llegir per llegir

22 de enero de 2012

Edmond y Jules de Goncourt
LA MUJER EN EL SIGLO XVIII
«En teoría lo compré porque quería saber un poco más sobre un siglo que me fascina. Sin embargo, después he acabado usándolo como una medicina.»

De vez en cuando, en la escritura hay también cierta forma de elegancia pura, carente de ingenio pero repleta de maestría, que lleva al lector a un deleite absolutamente peculiar, incluso vacío, como pasar los dedos por una superfície lisa o contemplar, tumbado, un río que corre. Ni siquiera importa tanto lo que se está leyendo, es un placer sutilmente físico ocasionado por la simple colocación de la escritura en el espacio, por la levedad de sus movimientos, por el sonido cristalino que produce al rebotar en la mesa de mármol de nuestra atención. Se lee no tanto para aprender, ni tampoco para poder uno entretenerse de un modo inteligente, se hace para dejar que la prosa impregne un cansancio, un fracaso o una derrota personales, aliviando el resquemor y limpiando la herida. Así, leemos por el simple placer de la lectura, y para salvarnos...


Alessandro Baricco. Una cierta idea de mundo. Traducció de Carmen García-Beamud. Anagrama, 2020. 


dissabte, 19 de juny del 2021

la inadequació intel·lectual

11 de marzo de 2012
J.M. Coetzee
DESGRACIA

«Ni siquiera me acuerdo de por qué lo compré. Seguro que no fue por haber ganado el Premio Grinzane Cavour, como proclama la contraportada.»

 

[...] En Desgracia, hay dos o tres temas que se tratan con este tipo de inteligencia tan incisiva, pero el que me ha quedado más grabado es el de la inadecuación intelectual. El protagonista, un refinado académico humanista, a causa de su hija se ve aparcado en pleno campo, en un mundo completamente ajeno a su vocación de intelectual urbano. Campesinos, veterinarios, gente que trabaja con las manos, gente que arregla las vallas. Y, cómo no, también bandidos, violentos o primitivos. Ya se trate de reaccionar ante una brutal agresión o de curar a un perro enfermo, el profesor, con toda la cultura que lo acompaña, se siente constantemente inadecuado, inútil, desgraciadamente poco equipado. Una sensación que conozco. A mí, el simple hecho de ir a alquilar una zodiac, o a comprar queso en un pueblecito alpino, me sitúa ante personas que ostentan un conocimiento refinadísimo, al que solo puedo corresponder con una ignorancia humillante. De repente son ellos los que saben vivir. Saben cómo llegar a la cima, qué tiempo va a hacer mañana, el nombre de los árboles, la dinámica del viento, cómo vestirse, dónde sentarse y dónde no, cómo no hacerse daño. Son elementales, primitivos, posiblemente no hayan abierto nunca un libro, y, sin embargo, al cabo de un rato no puedes deshacerte de esa devastadora sensación de que ellos saben estar en el mundo mejor que tú, quizás incluso saben educar mejor a los hijos, o como mínimo vivir dentro de sus inmensas almas. Es intolerable. ¿Y yo, con todos los libros que he leído? ¿Es posible que tenga que estar ahí, como un tonto, para que me enseñen a vivir? En esos momentos es cuando yo, al igual que hace el profesor de Coetzee, me pregunto: pero ¿qué es lo que sé hacer yo? Con todo lo que he estudiado y todo lo que he hecho, ¿qué es lo que sé hacer yo realmente?

¿Qué saben hacer los intelectuales?

Yo, por ejemplo, sé leer «El infinito» de Leopardi. Quiero decir que sé leerlo bien, que sé de dónde procede toda esa belleza, sé cuál es el sonido justo de cada palabra, sé por qué es así y no de otro modo, conozco toda su música a la perfección y sé exactamente qué es lo que dice y lo que cuenta. He tardado años, he trabajado duro, y ahora puedo decir que sé leerlo bien. Y ahora la pregunta es: ¿para qué sirve? ¿Sirve para algo? ¿No habría sido mejor dedicarse a estudiar los nombres de los vientos y los árboles?

La semana que viene hablaré de un libro de Christa Wolf. Y en él, por ejemplo, hay una respuesta. Una de las mejores que yo recuerde.


Alessandro Baricco. Una cierta idea de mundo. Traducció de Carmen García-Beamud. Anagrama, 2020. P. 68-69.


dimarts, 4 de maig del 2021

l'assassí és el majordorm i avall


La novela negra no me vuelve loco, odio el thriller. Lo digo tranquilamente y sin ningún tipo de orgullo. Simplemente no es para mí. Me produce malestar físico el hecho, muy apreciado por tantos otros, de tener que devorar un libro para saber cómo termina. Ya el hecho de que un libro «termine» lo encuentro poco elegante, imagínate si me puede gustar estar ahí sufriendo la tortura de uno que necesita quinientas páginas para decirme quién mató al cura. Tengo además que decir que no veo la proeza por ningún lado; que un lector llegue al final de un thriller es como alguien que tiene hambre y llega al final del tubo de las Pringles. Vaya cosa. Que se termine un plato de brócoli en la merienda y luego hablamos.

Yo más bien pienso que la razón por la que uno sigue leyendo, cuando tiene un libro entre manos, no debería ser que quiere llegar a ningún lugar, sino que quiere permanecer donde se está...

 

Alessandro Baricco. Una cierta idea de mundo. Traducció de Carmen García-Beamud. Anagrama, 2020. P. 77.


divendres, 19 de març del 2021

prudència i audàcia

 18 de diciembre de 2011

Per Olov Enquist
LA VISITA DEL MÉDICO DE CÁMARA
«Estaba curioseando e una librería. El azar y una solapa bien escrita me llevaron ante esta historia que nunca más he podido olvidar.»



Alessandro Baricco. Una cierta idea de mundo. Traducció de Carmen García-Beamud. Anagrama, 2020. 

 

dilluns, 1 de març del 2021

riure per dins

4 de diciembre de 2011

Richard Brautigan
AMERICAN DUST

«Me lo recomendó un amigo guionista. Creo haber dicho ya que los guionistas raramente escriben buenos libros, pero en cambio sí que los leen, no sé por qué.»

 

[...] La otra cosa es que American Dust hace reír mucho, pero mucho de verdad y de una manera que solo conoce quien lee libros, te ríes por dentro. Desde fuera creo que no se ve absolutamente nada. Pero por dentro te ríes muchísimo. Si te pones a pensarlo eso es algo que ocurre solo con la lectura. Es decir, cuando estás en medio de la gente sucede lo contrario, te ríes por fuera aunque no te estés divirtiendo precisamente, lo haces por cortesía, o simplemente por respetar un código. No vas a una cena y te la pasas riéndote por dentro. En cambio cuando lees sí que lo haces, si quien escribe es buen escritor. Tiene que ser lo suficientemente gracioso para hacerte reír por dentro, pero también tiene que saber detenerse un momento antes de hacerte reír a carcajadas por fuera. És una técnica. Creo que fue Dickens quien la inventó. Salinger la llevó a su culmen. A su modo, Proust no estaba mal. En Italia, Gadda por encima de todos. Entre los vivos, Vonnegut, que para mí nunca murió.

Me he perdido un poco. Quería decir que este libro está escrito con una magnífica levedad, y una tristeza que no es triste jamás.


Alessandro Baricco. Una cierta idea de mundo. Traducció de Carmen García-Beamud. Anagrama, 2020. 

 

dilluns, 22 de febrer del 2021

una certa idea de món


Hace diez años cambié de ciudad. ¿Y a mí qué?, diréis. Pues que allí dejé todos los libros que había leído hasta entonces para entrar en una casa en la que no había ni un solo libro mío. Con lo que ahora, aquí dentro, hay diez años de libros míos, mis últimos diez años. Los tengo colocados uno al lado del otro, no en orden alfabético o por tipología, sino según el orden en que los he ido abriendo (un sistema que, por cierto, recomiendo; en noches de aburrimiento, te pones a mirar los lomos y, echándole ganas, es como si revivieras fragmentos de tu propia vida, basta dejar que te vuelva la sensación de aquella vez que los tuviste entre las manos; y vuelve, vaya si vuelve). Esta es la razón por la que soy capaz de decir, con cierta exactitud, cuáles son los cincuenta mejores libros que he leído en los últimos diez años. Algo más difícil sería explicar por qué he decidido dedicarle un artículo a cada uno de ellos. Entregando uno a la semana, cada domingo, durante un año.

Para que otros también los lean, diría yo. Pero hay algo más. Por lo pronto me apetece hablar de libros en un momento en el que ya no parece tan importante contarse cuáles son buenos y cuáles no, discutir un poco, tomar partido. Resulta más fácil hacerlo hablando de cine o de política. Y sin embargo ahí están siempre los libros, a miles, y ahí siguen, exponiendo una sociedad de placeres pacientes que, silenciosamente, contribuye al desarrollo de la inteligencia y de la fantasía colectivas. Todo lo que se pueda hacer para dar relevancia a esta apacible liturgia, que se haga. Y aquí estoy yo, cumpliendo con la parte que me corresponde.

Pero al final hay otra razón, que para mí es incluso más importante y que he tratado de resumir en el título de este proyecto que ha durado un año. Una cierta idea de mundo. El hecho es que me resulta cada vez más difícil expresar lo que veo cuando miro a mi alrededor; y concentrarme solo en una parte de este gran espectáculo no parece llevar muy lejos, uno acaba topándose con tecnicismos que enfocan el detalle pero pierden de vista el conjunto que lo integra, que es lo que en realidad importa. Por otra parte, ¿cómo puede uno estar callado con todo lo que pasa alrededor? Con mayor razón si eres alguien que se gana el pan trabajando con la inteligencia y el gusto. Es un lujo que no te puedes permitir. Y después me viene a la mente una cosa que he aprendido de los más mayores: si quieres saber lo que piensan del mundo, simplemente déjales hablar de lo que conocen y aman de verdad. (Pregúntales cómo se imaginan el Paraíso si quieres saber qué piensan de la vida; no sé quién lo dijo, pero es cierto.) Yo tengo dos o tres cosas que conozco a fondo y que amo con locura. Una de ellas son los libros. Un día se me ocurrió la idea de que si me ponía a hablar de ellos, de uno en uno, solo de los buenos, sin hacer nada más que eso, se me ocurrió que de ahí podía surgir una cierta idea de mundo. Con muchas posibilidades de que fuera la mía.

Así que aquí estoy. Quisiera solo puntualizar que habrá un poco de todo, novelas, ensayos, tebeos, libros recién publicados, textos quizás ya fuera de catálogo, basta que tengan forma de libro. Y quisiera también recordar que no son los cincuenta mejores libros de mi vida, eso sería otra cosa, una especie de Canon personal que nunca se me ocurriría realizar; estos cincuenta son fruto de la casualidad, de lo que por azar he leído en un período de mi vida, solo eso. Para que nos entendamos, no estará Viaje al fin de la noche (ese lo leí cuando tenía veinte años). Ni Anna Karénina (que me reservo para alguna larga convalecencia, deseando entonces no tener que leérmelo nunca). Simplemente he elegido los mejores cincuenta libros de entre los que he leído recientemente, de los que hablo con los amigos cuando terminamos las discusiones sobre cine y política. Se merecían algo más.


A.B., noviembre de 2012



Llegiu també:

Una cierta idea de mundo. Enric de Balanzó. Blog de l'Escola de Llibreria.